BESTIARIO MEDIEVAL

EDICION A CARGO DE IGNACIO MALAXECHEVERRÍA

EDICIONES SIRUELA

                                                           Madrid                                 IR AL ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  ÍNDICE

SOBRE_LA_TRADUCCIÓN

 

I. EL_BESTIARIO_TELÚRICO

EL_ELEFANTE ........... ……..………………………………………………..….3

  GUERRA_A_MUERTE_ENTRE_EL_ELEFANTE_Y_EL_DRAGON …………7

EL_TIGRE .................... ………………………………………………………………….9

EL_CASTOR................... …………………………………………………………………14

EL_LINCE_Y_EL_TOPO…………………………………………............................18

EL_LEON……………………………………………………………………………………....23

LA_PANTERA………………………………………………………………………...28

EL_BUITRE…………………………………………………………………………...34

SIMIOS…………………………………………………………………………………38

CIERVOS………………………………………………………………………………42

EL_LAGARTO………………………………………………………………………...45

 

II. EL_BESTIARIO_ACUÁTICO

LA_BALLENA………………………………………………………………………....47

EL_PELÍCANO………………………………………………………………………..52

EL_DELFIN…………………………………………………………………………....56

  EL_CISNE……………………………………………………………………………...58

LA_OSTRA……………………………………………………………………………..62

LA_RÉMORA…………………………………………………………………………..64

  LA_SERRA……………………………………………………………………………...68

 

  III. EL_BESTIARIO_AÉREO

  EL_ÁGUILA…………………………………………………………………………….73

  EL_GRIFO……………………………………………………………………………...78

  LA_GRULLA……………………………………………………………………………85

TÓRTOLA_Y_PERDIZ………………………………………………………………..90

  LA_NATURALEZA_DE_LA_PERDIZ

IBIS_CIGÜEÑA_ABUBILLA_Y_GARZA……………………………………………96

  EL_GERAHAV_EL_AVE_ACTIVA………………………………………………….105

EL_AVESTRUZ…………………………………………………………………...........106

EL_CAMALEÓN……………………………………………………………………....113

EL_CARADRIO………………………………………………………………….…….115

  COMO_SE_ENCUENTRA_ALEJANDRO EN EL PALACIO DE JERJES,

 Y CONTEMPLA LAS «SALANDRES», QUE MUESTRAN SI EL ENFERMO

 DEBE MORIR 0 CURARSE……………………………………………………….….118

 

IV.  EL_BESTIARIO_ÍGNEO

EL_FENIX………………………………………………………………………………127

LA_SALAMANDRA……………………………………………………………………129

 

V MONSTRUOS_E_HÍBRIDOS

SIRENAS……………………………………………………………………………….. 132

CENTAUROS…………………………………………………………………………...137

EL_CORDERO_DE_ESCITIA………………………………………………………...140

LA_BERNACHA………………………………………………………………………..143

EL_UNICORNIO………………………………………………………………………146

EL_ONAGRO…………………………………………………………………………...151

EL_CATOBLEPAS……………………………………………………………………...155

  DE_LA_GORGONA_O_EXTRAÑA_BESTIA_DE_LIBIA…………………………156

EL_BASILISCO………………………………………………………………………….159

COMADREJA_Y_VÍBORA………………………………………………………….…164

  LA_NATURALEZA_DE_LA_COMADREJA………………………………………...167

EL_APTALOPS………………………………………………………………………….170

LA_HORMIGA_LEÓN…………………………………………………………………172

LA_CENTÍCORA……………………………………………………………………….174

MANTÍCORA……………………………………………………………………………176

LA_HIENA……………………………………………………………………………….178

EL_DRAGÓN…………………………………………………………………………….180

ANFISBENA_Y_ÁSPID…………………………………………………………………183

HIPOPÓTAMO………………………………………………………………………......188

HIDRA_Y_COCODRILO……………………………………………………………….180

 

VI. SOBRE_EL_BESTIARIO……………………………………………………………197

BESTIARIO_BESTIARIOS_EL_ANIMAL_Y_EL_HOMBRE………………………198

TOTEMISMO_Y_MITOS ………………………………………………………………200

EL_ANIMAL_Y_EL_HOMBRE ……………………………………………………….207

EN_TORNO_A_LO_FANTASTICO   ………………………………………………..210

SOBRE_LÍMITES…………………………………………………………………… ….218

EL_MÉTODO………………………………………………………………………… ...221

ARQUETIPOS_Y_ELEMENTOS…………………………………………………..….227

LA_APERTURA_DEL_BESTIARIO…………………………………………………..231

LA_UNIDAD_DE_LA_PSIQUE………………………………………………………..232

NOTAS…………………………………………………………………………………….239

BIBLIOGRAMA………………………………………………………………………..…247

 

IX

 

 

 

 

 

 


En un sueño vi tigres de un azul que no había visto nunca y para el cual no halle la palabra justa.

 

Jorge Luis Borges

 

En Ynde ra unes autres bestes granz et fieres qui ont couleur ynde, et ont cleres taches parmi le cors. Si sont si forz et si males que nus nes ose aprochier. Et les apele Pen en cest pays tygres.

 

Image du monde, 114.

 

 

 

 


SOBRE LA TRADUCCIÓN

 

El mosaico de textos aquí ofrecidos trata de dar una imagen general de cada figura del Bestiario seleccionada; para ello, he espigado descripciones en unos textos, y «significaciones» en otros, proponiendo a veces textos muy similares, con la esperanza de que el lector atento aprecie sutiles diferencias errores del copista, variantes, etc.‑ que a veces influyen en un cambio de senefiance. En ocasiones, como contraste y compleción del resto, he escogido fragmentos puramente «científicos», como los de Brunetto Latini, desprovistos, por lo tanto, de moralización. La traducción es literal en cuanto al estilo ‑‑conservando, por ejemplo, las engorrosas repeticiones de ciertos originales‑, pero no en cuanto a la letra misma; respeta los juegos de palabras en latín y las etimologías isidorianas, abundantes en los fragmentos del bestiario latino de Cambridge; prosifica los textos en verso ‑poco mérito tiene, en verdad, la rima de Pliflippe de Thaün‑, salvo en el caso del bestiario de Gubbio, en que mantengo formalmente la disposición del soneto, con el fin de que se aprecie la unidad temática de cada estrofa; es original en el caso de las citas bíblicas, para las que sólo excepcionalmente utilizo una versión ya existente (la de Nácar y Colunga), pues los nombres de las bestias varían según la versión de las Escrituras, lo que en ocasiones destruye la « significación ». La traducción, por último, se basa en un solo texto, salvo en las versiones antiguas del Fisiólogo griego, para las que he cotejado los materiales presentados por Lauchert, Zambon, Carlill y Peters, en función del interés de los textos que recogen.

 

Las ausencias en la selección de textos obedecen al criterio de no ofrecer, en lo posible, versiones ya publicadas en español; de ahí, el recurso al texto inglés de Mandeville, existiendo entre nosotros al menos dos ediciones importantes ‑la de Liria y la de Martínez Ferrandode los apócrifos viajes del caballero. Así se explica también la no inclusión de Ellano o de Isidoro, cuyas Etimologías gozan de una excelente traducción de Oroz Reta y Marcos Casquero.

 

En contrapartida, he recurrido aisladamente a autores más antiguos que medievales‑‑‑Plinio‑,no he resistido al placer o necesidad de utilizar y citar el Roman de la Rose, las Canciones del rey Teobaldo o la novela de Alejandro en prosa, y he aducido ocasionalmente textos del siglo XVI o posteriores, cuando su valor era recopilativo, o servían para completar la historia de determinada figura animal: se encontrarán, por ello, fragmentos de Boaistuau, Du Bartas, Topsell, o de quienes recorrieron Asia en el siglo XVII.

 

Sigue una brevísima reseña de los textos más importantes de entre los traducidos, ordenados cronológicamente ‑con todas las reservas que exige la cronología medieval.

 

i. A Galus Plinius Secundus (23‑79 d.C.) debemos la Naturalis historia en 37 libros, un compendio amplísimo de datos eruditos, de experiencias personales y de lecturas acríticas, pero profundas. Es una auténtica mina de información sobre el estado de la ciencia antigua. Interesan aquí, sobre todo, los libros III al VI (etnografía y geografía), porque fueron los más consultados por los compiladores y enciclopedistas medievales, junto con el VII (antropología «física»), VIII al XI (zoología) y XII al XIX (botánica).

 

i. El Fisiólogo griego (siglos iii‑V d.C.), al que ya me he referido anteriormente, fue editado por Lauchert como apéndice a su Geschichte des Physiologus. Existen también versiones más amplias, como la de Peters, que recoge los textos de la edición Ponce de León (1587), la versión siríaca, la de Mustoxydes, la de Pitra, dos arábigas, una etiópica ... ; o la traducción que hizo Carlill al inglés de los textos recopilados por Peters, amén de otros muy posteriores (el de Philippe de Thaün, por ejemplo). Francesco Zambon ha publicado recientemente una versión italiana del texto griego, apartándose de la versión clásica de Sbordone. Indico en cada caso en primer lugar cuál es la fuente seguida.

 

3. El Fisiólogo armenio (¿s. V?) apareció en su lengua original en el tomo 111 del Spicilegium Solesmense de Pitra; Ch. de Lescalopier proporcionó una traducción francesa del mismo al P. Cahier, que la hizo pública en Nouveaux Mélanges d'Archéologie.

