La tierra de los mil pájaros.
Estaban allí, donde siempre. Nubes negras y brillantes, frenéticas y ruidosas. Exaltados por la abundancia. Atraídos por el renovado manto estival de una alfombra de saltamontes. Elegantes…picaban furiosos y remontaban cien veces en dos o tres instantes. Envueltos en aire, dueños del azul profundo. Las ramas del roble los llamaban. Ellos atendían el ruego. Un viejo árbol, vestido de pájaros. Un árbol amigo, solitario y silencioso. Le dedico un respetuoso saludo con