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Realidad básica

Anotaciones sobre sucesos de nuestro mundo sin entrar en conceptualización y abstracciones.
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Full Metal Jousting

Como ya está bien de tanta poesía, vamos a detenernos unos instantes en ese simbolismo humano que tan dulcemente le conduce a revestirse de armadura, montarse en una bestia de media tonelada y, con un palillo, intentar tumbar a un contrincante.

Nosotros, amantes de las corrientes que nos llevan a interpretar la realidad tal y como fue interpretada por otros, allá en el pasado de acuerdo con su concepción del mundo, vemos esto y asentimos satisfechos. Así como con un: “vio el hombre todo cuanto había hecho, y he aquí que estaba muy bien, contento y gozoso”.

El canal History Channel ha dado con un filón. Después de deleitarnos con los cazadores de caimanes de La Florida; de las decenas de programas de compra de “empeños” —pues tal es el afán del americano medio de vender por una millonada los calcetines de Elvis— y de repasar hasta la saciedad las batallitas del abuelo cebolleta ubicado en Detroit  que cobra la pensión de héroe de guerra, ha llegado el momento de cobrar de verdad y dirigir su mirada a la nueva ola “friki “ que asola toda Norteamérica.

En esta nueva generación se esconden los sueños de supervivencia de aquellos que capaces son de sobrevivir al apocalipsis descrito por McCarthy en su maravillosa novela: “The road”, La carretera. Novela que si no te has leído, tú orgulloso “Friki”, pues ya estás tardando. Por lo que parecería que el consumo de cultura popular nos acerca más a un estar adaptados a las duras condiciones de vida de un ambiente “el-que-sea” más que a dejar volar la imaginación y a ser creativo por encima de la media.

Por ello, más allá de la simple simulación histórica, que aquí queda a la altura del betún, el “Friki” de verdad se enfunda el traje de mallas —nunca mejor dicho— y cabalgando su corcel —que más le vale esté siendo destinado a ser comida para perros—, intentará desmontar con su bravura al oponente, rememorando las lanzadas de Lancelot defendiendo a la reina Ginebra o a Ivanhoe luchando por el corazón de su dama.

Lo cierto es que el éxito que está cosechando hace resonar la caja registradora, aunque lo más suculento es el premio, por lo que muchos son los que se apuntan a la nueva moda. Un “deporte” que aunque no sea tal, por ahora, lo será. Y que apuesto a que muy pronto va a rivalizar con “La estampida” de Calgary. Una nueva actividad en la que se ha de ser muy pero que muy bruto y en la que, para variar, hay que estar bastante loco: "¿Alguien dijo vértebras cervicales?"

Directamente para ti, te lo ha contado Edanna, en Lavondyss, retransmitiendo desde América del Norte para toda la comunidad que piensa, siente y sueña, con un mundo mejor.

Pd: Oye, que a mí me gusta eh...

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El árbol del tiempo

Dyss, sello general

El tiempo en Dyss no mantiene un flujo constante. A veces se ondula, se contrae, se expande y puede que a veces hasta juegue a la comba.

Los juegos del tiempo obedecen a su propio libre albedrío y muchos piensan, me incluyo entre ellos, que es la mismísima Dyss quien lo controla, de la misma manera que un pastorcillo juega con una ramita que rumie en su boca.
Pero eso no significa que no sea posible mantener un cómputo del tiempo, que no se pueda anotar el ciclo de los sucesos en el ordenamiento de las cosas, o que no se pueda dejar constancia de los hechos del mundo.

Cada año-estación, que algunos se empeñan en llamar, Canción, describe una sinfonía que empieza con sus trece meses adoptando la forma que esa estación lleve consigo. Un mismo mes puede ser ahora de primavera, y al año siguiente, de verano. Algo que ya expliqué en el capítulo anterior y que si repito una y otra vez es tan sólo por aclarar conceptos y forzar su aprendizaje de forma exhaustiva.