 

4. El Liber monstrorum de diversis generibus no es ya, a decir de su editor, Corrado Bologna, un Physiologus; pero aún no es un bestiario. Berger de Xivrey, editor de uno de los manuscritos de la obra, la ubica en el siglo vi, con posterioridad al emperador Atanasio.

 

5. El bestiario de Philippe de Thaün (PT) es el más antiguo de los franceses, y sigue con bastante fidelidad el texto latino del Physiologus. El autor, anglonormando, dedica su obra a Aelis de Lovaina, segunda esposa de Enrique 1 de Inglaterra, en el manuscrito conservado en Londres; en otro ejemplar, que se guarda en Oxford, la dedicatoria va a Alienor, esposa de Enrique 11: la fecha de composición puede variar de 112.1 a 115z. Los manuscritos, ilustrados o con huecos reservados a las miniaturas, contienen prólogos en latín e indicaciones para el artista. Los 38 capítulos de este bestiario, editado por Walberg, estudian los cuadrúpedos, las aves y las piedras sucesivamente, y Philippe se refiere a sus fuentes como Physiologus, bestialre, un livre de gramaire, Ysidre (=Isidoro), escripture...

 

6. De besflis et alús rebus es una compilación híbrida reeditada en la Patrologia latina hace más de un siglo. Migne indica que los cuatro libros que comprende la obra fueron respectivamente atribuidos por los benedictinos a Hugo de Folieto (Aviarium, o libro l), Enrique de Gante y Guillelmus Peraldus (111 y IV). Pero la segunda parte ha sido erróneamente atribuida a Hugo de SaintVictor, y la autoría sigue siendo problemática. Régine ‑Pernoud ha publicado en Sources et clefs una traducción parcial de esta obra del siglo Xii al francés moderno, en la que me baso.

 

7. El bestiario latino en prosa conservado en la Biblioteca Universitaria de Cambridge con la signatura Ii.4.z6, editado por james para el Roxburghe Club en ¡92‑8 y más modernamente por T. H. White, fue copiado en el siglo XII, quizá en la abadía de Revesby, en Lincolnshire. Si se compara con el Fisiólogo griego original, contiene cerca de 15o animales, en vez de 49; pero no es solamente una amplificación de éste, sino que sigue a Solino, San Ambroslo e Isídoro de Sevilla.

 

8. Es sorprendente que ningún escritor de la Edad Media cite siquiera el nombre de Honorius Augustodunensis, que publicó en el primer tercio del siglo XII varias obras en latín de extraordinario éxito en toda Europa. Seguidor de Anselmo de Cantorbery y de Juan Escoto, Honorius es un autor de manuales poco originales, claros y utilita~. Su Imago mundi ha visto la luz, muy fragmentariamente, en Sources et clefs, de Pernoud y Davy.

 

         9. El primero en mencionar al fabuloso Preste Juan

es Otón de Frisinga (1145) en su Crónica. Otros autores

se referían a los misterios de pueblos terroríficos que

vivían en Oriente, identificados con los mongoles y los

tártaros. Viajeros como Odorico sitúan allá el reino

paradisíaco de tal príncipe‑sacerdote. Jourdain de Sévérac,

en 1330, lo localiza en Etiopía. La Carta, pretendidamente

escrita por el Pr ‑ este Juan al emperador Manuel de

Constantinopla, o al emperador de Roma, conoció múlti­

ples versiones europeas. He utilizado el texto en prosa

publicado por Denis en el siglo XIX, y el texto anglonor­

mando en verso editado por Hilka.

 

io. Hilka editó en igzo, en columnas paralelas, uno de los textos latinos que contienen la historia de Alejandro, y su traducción francesa del siglo XIII.

 

iii. Pierre de Beauvais, o Pierre le Picard, como lo llama el P. Cahier, fue probablemente clérigo, y gozó de la protección de dos miembros, al menos, de la familia de Dreux: Felipe, obispo de Beauvais, impulsor de las letras en su corte episcopal, y su hermano Roberto. No son pocos los problemas que plantea su bestiario (=6). ¿Por qué redactó una versión en prosa, seguida de otra en verso? La versión en prosa ¿es realmente la primera? ¿De dónde sacó el abundante material complementario para la versión en verso? El bestiario de PB cierra, en todo caso, la serie de los «bestiarios franceses tradicionales»; no tendrá más continuación que el Bestiatre damour de RF, impregnado ya de espíritu laico. Para la versión corta, sigo la adaptación moderna de Bianciotto, más fiable que la edición Mermier; para la versión larga, sólo existe la vieja edición del P. Cahier. El bestiario de Guillaume le Clerc (izio) es el más elaborado de los que proceden directamente de la tradición del Physiologus: la materia antigua se ve muy enriquecida por larguísimos comentarios morales, narración de exempla y alusiones personales a la cultura laica del autor. Su ciencia teológica no es, sin embargo, muy profunda; clérigo casado, de condición modesta y oriundo de Normandía, escribe el bestiario en Inglaterra, país que el texto menciona repetidamente. Los z3 manuscritos conservados prueban la popularidad de esta obra, debida, al margen de sus méritos artísticos, al valor individual y personal que GC introduce en los versos. Sigo la edición Reinsch.

 

13. La Image du monde de Gossouin (hacia I2‑5o) es su cuarta redacción ‑‑esta vez en prosa‑ de la obra de mismo título. Aunque el autor no indica fuentes directas, cita a Platón, Aristóteles, Ptolomeo y Virgilio; se inspira en Neckarn, Vitry, Adelardo de Bath, Gervais de Tilbury, Giraldus Cambrensis y Alain de Lille, pero menciona experiencias directas 1 Etna, la iglesia del Monte Sión en Acre , ya que viajó a Oriente con Robert d'Artois.

 

14. Richart de Fornival, cirujano y clérigo,. supo trasladar, no sin humor, la doctrina del Physiológus a la retórica amorosa: el Bestiaire d'amour (1252) es un tratado de estrategia en que el poeta enamorado describe las tácticas, errores, aciertos y fracasos de su campana galante, utilizando las «propiedades naturales» de los animales, tradicionalmente descritas por los autores de bestiarios. Demuestra el éxito de la obra la corriente de imitaciones que siguieron: Réponse au bestiaire, Dit de la panthe're d'amour de Nicole de Margival, Arriereban d'Amours, el Bestiario toscano en Italia, los bestiarios catalanes peninsulares... La edición Segre, que utilizo, es modélica.

 

15. El autor del Bestiaire d'amour rimé (segunda mitad del siglo XIII) oculta su nombre ‑Andreus o Andrieu‑ bajo un anagrama; se trata de una imitación libre de KF en 3.78 octosílabos, con un marco sentimental renovado y nuevos animales que no aparecían en RF. El texto muestra reminiscencias de la primera parte del Roman de la Rose.

 

16. El florentino Brunetto Latini, nacido hacia ‑rzzo, notario y embajador, fracasó en una misión en España, estableciéndose en París, Arras y otras poblaciones en torno a iz6o. Después de haber regresado de su exilio francés, gozó al final de su vida de considerable prestigio, con discípulos tan famosos como Cavalcanti y Dante. El Llvre du trésor es una enciclopedia menos voluminosa que otras del siglo XIII, cuya parte zoológica recoge información de numerosas fuentes antiguas, presentando en ocasiones datos contradictorios, que Brunetto analiza y discute. La edición Carmody, que traduzco, identifica aquellas fuentes con detalle.

 

17. Teobaldo de Champagne, rey de Navarra (izoiIz53), nos ha dejado canciones' de amor, pastorelas, un sirventés, debates, etc., que siguen la tradición del amor cortés. Si lo incluyo en estas páginas es porque Teobaldo, autor preciosista, rejuvenece la retórica galante enriqueciéndola con metáforas y símiles tomados del reino animal y de los bestiarios.

 

18. El dominico Tomás de Cantimpré (IzOO‑II74), autor de un Bonum universale de apibus muy difundido, en el que se ejemplifica la aplicación del método alegórico a la forma enciclopédica, fue el compilador de De natura rerum. La primera edición de esta obra es la de H. Boese, de la que ofrezco aquí algún fragmento. Tomás es un continuador de la tradición enciclopédica de Beda el Venerable, Rabano Mauro y Alexander Neckarn.

 

iig. Alberto Magno, nacido en Bollstádt en 1193 0 en izo6‑IzO7 Y fallecido en iz8o, enseñó en Colonia,Hildesheim, Friburgo y París, donde defendió en Iz77 a Tomás de Aquino contra Etienne Templier. Su De animalibus, en z6 libros, rebosa en referencias a los bestiarios y a la teratología. Destaca por el mismo espíritu independiente que De arte venandi cum avibus, compuesta por el emperador Federico 11 en la misma época; tal espíritu se advierte especialmente en los capítulos relativos a caballos y halcones, en que el vivo recuerdo de sus experiencias juveniles como cazador en la finca de su padre en Suabia le hace olvidar lo aprendido en las escuelas, e incluso a su maestro Aristóteles.

 

zo. El bestiario en prosa de Cambrai, redactado después de iz6o, consta de 32 capítulos, y se inspira en el Bestiaire d'amour de RF o en una refacción del mismo. Los ocho primeros ejemplos de RF aparecen al final, y las descripciones se han achicado hasta convertirse a veces en frases incompletas, lo que las hace incomprensibles. Al haber desaparecido el comentario alegórico de RF, es difícil adivinar cuál sería la utilidad de este catálogo abreviado de animales; quizá fuese una especie de «aidemémoire», como el Bestiario provenzal.

