Saliendo de las zonas comunes

Como a muchos, me gusta el género de la fantasía porque partiendo del modelo de un mundo que consideramos cotidiano, dotarlo del efecto sobrenatural lo convierte en un lugar mucho más interesante. Este elemento mágico abre nuevas posibilidades para contar historias algo diferentes, algunas bien distintas a las que estamos acostumbrados.

Al mismo tiempo pienso que la fantasía (y por extensión las obras de ficción) es también un gran medio de crear metáforas sobre la realidad de nuestro mundo moderno. Similitudes que nos ayudan a entender qué es lo que nos define como seres humanos y lo que nos motiva. De este modo muchas veces podemos enseñar incluso Filosofía por medio de la ficción. Un buen ejemplo de lo que quiero decir es sin duda Yoda, la única marioneta de la historia que ha sido capaz de grabar en la mente de infinidad de personas algunos elementos de las filosofías sintoístas y budistas. Qué cosas... Y es que cuando apenas alguno que otro se ha metido entre pecho y espalda..., pongamos... ¡El Libro Tibetano de los Muertos!, seguro que un buen número de feligreses se ha visto seguidas todas las pelis de la primera trilogía.

No obstante, no importa lo mucho que cambiemos el entorno. Los temas nacen de lo que nos preocupa como seres humanos y estos temas aunque extensos, son finitos. Es lo que se ha venido a llamar las "semillas inmortales" que se repiten una y otra vez como elementos culturales en forma de arquetipos; por ejemplo: los celos, el amor, la venganza, la búsqueda del origen, la supervivencia, la lealtad, el dominio, la búsqueda del autocontrol... Sobre los arquetipos hay varias obras interesantes que puedes consultar como biografía. Ya sea porque te gusten los juegos de rol, porque sueñes con rodar una película o incluso para escribir una canción. Una buena opción sin duda es "La semilla inmortal" por Xavier Pérez y Jordi Balló. Una obra que te recomiendo por amena, cortita y muy interesante.

Pero te voy a confesar un pequeño secreto si prometes no contárselo a nadie: hace ya bastante tiempo, años, que tengo un problema con el género de la fantasía. Aunque suene paradójico, cada vez puedo menos con ella.

LeyendoMe sucede mucho en los juegos (¡sigh!) pero sobre todo con las novelas. En cuanto a los juegos de rol siempre se me atragantó Forgotten Realm por ejemplo,  por apreciarlo como un mundo plástico. Yo diría que para mí FR ha representado durante mucho tiempo la quintaesencia del mundo sintético que no obstante goza de gran cariño entre la afición. Para mí es esencial que una ambientación resulte evocadora, que consiga transmitir sentimientos, emociones. Sólo de este modo puede conseguir inspirar buenas historias. Por mucho tiempo la única ambientación capaz de contentar mis expectativas fue la Tierra Media de Tolkien y la Europa Mítica de Ars Magica. Con los mundos futuros y la ciencia ficción no he tenido tantos problemas, quizás porque sus diferencias se mueven más entre el mundo futuro sucio/pesimista y el limpio/optimista y sus distintas variantes.

En cuanto a muchas novelas del género los tópicos ya se me hacen cansinos, los temas repetitivos, las motivaciones de la mayoría de los personajes aburridas. Me sucedió por ejemplo con Juego de Tronos, que en su momento abandoné tras la lectura del segundo ejemplar, cambiándolo por "Baudolino", de Umberto Eco. Del cambio de un barbudo por otro no me arrepiento en absoluto pues la nueva obra me mostró un conjunto de ideas refrescantes para abordar la fantasía, algo que no encontraba en el conocido best seller. Eso no significa que no haya disfrutado de la serie de TV como cualquiera. Cada medio tiene algo distinto que ofrecer, y el aspecto visual y la puesta en escena de una de las mejores series que he visto jamás como es Juego de Tronos pienso que son un referente. Por cierto que mi serie favorita por ahora sigue siendo la nueva de Galáctica.

