Cuento de navidad

Si quieres puedes escuchar conmigo una de mis canciones favoritas: "Home"

Hace menos tiempo del que me atrevo a reconocer aquí, tuve una terrible noche de pesadillas. Una de esas noches donde los verdaderos fantasmas, y no esos de papel y cartón que nos inventamos para nuestros juegos, vinieron de nuevo para reírse de mí y asustarme. Los fantasmas del pasado que pueblan nuestra visión periférica.

Te confieso que, con toda seguridad, me hubiese venido muy bien que esa noche me tomaras de la mano para ayudarme a poder dormir de nuevo. Pero esa noche no vino nadie. Porque nunca viene nadie. La primera lección de la vida. La que nos arroja con brutalidad desde la infancia a la edad adulta.

Así, aquella noche, sentada frente a la ventana contemplé una noche más, una de tantas en vela, cómo salía de nuevo el sol.

Puede que te sorprendan estas confesiones, pero no olvides que ante todo Lavondyss es y sigue siendo un blog personal. Así nació, y así espero que siga siendo hasta el final. Estas, por supuesto, son esas pequeñas cosas que te puedo contar gracias a ese anonimato casi obsesivo que mantengo en las redes. Un pequeño privilegio que aún me puedo permitir, pues este no es más que mi propio cuento de Navidad.

Pero te pido disculpas. Me gustaría seguir contándote alguno de mis más oscuros secretos. ¿Por qué no? Todos saben que los cotilleos ayudan a ganar audiencia. Y qué porras, es Navidad.

Verás, yo hace ya algunos años que apenas duermo. Si acaso cuatro horas como mucho. Exactamente de cuatro a ocho de la mañana. Bromas pesadas de la bioquímica. El resto del tiempo podríamos dedicarlo a cualquier cosa interesante. Podríamos hasta escribirnos (por lo que mantengo correspondencia en forma de largas cartas) o jugar al rol, ¡o al ajedrez que me gusta mucho! Yo jugaba en el bosque hace tiempo con alguien a quien amaba. Sí, bajo los árboles, hace mucho tiempo, en la casa del bosque. Pero entonces hice un largo viaje.

Hace muy, muy poco, vinieron también a visitarme los fantasmas del presente, pues yo tengo la mala costumbre de dedicarle energías y tiempo a irme a encontrar con ellos en algún oscuro callejón. Entonces me pareció escuchar una música lejana llamarme desde muy lejos, y unos viejos dioses, muy antiguos, se rieron de mí mientras mi pequeña contemplaba las luces de la calle.

Anoche le enseñé que mucho despues de ponerse el sol, cuando nadie las está mirando, las farolas de la calle curvan los tallos de sus largos cuellos para ir a beber dulcemente de los charcos de madrugada. Ella me sonrió y yo le juré que así ha sido siempre, y que así siempre será. Y su sonrisa iluminó los adoquines húmedos haciéndolos resplandecer. Allí se quedaron cuando volví la vista atrás, iluminando la oscuridad.

Más animada, corrí entonces hasta donde almaceno la montaña de cajas de cartón donde guardé hace ya un par de años todo mi pasado. Me serví una copa de vino y me puse a rebuscar. Mi pequeña dormía tranquila, así que me lo pude tomar con calma.

Allí, después de unas horas, en una de las cajas cerradas con celo y cinta marrón oscura, por arte de magia encontré mi viejo ejemplar de “El Hobbit”. Ese pequeño y verde de Minotauro del que sólo nos acordamos “los de antes”. Ese que guarda sus tesoros al viejo estilo, sin montar circos y disparar fuegos artificiales en su portada. El de aquellos viejos tiempos en los que algunas obras maestras sólo se cuchicheaban en susurros pero que nunca imaginábamos que acabaría, al mismo tiempo que en las carteleras, decorando las latas de Cocacola. El que sabías que no necesitaba nada fuera, pues todo lo que importa está en las palabras que se guardan en su interior.

Lo abrí y me maravillé de nuevo al descubrir que sus dos primeras frases no eran: “En un agujero en el suelo vivía un...” No, su primera frase habla del lenguaje. De su magia y de todo su poder. La auténtica primera frase de El Hobbit dice algo así como:

Esta es una historia de hace mucho tiempo. En esa época los lenguajes eran bastante distintos de los de hoy...”