 

zi. El Nuzhatu‑1‑QuIúb (= «Deleite de los corazones») es una enciclopedia científica que se ocupa de astronomía, de la «cuarta parte habitada» de la tierra, de los reinos mineral, animal y vegetal, del hombre y sus facultades... Su autor, Al‑Qazwm‑i, fue funcionario de tributos en Persia en el siglo XIII. Utilizo la edición bilingüe de Stephenson.

 

zz. Según Walberg, Gervaise, autor de un bestiario de comienzos del siglo XIII, fue párroco de Fontenay‑leMarmion (Calvados). En el prólogo de su obra muy breve _iz8o versos‑ se alude a Barberie, una abadía cisterciense de la diócesis de Bayeux, en cuya biblioteca se contiene la obra latina que Gervaise dice traducir al francés: se trata de los Dicta Chrysostomi, un bestiario atribuido a San Juan Crisóstomo, que no coincide con el texto de Gervaise sino a grandes rasgos.

 

23. El Roman de la Rose, de más de zo.ooo versos, fue compuesto hacia Iz35 y 'en Iz7O por dos autores distintos, Guillaume de Lorris y Jean de Meun, que dan a la obra color y sentido opuestos: de un arte de amar en forma de sueño alegórico, pasa a ser un «espejo de los enamorados» profundamente satírico y profano, bajo una envoltura de enciclopedismo.

 

z4. El Liber de proprietatibus rerum, del franciscano Bartolomé el Inglés (y no «de Glanville»), conoció un éxito extraordinario después de Iz4O. En 1309, lo tradujo al italiano el notario de Mantua Vivaldo Belcazer; Jean Corbechon redacta una versión francesa en 137z; existen versiones flamenca, anglonormanda, provenzal (Elucidar¡ de las propietatz de totas res naturals, dedicada a Gastón 11 de Foix), espafiola‑‑‑debidaa Vicente de Burgos‑ e inglesa, compuesta en 1398 por John Trevisa, vicario de lord Berkley: es la que sigo.

 

z5. El Bestiario moralizado de Gubbio es una colección de 64 sonetos, de los que cada uno expone una o varias «propiedades» de animales, extrayendo de éstas la correspondiente lección moral o simbólica. El aristocratismo de la forma métrica escogida da toda su originalidad a este anónimo italiano de comienzos del XIV.

 

z6. El bestiario provenzal Aiso son las naturas... (segunda mitad del siglo X111) es una traducción en prosa, en 47 capítulos, de RF; el anónimo traductor sólo reproduce la descripción de las propiedades de los animales del Bestiaire damour, prescindiendo de la exégesis alegórica. La especie de resumen resultante podía servir quizá de repertorio a los poetas líricos, como parece demostrarlo el hecho de que este bestiario aparezca en el MS La Valliére, uno de los más célebres que contienen canciones provenzales.

 

 

 

 

 


27. El franciscano Odorico de Pordenone nació hacia 1165 en una familia checa o bohemia instalada en el norte de Italia. Viajó a Asia en izq6 y recorrió la Tartaria septentrional y quizá Mongolia. Un segundo viaje, en '31S, lo llevó de Padua hasta China junto con un fraile irlandés, a lo largo de un itinerario que ya era clásico: Venecia, Tauris, Ormuz, costa de Coromandel, Ceilán, Java, Borneo, Indochina meridional... Vivió tres años en Pekín, y regresó en 1328 por el Tibet: fue el primer europeo que visitó Lhassa.

 

z8. El Libellus de natura animallum., dedicado al hombre, a las aves, a los cuadrúpedos, a los peces y a los reptiles ‑‑con sumisión de estas criaturas al hombre, imagen del Creador‑, es un texto a caballo entre los siglos XIV y XV, fuente del bestiario valdense. La edición princeps, ilustrada con grabados en madera, vio la luz en la ciudad piamontesa de Mondovi entre 1508 Y 151z; traduzco la edición moderna de Paola Navone.

 

zq. De las propriotas de las animan~as es la redacción en dialecto valdense de un bestiario cuyo arquetipo desconocido, provenzal o latino, correspondería quizá a fines del siglo XIII, siendo del XV el manuscrito más antiguo. Su autor, jaco, «magister Jacobus», no es sin duda Jacques de Vitry. Esta obra pudo servir de manual en las escuelas valdenses, y su estructura es naturalmente la misma que la del Libellus, del que deriva, con leves diferencias.

 

3o. La versión inglesa de los exóticos viajes de Mandeville se basa en la versión Cotton, de hacia 1400, conservada en un manuscrito único del Museo Británico. Los intentos de desvelar la personalidad del auténtico autor (¿Jean d'Outremeuse?) no han dado resultado aún. En todo caso, el desconocido viajero no se movió probablemente de Europa, dedicándose a compilar las narraciones de viajes ajenos. Los bestiarios catalanes de los que aquí traduzco fragmentos son los editados por Saverio Panunzio; se trata, pues, de versiones del Bestiario Toscano correspondientes, al menos, al siglo xv, y de un texto ‑‑el manuscrito G‑ de fuente desconocida.

 

32. Proprietez des bestes forma parte de un manuscrito tardío que, a decir de su editor Berger de Xivrey, procedía de Saint‑Germain‑des‑Prés y contenía la historia fabulosa de Alejandro; para Berger, la mayor parte de los fragmentos que edita constituyen traducciones de Bartolomé el Inglés.

 

33. A partir del siglo XVI, viajeros y compiladores de «nuevos» tratados de zoología y «nuevas» enciclopedias ‑hechas en buena parte del saber antiguo y medieval‑, mantienen viva la tradición de los bestiarios, aunque la vieja exégesis moral haya desaparecido: de Boaistuau a Topsell, pasando por poetas como Du Bartas, viajeros como el barón de Herbertstein, Olearius, Jarissen Struyss, Kircher y Martini, o autores de nuevos «espejos del mundo», como Swan, la lista es larga.

 

Ignacio Malaxecheverría

 

XX1

 

 

 

 

 


1

 

EL BESTIARIO TELÚRICO    

 

                                          EL ELEFANTE                               ( IN)

 

      

    (1.1)

 

EXISTE un animal llamado elefante, que carece de deseo de copular.

 

Dicen las gentes que los griegos lo llaman «elefante» debido a su tamaño, pues sugiere la forma de una montaña; y en griego montaña se dice efipno. En las Indias, sin embargo, se le conoce por el nombre de barrus a causa de su voz; de ahí que la voz se diga de «barítono» y los colmillos de marfil (ebur). Su nariz se llama proboscis (=para los matorrales), pues con ella se lleva a la boca las hojas que come, y parece una serpiente.

 

Los elefantes se defienden mediante colmillos de marfil. No existen animales mayores. Los persas e indios, instalados en torres de madera a lomos de los elefantes, luchan a veces entre sí con jabalinas, como si lo hicieran desde un castillo. Poseen gran inteligencia y memoria; se desplazan en rebaños y copulan dándose la espalda.

 

La gestación de los elefantes dura dos años; paren una sola vez, y no varias crías simultáneamente, sino una sola. Viven trescientos años. Si uno de ellos desea criar, se encamina a Oriente, hacia el Paraíso; allá crece un árbol llamado Mandrágora, al que se acerca el elefante con su pareja. Primero prueba él del árbol, y a continuación da a probar a la hembra. Cuando mastican la planta quedan

 

3

 

 


seducidos, y ella concibe en su vientre de inmediato. Cuando llega el momento indicado para el parto, la elefanta se introduce en un lago, hasta que el agua le llega a las ubres. Entretanto, el padre la vigila mientras está dando a luz, ya que existe un dragón que es enemigo de los elefantes. Además, si llega a pasar una serpiente, el padre la mata y la pisotea. El elefante también es temible para los toros... y sin embargo, los ratones le asustan.

 

La naturaleza del elefante es tal, que si cae al suelo no es capaz de incorporarse. Por ello, cuando desea dormir, se apoya contra un árbol, pues carece de articulaciones en las rodillas. Y por esa razón, el cazador corta parcialmente el tronco, de manera que el elefante, al apoyarse, se desplome a la vez que el árbol. Al caer, pide auxilio a gritos; e inmediatamente aparece un gran elefante, que no es capaz de levantarlo. Entonces gritan ambos, y aparecen en escena doce elefantes más: pero ni siquiera ellos pueden alzar al caído. Todos ellos gritan, pues, en petición de ayuda, y llega en seguida un elefante muy pequeno que coloca su boca y su trompa balo el caído, levantándolo. Este pequeño elefante tiene, además, la propiedad de que nada maligno puede acercarse a su pelo y huesos reducidos a cenizas, ni siquiera un dragón.

 

El elefante y su hembra representan, pues, a Adán y Eva. Cuando eran agradables a Dios, antes de que cedieran a la provocación de la carne, nada sabían de cópula ni conocían el pecado. Y sin embargo, cuando la mujer comió del Árbol de la Ciencia, que es lo que la Mandrágora significa, y dio al hombre uno de los frutos, quedó inmediatamente convertida en una vagabunda, y por ello tuvieron que salir del Paraíso. Pues Adán no la conoció durante todo el tiempo que permanecieron en el Paraíso. Pero entonces, dicen las Escrituras, «Adán conoció a su mujer, que concibió y dio a luz a Caín, sobre las aguas de la tribulación». A propósito de cuyas aguas exclama el Salmista: «Sálvame, oh Dios, pues las aguas han penetrado hasta mi alma». E inmediatamente, el dragón los corrompió y los hizo extraños al refugio divino. Es lo que resulta de no agradar a Dios.