Por ello, al terminar una rotación de cuatro estaciones, cada una de un año, se completa un ciclo, unidad para definir un momento que empieza y uno que acaba, tal y como pasa con la mañana, la noche y el paso de los días. Los ciclos, como dije, forman las crónicas o hechos del tiempo, por lo que al completarse un ciclo se constituye una nueva crónica. Las crónicas se suceden, aparentemente, una tras otra y así el tiempo parece fluir hacia adelante.

Hay muchos detalles que decir sobre esto. Por ejemplo, que cada crónica tiene un nexo de unión con las demás a lo largo de las edades del tiempo, lo que permite intercambiarlas e interconectarlas. Cada crónica se asemeja a una uva en un racimo, unida a las demás por un tronco común que se bifurca, y no como una línea sucesiva de bolas, o uvas siguiendo con el mismo símil, puestas en fila.

Así pues la apariencia de ese tiempo fluyendo hacia delante no es más que una apreciación algo elemental desde el punto de vista de las criaturas del mundo. Si desde donde estás ahora cuentas las patas que tiene el cerdo que hay en el corral verás que no son las mismas que parece tener si te mueves un poco, desde otro punto de vista. Así es la apreciación que tienen los seres de este mundo, limitada y constreñida por la realidad que creen percibir.

Pero eso son detalles que dejaré para más adelante pues, en realidad lo que importa es que en la vida cotidiana tal apreciación basta, resultando esto lo que realmente importa.

Las crónicas se suceden entonces, describiendo el paso del tiempo y los hechos que suceden durante todos sus momentos, tal y como un mapa describe lugares y regiones remotas que explorar. Y es este un buen ejemplo pues es en Dyss donde si dispones del mapa adecuado y sobre todo, conoces las sendas, podrás viajar de aquí para allá en el tiempo, igual que lo hace el viajero a través de los caminos o cruzando mares lejanos.

Algunas de las maravillas de este mundo que te enseño ahora hacen ya eso mismo, abriendo rutas que llevan a costas extrañas de otros momentos, en otros lugares, en crónicas que no necesariamente están justo delante o detrás. Estas “encrucijadas” son los caminos del tiempo, tal y como los senderos comunes marcan las rutas a través del mapa de una región.

Pero navegar entre las crónicas no es nada fácil y son conceptos difíciles de asimilar. Sólo espero que recuerdes el ejemplo del racimo de uvas, donde cada una de ellas es una crónica unida junto a las demás a un nexo que las mantiene unidas, formando temas únicos, conjuntos de crónicas sobre hechos concretos, sucesos relacionados..., temas específicos.

El concepto "tema" es un término algo vago y poco usual, sólo empleado por los eruditos, para referirse a un conjunto de crónicas que de alguna forma se encuentran relacionas por los hechos que durante su transcurso acaecieron en algún lugar. Sin constituir un Himno, más enfocado éste a describir sucesos que cambiaron de alguna manera el orden del mundo y que explicaré más adelante, los Temas describen hechos de interés o lo bastante significativos para haber sido tenidos en cuenta.

Hay quien dice que los temas deberían referirse a los meses o a las estaciones, pues ya que a una estación algunos la denominan “Canción”, sería entonces lo lógico. Pero el término se refiere a las diferentes partes de un enorme lapso de tiempo, describiendo algunos de sus detalles más importantes. Así que mejor dejarlo estar que ya de por sí resulta bastante complicado.

Todos juntos forman parte del gran árbol del tiempo. El tiempo es ese gran árbol, y no una cuerda que seguir en una dirección única con los ojos vendados.

Y el tiempo siempre ha sido un asunto delicado..., y complejo.

Así pues, si agrupamos todas esas crónicas formando racimos, en la práctica, percibimos lo mismo que una gran sucesión lineal de hechos significativos, similar a la de otros lugares más “comunes”, donde el tiempo parece fluir de forma natural hacia delante. Esto es la consecución clásica y aparentemente lógica del transcurrir de las edades, formando siglos, milenios y constituyendo así los eones del tiempo.

A estas formaciones o grupos de hechos significativos a lo largo de un enorme lapso de tiempo los conocemos en Dyss como, HIMNOS, y narran detalles de la historia de gran trascendencia que significaron un hito que marcó, de alguna forma, una gran diferencia. A muchos les gusta denominar a este mismo concepto como, “edades”, y a muchos otros como, “eras”. Pero recurrir a estos términos en Dyss es caer en denominaciones inexactas.