Hace mucho tiempo, cuando los lenguajes eran distintos a los de hoy... El pequeño libro de lo primero que habla es del lenguaje. El que permite escribir y hacer magia, el que redacta los sueños y permite construir un juego que amamos. Que resulta más valioso que un puñado de joyas y viejas monedas de oro. Uno que nos brinda la posibilidad de compartir nuestros sueños con los demás. Tolkien ya lo tenía bastante claro, aunque tal conocimiento le valiese numerosas críticas. Y lo más importante, este conocimiento ya comienza en la primera línea.

Abracé aquel pequeño libro y me sentí mucho mejor. Esa noche hasta dormí algo más. El pequeño libro me animó, y sólo por eso pude sentirme feliz y estarle agradecida. Por ser el fantasma del futuro que me recordó que es el lenguaje quien nos permite traer magia al mundo. Y que junto a todos vosotros formo parte de una afición construida gracias al poder de las palabras. Juegos basados en el lenguaje, juegos basados exclusivamente en el vasto poder de la Comunicación.

Sinceramente, este tipo de juegos que son todo un privilegio haber conocido.

Me alegré también de que la novela de “El Hobbit” no sólo estuviese de moda sino de que se hicieran una, dos, tres y cien películas, juegos de mesa, de rol, de cartas y de que apareciera en las latas de Cocacola. Porque ahora a donde voy siempre me acompaña. Recordándome algo burlón que todo esto, todo, no es más que una pequeña broma en donde se tira un dado teniendo en cuenta nuestros atributos y nuestros conocimientos. Y aunque importe, en esta broma no sólo cuenta el azar. Hay mucho, mucho que poner de nuestra parte.  

Vaya. Precisamente lo que significa la Navidad.

Hace muy poco me vino también a visitar otro fantasma del futuro desde un pequeño blog llamado “Habichuelas Mágicas”. En él se habla de Magissa y de lo que es un juego de rol. Yo ya he contado mi humilde historia sobre mis propios fantasmas. Una historia sin importancia, pero mi cuento de navidad al fin y al cabo. Pero en este blog se describe el juego Magissa de una forma que pienso resulta el epílogo perfecto para mi pequeña historia. Me gustaría transcribirlo aquí integro, por lo que puedes leerlo a continuación.

A mí sólo me queda desearte feliz navidad y darte las gracias por haber estado ahí todo este tiempo. Espero que podamos seguir juntos mucho, mucho tiempo y que por acompañarme pueda honrarte poniendo bajo el árbol de Lavondyss todos aquellos regalos que más te gusten.

Atentamente
Edanna

Cedntauro Magissa

MAGISSA
Fuente: Habichuelas mágicas

Me han pedido que os hable de Magissa.

Magissa es un juego de rol enfocado para que lo jueguen niños de 5 a 14 años.

Y, ¿qué es un juego de rol?, diréis algunas y algunos.

Un juego de rol es un tipo de juego en el que cada jugador interpreta a un personaje ficticio, e improvisa una historia junto al resto de los jugadores. Es teatro libre, con un director que se encarga de guiar la historia narrada entre todo el grupo, y de marcar las reglas que permiten que los personajes consigan realizar sus acciones.

Para jugar a rol sólo se necesitaba imaginación y un grupo de amigos. Bueno, también papel, lápiz y al menos un dado. Con esos sencillos ingredientes podías ser lo que quisieras. Eras un actor que representaba un personaje y, al igual que le sucede a los actores, mientras interpretabas tu papel eras ese mismo personaje. Sabías extraer la quintaesencia del colmillo de una quimera. Podías calibrar un bláster y marcar las coordenadas del sistema solar más próximo. Eras capaz de soportar el terror de contemplar a los profundos realizando sus ritos oscuros. Podías saber quiénes eran Mesmer y Proteo, hacías las cosas con celeridad en lugar de rapidez y sonreías cuando alguien decía “estoy ofuscado”. Jugar a rol te permitía imaginar en grupo, crear, aprender cosas que no podrías aprender de otro modo y pasar las horas rodeado de amigos.

