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Querida Lavondyss...

Mi querida Lavondyss:

Se nos ha marchado otro año sin darnos cuenta mientras veíamos pasar todas sus estaciones como si fuesen los vagones de un tren. Otro más, lleno de extrañas situaciones, períodos de silencio, momentos de expresión y no pocas alegrías ni tristezas. Ha pasado por mi lado mientras me distraía pensando en lo que podría ser, en lo que fue y en lo que vendrá, y en lo maravilloso que sería que todas las cosas de este mundo fueran de determinada manera. Así, esperando y esperando, se han pasado los días.

Pero no he de tratarme con dureza, pues sé con seguridad que soñar en realidad es lo que nos mantiene despiertos, y que los sueños forman parte de todos nosotros desde lo más profundo; así, cada uno crea, a su manera, sus propias regiones míticas. No pienso que eso tenga nada de malo, al contrario; pues es precisamente de esa forma como ha surgido la necesidad de querer contar historias y el deseo de escucharlas, en la forma que sea.

Recientemente he visto la película “La vida de Pi”, toda una declaración acerca del porqué de nuestras regiones míticas y de nuestra necesidad de ellas para poder sobrellevar la existencia. Una historia que legitima una tendencia tan antigua como la humanidad, la de querer elegir siempre tomar el rumbo que nos conduce hacia la historia más hermosa. Puesto que este es el tema subyacente de este sitio, y de muchas de las cosas que tras rondar por mi cabeza terminan escritas en alguna parte, participar de la narración de esta historia ha supuesto que sienta el deseo de renovar un contrato personal que me he impuesto desde hace ya mucho tiempo. Porque si nos dan a elegir, preferimos escuchar historias a tratar de permanecer atentos a la realidad, una actitud que podríamos decir que resulta casi instintiva, y de la cual se ha edificado toda una industria en la cual estamos inmersos. Puesto que se trata de una historia que te hace amar las narraciones, sólo quiero recomendarte que la puedas vivir por ti mismo, sacando de ella tus propias conclusiones.

Princesa y DragónQuerida Lavondyss, he conseguido jugar a mis juegos favoritos algunas veces; no tantas como me gustaría, pero que han conseguido que llegue al convencimiento de que se trata de una actividad muy importante que hay que saber valorar y defender en la medida de lo posible, pues consigue crear momentos de calidad en nuestras vidas. Los juegos de rol son una gran actividad de ocio, y aunque no sucede que en todos los casos cumplan con mis expectativas, pienso que son una de las actividades más interesantes que he podido compartir con mis amigos, habiendo surgido de ello momentos inolvidables. Momentos que ya se encuentran en la caja de los recuerdos, esa, donde coloco siempre ramitas de canela.

En estos tiempos, cuando todas las miradas y los pensamientos se dirigen hacia los videojuegos, proponer la organización de una partida (además de poder llegar a convertirse en todo un desafío en cuanto a su organización) se puede transformar en ocasiones en una actividad casi mística, donde muchos se preguntan cómo es posible que de una idea que parece tan obvia pueda surgir el que una noche de viernes o sábado se convierta en una extraña mezcla entre lo fantástico y lo extraño.

En mi caso, la diferencia de visiones que cada uno tiene del juego es lo que me resulta más fascinante, ya que lo que significa para unos para otros resulta algo muy diferente. Para mí, por ejemplo, Dungeons & Dragons es algo que va mucho más hacia la fábula y al mito, más del Hobbit que del Señor de los Anillos, más del Rey Arturo romántico de Malory, de Cúchulainn, de Robin Hood, el flautista, Rapunzel y hasta de Blancanieves, que del dungeon y de la fantasía oscura a la que estamos acostumbrados con Red Sonja a la cabeza vistiendo su bikini de mallas. Que lo es también, por supuesto, pero que en mí se trata de algo que se encuentra en un nivel secundario; un hecho en el que tiene mucho que ver mi propio “currículum”, como es normal. Una visión personal que ha ido en aumento con los años, pues a medida que pasa el tiempo tiendo más hacia el cuento clásico europeo, romántico y despiadado, que hacia una fantasía que yo denomino “americanizada” y casi hasta me atrevo a catalogar de “industrial”.

Se trata pues de algo que sucede simplemente porque..., yo decido que suceda. Sabiendo esto, refuerza mi convencimiento de que tengo que dirigir lo que trato de hacer en esa dirección pues allí está lo que me gusta, prescindiendo de querer tapar todos los agujeros de todas las alternativas posibles al pretender, de forma inconsciente, querer contentar a una entidad imaginaria que yo percibo como una posible e hipotética audiencia.

