Tomando en mis manos el borrador “Playtest” del nuevo Dungeons & Dragons, recién horneado en la impresora, me viene a la mente el tan cuestionado uso de la expresión: “Nueva iteración” que ha recibido por parte de Wizard el dichoso juego. Tengo la impresión, ahora más que nunca, que el D&D es ya un complejo sistema Mandelbrot; un monstruo fractal que ha demostrado que ni en el D&D hay una única verdad y que lo que vale para unos es cartón viejo para otros. Pero como los fractales, sus visiones y sus versiones son cambios sobre una idea base, una estructura sólida y una idea capaz de sostener mares que se desbordan.

Lo que hace cada uno con él, es hacerlo evolucionar a su modo.

Dungeons & Dragons puede ser ya muchas cosas, pero tantas como pueden serlo los experimentos que haces en una cocina o los colores con los que puedes querer pintar el techo de tu habitación. El sabor que tiene para cada uno es diferente y se basa en sus primeras experiencias con el juego, en sus gustos personales, en su propia personalidad y en cómo haya construido su propia realidad. La realidad de sus propias fantasías. ¡Qué irónico resulta!

Muchos construyeron esa realidad a partir del olor, el sabor y el tacto de la caja roja; otros, a partir de la edición llenita de errores de las traducciones al castellano. Aderezado con lo que encontrabas por ahí en cuanto a novelas, cómics y lecturas habidas y por haber y con una pizca de la sordidez televisiva, los cielos de la fantasía se abrieron para algunos…, con todas las consecuencias…

Allí estábamos entonces, unos suspirando con los pechos de las desnudas esclavas que Conan se iba tirando donde quiera que fuese; otras, —quizás las menos pues no era tan popular entre las damas—, se fijaban más en sus pectorales, por ponerme bien. Pero por aquel entonces era aquel brujo en su laberinto quién arrancaba más pasiones, a mi juicio. Algo más inteligente, elegante y diestro en saberes que en pesares. Lo “Smart” siempre ha sido sexy;  muchos lo aprendieron tarde hasta que vino “Big Bang Theory” para recordárnoslo.

Ayer, 24 de mayo, sobre las dos de la tarde se encontraban los servidores de Wizard colapsados ante el caudal de cientos de miles de aficionados que, como si no hubiese un mañana, se abalanzaron en su intención de poder descargar una copia del borrador. Todos, más con la esperanza de descubrir si este nuevo D&D se acerca más al juego de sus anhelos, sueños y entretelas. Yo no pude conseguir la mía hasta bien entrada la noche según el horario de la costa este de esta América de locos, pero que amo más que odio.

Con una sensación de estar leyendo un retroclón basado en OGL, de esquema sencillo y claro, de las decenas que han salido en los últimos años, hago eco de lo que ha comentado Velasco en su blog, y es que cómo él dice, parece haber salido tarde.

Bien, yo creo que ha salido cuando tenía que salir tras ver cómo han ido evolucionando las cosas, sentarse a observar, e incluso, asombrarse un tanto de lo que es capaz de hacer la comunidad de aficionados. Incluso cuando muchas veces la comunidad no sabe —esto es cosa mía— muy bien lo que quiere, algo demostrado en el mundo de los videojuegos.

Resumiendo, para que este D&D vea la luz, ha tenido que pasar todo lo anterior, si no, no se hubiese aprendido tanto en tan poco tiempo. Sí, cuatro años no es nada. Parece que en estos cuatro últimos años se haya quebrado un tanto el árbol blanco en los patios de Gondor y tenga que venir el rey ungido a restablecer la salud de un retoño moribundo.

Por lo tanto y reflexionando, parece que ahora mismo la gente sí que sabe lo que quiere y esto se parece mucho a lo que ha sido siempre el Dungeons & Dragons. Algo más en la línea de: “corro 10 pies (vale 3 metros, uff…) y le zurro al goblin. ¿Si rueda su cabeza por el suelo, puedo darle una patada? Había algo entre AD&D 2ed y 3ª edición que se quedó por el camino y que alguien se olvidó de pulir un tanto, encandilado con buscar el dorado del simulacionismo. Que no está mal si no te olvidas, eso sí, que lo importante es divertirse.

¿Puede que haya sido una bendición que Montecook se haya marchado? Es sólo una idea que se me ha cruzado por la mente.

Ahí está un playtest que ha de ser estudiado y juzgado, aunque yo le tengo algo de pánico a eso pues del juicio público pueden surgir las mejores historias de terror.

Sin embargo, hay muchas cosas familiares que me retraen a las versiones de todos los D&D anteriores. Hay un poco de todos y cada uno, lo suficiente para ver por dónde van los tiros y llevarme una gran alegría. Lo visto me gusta, trae lo que fue dejado atrás de vuelta y retorna esa sensación de familiaridad cuando leías que un hechizo tiene un alcance de 100 pies y que dura 10 minutos. Es como volver a casa, poner los pies en la mesa y tomarse finalmente una copa de vino. Como ya dije en una lista de comentarios por ahí, muchas veces leyendo el borrador he pensado en: ¿y por qué demonios no hicieron esto antes?

Se cogen buenas ideas de lo bueno y se traen de vuelta cosas que se echaban de menos del pasado. Hay un lugar para cada cosa de las muchas vistas hasta entonces pero es pronto para hacerse ilusiones.

Por ahora, para alguien a quien le gustan un poco todas las ediciones, que ha jugado a 4ª con alegría —pero con punzadas de dolor ante ciertos aspectos— y que anhelaba una evolución simplificada e inteligente de la 3.5, todo este montón de papeles es un remanso de esperanza.

Lástima que mi grupo se haya quedado en otro continente, ya nada será igual sin ellos. Y entonces… ¿Quién contemplará ahora las olas bramar sobre la mar centelleante? Todos sabemos que buscar un buen grupo de juego es mucho más difícil que encontrar pareja o terminar una carrera universitaria.

La quinta edición de Dungeons & Dragons sé que gustará, pero para llegar hasta aquí se ha tenido que aprender de un largo camino no siempre demasiado agradable. ¡Vaya!, qué casualidad, justo como nos suele pasar a todos en nuestra vida…

Edanna