Sucedió que, hace mucho tiempo, cuatro amigos nos reuníamos en una casa en la cual viví un tiempo. La casa, no tenía la culpa, más bien la tenía mi casera, por no avisarme que dentro de ella, llovía, excepto en algunos rincones estrechos.

Y no bromeo. Las cortinas de agua en el salón me hicieron deprimirme muchas horas de aquellos días. Quizás, porque nunca me alcanzaban los cubos, calderos, platos, jarras y hasta los botes de yogurt, para contener tanta incontinencia de un techo perforado de quejas.
Pero acontecía que una vez por semana, esos amigos venían a jugar con la imaginación, a un juego narrativo que por desgracia se ha dejado de publicar. Un juego fantástico, que nos transportaba a épocas del pasado. Ahora que juego más que nunca, me gusta recordar aquellos días, en los que vivimos la historia contenida en la novela de Katherinne Neville, «El Ocho». Una historia que en el libro quedaba floja, pero en forma de módulo de juego de Rol brilló como ningún otro.

Un recuerdo para aquellos días de frio, en los que comenzaba con el poema de Borges, cada partida. Espero que os vaya bien, Ana, Daniel, Bull, Juan. Y de tí Dani, no me he olvidado, aunque siempre tenga la mala costumbre de reflejarlo.

En su grave rincón, los jugadores
Rigen las lentas piezas. El tablero
Los demora hasta el alba en su severo
Ambito en que se odian dos colores.
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Adentro irradian mágicos rigores
Las formas: torre homérica, ligero
Caballo, armada reina, rey postrero,
Oblicuo alfil y peones agresores.
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Cuando los jugadores se hayan ido,
Cuando el tiempo los haya consumido,
Ciertamente no habrá cesado el rito.
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En el Oriente se encendió esta guerra
Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
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II
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Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
Reina, torre directa y peón ladino
Sobre lo negro y blanco del camino
Buscan y libran su batalla armada.
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No saben que la mano señalada
Del jugador gobierna su destino,
No saben que un rigor adamantino
Sujeta su albedrío y su jornada.
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También el jugador es prisionero
(La sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y de blancos días.
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Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonías?

Jose Luis Borges