Resumiendo, que de hacer algo esto ha de ser lo que de verdad me guste y ya está. Una obviedad que no deja de ser toda una declaración de intenciones, en donde también está incluido el deseo de no querer olvidar que si empleo este sitio es para poder disfrutar de una actividad que no puede convertirse jamás en otro tipo de atadura más de la vida cotidiana. Por otra parte, Lavondyss ha pretendido ser desde su origen un diario personal —algo que me gustaría que siguiese conservando siempre mientras exista— en donde encuentran su lugar una serie de relatos y textos de diferentes tipos, en los que pienso que debo —o debería— enfocarme cada vez más, tratando de olvidar índices de visitas y estadísticas de ninguna clase.

No me cabe ninguna duda de que hay que tratar siempre de mantener una mentalidad abierta y de ser capaz de escuchar las opiniones de los demás pero, cada vez tengo también más claro que al final, tras esa guía, a quién debemos tratar de escuchar siempre con más atención es a nuestro propio instinto, o lo que es lo mismo, a intentar tomarnos mucho más en serio aquello que nos dicte el corazón.

Por ello, con el simple deseo de querer dedicarle una carta personal tanto a quien tiene el detalle de pasar por aquí como a este sitio en sí mismo, desde Lavondyss sólo quiero desearte un muy FELIZ AÑO NUEVO.

Edanna
27 de Diciembre de 2012

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Muerte entre las flores

 “Rol” Integrated Life: decoded (5.0)

Mi noviembre se marchó, siempre me pasa; sin darme cuenta se me va, no dándome tiempo a despedirme. Yo uso mis noviembres para contar el tiempo, ese que pasa y que vuela, y que no atiende a razones de tan ocupado que parece que esté todo el tiempo. ¡Qué cosa rara!

Siempre siento tanto que se marchen mis noviembres... Es mi mes favorito de muy lejos, y algo que trato como a alguien que trate muy de cerca; así, como algo muy mío.

Esta vez, cuando se marchó yo estaba jugando al rol, suerte que tengo. Ya una actividad escasa, preciosa y digna de mención.

Chica Leyendo LAvondyss.netSalí de la partida “echando fuego”, y me decidí a hablar sobre ello tras leer algunas entradas en mis blogs favoritos acerca de los intentos de buenos padres intentando integrar ese Rol que tanto queremos en la vida diaria de nuestros hijos. Sus intentos me hicieron reflexionar una vez más, al compararlo con mi desastrosa experiencia en la última partida, sobre cuales son el tipo de cosas que fallan en algunas ocasiones en lo que a los juegos se refiere. Me hizo pensar que, en muchos casos, los adultos parecemos olvidar cual es el verdadero motivo de hacer lo que hacemos y de tratar de decidir lo que puede ser o no verdaderamente importante. Por eso, cuando leo sobre las experiencias con los niños, recuerdo su mirada brillante, su rostro soñador y del pequeño milagro que, no siempre, no, pero que a veces sucede, allí, en algún lugar dentro de sus mentes.

No tengo ninguna intención de tratar de decirle a nadie cual debe ser el  motivo de nada o de lo que debe o debería ser importante o no serlo. Esto, como siempre, es una reflexión. Una reflexión compartida que para eso están estos pequeños periódicos personales que llamamos blogs.

Una de las más bonitas experiencias que he vivido desde siempre es contar un cuento a niños y no tan niños, que en muchos casos están más que predispuestos a dejarse llevar. Preparados psicológicamente y con las alas repletas de combustible porque, sencillamente, desean hacerlo. Lo descubrí hace tiempo, tanto por mi vinculación a un grupo teatral, como a mis relaciones con personas vinculadas al mundo del teatro y de la narración profesional. Los famosos “cuentacuentos”, que tan de moda se han puesto a lo largo de los últimos diez años. También me he animado a jugar al rol con niños, eligiendo para ello reglamentos muy básicos y muy, muy simplificados, basados simplemente en elegir rumbos en la historia, como en los libros interactivos, y añadiendo un componente de azar de manera muy básica; como, por ejemplo, emplear un simple dado (grande de peluche) que les ayude a tomar decisiones. Ir más allá de eso nunca es buena idea. Hay que recordar que no aguantan la atención durante mucho tiempo y que debe ser siempre lo más dinámico posible. Por otro lado, a partir de diez años es quizás cuando podemos tratar de hacer algo un poco más elaborado; antes de esa edad pienso que sólo podemos enfocarnos en contar historias breves a las que podemos tratar de añadirles algunos caminos de elección.

Esto tampoco garantiza que todos vayan a prestarse a ello, pero los que lo hacen viven aquello que les cuentas de forma tan vívida que se vuelve inolvidable. Yo siempre recuerdo una aventura que dirigí a un grupo de niños de entre 11 y 14 años escrita por mí, “La princesa y el dragón Vermidor”. Me estuvieron hablando de ella durante meses y aún hoy me preguntan, hasta por mail hace poco, cuándo vamos a continuar la historia.