En Dyss, como he explicado, los conjuntos de sucesos que marcaron una época, y que determinaron de alguna forma un antes y un después, están escritos mediante sus crónicas. Y si esa forma de entender el paso del tiempo forma los racimos de los que he hablado, no hay una exacta sucesión en una sola dirección de tipo lineal. Por tanto, a cada conjunto se lo nombra de forma independiente sin recurrir a un flujo temporal continuo en una dirección, pues puede que en algún momento esos hechos narrados en lo que otros gustan de llamar eras, se intercambien.

Sí, se intercambien. Ya sé que es algo complejo de entender, por eso mi reiteración en cuanto al ejemplo de los racimos; y también a mi reiteración en muchas cosas...
Por consiguiente, y siguiendo con mi explicación anterior, en Dyss denominaremos a los conjuntos de sucesos que determinaron una época como: Himnos. Tales himnos agrupan un número bastante elevado de crónicas.

Existen hasta el momento veintidós Himnos que describen los hechos transcurridos desde el despertar de la consciencia. Veintidós Himnos que forman la sinfonía del tiempo y que emergen desde el principio de éste en un calendario regresivo que parece integrar un mar inagotable de tiempo imperecedero. Veintidós himnos que, por cierto, parecen corresponderse con las veintidós constelaciones entre las mayores y las menores.

Recuerda pues, el tiempo es un gran árbol...

Y como he mencionado en otra ocasión, si el calendario es regresivo, éste va descontando ciclos en negativo, a través de las crónicas que van desgranando a su vez las estaciones, sucesivamente, hacia el año cero. El tiempo, dirigiéndose hacia el año cero del calendario se espera así mismo en ese punto, aguardando su momento; el momento del tiempo de ser al fin su propio protagonista.

Algo que una vez más te contaré en otro capítulo y en otro momento del tiempo a partir de, ahora...

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Los niños salvajes (v. revisada)

Dyss, sello general

Entre un revoloteo de hojarasca y los últimos rayos de sol deslizándose a través de los árboles, llegaron los niños salvajes.

Iban prácticamente desnudos, cubriéndose con lo que habían encontrado en sus vagabundeos y que ellos consideraron que servía de atuendo. El que fuera digno era el menor de sus problemas. Algunos llevaban una camisón raído, un jirón de manta, tiras de piel o de lino para vendar a los leprosos, una manta... Uno, dos intentos de zapato, daba igual...,  buenamente se cubrían de cintura para abajo con todo tipo de apaños.

Apestaban como demonios, pude olerlos a muchos metros de distancia. No se atrevieron a cruzar el linde del bosque. Desde el camino polvoriento que bordeaba los primeros troncos permanecían en silencio, observándome.

Probablemente yo les daba miedo, pero eso no duraría siempre. Los observé, en silencio, muy quieta, mientras los rayos de sol que se escurrían en la arboleda me acariciaban el cabello y la espalda lentamente.
Eran Imagos; eran imágenes míticas... ¿De quién habrían sido esos sueños?, ¿tanto terror inspira en las gentes un grupo de niños vagabundos, independientes y salvajes?

Había muchas niñas, casi las dos terceras partes; algunas estaban en estado. No podían tener más de catorce o quince estaciones y probablemente ninguno pasaba de cuatro ciclos completos. Todos llevaban extraños objetos sacados de la vida cotidiana, ahora destinados a usos misteriosos, pero con la evidente intención de servir para algún tipo de simbología de orden tribal, de estatus social. Habían creado su propia cultura de la nada. Una cultura de remiendos. Observé que probablemente habría uno o una serie establecida de líderes formando una jerarquía de orden complejo. Pude reconocer marcas en el rostro de una de las niñas, no tendría más de once años, de claro sentido espiritual. Una pequeña chamán en el grupo de los niños salvajes.

―Ya han creado a su propio hechicero, en tan poco tiempo. ―Pensé.