Cuando decía que jugaba a rol siempre me preguntaban “¿y quién ha ganado?”. En los juegos de rol no se gana o se pierde. Se colabora. La gente no lo entendía. Y yo tampoco podía concebir por qué era necesario definir un ganador y un perdedor para todo. En un juego de rol ves cómo crece tu personaje, cómo aprende cosas nuevas y vive nuevas experiencias. Y sabes que no tiene sentido hacerlo solo.

Con un juego de rol aprendes matemática. Casi cada juego tenía su propio sistema de reglas, basado en el azar y la probabilidad. Era necesario que conocieras el sistema para poder maximizar las posibilidades de tu personaje. Es cierto que tal vez no todo el mundo aprendiera lo mismo. Yo tenía predisposición, y me sabía todos los sistemas. Incluso elaboré los míos propios. También aprendes historia y mitos y leyendas. Un buen director de juego ambientaba sus partidas todo lo posible. Y si era necesario narrar la vida de un grupo de magos en Toulouse en 1213 aprendías sobre geografía, sobre historia, sobre religión, sobre batallas y sobre magia.

Yo empecé a jugar a los doce o trece años. Por aquel entonces los juegos de rol no tenían buena fama, por la demonización de lo desconocido y de lo diferente, tan común al ser humano. Pero para mí y para otros adolescentes jugar a rol fue una opción de ocio, mucho mejor que pasar las horas muertas en un parque o en la calle o delante de la televisión. Es cierto que antes de comenzar a jugar ya tenía predisposición para hacerlo. Me gustaba leer. Me gustaba la fantasía. Me gustaba contar historias. Nadie tuvo que enseñarme qué era jugar a rol, porque yo lo había hecho miles de veces, de niño, con mis amigos en la puerta de mi casa. A veces jugábamos con muñecos, pero otras simplemente imaginábamos. Jugar a rol era lo mismo. Era recordar cómo jugaba de niño. 

Magissa es, como os he dicho más arriba, un juego de rol enfocado a niños. Es un juego, para entretener, para socializar, para aprender. Y una de las cosas maravillosas del ser humano es su manera de aprender, mucho más productiva cuando lo hace jugando.

A los niños les gusta hacer lo que hacen sus adultos. Esto no es ningún secreto. A mi hija le gusta pintar y tocar instrumentos, y le gustan los libros. Lamentablemente, nunca me ha visto jugar a rol. Pero seguro que si algún día me ve hacerlo, querrá jugar, apuntar los tesoros de su personaje en una ficha, tirar los dados de 4, de 6, de 8, de 10, de 12, de 20 caras. Aprenderá que para divertirse no hace falta ganar. Aprenderá que leer es un juego, que sumar y restar es un juego, que resolver problemas y ayudar a sus compañeros es un juego. Y qué queréis que os diga: si puede empezar jugando a un juego como Magissa, mejor. Podrá interpretar a un niño en un mundo de fantasía medieval, a una sanadora, a un mago, a una guerrera o a un pequeño poni (sí, niños y niñas. En Magissa podéis ser un pequeño poni, charlar con un pequeño dragón de Turbonidio o consolar a un fantasma tembloroso y ululante). Podrá contar historias mágicas, y soñar con ellas en su tiempo libre. Dibujará a su personaje, su capa de plumas de halcón con la que puede volar y su collar de hojas doradas, un regalo de las hadas. Y todo en compañía de sus amigos y compañeros de aventuras.

Llevo muchos años sin jugar. Por mucho que intentemos escondernos de los hombres grises, éstos siempre consiguen robarnos un poco de tiempo, con vanas promesas y palabras vacías. Y como jugar a rol es algo que debe hacerse en grupo a medida que creces es más difícil contar con compañeros de juego. Los niños no tienen ese problema. Tienen todo el tiempo del mundo, para crecer y para aprender. Pero lo bueno es que mientras sigamos aprendiendo, todos somos niños. Así que seguid mi consejo, demonios, y jugad a rol con vuestros hijos. Aprenderéis cosas maravillosas. Aprenderéis a seguir el rastro de un unicornio herido. Aprenderéis a construir un golem con la palabra “verdad” grabada en la frente. Aprenderéis a evitar el poder de la mirada encantadora de un no-muerto de ciento doce años. Aprenderéis a ser el mejor arpista del reino.

Aprenderéis que todavía seguís siendo niños.

http://www.lavondyss.net/

http://portal.educar.org/foros/juegos-de-rol-como-herramienta-educativa

 

Edanna, sello personal

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