Bien, no significa que el rol sea la panacea de los sueños infantiles en absoluto. Como siempre, hay niños que se prestan, otros no lo hacen en absoluto. Simplemente porque hay niños incapaces de estar sentados más de 10 segundos. A esos en Canadá los llenan de Ritalin. El Metalfenidato es la cura contra la vida enérgica que trata de comerse el mundo, o del déficit de atención con hiperactividad, como prefieras. Vaya, posiblemente resulte que Carlomagno era uno de estos... Pero no, no trato de trivializar acerca de este tema. Es un tema demasiado complejo y delicado para tratarlo en dos frases, y el déficit dichoso es muy real.

Pero bueno, como me encanta andarme por las ramas y ya son las 3 de la mañana volveré a centrarme en mi desastrosa experiencia rolera del otro día.

Al grupo, yo conocerlos no es que los conociera demasiado, pero como ahora mismo estoy por Canarias y necesito desahogarme un poquitín, me uní al grupo tras previa invitación en una coqueta tiendecilla friki local. Para no extenderme demasiado diré que el juego es el magnífico “El Anillo Único”al que tenía ya ganas de hincarle el diente. Juego que tengo gracias a que me lo habían regalado y que ni había terminado de leer..., pero que ya quedaba poco ya...

Deambulando por la Tierra Media junto a dos hobbits salidos, una hobbit ninfomaníaca que se desabrochaba la camisa para conseguir descuento y un enano absolutamente enamorado del escándalo; entre repetidas alusiones sexuales a todo lo que se moviera, un pueblecillo de buenos hobbits cuya empalizada tenía forma de miembro viril, un hermoso barco de blancas maderas fondeado en los puertos grises llamado “Kill-Dig”..., ¡ah! y tras aniquilar a unos lugareños por negarse a hacernos una rebajita en unos aperos..., nos embarcamos alegremente en nuestro bajel pirata con el fin de alcanzar el pico del Meneltarma, allí, donde una Númenor que había conocido mejores días dejaba aún entrever su punto más alto sobre las olas, en algún rincón distante en el medio del océano. Ni que decir tiene que un sinónimo del más gentil término "falo", no tardó en convertirse en un nuevo topónimo en nuestras cartas de navegación

Yo, que pensaba que Ulmo nos barrería a todos de la faz de la Tierra Media de un manotazo —con toda razón—, me sorprendí bastante de llegar con los pies bien peinados al dichoso templo, único superviviente de esta Atlántida Tolkiniana tan especial y que le da veinte mil vueltas a la del mundo clásico. Allí había que adentrarse buceando por una suerte de oquedades entre las ruinas sumergidas..., y tal...

Para ello, disponíamos de no sé qué hierba que nos permitía respirar bajo el agua (cough, cough) con sólo tres, repito tres, dosis. Tres bajaron entonces..., y con tanta seguridad que tenía yo en que el DM habría previsto otras alternativas para poder disfrutar de la aventura todos juntos que..., ¡no espera! resulta que ¡NO! Había tres dosis y sólo tres (y el número a contar será siempre tres...), así que los intentos de realizar una inmersión a pulmón libre terminaron con mi personaje morado, sin puntos de aguante, y regresando al barco a duras penas a que le dieran un masaje cardiaco y un buen par de morreos de esos, oxigenantes...

Caperucita¿Las razones de aquello? La coherencia, la lógica, ¿el realismo? ¿El castigo por los pecados, por no adorar la obra del DM como merece?..., ¿por no adorarle a él y mirarle con ojitos tiernos...? ¿Quién sabe? El caso es que otro jugador y yo nos dedicamos el resto de la sesión a arrojar al mar piedrecillas planas con la intención de hacerlas saltar rebotando en el agua —aguas que contemplábamos con miradas lánguidas—, mientras nuestros otros tres compañeros jugaban, mataban bichos, se llenaban los bolsillos de miles de lógicas monedas de oro y morían despedazados por una cosa lógica que andaba entre Nazgúl, Sara Montiel y Pedro Navajas con corona de hierro y mucha mala leche, porque eso era lo lógico..., y lo razonable. Así pues, en un vasto y ancho mundo irreal, cruzando un vasto océano de quimeras, adentrándonos en un templo irreal y luchando contra imaginarias bestias feroces, nos topamos con el peor monstruo de todos: el deseo de anteponer una confusa y mal entendida concepción de lo que debe ser lógico y “real” a la diversión que, pienso yo, debería ser la primera ley fundamental que ha de anteponerse siempre a todas las demás; pues entiendo yo que: "Aquí a lo que venimos principalmente es a divertirnos".