Los niños me observaron silenciosamente, intercambiando susurros bajos, que eran acallados bruscamente por el que parecía el líder. Un chico alto, con los huesos de las costillas claramente diferenciados. Llevaba un collar lleno de objetos absurdos que le colgaba hasta la cintura. En la mano izquierda un objeto pesado y  contundente, probablemente bastante peligroso en manos de aquel muchacho. Todos llevaban dibujos, marcas, e incluso la cara pintada con lo que me pareció sería probablemente ceniza.

Creo que se asustaron cuando la luz del crepúsculo comenzó a rellenar el mundo a nuestro alrededor y la oscuridad avanzó paso a paso, creando sombras cada vez más monstruosas; pero no tan gigantescas como las que había entre ellos y yo.

Finalmente se marcharon, tan rápidamente como aparecieron. Escucharon el relincho del caballo enfermo que agonizaba más abajo en el valle, en la granja abandonada. Significó lo mismo para ellos que la llamada del cuerno o de la caracola.

Algo nuevo, en algún otro lugar; si es que había otro lugar.

Hasta casi la medianoche, pude escuchar los bramidos de agonía del caballo, escuché claramente el entrechocar de las piedras, el crujido de los huesos rotos, los relinchos de sufrimiento del animal. Todos los ecos de aquello resonaban en el bosque, retumbando a su vez por las colinas. Llevados por el viento, hasta lugares distantes.

Allí encontró su propio sepulcro, y yo entonces le puse nombre a lo que ya se conocía como: “El Sepulcro del Caballo”; pero el nombre nuevo no lo relataré aquí, pues obedece a otro propósito.

Lo mataron a pedradas entre todos, lentamente, con cuidado de no acercarse al animal. El animal bramaba desesperado, repartía coces frenéticas; lo escuché claramente aunque los sonidos llegaran apagados por la distancia. Pero estaba enfermo, viejo y agotado. Pedrada tras pedrada. Podía imaginármelo, podía ver la situación con claridad.

Finalmente, los relinchos cesaron.

Encendieron un fuego, pude ver la claridad en la lejanía a través de los árboles, ahora jugaban, gritaban, reñían, reían. Pude oler la madera quemada, la carne de caballo, el humo espeso, acre, dulce.

Los gritos... Unos lamentos. Comieron.

El olor penetró en el bosque, inundando el aroma de la hoja y del musgo. Inicié un canturreo. Las hojas se agitaron. Cuidé de mi propio fuego. Permanecí despierta toda la noche. Pendiente, vigilante, ausente de todo cuanto habitara en mi interior. Celosa de todo lo que existía a mí alrededor, de cualquier sonido, de cualquier olor. Esperando.

Por la mañana se habían marchado.

Llegué hasta el Sepulcro del Caballo. Allí estaba aún una parte del animal, entregada ahora a las moscas y a los carroñeros. Huesos, maderos y restos yacían por todas partes. La hoguera humeaba, lanzando un humo negro y viscoso que se llevaba la brisa. Uno de los niños estaba allí tendido, muerto. Tendría unos seis años. Una horrible brecha en la cabeza y una piedra ensangrentada, lo explicaba casi todo. Tardé apenas tres cuartos de hora en enterrarlo y cubrir la tumba con un buen montón de piedras. De poco servía, muchos animales cavan mucho mejor que yo y con más habilidad que la mía cuando amontono piedras.

Pero volverían. Lo sabía claramente. Miré en todas direcciones, solo pude encontrar en los cielos a mis amigos los viejos pájaros negros. Les rogué que me avisaran. Ellos dieron alguna muestra de parecer considerarlo.
Volví al bosque, volví a la piedra y la roca, al rio y la cueva húmeda. Esperé...

En los días que transcurrieron durante mi espera, en muchas ocasiones me pareció escuchar el sonido de la cándida y afable risa de aquellos niños. Siempre cerca, entre los árboles que ocasionalmente se agitaban, esperando darme una sorpresa, un saludo, una bienvenida.

A mostrarme sus dientes, con una sonrisa.