 

Cuando llega el elefante grande, es decir, la Ley mosaica, y no consigue levantar al caído, sucede lo mismo que cuando el fariseo fracasó con el hombre que había caído entre ladrones. Tampoco pudieron levantarlo los doce elefantes ‑‑o sea, los profetas‑, del mismo modo que el levita no levantó al hombre mencionado. Esto significa que Nuestro Señor Jesucristo, aunque era el más grande, se convirtió en el más insignificante de todos los elefantes. Se humilló, y mostró su obediencia incluso hasta la Muerte, con el fin de levantar a los hombres.

 

El elefante pequeño simboliza también al samaritano que colocó al hombre en su yegua. Él mismo, herido, cargó con nuestras dolencias y nos alivió de su peso. Además, este samaritano celestial se interpreta como el Defensor, sobre el que escribe David: «El Señor defendiendo a los humildes». Y también, con referencia a las cenizas del elefante pequeño: «Cuando el Señor está presente, ningún demonio puede acercarse».

 

Es un hecho que los elefantes destrozan todo aquello en torno a lo que enroscan sus trompas, como el desplome de una prodigiosa ruina; y todo lo que aplastan con las patas, lo pulverizan.

 

Nunca discuten a propósito de sus hembras, pues no conocen el adulterio. Son de un carácter dulce y bondadoso, y si encuentran a un hombre perdido en el desierto, se ofrecen a guiarlo hasta senderos conocidos. Si están reunidos en grandes rebaños, se abren camino utilizando sus trompas con suavidad y cuidado, para evitar que sus colmillos puedan matar a algún animal en el camino. Si por azar se ven envueltos en combates, se preocupan en gran manera de sus bajas, conduciendo a los heridos y agotados al centro del rebaño.

 

Cambridge, 24‑28"

 

Véase la Blibliografia de los textos traducidos donde aparecen las equivalencias de los títulos abreviados.

 

5

 

 


‑ ‑ Y más dice el Fisiólogo sobre el elefante: si se queman sus huesos y su piel, el olor que resulte ahuyentará a las serpientes, su veneno y su maldad, pues tal es su naturaleza. De tal manera se vence a las serpientes, a las ponzoñas y a las alimañas, por las obras de Dios y por su poder: así lo dice el texto divino.

 

PT, VV 1517‑1530

 

El elefante es el mayor animal conocido. Sus dientes son de marfil, y su pico se llama trompa, siendo semejante a una serpiente. Con este pico toma el alimento y se lo pone en la boca, y como la trompa está guarnecida de marfil, tiene tanta fuerza que rompe cuanto golpea. Y dicen los de Cremona que el emperador Federico 11 llevó a Cremona un elefante que le había enviado el Preste Juan de la India, y que le vieron golpear a un burro cargado, con tanta fuerza que lo arrojó contra una casa. Y a pesar de tratarse de animales muy fieros, se amansa en cuanto es capturado. Pero jamás montará en una nave para cruzar el mar, si su dueño no le promete que lo traerá de regreso. Y se le puede montar, y llevarlo aquí y allá, no con un freno, sino mediante un garfio de hierro; y en vista de ello, se instalan sobre él catapultas y torres de madera para combatir. Pero Alejandro hizo construir contra ellos unas figuras de cobre llenas de carbones ardientes, de forma tal que buscaban y destrozaban el pico del elefante, de manera que no volvería a acercarse por miedo al fuego.

 

Y sabed que tienen gran inteligencia, pues siguen la disciplina del sol y de la luna, igual que los hombres. Y van juntos en gran multitud, por escuadrones, y el de más edad es el jefe de todos ellos; y el que le sigue en edad los conduce y los azuza por detrás. Y cuando están en combate, sólo utilizan uno de sus colmillos, y guardan el otro por si lo necesitan; sin embargo, cuando van a ser vencidos, se esfuerzan por utilizar los dos. La naturaleza de los elefantes es tal, que la hembra antes de los trece

 

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años y el macho antes de los quince, ignoran lo que es la concupiscencia; y, no obstante, son tan castos, que no hay entre ellos disputa alguna por las hembras: cada uno tiene la suya, a la que permanece unido durante todos los días de su vida, de tal modo que si uno pierde su hembra, o ella al macho, jamás vuelven a tener pareja, sino que van siempre solos por los desiertos.

 

Brunetto, 164‑ ‑T65 (1:187)

 

Otra propiedad [del elefante] es que en trescientos años no tiene más que un hijo, y lo lleva dos años en el vientre; y cuando paren, permanecen en agua profunda, pues si el nacido cayera en tierra no podría recogerlo, ni él podría levantarse. Del mismo modo, los hombres deben hacer sus hijos ‑es decir, sus buenas obras‑ en el agua, esto es, en un lugar en que no se pierdan. Pues todo lo que no se hace con Dios, se pierde. Está escrito: «Si el Señor no custodia la ciudad, vigilan en vano los que la custodian».

Valdense, Vi, n.o 35

 

JLA GUERRA A MUERTE ENTRE EL ELEFANTE Y EL DRAGÓN                                        IN

 

 

Los dos animales más opuestos y que más rivalizan entre sí son el dragón y el elefante, que se odian extraordinariamente uno a otro, más que ninguna otra bestia en el mundo, y mantienen guerra perpetua.

 

El dragón desea la muerte del elefante, porque la sangre de éste, que es fría, apaga el enorme calor y ardor del veneno del dragón, cuando la bebe. Así, el dragón se coloca al acecho en Vos caminos por donde sabe que pasan los elefantes, y enrosca su cola al muslo del elefante, y lo oprime con tal fuerza, que lo hace caer a tierra, matándolo a continuación.

 

Estos grandes dragones nacen en las Indias y en

 

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Etiopía entre los grandes ardores del sol, y allí se encuentran. ( ... ) Cuando el dragón ataca al elefante, éste lo pisa, aplastándolo con su gran peso.

 

Igualmente, cuando el elefante ve al dragón encaramado a un árbol y acechando su paso, se va derecho al árbol para matar al dragón; y el dragón salta sobre la espalda del elefante, le muerde entre las ancas [¿nalgas, narices?] y le saca a veces los ojos; luego, se vuelve a la herida que le ha causado y le chupa la sangre, hasta que el elefante se debilita tanto, que se deja caer. Y si el dragón no es ágil, cuando cae el elefante, si no se aparta rápidamente, el elefante cae sobre él y lo aplasta con su peso. Así, al morir, mata a su asesino. (                      )            1,i

 

                                                                           

 

 

              LA PROPIEDAD DEL ELEFANTE Y SU NATURALEZA               IN

 

Cuando se quieren capturar elefantes en los grandes desiertos sin matarlos, para domesticarlos y que sirvan de ayuda a los reyes en las batallas, se cavan grandes fosas en los caminos por donde se sabe que pasan, y al pasar caen dentro. Entonces, llega uno de los cazadores y golpea al animal; después viene otro cazador tras el primero y le pega en presencia del elefante. Y así como el primer cazador finge golpear al elefante, el segundo hace ver que lo defiende y protege para que no reciba más golpes, y luego le da cebada de comer. Y cuando lo ha hecho así tres o cuatro veces, el elefante toma afecto al que le ha defendido y le ha dado de comer.

 

También se domestica cuando le dan de comer unos gusanos llamados camaleones, que tienen el vientre blando y el lomo duro.

 

Cuando el elefante lucha con el unicornio, le presenta la espalda, y no el vientre.

 

Por naturaleza, los elefantes son bondadosos y no tienen hiel, pero también son feroces accidentalmente, a saber, cuando se les hostiga en exceso.

 

Aristóteles dice en su octavo libro de las bestias, que

 

 

 

 


no hay en la tierra animal más longevo que el elefante. Cuando sale del vientre de su madre, tiene el tamaño de un ternero de dos años; pero el macho es mayor que la hembra.

 

Proprietez, 442‑444 Y 491‑495

 

                                                       EL TIGRE                                                (IN)

 

                                                        

 

(I.Z)

 

Existe un cuadrúpedo semejante al león, de hocico más largo y más curvado. Se encuentra en la India, y lo llaman tigre; se dice que guarda a sus crías en una bola de cristal hueca. Cuando descubre que han robado a su cachorro, se precipita tras las huellas del ladrón a la velocidad del viento, y lo alcanza, por grande que sea la distancia que los separa. Entonces, el ladrón entrega al tigre su cachorro dentro de la bola de vidrio, y el cuidadoso animal teme romperla y herir al cachorro. Se lo lleva de regreso a su guarida, haciendo rodar la esfera de cristal delante de sí.

 

Phys. griego: Carlill, ‑89‑igo; Peters, io2~

 

Tigris, el tigre, toma su nombre de su veloz carrera; pues los persas, medos y griegos solían llamar a la flecha «tygris».

 

Este animal puede distinguirse por sus numerosas manchas, por su valor y por su rapidez extraordinaria. Y de él toma su nombre el Tigris, por ser el más veloz de los ríos.