Bien, todo esto, que parece que resulta de lo más sensato resulta que no, que no lo es. Y no se trata de quejarse por quejarse. Yo no me quejé, ni me quejo. Me dediqué a pasear, tras marcharme, por las calles frías de mi ciudad con una sensación de que mi tiempo aquí... Simplemente no entiendo cuales son las prioridades antes que las que dicta el sentido común. En realidad lo que ha sucedido es que esta vez simplemente tuve mala suerte. Me topé con un mal máster y punto, que haberlos, “hailos”. Lo curioso es que se trata de una persona que, por muchas cosas, me cae muy bien, lo que me resulta irónico.

El problema es que como la sangre nueva escasea, a los malos másters les crujen ya las articulaciones por todos esos años que ya tienen. Porque no hay cantera y como no espabilemos, nos vamos a encontrar con que un grupo de exploradores van a venir en unos pocos o muchos cientos de años, van a descubrir nuestras tumbas, seleccionarlas, catalogarlas y ponerlas en el museo de historia natural o de arqueología un día de estos.

Allí yaceremos, con nuestros libros de rol aferrados entre unos esqueléticos dedos (ellos y ellas qué os creeis) mientras de nuestras calvas, en las cuales aún se conservan algunos mechones de pelo, se resbalan unas herrumbrosas coronas de hierro...

A veces siento que hemos perdido la capacidad de muchas cosas. Corrígeme si me equivoco..., ¡hazlo! Perdemos “Nuncajamás” y se ríen de nosotros si nos atrevemos siquiera a mencionarlo. De mí lo hicieron alguna vez en el entorno laboral y aún no salgo de mi asombro cuando lo recuerdo, encontrándolo inaudito. ¿Por qué encontré más respeto fuera que dentro de las fronteras de mi propio país? ¿Por qué?
Las personas se ríen de sí mismas, podemos hacerlo; sí, eso está muy, pero que muy bien. Debemos hacerlo y lo comparto... pero, siento un gusto amargo cuando de reírnos de nosotros mismos pasamos a revolcarnos por el fango, deleitándonos en nuestra propia mediocridad. Esto, siento decirlo, está muy arraigado en la cultura española, tan del humor estilo Torrente, del Jueves y del Víbora. Un humor que tiene su sitio y que está muy bien también, ¡por supuesto! Pero..., de tanto leer a Mortadelo y Filemón nos lo creemos, nos lo hemos creído, algunos nos lo hemos terminado creyendo. Siento que nos lo hemos llegado a creer y que ya no hay manera, que ya no hay vuelta atrás para un grupo generacional. Aunque también sé que eso está cambiando.

A veces siento que jamás nos detenemos ya de reírnos, que somos incapaces de hacerlo, y es cuando se convierte entonces en ese baile de máscaras en el manicomio. Podemos llamarlo Arkham Asylum ¿por qué no? Un manicomio donde, vestidos de aristócratas con peluca de rulos a lo "Rey Sol", bailamos hasta que sale el sol para caer exhaustos, decadentes, muertos, entre un prado de flores. Muertos entre las flores.

Yo perdí la inocencia hace mucho tiempo. Un tiempo en el que creí que la coherencia y el deseo de un cierto tipo de actividad intelectual primarían sobre las emociones, los deseos y el ego. Mi pérdida tuvo lugar a medida que fui descubriendo, entre otras muchas cosas, internet, desengañándome de cómo son la mayoría de las personas. Puede que hable de eso en otra ocasión; por ser extenso, porque es muy tarde y porque, en realidad..., ¿a quién le importa?

Edanna
3 de diciembre de 2012

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Pero entonces… ¿esto es arte?

“Rol” Integrated Life: decoded (4.0)

“En todo arte, aquello decisivo son los seres humanos”
Carl Theodor Dreyer

Indagando a través de la comunidad de juegos de rol y demás cumbres borrascosas, entre hojas de té y ráfagas de viento helado, me topé hace tiempo con un interesante artículo que toca el tema del rol como arte en Laboratorio Friki, y que puedes leer aquí si te apetece; (sí, aquí hay un enlace). Un artículo del año pasado que vale la pena volver a traer a la memoria del presente.

Tras leerlo, tanto pensé y pensé que al final con el café me quemé, y es que ya me estuve planteando el tema durante bastante tiempo; el suficiente para hacerme salir de mi madriguera una vez más para y animarme a dedicarle un tiempo a lo que ya va por la versión 4.0 de mi decodificación de una vida integrada en los juegos de rol. Una visión personal y un manifiesto acerca de mis experiencias junto a este tipo de juegos.

Así pues, mi intención con este “ensayo” no es otra que realizar una reflexión acerca del artículo mencionado, extendiendo lo que allí se comenta y aportando mi punto de vista sobre lo que considero un tema muy interesante; y de paso, con la excusa, aprovechar para airear algunas otras ideas.