Libro de Edanna

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Leyendas del cuervo

Leyendas relacionadas con el Cuervo

Fuente: Cervantes virtual

Cosmogonías de los pueblos de la Taiga y de la Tundra

     En la mitología de varias tribus de la tundra norteamericana, se habla de un «Tiempo Lejano» (Khadontsídnee) en el cual todas las criaturas (plantas, animales y seres humanos) vivían interrelacionadas entre sí: todos hablaban el mismo idioma y tenían una forma parecida. En esos relatos se explica cómo esos humanos terminaron por convertirse en animales y plantas que actualmente conocemos; esta mitología ofrece una percepción particular de la naturaleza, ya que recuerda que debemos respetar a la naturaleza porque animales y plantas también tienen espíritu. En los relatos que se desarrollan en ese Tiempo Lejano se explica el origen del Sol, de la Luna y de otros astros, así como ciertos elementos de la naturaleza (las montañas, el viento o las tormentas).

     Una figura principal en esos relatos cosmogónicos es el Cuervo; se trata de un ser impreciso que finalmente adopto la forma de un Cuervo siendo el responsable de la creación del mundo. El Cuervo es el protagonista en muchas leyendas de estas tribus de la tundra norteamericana y ocupa un lugar fundamental en la mitología y en los rituales de estos pueblos; es conocido por los tanaina, los kutchin, los tinglit y kaska, por los cree, que lo llaman Wísakedjak, y también por los ojibwa, que lo denominan Nanabush, y los naskapi, quienes lo conocen como Djokabísh. Para todos estos pueblos el Cuervo creó al hombre a partir de la piedra. Sin embargo, en cada tribu podemos encontrar mitos que cuentan el origen particular de su propia tribu; así es el caso, por ejemplo, de los chippewa, dogrib, haré, slave y yellowknife que según cuentas sus mitologías, sus pueblos comparten una nacimiento mítico de una mujer casada con un perro que se convertía en un hombre por la noche.

 

Relatos haida

     Las leyendas de los haida, hablan de Nankí'IsLas-lina´-i, que viene a significar más o menos,«Él se va a transformar en aquel cuya voz se ha de cumplir». De él cuentan que creó la Tierra cuando sobrevoló sobre el mundo cubierto por las aguas. Desde la forma de la tierra, hasta las pulgas, pasando por el comportamiento de ciertos animales... todo esto y mucho más fue creado por el Cuervo. En muchos relatos, como el de la luz del día (leyenda que relatamos a continuación), el Cuervo embustero puede cambiar de forma.

Figurita de un cuervo posado sobre una almeja
Figurita de un cuervo posado sobre una almeja,
obtenida en la web Mapahumano de Pueblos, Etnias y Culturas

     Al principio, solamente había oscuridad. La gente hablaba y se hacía preguntas sobre algo que nunca habían visto: la luz del día. Algunos comentaban que el jefe del río había guardado la luz del día en una caja especial. El cuervo vivía en este mundo sin luz, era ambicioso, embustero, entrometido y orgulloso. Además este animal podía cambiar de forma para satisfacer sus propias necesidades. Un buen día, El Cuervo decidió hacer averiguaciones para hallar la luz, así es que se transformó en una aguja de cicuta y se deslizó cayendo dentro de un arroyo de agua fresca. Cuando la hija del jefe del río llegó al lugar para beber, El Cuervo fluyó hasta su copa y la chica se lo tragó. A su debido tiempo, el Cuervo nació del interior de la hija del jefe, apareciendo como su legítimo nieto.

     El Cuervo creció rápidamente con el cariño y la adoración de su abuelo, a pesar de que sus ojos se parecían mucho a los de un cuervo. Un día, cuando el bebé berreaba, su abuelo le dejó jugar con la Caja de la Luna. Entonces, abrió la caja y la luna se escapó subiendo hasta el cielo. Cuando el Cuervo se enfadó nuevamente, su abuelo, le dejó jugar con la Caja de la Luz del Día. Tan pronto como la tuvo en sus manos, el Cuervo se transformó en pájaro y echó a volar y desapareció en la oscuridad.