 

Vive principalmente en Hircania

La tigresa, cuando encuentra vacío el cubil de uno de sus cachorros, que ha sido robado, se lanza de inmediato tras las huellas del ladrón. Pero el que se ha llevado al

 

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cachorro, al ver que, a pesar de ir montado en un caballo lanzado a todo galope, está a punto de ser destruido a causa de la velocidad de la tigresa, viendo que no puede esperar salvación alguna en la huida, inventa astutamente la estratagema que sigue. Cuando advierte que la madre está cerca, arroja una bola de vidrio, y ella, engañada por su propio reflejo, cree que su imagen en el cristal es la de su pequeño. Se detiene, con la esperanza de recuperar al cachorro. Pero, después de haberse visto demorada por la trampa vacía, vuelve a arrojarse con todas sus fuerzas en pos del jinete, y, azuzada por la ira, amenaza en seguida con ponerse a la par del fugitivo. De nuevo retrasa éste a su perseguidora, arrojando una segunda bola, y el recuerdo del primer engaño no evita la tierna solicitud de la madre. Se enrosca en torno al vano reflejo, y se recuesta, como para amamantar al cachorro. Así, engañada por el celo de su propia diligencia, se queda sin venganza y sin cachorro.

 

Cambridge, 12‑13

 

Existe un animal llamado tigre, que es una variedad de serpiente. Esta bestia es de tal naturaleza, tan feroz y cruel, que ningún hombre vivo se atreve a acercarse a ella. Y cuando sucede que este animal tiene cachorros, y que los cazadores han averiguado dónde se encuentran, se los quitan por el procedimiento que vais a oir aquí. Los cazadores toman espejos y los llevan consigo cuando van a apoderarse de los cachorros del tigre. Acechan al animal hasta que ven que se marcha a vagabundear, y que no está en su guarida con los cachorros; entonces se los llevan fuera del cubil. Y toman los cazadores sus espejos, colocándolos en el camino a medida que avanzan. La tigresa es de tal naturaleza, que por muy enfurecida que se halle, no puede ver un espejo sin fijar sus ojos en él. Piensa entonces que los que allí ve son sus cachorros; goza de su imagen con gran placer, y piensa ciertamente haber

 

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encontrado a su prole. Y tanto se deleita contemplando la belleza de su bermosa estampa*, que olvida perseguir a quienes le han quitado sus cachorros. Y allí permanece inmóvil, como si la hubiesen capturado‑ y así es como se llevan los cazadores sus cachorros.

 

Dice sobre esto el fisiólogo: Tengamos cuidado de no parecernos a la tigresa. Y Amós el profeta dice que este mundo es semejante a la selva en que moran los tigres, y ruega a cada uno de nosotros cuide de conservar su cachorro, es decir, su alma. Pues los cazadores nos acechan y espían, y siempre tienen dispuestos sus espejos, por si pueden arrebatar nuestro cachorro. Los espejos son los grandes festines, los grandes placeres del mundo, que anhelamos; prendas, caballos, mujeres hermosas, y todos los demás pecados, como los que el cazador representa en su espejo, que arroja a la cara del hombre. Por eso debe el hombre seguir los dictados de su Creador; entonces es cuando el Enemigo no tiene poder sobre el alma del hombre, sobre ese cachorro del que desea apoderarse.

 

PB: Cabier 11, 140‑141

 

En la India hay otras bestias grandes y feroces que son de color azul, y tienen manchas claras por el cuerpo. Son tan fuertes y malvadas que nadie se atreve a acercarse a ellas. Y las llaman tigres, en aquel país. Y corren a tal velocidad, que cuando los cazadores van allá para apoderarse de otros animales, jamás escaparían del lugar si no arrojasen por el camino, allá donde van, espejos de vidrio. Y cuando ven su imagen, creen que son sus cachorros. Les dan vueltas y vueltas, hasta el punto de que rompen los espejos con las patas, y no encuentran nada en ellos. Así escapan los cazadores. Y a veces ha ocurrido con estos animales, que tanto piensan en contemplar sus imágenes,

 

* La cursiva es del raductor, como en RF.

 

 

 

 


y tan fascinados están en ocasiones, que podrían ser cogidos vivos.

 

Image, 114

 

¿Acaso, pues, contribuyó la vista a mi captura? Ciertamente que sí, fui más atrapado por mi propia vista que lo es el tigre por el espejo; pues, por grande que sea su ira cuando le han robado sus cachorros, si encuentra un espejo, se verá forzado a fijar sus ojos en él. Y tanto placer encuentra en contemplar la belleza de su hermosa estampa, que olvida perseguir a los que le han robado sus cachorros, y se detiene como cazado en una trampa. Y los cazadores astutos colocan ahí el espejo con deliberación, para desembarazarse de él...

 

RF, 40‑42

 

El tigre nunca está demasiado enfurecido ni tiene demasiado quehacer, como para no detenerse a contemplarlo cuando ve el espejo, y queda como cautivo.

 

Cambrai, 234, n.o 7; texto íntegro

 

La naturaleza del tigre es tal, que tanto se deleita viéndose, y mira tanto su figura, que es capturado mientras se contempla. Y esta naturaleza corresponde a aquellas mujeres y hombres que se complacen tanto en ver su belleza corporal, que no tratan de hacer casi ninguna otra cosa, más que adornarse y embellecer su semblante. Y así se olvidan de los mandamientos de Dios, y los cambian por su estúpido ornamento.

 

Valdense, V8, n.o 51

 

 

 

 

 


El tigre es una serpiente, que corre más que cualquier otra bestia conocida por el hombre, y es de tal naturaleza que se deleita contemplándose en espejos. De tal modo, que cuando el cazador va a quitarle sus cachorros, lleva consigo muchos espejos; se dirige a la guarida de la serpiente (allá donde sabe que se encuentran) y roba a sus hijos, y por el camino de huida, coloca espejos aquí y allá. Y cuando ve la serpiente que el cazador se lleva a sus hijos, corre en pos de él, y pronto los alcanzaría, de no ser porque encuentra los espejos, se detiene a mirarlos y no persigue a los cazadores; pues tanto le agradan los espejos que, aunque vea cómo se llevan a los cachorros, se los deja arrebatar por el placer que siente al contemplar los espejos.

 

Esta serpiente significa un tipo de hombres comunes que no tienen fuerza de voluntad ninguna; cuando el diablo, que es cazador y ladrón de almas, les ha robado el alma por algún pecado mortal, así como la soberbia, la vanidad, la avaricia, la envidia, o de otras muchas maneras en que él quita las almas cuando sabe que se encuentran en mala situación, ellos se preocupan mucho por salvar sus almas a fuerza de ayuno, de mortificar el cuerpo, con peregrinaciones, y de muchas maneras; pero el diablo, que sabe más que todos los hombres del mundo en cuanto a obrar mal, pues no tiene poder para obrar el bien, se atraviesa en su camino con aquellas tentaciones con las que estima que puede apartarlos de la buena disposición en que se encuentran, y les muestra riquezas de oro y plata, y posesiones, que destruyen las almas más que cualquier otra cosa; y, por otra parte, los engaña mediante vanidades, deleites de mujeres y el amor de los hijos ‑por el que muchos hombres están ciegos‑, pues para poder permanecer satisfechos y ricos, dejan perder sus almas. Y así, el diablo se atraviesa ante ellos con estas cosas y muchas otras, de modo que pierden su alma por estas vanidades.

 

 

 

 

 


                                              EL CASTOR                                     (IN)

 

(1.3)

 

Existe una bestia llamada castor, un poco mayor que una liebre, según creo, muy mansa y de gran prudencia; no es un animal doméstico, sino salvaje, y se hacen con sus testículos medicamentos para varios usos. Cuando es perseguido por el cazador, y acosado hasta tal punto que ve que no puede huir, se apresura entonces a cortar tales órganos de un solo mordisco: de semejante guisa, rescata su vida. Dios le ha dado la gracia suficiente para saber por qué se le persigue; así, se redime a alto precio, mediante sus propios miembros. Los deja ante el cazador, y éste no se lanza ni sigue persiguiéndole, sino que abandona la persecución, pues ya tiene lo que buscaba, De tal forma, rescata su vida y su cuerpo mediante una parte de éste. Y si ocurriera otra vez que volviera a encontrarse en semejante trance, perseguido por un cazador codicioso de sus miembros, al llegar a la angustiosa situación de no poder seguir huyendo, de inmediato se tendería boca arriba, y mostraría al cazador que nada tiene de lo que él busca, y así lo haría cesar en su acoso.

 

Así obran astutamente los hombres prudentes, cuando los persigue el cazador, el engañoso y malvado ladrón que busca enconadamente su desdicha. Pero ellos le arrojan al rostro lo que le pertenece, a saber, la fornicación, el adulterio, toda clase de pecado. Cuando el hombre se ha arrancado todo eso y se lo ha lanzado al diablo en plena cara, éste lo deja en paz, os lo garantizo. Cuando el diablo ve que nada tiene de lo suyo, ya no le parece útil. Cuando un hombre se ve, pues, perseguido por el diablo, debe arrancar de sí todos sus vicios y sus taras; así, puede muy bien escapar sano y salvo.

 

A ejemplo de este animal, el apóstol nos advierte que debemos servir y rendir tributo a Aquel a quien se lo debemos, y allá donde debemos, honrarle con reverencia y amor. En verdad hemos de entender que debemos rendir

 

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al diablo en primer lugar aquello que le debemos. ¿Qué es ello? Que reneguemos de él, y de todas sus obras en conjunto. Así escaparemos a sus garras. Un pecador que fuera prudente se protegería de tal guisa, librándose así de aquel que incesantemente busca su perjuicio. El que es prudente, arranca de sí mismo las obras que halagan la carne, y en las que crecen y residen todos los males. Cuando ha pagado al diablo este tributo, como algo que es suyo, como su presa y su botín, y se lo ha arrojado a la cara, aquél deja de perseguirle y pierde su rastro; ya ni lo siente ni lo ve, una vez que ha entrado en una vida santa. Entonces halla el justo los frutos espirituales que voy a deciros: la fe, la paciencia, la humildad, la continencia y la bondad, la caridad, la dicha y la paz, y una alegría inacabable. Que Dios, Señor de la alegría, nos guíe a la dicha mayor, a la que no concluye ni es mudable, sino que es perdurable para siempre.