Una vez más me retuerzo en el esfuerzo de dejar claro que esto es sólo mi opinión, y que sin ánimo de sentar cátedra, expongo lo que yo considero el espíritu de la intención artística de la naturaleza humana. Una definición que se puede consensuar en la infinidad de manuales y libros teóricos repartidos a lo largo y ancho de este gallinero que imaginamos como “nuestro” mundo; ya que en realidad —como bien sabes— es propiedad de los Primigenios.

Noche de “autos”

En el artículo se plantea con claridad si el rol puede ser o no un arte, lo que a su vez inicia un debate. Una cuestión que ya he escuchado varias veces en el pasado y que no dejo de escuchar acerca de todo tipo de cosas, mundanas o no, extraterrestres o nacidas y criadas en Albacete.

Stereo 3D Monster in TowerTras analizar el artículo llegué bastante rápido a la misma conclusión a la que llega su autor, Athal Bert, y que expondré a continuación para dejar claro mi punto de vista. A mi juicio, el rol, como cualquier otro asunto, es arte si en su desarrollo hay una intención expresiva. Esto no es demasiado complicado de razonar si buscamos la definición de arte en la mayoría de las enciclopedias y diccionarios, además de la que viene en la Wikipedia.

También estoy muy de acuerdo en que esta concepción trata de ser más un reconocimiento a una actividad tan particular y tan centrada en la narración, más que a cualquier otra consideración elitista o enfocada en la obtención de unos intereses concretos (y más mundanos). Pues entre los hechos que se relacionan con este asunto se encuentra el de tratar de dotar de valor al ejercicio de su desarrollo, ofreciendo nuevos puntos de vista tanto a las personas que se involucran como a las que pasan rozando su atmósfera. Una serie de valores que, de ser reconocidos más ampliamente, le otorga la importancia que, creo yo, merece.

Por otra parte, el dotar a lo que yo entiendo como una actividad colectiva de narración interactiva de una base teórica, podemos entonces definir las vías que conecten la actividad con la intención artística de una forma más directa, permitiendo así alcanzar ese valor a través de una serie de procedimientos reconocibles.

Pero vayamos por partes pues ante todo, me parece que hay que definir primero qué significa exactamente el arte hoy en día; un concepto que ha ido cambiando a lo largo del tiempo y que, por no estar lo suficientemente claro, en muchas ocasiones se hace bastante difícil saber qué supone el llevar a cabo un ejercicio artístico. Puede que tú lo tengas claro pero te aseguro que mi padre no tiene ni la menor idea.

Por desgracia la gente piensa —como mi padre— que el arte es dinero, algo que sólo han cimentado aquellos que comercian con él. Como siempre, el valor material de las cosas depende en realidad de lo que se esté dispuesto a pagar por ellas. Por otro lado, su valor emocional depende exclusivamente de lo importante que sea para nosotros una serie de ideas y de emociones que nos son transmitidas. Para variar, nadamos en un mar de subjetividades pues el arte es tan importante como lo es para cada individuo, pero la sociedad nos repite una y otra vez cada día que esto no es así.

Arte y vacas de colores

Como ya dijo Picasso en una ocasión —y que recuerdo que puse en otra entrada en alguna otra parte—, el arte en su expresión más pura lo realizaron unos individuos en el fondo de una cueva, todo lo demás desde entonces ha sido un ir cuesta abajo. La verdad es que no le faltaba razón pues este hecho define un deseo de expresión del espíritu humano en su concepción más pura.

En su concepción clásica, el arte era definido como la búsqueda de la estética, de la belleza, mediante el uso de una serie de recursos y el ejercicio de unas técnicas buscando un orden determinado. Ya la filosofía Aristotélica hizo su definición de belleza y de estética, o lo que ellos entendían como la definición de algo bello basado en aquello que se consigue por medio de la imitación. Aunque también ya definía que lo bello es lo que está dotado de valor por sí mismo siendo algo muy diverso y relativo.

Mi madre; parece mentira que esto se dijera hace tanto tiempo. De la misma manera que Sócrates ya había dicho que la verdad está en el interior de cada uno...

Si aplicamos esta concepción en el ejercicio del juego de rol se daría el hecho artístico si existiese un deseo de crear belleza; que puede hacerse —y de hecho se hace— al dotar de belleza tanto a la experiencia compartida del ejercicio de lo narrado como al del mismo contenido narrativo. Athal Bert comenta en su artículo esto mismo en el siguiente fragmento pues nos habla de la búsqueda de esa belleza en el ejercicio colectivo del proceso; cosa que secundo en uno de mis comentarios pues tal belleza he tratado siempre de buscarla también en mis partidas. En el fragmento, que es brillante, comenta:

[...] cuando todos los participantes están comprometidos con la creación conjunta, tratando de crear algo bello entre todos, una historia que pueda contarse, con más sentido algunas veces que otras pero coherente con los personajes que la protagonizan, sumando individualidades, para conseguir una creación común final: la narración. [...]