Pero sigamos que me conozco. En lo que se refiere a las novelas no tengo ningún problema en lanzar un libro por la ventana si no consigue captar mi atención (verídico), y no son pocos los que han terminado ya estampados contra la pared, como apoyo de pata de una mesa o para elevar el monitor del ordenador (de esos ya uso tres). No hay excepciones, en el proceso han caído también algunos que gozan de gran reputación. Si el libro no me atrapa en las primeras 30 páginas le doy de lado. Hay demasiados libros que leer y muchos merecen una oportunidad, un tiempo del que no dispongo. Pero bueno, no es tan grave como parece. Volviendo a salirme del tema, aprovecho los márgenes para anotar cualquier cosa que se me ocurra. Así los hago míos y no siento por ello ningún remordimiento; sin misericordia. Cuando compro un libro en formato tradicional tengo muy claro que el conocimiento que contiene es una obra que NO me pertenece, pero el soporte físico puedo usarlo hasta para encender la barbacoa si me da la gana.

Eso no significa que no ame el género desde luego. Pienso que la edad influye mucho en esto y que es algo natural. Por eso, muchas de las cosas que comento en esta entrada a muchos les podrán parecer bastante obvias, sobre todo a los viejos tiburones. Pero en mis círculos y conocidos hay muchos y muchas que aún no habiendo pasado de los 25 años puede que este tipo de cosas les dé algo en que pensar. Hace poquito hablé de esto precisamente con una amiga, ya muy querida para mí, que tras haberla conocido en la red social me ha dejado bien claro que las crisis se suceden de forma inevitable en las personas creativas. Una especie de maldición o condena que parece imposible de evitar.

Si conoces un poco la obra Dune, de Frank Herbert, me gusta pensar que el conocimiento es como la especia, capaz de expandir la consciencia. Con esto lo que quiero decir es que en mi opinión es vital documentarse sobre cosas que no tengan que ver con el género que te gusta si no quieres que se muera de agotamiento. Por eso, para escribir sobre fantasía —y sobre juegos por supuesto— en algún momento tomé la decisión de leer de todo, pero menos fantasía y mucho más de otras cosas. Tampoco es que me dé latigazos, faltaría más. Por lo que me hago no pocas concesiones. Averiguo qué obras hacen propuestas interesantes y voy a por ellas.

Si una persona cuanto desea es evasión es muy comprensible. Pero para quien tenga inquietudes, esto es, un mínimo interés en crear algo nuevo (lo que incluye crear aventuras o incluso juegos) es muy importante documentarse de muchas cosas que no sean del género que a uno le gusta, aún después de haber leído bastante de éste. Como he dicho, esto a algunos les parece bastante obvio pero para mi sorpresa para muchos no es así. De este modo tras haber consumido toneladas de lo que nos satisface llega un momento en el que es vital hacer un cambio. Cuándo no lo sé, eso depende de cada uno. Cuando salte esa alarma interna que todos tenemos supongo, y que nos hace confiar cada vez más en el instinto a medida que pasa el tiempo.

joves con espadaAsí, y dando por evidente la importancia que tiene leer literatura de muchos géneros distintos, no solamente de Historia vive el friki medio, un campo al que muchos aficionados acuden buscando respuestas. También está bailando por ahí la Psicología, para entender las motivaciones no sólo de la mente humana, sino de algo que se puede extrapolar a las necesidades de todo organismo dotado de una mente consciente compleja; la Sociología y la Antropología, para ayudarnos a entender como la Psicología del individuo actúa a nivel colectivo; por supuesto la Filosofía, con la que es posible comprender las disciplinas anteriores y que consigue poner de rodillas al misticismo y a la religión (ya se sabe, menos Prozac y más Platón); el mundo del Arte nos ayuda a obtener ideas de cómo el ser humano expresa todo lo que aprende de los demás campos del conocimiento (no lo olvides, ciencia y arte van de la mano); la teoría económica tiene temas fascinantes que ayudan a comprender cómo los seres conscientes organizan sus recursos (porque no solo es el ser humano, muchas otras criaturas lo hacen); las Matemáticas no sólo hablan del funcionamiento de los sistemas de juego, también de cómo el ser humano es capaz de crear un lenguaje común que explica lo que le rodea y que da soporte a otras disciplinas; el estudio de las religiones es muy importante para comprender cómo el ser humano crea explicaciones que le ayuden a soportar las preguntas que tanto le atemorizan y de su increíble facilidad para creérselas. En fin, no creo que ninguna tenga que quedarse fuera, incluso la teoría política, tan denostada, es importantísima por razones obvias. A todo esto por supuesto le añadimos la cultura general de cualquier campo imaginable y las noticias de actualidad.