 

GC, vv 1477‑1566

 

Y aunque no fuese más que por la única razón de que os he oído decir, a veces, que mis ruegos de amor os eran muy desagradables, y que por lo demás aceptaríais mi compañía de buen grado, deberíais darme vuestro corazón, para libraros del disgusto que os causo. Así se comporta el castor. El castor es un animal que posee un miembro que encierra una medicina, y al que cazan para apoderarse de tal miembro. Huye tan aprisa como puede; pero cuando ve que ya no puede escapar a la persecución, tiene miedo de que lo maten. Y sin embargo, posee por su propia naturaleza tanto juicio, que sabe perfectamente que sólo lo persiguen a causa de aquel órgano: aferra, pues, tal miembro con los dientes, lo arranca y lo deja caer en medio del camino; y cuando el cazador lo encuentra, deja ir al castor, pues no se le caza más que por eso.

 

Así, amada mía, si mi requerimiento os es tan desagradable como decís, podríais libraros de él entregan

 

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do vuestro corazón, ya que sólo por eso os persigo. ¿Y por qué otra razón os habría yo de perseguir, de no ser por ésa, ya que ninguna otra cosa puede serme útil para socorrerme contra la muerte por amor? Al contrario, es el remedio soberano para ayudarme, como ya he dicho.

 

RF, 57‑59

 

El castor es una bestia que vive en el mar de Ponto; por eso lo llaman perro póntico, pues es algo semejante a

 

un perro.                                                                                                                    Bninetto, 159 (1:151)

 

El castor arranca las partes genitales cuando le persiguen, y las tira, y sabe muy bien que lo cazan por eso y por la piel.

 

Cambrai, 235, n.o 13, texto íntegro

 

Qada'at [el castor], el Perro de Agua, es enemigo del leopardo. Su piel es apreciada; y sus testículos forman el jundbidastar (castóreo); se le caza por la piel y los testículos. En el 'AjXibu‑1‑MakHúqdt se dice que si el castor o su hembra son captur7dos, el otro no vuelve a formar pareja. Su cerebro elimina la turbiedad de visión; su grasa protege contra el peligro de los cocodrilos. Su bilis alivia la aerofagia en los nifios, y aleía a los reptiles. Las botas hechas con su piel curan la gota. La naturaleza del castor es cálida y seca en tercer grado; cura las convulsiones y temblores, y las afecciones de los nervios caracterizadas por la hinchazón; alivia los ataques serios de aerofagia; tomado internamente, es beneficioso en las dolencias de nariz y cerebro.

 

El Qunduz [designa igualmente al castor] es muy

 

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M

 

 

 

 


conocido; los mongoles lo llaman qáliún. Puede vivir tanto en tierra como en el agua; y existen entre ellos los grados de criado y señor. La piel de los señores es muy tupida, suave, y de vivo color, además de tener brillo; mientras que la de los criados es inferior. Su carne es beneficiosa contra la hemiplejia, la parálisis facial, la pérdida de memoria, los ataques graves de aerofagia, las convulsiones y las heridas mortales.

 

Nuzhat, 6o‑6i

 

Los que quieran agradar a Dios, deberian comportarse de este modo. Cuando el diablo los ha enredado, están cargados de pecados, y se dispone a hacerlos caer en el infierno, entonces deben separar y cortar los pecados de su corazón y de su cuerpo, y arrojarlos fuera. Devolvamos al demonio lo que es suyo, reneguemos de todas sus obras; debemos volvernos hacia Dios, de quien han de venir todos los bienes. Debemos dedicarnos a la caridad, a las limosnas y a las oraciones; debemos visitar enfermos, dar alimento y bebida a los pobres, vestir al desnudo y enterrar a los muertos; debemos ayunar y velar, adorar y rezar a Dios, para que al final podamos llegar a la auténtica confesión.

 

G, vv 707‑728

 

Tratemos con todas nuestras fuerzas de alcanzar dicha virtud: a saber, que siempre que tengamos algún miembro o alguna cosa muy querida, pero por cuya culpa podamos perecer y ser atrapados por los perros, es decir por el diablo, sin duda entonces debemos cortar y amputar dicho miembro, tal como está escrito: «Si tu ojo te escandaliza, sácalo y arrójalo lejos de tl*»; y, COMO dijo Catón: «Lo que tengas de nocivo, por mucho que lo aprecies, abandónalo; prefiere la utilidad a las riquezas».

 

Libellus, 294, n.O XxXii

 

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Este castor nos enseña de qué manera debemos saber guardarnos del diablo, que nos va persiguiendo noche y día. Y la manera en que debemos guardarnos de él es la siguiente: si él nos persigue y nos tienta con la soberbia, arranquémonosla con los dientes de la humildad; si nos tienta con la lujuria, cortémosla con castidad; si nos tienta con el odio, cortémoslo con amor; y si nos tienta con la vanidad, recordemos la pasión de Jesucristo. Y si nos amputamos así estos vicios por los que el diablo nos persigue, escaparemos, en alma y cuerpo, a sus manos.

 

Pero los santos mártires se defendían con más fuerza aún: como sabían que no podían quitarse al demonio de encima, a menos de derramar su sangre, unos estaban dispuestos a ser quemados, otros despellejados, otros degollados, otros martirizados de distintas maneras, mediante las cuales el alma escapa a las manos del diablo.

 

Bestiaris 1, iio‑iii

 

                                                EL LINCE Y EL TOPO                                           (IR AL ÍNDICE)

 

                                                          

(1.4)

 

Lincis, el lince, es llamado así porque se trata de una especie de lobo ( ... ). La bestia se caracteriza por una serie de manchas en el lomo, como las de un leopardo, pero tiene el aspecto de un lobo. Dicen que su orina se solidifica, convirtiéndose en una piedra preciosa llamada figurius, y se ha comprobado que los propios linces lo saben, por el siguiente hecho. Cuando han orinado el líquido, lo cubren con arena a toda prisa. Lo hacen debido a cierta avaricia natural, por miedo a que su orina pudiera servir de adorno a la raza humana.

 

Plinio dice que los linces tienen una sola cría.

 

Cambridge, 22

 

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El Fisiólogo habla de un gusanillo blanco llamado lieus. Es de tal naturaleza que, allá donde se encuentre, ve a través de las paredes. Su vista, por su propia virtud, atraviesa las paredes, en cualquier lado de ellas que se halle; y por gruesas que sean, su vista las atraviesa con tanta ligereza como pasa el sol a través de una vidriera ( ... ). El Fisiólogo dice que el gusano que ve con tanta claridad posee una gran virtud dada por Dios. Y tú, hombre, piensa que Dios ve tan claro, que no hay cosa alguna que no pueda distinguir de forma totalmente manifiesta. Ya que Dios ha dado al lieus la virtud de ver a través de las paredes, mucho debes arrepentirte de tus malas acciones: puedes estar completamente seguro de que Dios ve todas las obras del hombre. Antes de que él las piense, Dios las ve representadas en el corazón. Apártate, hombre, de las vanidades del mundo, mortifica tu cuerpo en buenas obras por el Señor que te creó, y que permitió que Su cuerpo sufriera grandes martirios; así recibió muerte y pasión por ti. Y si eres recibido en Su reino, te convendrá probar en qué le has servido, y según tus servicios recibirás tu soldada, para bien y para mal.

 

PB: Cahier IV, 8o‑8i

 

Para cada sentido, existe una bestia que aventaja a todas las demás: así, el lien ‑se trata de un gusanillo blanco que corre sobre los muros‑ en cuanto a la vista...

 

RF, 36

 

Ningún otro animal ve tan claro como el lince: es cosa sabida atie atraviesa las paredes con su vista.

 b. d´amour rimé

 

 

 

 

 


Existe otra variedad de lobos que se llaman cerveros o linces (luberne), moteados de manchas negras, igual que el leopardo; pero, en lo demás, son semejantes al lobo. Y su vista es tan aguda, que atraviesa con la mirada las paredes y los montes. Sólo pare una cría; y es el ser más olvidadizo del mundo, pues allá donde está comiendo su alimento, si por casualidad se fija en otra cosa, olvida de inmediato lo que estaba comiendo, de tal forma que no sabe encontrar de nuevo su alimento, y lo pierde definitivamente. Y quienes lo han visto, dicen que de su orina nace una piedra preciosa, que llaman liguires; el propio animal lo sabe perfectamente, ya que hay hombres que lo han visto cubrir su orina con arena, por un deseo instintivo de que tal piedra no caiga en manos humanas.

 

Brunetto, 167 U:190)

 

El ojo de vidrio: el ojo de vidrio es una avecilla blanca y verde, que tiene la vista más aguda que cualquier otro ser, y sería capaz de ver a través de una pared.

 

Best. Provenzal, 68o; texto íntegro

 

El lince es una bestia del tamaño de un carnero, que tiene la vista tan desarrollada, que ni pared ni roca son obstáculos para ella...