Una belleza que, como es comprensible, trata de ser consensuada entre todos los participantes. Pero como ya sabemos, la belleza es algo muy subjetivo, por lo que prosigamos...

El arte clásico pretendía pues centrarse en uno solo de los elementos, un valor estético bastante subjetivo que se transmite en el ejercicio comunicativo. Expresar belleza es también expresión, como es obvio, salvo que en este caso nos centramos en un conjunto de conceptos limitado. Se creía y aún se piensa —y si no pregunta por ahí— que el único valor en el arte era pues la pretensión de expresar belleza tratando de imitar de la realidad de nuestro mundo todo aquello que consideramos bello; legado de nuestro pasado y que aún está arraigado en la cultura. Por otro lado se confunde la maestría de la técnica empleada en el recurso expresivo con el grado del valor artístico. Es decir, cuanto mejor se halle ejecutada la técnica, más valor artístico posee la pieza. ¿Que no te lo crees? Aún hoy se considera como más valioso y de alta cultura a una pieza de música clásica o un cuadro de Velázquez que un tema de los Sex Pistols o un cuadro de Pollock, el mismo que se meaba en las chimeneas...

Hoy en día, esto ya no es así. En su concepción moderna el arte es la definición de un mecanismo de expresión y de comunicación que reúne todo cuanto habita en la mente humana y es susceptible de poder ser expresado. La expresión por tanto puede ser cualquier cosa. En realidad, como dice la cita al comienzo de este texto, lo único decisivo son los seres humanos.

Se puede expresar horror, sordidez, angustia y fealdad, muy de moda en el movimiento denominado “mal gusto”, por ejemplo. Bien, todo esto es estupendo, pero una cosa es expresar y otra es que lo que se ha expresado nos guste...

Al igual que el cocinero hace arte cuando quiere dotar a su cocina de algo más que de sabor, color y textura, en la nueva cocina se expresa alegría y tristeza, preocupación por el medio ambiente o reivindicación por un salario digno. Si está presente en la cocina y existe en la narrativa, por supuesto que lo va a haber en el rol; que como he dicho ya un montón de veces es algo así como un medio de narración interactiva.

Hasta que Toulouse Lautrec no pretendió expresarse de forma artística a través de los carteles que hacía para los locales parisinos, no se elevó el cartel a la categoría de pieza artística. A través de esto podríamos inferir que hasta que los propios jugadores y el director no pretendan explotar su medio como vehículo de expresión —algo que se lleva haciendo desde hace ya bastante con las mencionadas escuelas de Turku y demás— el rol no se apreciará como una forma de expresión artística de manera “formal” o al menos, como ya dije, que se considere como tal; lo que revierte en que crezca su valor en la consciencia de las personas; siendo esto lo realmente trascendental del asunto, pienso yo.

Por tanto, el hecho artístico aparece cuando pretendemos expresar ideas y emociones empleando una serie de recursos. Pero la parte delicada de todo esto viene cuando somos conscientes de otros términos puesto que una cosa es arte y otras muy distintas son el valor artístico de lo expresado y el medio como vehículo de expresión.

Una vaca de colores en lo alto del Empire State

Hay obras que no dicen nada pues su intención ha sido sencillamente el tratar de ser “efectista” (tan respetable como el valor que estemos dispuestos a darle), transmitiéndose a través de los medios de masas tratando de encontrar un rendimiento económico —entre otros intereses— pero sin una intención expresiva detrás que resulte relevante; ¡una relevancia que va en función de si la obra dice o no algo trascendente y de valor para mí! No hablamos de que no contengan valor expresivo, hablamos de que su valor expresivo es irrelevante, es decir, carece de valor artístico. Pero, como ya he dicho, curiosamente el valor es algo también subjetivo. Lo que para unos no vale nada otros están dispuestos a sacrificar su vida sólo por conservarlo, poseerlo, morderlo, comérselo o dormir con él una sola noche pagando dos millones de Euros en una suite.

Un niño con una caja de acuarelas podría expresar una serie de contenidos, lo que sucede es que su valor artístico no nos parece lo suficientemente relevante como para darle valor artístico. En otras ocasiones la intención expresiva es tan trivial que su valor artístico carece de trascendencia. No olvidemos que en el arte, son los nuevos conceptos los que trascienden porque añaden un nuevo discurso capaz de provocar cambios en las conciencias, culturales, nuevos planteamientos y nuevas formas de enfocar el mundo que nos rodea. Lo hizo Picasso al tratar de de representar la realidad desde diferentes puntos de vista a la vez y lo hizo Kandinsky a través de sus sinestesias...