Por si no lo sabes, en mi profesión me pagan por dar asesoramiento en mi campo. No es mi estilo pero aquí me voy a marcar un tanto a mi favor y es que de tener algún talento creo que tengo bastante facilidad para ver el gran cuadro. Algo útil, casi esencial, para detectar y solucionar conflictos. Bueno, al menos los que están relacionados con los humanos, no con los meteoritos. Pocas cosas tienen una respuesta-solución correcta y determinada cuando se trata de los seres humanos y sus sociedades. Todo consiste en un conjunto de variables que oscilan de un lado a otro y que están en constante movimiento. Por eso no hay soluciones perfectas, tan solo la búsqueda del mejor caso posible. Un ejemplo de esto es la política, que en teoría no es más que la búsqueda del beneficio de la mayoría, pero que jamás funcionará de forma óptima para todos por igual. Al menos, por supuesto, en el mundo tal y como lo conocemos.

Y así observando a la afición, algo que hago siempre, creo que un sector importante del consumidor medio de los géneros de ficción (lo que incluye muchos ámbitos) desea siempre lo mismo una y otra vez. Lo paradójico es que durante el proceso no cesa de protestar. Se comportan como adictos, reduciendo sus expectativas exclusivamente a lo que les gusta, pero demandando sin cesar algo que les sorprenda. De ahí que muchos profesionales de la industria del entretenimiento aprenden rapidito que el consumidor, en términos generales (eso siempre), en realidad no sabe lo que quiere; por lo que escucharlos sí, pero con cuidadín. Y no lo sabe porque desea algo que en muchos casos ya no puede volver a tener una vez hubo experimentado la sorpresa inicial de lo que más le gusta. Pero aún hay más, si ante lo nuevo los patrones se salen de sus esquemas mentales preconcebidos se sienten incómodos y tienden a rechazarlo por raro o por poco genuino. No hablemos ya de obras muy populares, que como les cambies algo se arma una buena, pero eso es otro asunto.

Hay varias explicaciones para esto. La suspensión de la incredulidad es uno de los factores más importantes. De este modo el cemento que consolida la aceptación de la ficción se convierte en su propio enemigo. Si lo que nos ofrecen tiene elementos que nos sacan de nuestras zonas comunes despertamos del sueño y nos enfadamos, con el efecto secundario de que en el peor de los casos nos ponemos a romper cosas.

Esto no significa que esté en contra de lo clásico en absoluto. No es eso. En todos los géneros hay sitio para lo nuevo y lo viejo. Me gusta mucho como en el mundillo de los juegos de rol hay un sector que ha elegido trabajar en el producto clásico preservando su esencia más importante y dándolo a conocer. Con esto me refiero en concreto a la vieja escuela (OSR), por poner un ejemplo. Pero sí que estoy a favor de hacer un esfuerzo por tratar de salir de las zonas comunes, al menos hacerlo de vez en cuando y en cualquier área que se te ocurra, incluyendo los juegos de rol y sus ambientaciones y/o sistemas. Pienso que abandonar la zona de confort, aunque sólo sea un rato, puede ser muy beneficioso para ayudarnos a crecer y evolucionar como creativos y como personas.

En lo que respecta a los mundos de fantasía y como decía en algún lugar del juego Magissa, el término «fantasía» debería abarcar lo inabarcable y no restringirse a un círculo cerrado de conceptos tradicionales. La fantasía acoge todo aquello que no necesita de argumentos para existir, pues se basa en creer lo imposible. La fantasía es la única capaz de hacer que lo imposible sea real. Y es que el mundo de las ideas no tiene límites, sólo las que nos ponemos nosotros mismos. Creo que es muy importante trabajar en romper nuestras propias limitaciones.

Edanna, 23 de octubre de 2015

Edanna, sello personal

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