 

Bestiaris 11, 120

 

Se llama Talpa al topo porque está condenado a la ceguera perpetua en lugares oscuros. Carece de ojos. Siempre excava el suelo y se lleva la tierra; se traga las raíces por debajo de los frutos, de ahí que los griegos le llamen aphala.

 

Cambridge, 95‑96

 

Zo

 

 

 


Existe un animal llamado topo. El Fisiólogo nos dice que es una de las bestias M mundo que oye con más claridad; y nos da a entender también que vive de pura tierra, y tiene los ojos bajo la piel. Pero tiene el oído tan fino, que nada parece sorprenderle sin que esté prevenido, con tal que produzca algún ruido; y es de tal naturaleza que horada el suelo, y degrada la tierra en la que vive, estropeándose las hierbas.

 

Esta bestia es una figura del diablo, que es de tal condición, que estropea todos los lugares en los que mora. Y no hay hombre que pueda pecar tan silenciosamente, que no le oiga y se acerque a él. Y tiene los ojos bajo la piel con relación a todas las buenas acciones; pues no es capaz de reconocer a los justos, y oye en cambio a los pecadores con tanta claridad, que sabe todas las acciones que cometen por los deleites del mundo. La tierra en la que vive el topo significa el hombre, que está hecho de tierra. El que el topo cave la tierra, y estropee las hierbas que hay en su entorno, significa al Diablo, que empuja al hombre a cometer las malas acciones que estropean y degradan el alma, y que llevan a una muerteeterna y sin fin.

 

PB: Cahier 111, 274‑275

 

Entre todos los sentidos, ninguno hay tan noble como el de la vista. Pues ninguno de los demás permite conocer tantas cosas, y sólo puede sustituirse por la voz. Así sucede con el topo, que no ve nada, y que tiene los ojos colocados bajo la piel, pero que oye tan perfectamente, que nada puede sorprenderle sin que lo haya oído, por poco que despida algún sonido: la naturaleza repara, pues, su falta merced a la voz. ( ... ) Así, la naturaleza compensa en el topo gracias a la voz el defecto que sufre, y lo hace de una manera tan perfecta, que no existe ningún otro ser vivo que oiga con tanta agudeza: al contrario, el topo es uno de los cinco animales que aventajan a todos los demás en

 

ZI

 

1 m

 

 

 

 

 

 


cuanto a los cinco sentidos. ( ... ) El topo posee otra peculiaridad, pues es uno de los cuatro animales que viven de puros elementos. ( ... ) El topo vive de tierra pura, y no come nada más que pura tierra, igual que el arenque vive de agua pura, el chorlito de aire puro, y la salamandra de puro ftiego...

 

RF, 35‑37

 

El topo es un animalito que camina siempre bajo tierra y cava en diversos lugares, y come las raíces que encuentra, aunque la mayoría de las gentes diga que vive solamente de tierra. Y habéis de saber que el topo no ve nada, pues la naturaleza no quiso abrir la piel que tiene sobre los ojos; y así, no le sirven para nada, puesto que no están descubiertos.

 

Bninetto, M9‑170 (1:197)

 

La propiedad del topo es tal, que vive solamente de tierra. Y existe un pez que vive únicamente de agua. A estos animales se asemejan los hombres que piensan vivir y reinar con estas cosas terrenales, como la tierra y el agua. Y tales gentes viven para comer, y no comen para vivir.

 

Valdense, 08, n.O 28

 

Una de estas criaturas [de las que viven de los cuatro elementos, como el arenque, el camaleón y la salamandra] se llama topo, y es un animalillo de rabo mocho, ciego, y que vive solamente de tierra, pero tiene tan buen juicio que coge para mantenerse lo que necesita tomar. (Dícese que es un animalito que, como no ve, cree que le ha de faltar para su sustento, y no se atreve a comer todo lo que

 

z2

 

 

 

 

 


sería preciso. Y jamás ve hasta la hora de su muerte: poco

antes abre los ojos, y al ver tanta tierra, dice: «¡Desdichado

de mí! ¿Por qué no he comido en abundancia, Y. por

ahorrar, me he mantenido flaco y seco?», y se muere de

desesperación. Es comparable al avariento y usurero, que

nunca tiene suficiente; y siempre cree que han de faltarle

los bienes y riquezas, y nunca tiene bastante, sino que

tiene mayor avidez; y cuando ha concluido, ve la muerte y

lo deja todo, y aquel día, le pese o le agrade, ha de ser

generoso, pues nada puede llevarse de las cosas del

mundo.)       Por el topo podemos entender, ya que vive

solamente de tierra y no puede ver la luz, una clase de

hombres y de mujeres que no apetecen ni se nutren sino de

los placeres terrenales, y no toman alimento ni creen en

las cosas del cielo. De éstos podemos decir que no ven la

luz, pues no están iluminados por los designios celestiales;

pues los deseos terrenales acosan a los hombres que en

ellos se deleitan.                    Bestiaris 11, 51‑53

 

 

                                                                  EL LEÓN                                               (IR AL ÍNDICE)                     

        

                                                                      

(1.5)

 

Lo que en griego se llama «león», significa «rey» en francés. El león, de varias formas, domina a muchos animales; por eso es rey el león. Escuchad ahora sus propiedades.

 

Tiene la expresión ardiente, el cuello grueso y con melena; el pecho, por delante, es cuadrado, valiente y agresivo; los cuartos traseros, delgados; tiene una gran cola, y las patas lisas y ágiles ]unto a los pies; los pies, gruesos y cortados, con uñas largas y curvadas. Cuando tiene hambre, enfurecido, trata a los animales igual que a

 

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ese asno que rebuzna y vocea*. Escuchad, pues, con toda certidumbre, la significación de esto.

El león significa el Hijo de la virgen María; es, sin duda alguna, el rey de todos los hombres; por su propia naturaleza, tiene poder sobre todas las criaturas. Con fiera actitud y terrible venganza se aparecerá a los judíos cuando los juzgue, porque obraron mal cuando lo clava~ ron en la cruz, y debido a esta acción perversa no tienen rey propio. El pecho cuadrado representa la fuerza divina; los cuartos traseros muy delgados muestran que fue humano a la vez que divino; la cola, la justicia que se cierne sobre nosotros; mediante la pata, que tiene lisa, muestra que Dios es rápido, y que era conveniente que se entregase por nosotros; el pie, que tiene cortado, muestra que Dios rodeará al mundo, y lo tendrá en el puño; por las uñas, se entiende la venganza contra los judíos, y por el asno, entendemos evidentemente a los judíos. El asno es estúpido por naturaleza, como dice la Escritura, y no saldrá de su camino si no le arrancan de él. La misma naturaleza tienen los judíos, que son unos necios: no creerán en Dios, si no es por la fuerza; no se convertirán, si Dios no les da esa merced. Escuchad ahora otra naturaleza, según el texto sagrado.

Cuando el león quiere cazar y comerse una presa, traza un círculo en el suelo con la cola, como está comprobado, siempre que quiere atrapar a una victima; deja una abertura que sirva de entrada a los animales que él desea, y que quiere convertir en presa suya. Y tal es su naturaleza, que no habrá bestia alguna que pueda rebasar su límite, ni ir más allá. Esto es lo que muestra la ilustración, y tiene un sentido figurado.

La cola, según indica el texto sagrado, es la justicia que pende sobre nosotros; por el círculo, hemos de entender naturalmente el paraíso, y la brecha es la entrada dispuesta para nosotros, si hacemos el bien y abandona‑

 

El texto remite a la ilustración del bestiario.

 

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mos el mal; y nosotros representamos a las bestias, naturalmente.

 

Cuando el león está enfurecido, golpea con sus patas; pisotea la tierra, cuando se encuentra disgustado; y esta propiedad la refleja el dibujo.

 

Por el león, entendemos a jesucristo, y nosotros somos su tierra en figura humana; entonces, cuando nos castiga con alguna desgracia sin que hayamos cometido fechoría ni tengamos mala voluntad, esto significa su ira, y el patearnos de tal manera. Cuando no se porta con las gentes conforme a todos sus deseos, y se ven encarcelados o con enfermedades, dicen entonces los desdichados que' Dios no los ama en absoluto, y que no han merecido que les castigue así; no saben los afligidos, que Dios no les castiga anticipadamente: que Dios‑pone en dificultades a quienes estarían menos atribulados si pudieran decidir y hacer lo que quisieran; pero Dios los encadena al mal, para que no cometan maldades. Dios ama mucho al que quiere castigar; recordadIo, pues ésta es la significación.

 

También dice la Escritura que el león tiene la naturaleza siguiente: cuando el hombre lo persigue, con la cola va borrando sus huellas del suelo mientras huye, para que el cazador no sepa encontrarlo. Esto tiene un gran sentido, y debéis recordarlo.