     El Cuervo llevó la Caja a los seres humanos y la abrió sigilosamente, permitiendo que algunos rayos de luz escapasen de su interior. Sien embargo, aún desconfiaban de ses animal tan embaucador y no creían que realmente tuviesen en su poder la luz del día. Encolerizado por la incredulidad y el escepticismo de la gente, el Cuervo abrió por completo aquella caja y inundó el mundo con la brillante luz del día.

     La importancia del Cuervo en la mitología de estos pueblos se refleja en sus manifestaciones artísticas. Así los haida, que son magníficos artesanos de la madera, elaboran silbatos con forma de cuervos, de compleja decoración cuya interpretación se nos escapa. Los primeros silbatos con forma de cuervo pudieron ser empleados por los chamanes en sus complejos ritos y en la actualidad son empleados en ocasiones especiales.

 

Relatos de los ojibwa o chippewa

     La mitología ojibwa era muy elaborada. Antes del contacto con los colonos europeos, la religión de los chippewa tenía un organización similar a la política. Los principales ritos eran religiosos y supersticiosos y se centraban en torno del Medewiwin, o Gran Sociedad de la Medicina, abierta a hombres y mujeres que tenían funciones chamanísticas, curativas y mágicas.

     Según cuenta un mito ojibwa, Nanabush, que como ya hemos señalado anteriormente es el ser superior (el Cuervo), enseñó a esa Gran Sociedad de la Medicina de los pueblos los rituales para salvarlos de la extinción provocada por una enfermedad mortal. Nanabush contaba con una tienda que le habían construido los poderes superiores e inferiores, donde recibió la sabiduría para curar; aprendió a utilizar las medicinas y las plantas y los rituales adecuados. Además, estudió el modo de venerar a la Nutria Sagrada y al Oso. Entonces, Nanabush descendió a la Tierra con su bolsa de medicinas e enseñó al pueblo y le introdujo en los enigmas de la Gran Sociedad de la Medicina o Medewiwin.

     El «atrapa-sueños» en la mitología ojibwa, es un objeto de gran significado y vital importancia, relacionado con el origen de su pueblo. Los ojibwa se llaman a sí mismos anishinabe (Anishinaubag, Neshnabek) que viene a significar «los hombres originales», «los primeros hombres». En ocasiones utilizan una especie de abreviatura Shinob que es empleada como un apodo entre ellos. Los ottawa y los potawatomi también se autodenominan anishinabe, y se cree que en algún momento del pasado lejano de estas tribus, las tres formaban un único pueblo.

     Según cuenta una leyenda chippewa, en el pasado, en el antiguo mundo, los clanes ojibwa estaban ubicados en la zona conocida como Islas Tortuga. Los sabios cuentan cómo en este tiempo lejano, Asibikaashi (la Mujer Araña) ayudó a Wanabozhoo a traer de vuelta al sol (giizis), para que alumbrase nuevamente a la gente. Fue entonces cuando Asibikaashi estableció el sitio donde debía quedarse, un lugar ideal para ella que se encuentra antes del anochecer. Según la leyenda, si todavía estás despierto al anochecer, puedes buscar ese sitio especial donde Asibikaashi se encuentra, y puedes ver el milagro de cómo ella capturó los rayos de sol, al tiempo que la luz centellea. Asibikaashi cuidó de sus niños y de la gente de la tierra, y todavía se preocupa por ellos. Cuando el pueblo de los ojibwa se dispersó por todo el continente, a Asibikaashi se le complicó la tarea de hacer su viaje a cada una de esas cunas, cada uno de esos recién nacidos; así es que las madres, las hermanas y las abuelas adoptaron la costumbre de tejer telarañas mágicas para los bebés. De ese modo, se adoptó la forma de un círculo que viene a representar el viaje del sol que cruza diariamente en cielo

Con los primeros comerciantes y exploradores europeos, llegó un buen número de misioneros que sin embargo, no alteraron radicalmente el modo de vida de los inuit, aunque sí influyeron en algunos aspectos. Estos misioneros occidentales pretendieron sustituir la cosmología aborigen por el cristianismo, y, si bien es cierto que convirtieron a muchas personas y los chamanes pasaron a un segundo plano dentro de la religiosidad inuit, no cambiaron su concepción tradicional sobre el mundo. Sin embargo en estas poblaciones la religión no está muy desarrollada, manteniéndose la creencia en ciertas leyendas y mitos de seres sobrenaturales, como el Mishtapeu.