Por otra parte, nadie puede decirnos si algo tiene valor artístico o si no lo tiene, aunque si podemos guiarnos, por supuesto, de personas sensibles e informadas cuya opinión deberíamos de tener en cuenta; el resto es cosa nuestra.

Para mí la imagen de “Ella”, motivo del fondo de esta web, expresa una serie de cosas con las que yo me identifico: el ave, el trono, el vestido, la posición de la mano, el lago, las flores, la expresión, su belleza y a la vez su carencia de sensualidad..., todo elementos que son importantes para mí y que dotan a la imagen de un gran valor artístico, pese a que a otros les pueda parecer un retablo católico de la virgen (verídico).

Todo es una cuestión personal y el mayor daño que desde siempre se le ha hecho al arte no es otra cosa que comerciar con éste, pues tergiversa su significado.

Faerie En teoría, toda forma de expresión tiene pues un valor artístico, solo que el grado de ese valor varía entre cada individuo habiendo, sin embargo, una serie de opiniones consensuadas acerca de una serie de cosas. Una de ellas es, por ejemplo, el valor artístico de la creación de un niño pequeño, pues en la mayor parte de las ocasiones no posee una intención concreta a la hora de expresarse, dedicándose más bien a recrearse experimentando, lo que forma parte de su proceso de aprendizaje. Un producto comercial tal como un tema musical popular puede ser muy importante para una serie de individuos careciendo, sin embargo, de valor artístico de acuerdo con la opinión de un gran número de músicos y entendidos en la materia. Yo, por ejemplo, detesto el rap, pero reconozco su fuerza expresiva como género musical.

En los productos orientados al consumo de masas la intención es ofrecer un producto que tenga una aceptación probada y con grandes posibilidades de provocar una gran demanda. Sucede con muchísimos productos de consumo —mal que le pese a los frikis— de la “cultura popular”. Por lo que podemos atrevernos a decir que su valor artístico es escaso pues no había una intención detrás de expresar ideas o conceptos nuevos, dedicándose a repetir los mismos discursos una y otra vez a fin de venderlo... ¡una vez más! ¿¡Alguien dijo Starwars!?

En su momento quizás los tuvo, aportando entonces conceptos únicos para a continuación ir perdiendo el grado de pureza de su planteamiento original. Lo que en su momento fue la seña de identidad y el cambio del paradigma —algo que funcionó—, se convierte hoy en recurrente, neutro, conservador y despersonalizado. Un afán de emular más que de innovar, tratando de explorar nuevas ideas y formas de expresión.

En lo que al rol se refiere como vehículo de expresión, y volviendo al origen de cuanto hablábamos, ya he comentado que si en el ejercicio del juego hay una intención expresiva de transmitir ideas, emociones y conceptos, entonces en el rol —al igual que en la narrativa— se produce el hecho artístico. Podemos expresar tantas cosas como conceptos formen parte de la naturaleza humana pero: ¿es el rol el vehículo adecuado como forma de expresión?

Para meditar sobre ello tenemos que ser conscientes de que el arte coexiste a diferentes niveles. El hecho artístico en la narración se da tanto en el contenido de lo narrado (fondo) como en la forma de llevar a cabo la narración (forma). En los juegos de rol se complica más aún pues es un ejercicio compartido por varios individuos lo que, además de enriquecerlo, lo lleva a través de sucesivas capas a un ejercicio de creatividad colectiva que, en mi opinión, es una de sus características más fascinantes. El hecho artístico aparece pues tanto en el material empleado como en el desarrollo del proceso lúdico mediante la búsqueda en grupo de una experiencia compartida, empleando para ello otras disciplinas artísticas: lenguaje, recursos visuales, sonoros, plásticos, narrativos, expresivos, etc.

Uno de los niveles de los que hablo es la ya vieja tendencia a confundir el grado de pericia en el desarrollo de una serie de técnicas de los recursos empleados como medios de expresión con el concepto que se pretende expresar. Herencia de la noción clásica donde la ejecución conllevaba talento y habilidad sólo adquirida a través del ejercicio. Algo que tiene más que ver con la artesanía y con el alcance de la maestría. Términos que confunden más que definen si algo es considerado dentro del terreno del arte o no. Como siempre, estamos nadando en un mar de subjetividades.

Así pues, hay que saber diferenciar el fondo de la forma. Podemos considerar artístico el método empleado, de acuerdo con las técnicas empleadas y el grado de maestría alcanzado, mientras que por otro lado, coexiste el proceso narrativo con lo que el ejercicio creativo del colectivo involucrado genera por sí mismo y que crea por medio del pacto que se establece en conjunto.