Cosmovisión de los pueblos Inuit

La espiritualidad del pueblo inuit

Bolsa inuit para guardar flechas realizada en piel de foca entre 1904 y 1906, perteneciente a un cazador chukchi       El sistema de creencias tradicional de los inuit se basa en la existencia de un mundo natural o visible y un mundo sobrenatural o invisible, centrados en los animales, la caza y las relaciones con la Tierra. De esta forma podríamos decir que el inuit plantea una peculiar forma de creencia «animista», según la cual el mundo es visto como el conteniendo de un gran número de entidades espirituales, algunas de las cuales son asociadas con seres materiales, como animales u objetos inanimados, mientras que otros no tienen forma visible material. Algunas de estas entidades no visibles son más poderosas y significativas para la humanidad que los elementos visibles, y la mitología inuit nos habla muchos de ellas. Del mismo modo, los yupik creen en la existencia de dos mundos diferentes: el visible y el invisible. Ambos mundos ocupaban el mismo espacio físico, aunque los espíritus del segundo rara vez pueden ser contemplados por los habitantes del primero. Los espíritus bondadosos o «mishtapeuat» residen en el «Tshishtashkamuk» o el mundo espiritua similar al mundo de los inuit, ya que tiene lagos, montañas, y vegetación. Según las creencias tradicionales de los inuit, su pueblo habitó una vez ese mundo de los espíritus, pero fue inundado y ahora viven en el mundo que conocemos, que no es más que una isla conectada al mundo de los espíritus por un puente de tierra. La frontera entre los dos no suele ser muy permeable, aunque en los momentos de transición, con los nacimientos, muertes y la pubertad, se hace algo más transparente. En estas ocasiones, es esencial la armonía o «tunghat» que se alcanzaba con los rituales adecuados. Según la espiritualidad inuit, todos los objetos, animados o inanimados, tenían su espíritu, o «yuas», con forma humana. En el pasado todos los animales tenían la cualidad de transmutarse según su voluntad.

Objetos de artesanía tradicional de la región noroeste de Canadá     Con respecto a la estructura del Cosmos, para estos pueblos aborígenes del Ártico, el Universo se compone de muchas capas diferentes mantenidas en un frágil equilibrio. Las acciones imprudentes de la gente podían ofender a los espíritus y romper este equilibrio. El resultado podía ser la enfermedad, la falta de caza o las tormentas. Por lo tanto, una parte fundamental del entrenamiento consistía en aprender a tener un comportamiento correcto. Por otro lado, debMáscara chamán utilizada por los inuit para sus ritualesemos de tener presente que para los inuit, no sólo los seres humanos están dotados de conciencia, sino también todos los elementos de la naturaleza. Estos aborígenes viven en un mundo consciente y allí donde vayan están entre los espíritus de sus antepasados, así como los de animales, plantas, colinas, vientos, lagos y ríos. De este modo, su sentido de lo sagrado se centra en una naturaleza práctica, no en la idealización de deidades y la racionalización teológica. El pragmatismo es la base de sus planteamientos sagrados. Teniendo en cuenta esta concepción, podemos entender que para los inuit una de las preocupaciones principales es el mantenimiento de la armonía en su propio ambiente y en esto nos recuerda la espiritualidad planteada por los aborígenes australianos. La gente inuit tiene muchos tabúes, rituales, y ceremonias para Máscara chamán utilizada por los inuit para sus ritualesrespetar y la practicar que significan el mantenimiento y el respeto hacia una orientación armoniosa ecológica. El respeto es, por lo tanto, un elemento clave para la espiritualidad inuit; es un pilar para el mantenimiento de buenas relaciones con el mundo de losespíritus, y con los elementos naturales (los animales, el agua), así como con los elementos físicos. Los cazadores pueden obtener la cooperación de los animales que son su presa, mediante el respeto mostrado a los restos, como huesos u otros elementos, colocando ofrendas o llevando ropas pintadas con símbolos especiales. Si los aniMáscara ritual africanamales no son atendidos y no se sienten respetados, pueden ofenderse y no colaborar con los inuit. Así, matar sin causan alguna, es considerada un crimen atroz y el castigo suele ser el destierro. Como sucede con los aborígenes australianos, la gente inuit fue advertida para que nunca hiciese el mal o abusase de los animales. Según las creencias de los inuit, cuando se desprecia la vida de un animal y se le mata sin sentido, éste ya no regresa de nuevo a la Tierra, ya que la falta de respeto mostrada haríaque los espíritus no volviesen a nacer y renovar su vida otra vez. Así es cómo la cultura inuit explica que ciertas plantas y ciertos animales se hayan extinguido en la Tierra, y muchos otros estén en vías de extinción. Por otro lado, también se esculpen pequeñas figuras en madera de playa, hueso o marfil morsa, figuras que representan animales y que pretenden obtener las cualidades del ser representado. Estos materiales también son empleados para confeccionar máscaras ceremoniales, algunas de tamaño tan reducido que se llevan en los dedos de las mujeres durante las danzas rituales.