La vaca que en realidad no es más que una vaca

No se trata de si los medios son arte o de si no lo son, los medios tienen el potencial de comunicar expresión artística si hay una intención artística. Como “nuevas” formas de expresión pueden ser arte si hay una intención de que lo sean, igual que sucede con el videojuego, el cómic, la web y hasta la pedicura china al pintar motivos en las uñas. Deberíais ver los salones en Montreal, donde anónimas asiáticas con mascarilla te pintan si les da la gana hasta La Mona Lisa en las uñas de los pies... Pero, ¿qué posibilidades tiene de llegar a otros el pintar en las uñas de los pies...? Porque una cosa es el valor artístico de lo expresado y otra es si como vehículo de expresión son adecuados los medios elegidos para llegar o no a los demás.

En lo que respecta a su valor poco tengo yo que decir. Eso depende de cada uno y del valor que se le otorga a lo que se ha pretendido comunicar. El rol tiene más de narrativa dramática y literaria que de narrativa audiovisual pues se basa en la descripción y en los personajes. ¿Es el cuentacuentos profesional un artista? Sí si consigue expresar determinados conceptos tanto de sí mismo como de la propia obra, igual que un pianista logra dotar a la pieza de un carácter individual que provoque una serie de emociones, incomparables a si esa misma pieza es tocada por otro. ¿Es diferente el narrador de rol al narrador de historias que vive del cuento?, no mucho. En mi opinión, creo que la experiencia del grupo en un juego de rol fundamenta algo mucho más interesante y enriquecedor que la narración hacia una audiencia pasiva.

En cuanto a si resulta un vehículo adecuado como medio de expresión eso queda dentro de la experiencia de cada grupo que participa en la experiencia y de sus posibles espectadores (que por lo general suelen ser más bien escasos). Este debería ser pues el tema de un nuevo debate —de haberlo— en el que desde ya me posiciono con la opinión de que el medio expresivo tiene tanto valor como valiosa sea la experiencia colectiva vivida entre el grupo de juego.

Para mí tiene un gran valor, pero es muy posible que como medio de expresión de masas resulte poco efectivo. Se deja pues más como una experiencia de tipo personal que queda dentro de los límites de cada uno y que permiten que el individuo crezca y se desarrolle de la misma manera que lo hace cuando lee un libro o escucha la narración de una historia.

La expresión del alma humana

Para terminar, me gustaría comentar algo que tengo muy claro desde hace ya mucho tiempo. Desde que el brillo en las miradas de mis jugadores, al dirigirles una partida, me hacían sentir que lo que estaban viviendo se trataba de una experiencia que podía ser tan hermosa como puede serlo cualquier otra vivencia a través de otras experiencias artísticas. Y es que, de acuerdo con la intención artística que se halla en el desarrollo de la experiencia de juego, y dejando aparte el contenido del propio material, en lo que se refiere al nivel de expresión que le otorgamos a la experiencia lúdica deberíamos preguntarnos: ¿En qué medida es importante el desarrollo de un trasfondo para los personajes?

Para contestar a esta pregunta me gustaría mencionar que en su libro titulado “El guión”, R. McKee nos comenta algo que ya había dicho en otros artículos anteriores acerca del poder que posee la experiencia del juego en lo que se refiere a llegar a conocer mejor a las personas; dice:

“La verdadera personalidad sólo se puede expresar por medio de las decisiones tomadas ante dilemas. Cómo elija actuar la persona en una situación de presión definirá quién es; cuanto mayor sea la presión, más verdadera y profunda será la decisión tomada por el personaje”.

Esto, que nos permite conocer a las personas mejor que de ninguna otra forma, es la única forma que tenemos, en la mayoría de las ocasiones, de salir del pozo de la rutina y experimentar con situaciones ficticias que nos harán vivir situaciones nuevas, difícilmente alcanzables en nuestra cotidianeidad. Por lo tanto, y para contestar a la pregunta anterior, pienso que es importante el desarrollo de un trasfondo para los personajes en la medida en la cual los jugadores y el director, de forma conjunta, pretendan dotar al juego de contenido dramático, y por medio de ese contenido, alcanzar la expresión.

Una expresión que, reflejando los conflictos que afectan a las criaturas, entre ellas a los seres humanos, llegan a nosotros transmitiendo una serie de conceptos que nos harán sentir emociones. Emociones que son producidas a través de la expresión; y la expresión —como ya he dicho— es ARTE. Todo pues es una cuestión del grado de expresividad que pretendamos darle a nuestro juego y del grado de compromiso que estemos dispuestos a mantener a fin de tratar de vivir diferentes experiencias.

Se empieza pues por lo común, y desde lo simple, paso a paso, se puede llegar casi siempre hasta lo extraordinario.


Edanna
28 de octubre de 2012

Edanna, sello personal

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