     A modo de resumen, podemos establecer algunos puntos principales de la espiritualidad inuit, que posiblemente nos recuerden a otros pueblos nativos de otros continentes como los indios americanos, los aborígenes australianos o, incluso, los indígenas africanos. En primer lugar, los aborígenes han construido estas tradiciones sobre un sistema de creencias «animista» prehistórico, ya que, como hemos apuntado anteriormente, se basa en la consideración de que el Mundo de la Naturaleza está poblado por numerosos seres espirituales, asociados principalmente con los animales y las fuerzas de naturaleza. Por otro lado, tiene una base «chamanística», según la cual, la influencia en ese mundo natural de los espíritus puede lograse gracias a la ayuda de expertos en rituales, es decir, de los chamanes, que eran hombres y mujeres, que también tenían habilidades para establecer contacto directo con entidades sobrenaturales. También podemos apuntar como un rasgo principal en el sistema de creencias inuit, la integración de la espiritualidad dentro de actividades diarias, como la caza, y dentro de su vida en el contacto directo con el ambiente natural. En este sentido, para el inuit el ser humano, está integrado dentro de la Naturaleza y no es un elemento que permanezca al margen de ésta. Esto supone la asunción de que la humanidad, la tierra y los animales están unidos no sólo físicamente, sino también ética y espiritualmente, ya que todos forman parte del mismo universo moral. Un último rasgo de la espiritualidad inuit podría ser el mantenimiento de las tradiciones espirituales del pasado como fuentes de inspiración en la formación de las expresiones actuales de identidad étnica, en el contexto de sociedad moderna, multi-cultural del Ártico.

     Sin embargo, debemos de aclarar que estas creencias tradicionales de las poblaciones inuit se mantienen en mayor o menor grado en la actualidad, dependiendo muchas veces del nivel de dependencia o de vinculación de las poblaciones con la caza o con actividades de supervivencia. La observancia y la creencia varían de una comunidad, de una familia o de un individuo a otro, y se siguen practicando algunas ceremonias. Asimismo, los inuit tienen sus especialistas en el conocimiento espiritual y tradiciones, por lo cual no todos los miembros de la comunidad tienen el mismo grado de conocimiento de los principios de la espiritualidad esquimal.

 Esta exposición es solamente una brevísima muestra de los muchos y variados relatos sobre el origen y la formación del mundo que componen la cosmogonía de estos pobladores nativos de la taiga y la tundra de nuestro planeta.

 

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Aquel viejo y querido país desconocido...

Porque sigues siendo una de las cuatro esquinas del mundo...

 

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Feliz año nuevo 2012

Desde Lavondyss y desde el corazón os deseo a todos un feliz año nuevo.

Esperemos que éste sea un año mejor para todos, que los deseos se cumplan y las promesas mantengan el ímpetu necesario para seguir avanzando.

Nos veremos, aquí estaremos. Pues aunque muchas veces tengo momentos tristes, otros en cambio, tengo amapolas...

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