 

El león, al huir, va cubriendo sus huellas: el rastro del león representa la Encarnación que Dios quiso tomar en la tierra, para conquistar nuestras almas. Y ciertamente lo hizo en secreto: se situó en los peldaños en que se hallaba cada orden ‑profetas, apóstoles‑, hasta que llegó al nuestro, se convirtió en hombre de carne y hueso, se hizo mortal por nosotros, y así, según un orden aceptable, venció al demonio. El demonio engañó al hombre; Dios venció al hombre, que no lo reconoció, y después al diablo, mediante su adecuada virtud. Si el demonio hubiera sabido que el hombre mortal era Dios, no lo hubiese conducido hasta la crucifixión. Así obró Dios hábilmente, sin que el demonio se diese cuenta. Así se ocultó Dios de nuestro enemigo, que no supo que Dios era

 

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aquel hombre, hasta que lo comprobó. Tanto se ocultó Dios, que los ángeles del cielo, que estaban en el paraíso, tampoco lo conocieron. Por eso, cuando volvió el hijo de Dios en majestad al lugar de donde había partido cuando se encarnó por nosotros, preguntaron a los ángeles que estaban con él: «¿Quién es ese rey de gloria que regresa con el triunfo?». Los que estaban con Dios dieron la siguiente respuesta: «Éste es el rey de gloria, que regresa con el triunfo». Y los ángeles que estaban en el cielo preguntaron también: «¿Por qué lleva ropajes de color bermejo?». Los ángeles y Nuestro Señor respondieron: «Por el martirio que hemos sufrido en la tierra, para conquistar vuestras almas». Y así entendemos por las huellas del león, que Dios quiso ocultarse para engañar al demonio.

 

El león teme al gallo blanco, y el chirrido de los carros en movimiento; y tal es su índole, que duerme con los ojos abiertos. Y eso habéis de entender en las figuras que veis.

 

El gallo blanco significa, los hombres de vida virtuosa que anunciaron su muerte, antes de que Dios falleciera. Él mucho la temía, puesto que era hombre, y el texto sagrado demuestra que el propio Dios dijo: «Padre, perdóname por la muerte que debo sufrir: que tu voluntad no se detenga por mí». Así, mostró ser hombre en su muerte. Tal y como el hombre es alma y cuerpo, Cristo es Dios y hombre. Y sabed que Dios dijo a San Pedro lo siguiente: que le negaría tres veces, antes de que cantase el gallo. En su honor, el gallo canta todas las horas día y noche‑ y nosotros, de igual modo, cantamos prima, tercia y mediodía, y rezamos día y noche a nuestro Creador. Por eso cantan los frailes maitines al alba: entonces fue juzgado Dios, golpeado y atado; y al salir el sol, los clérigos cantan prima, pues entonces resucitó Dios, que nos arrancó de la muerte. Y cantamos tercias, cuando es la hora de tercia: pues entonces fue castigado Dios, y elevado en la cruz. Y a las doce cantan los clérigos la hora de mediodía: entonces se produjo la oscuridad, cuando fue muerto en la cruz; el

 

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sol se ensombreció y no dio luz, debido a la auténtica luz del dolor que entonces sufrió Dios debido a su humanidad, no a su divinidad. Y hallamos todo esto leyendo la Pasión; recordadlo, pues tiene un profundo sentido. Cantamos nonas, porque a esa hora se retiró el espíritu, tembló la tierra y se quebraron rocas de diversas formas. Recordadlo, pues tiene un profundo sentido. Y se cantan vísperas al atardecer, porque entonces su cuerpo auténtico fue encerrado en el sepulcro. Así, quedan cumplidas las vísperas, lo que significa que Dios lo ha cumplido todo, al vencer al demonio; entonces viene silenclum., que llamamos silencio. Comienza el reposo, y callamos entonces, y se mueven los diablos, que siempre actúan de noche; cuando dejamos de rezar, pueden ellos ponerse a deambular: por la noche, los demonios tienen la potestad de obrar, pues son hijos de Nerón*, a los que llamamos negros. Por eso, cuando llega el día huyen de la luz, y nosotros, con la claridad, alabamos al Creador, nos levantamos con el día y recitamos nuestras plegarias. Oíd, gracias al magisterio, lo que significa el carro.

 

El carro designa, en verdad, a cuatro de los hijos de Dios: Marcos, Mateo, sin duda, Lucas y San Juan; y el chirrido significa la muerte del hijo de María que ellos anunciaron al mundo, en virtud de la cual las gentes quedaban redimidas: jesús, por ser hombre, tenía miedo.

 

Y sabed otra actitud del león‑ es de tal índole, que duerme con los ojos abiertos. Sabed que esto representa al Hijo de la Virgen María, mientras velaba en su muerte, cuando destruyó la muerte mediante la muerte; llamó al dernonio la muerte, y dijo que sería su muerte, su destrucción y nuestro descanso. Y en su muerte veló, cuando encadenó al demonio; mediante su muerte, venció a Satanás, nuestro enemigo. Merced a la muerte del Señor, nos ha sido dado el reposo; y así entendemos el sueño del león.

 

Satanás.

 

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Figuradamente, el león tiene también otra propiedad: el día en que ve un hombre por vez primera, se echa a temblar; y podéis comprobarlo mirando esas ilustraciones.

 

El temblor del león muestra razonablemente que Dios se humilló al encarnarse en un hombre, pues tuvo divinidad a la vez que humanidad; así como el hombre es alma y cuerpo, del mismo modo fue Dios y hombre. Y es suficiente a este respecto; escuchad otra cuestión.

 

Sabed que la leona trae al mundo a su cachorro muerto‑ y cuando lo tiene, llega el león, que tantas vueltas da en torno suyo, rugiendo, que al tercer día el cachorro resucita. Y esta propiedad muestra el sentido siguiente.

 

Sabed que la leona representa a la Virgen María, y el leoncillo a Cristo, que murió por los hombres. Durante tres días yació en tierra para conquistar nuestras almas, según su naturaleza humana, y no según la divina; de igual forma obró Jonás, que permaneció dentro del pez. Entendemos por el rugido del león la virtud de Dios; merced a ella, resucitó Cristo, arrancado del infierno. Tal es el significado, que no debéis olvidar; en verdad, esto dice sobre el león la autoridad. Pero no voy a tratar más de este asunto.

 

PT, W 25‑390

 

                          LA PANTERA                   (IN)

 

                                    

(1.6)

 

Dijo el profeta: «Que la casa de Judá sea como el león, y la casa de Efraín como la pantera».

 

El moralista enseña que la pantera es querida por todos los animales, pero odiada por todas las serpientes. Es multicolor como la túnica de José, es noble y está adornada como una reina, según lo que dice la Sagrada Escritura: «La reina estará a tu derecha, envuelta en un vestido de oro y muchos colores». Este animal es pacífico

 

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y muy inteligente; cuando ha saciado su hambre, descansa durante tres días, y al cabo de ese tiempo se levanta.

 

Del mismo modo resucitó Nuestro Señor después de tres días.

 

Cuando despierta la pantera, lanza un rugido con toda la fuerza de sus pulmones, y de su boca sale un aliento perfumado. Los animales próximos, y los alejados, se dirigen hacia el lugar de donde procede el sonido, y del que viene ese suave aroma.

 

Es así como el Señor resucitado hizo percibir un dulce perfume «a los que estaban cerca de Él y a los que estaban leíos», y difundió la paz, así en la tierra como en el cielo. El apóstol dice: La paz, la prudencia, la bondad y la paciencia de Nuestro Señor son ricas en matices, como lo es la pantera, según dice el moralista. Pues las Escrituras no mencionan a los animales sin algún misterio.

 

Phys. armenio, 128, n.O XVIII

 

tiene crías una vez, La razón de esto es evidente, ya que, cuando tres cachorros han echado raíz en el vientre de la madre, y empiezan a crecer con la fuerza del nacimiento, se impacientan por la tardanza. Entonces, desgarran el vientre preñado en el que se encuentran, ya que constituye un obstáculo para el parto. Esto hace derramar, o melor expulsar la camada, en un movimiento acelerado por el dolor. Por eso, cuando en un tiempo posterior se infunde (de nuevo) en dicho vientre la semilla de la generación, ésta no se adhiere a esas zonas dañadas y heridas, no resulta aceptada, y vuelve a salir inútilmente. Plinio dice que los animales de garras afiladas no pueden tener crías con frecuencia, ya que sufren daño en su interior, al moverse los cachorros.

 

Cambridge, 17

 

Existe un animal llamado pantera, de pelaje abigarra

do con colores muy diversos, de extraordinaria belleza, y

que difunde un suave aroma. El Fisiólogo dice de esta

 

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bestia que el dragón la odia muchísimo. Cuando la pantera come, se sacia con diversos alimentos, y después va a acurrucarse en su cubil y se duerme. Tres días más tarde, se despierta, se levanta, y lanza entonces un gran rugido. Cuando los demás animales oyen su voz, se reúnen todos; los que se encuentran lejos, como los que están cerca, son atraídos por el suave perfume que brota de su boca. Pero cuando el dragón oye su voz, tiembla de miedo con todos sus miembros, y va a sepultarse en su madriguera subterránea, pues no puede soportar el olor tan dulce de su boca; ahí permanece, disimulado en su agujero, tan débil como si estuviese muerto. Los demás animales siguen a la pantera, debido al suave perfume de su boca, a cualquier lugar al que se dirija.

 

Del mismo modo, Nuestro Señor, auténtica pantera, atrae a Él por la santa encarnación a la raza humana, a la que el dragón, es decir, el demonio, mantenía en un estado semejante a la muerte. Por eso dijo el profeta David: «Cuando subió a lo alto de los cielos, tomó y llevó consigo las ataduras que nos mantenían cautivos, y distribuyó dones a los hombres». La pantera, que se nutre de alimentos muy variados, representa el hecho de que Nuestro Señor libró de las ataduras del demonio a toda la especie humana, a todas las razas y todos los pueblos, cuando bajó de los cielos y, por su bondad, se hizo nuestro compañero, nos convirtió en sus hijos, y cumplió lo que el profeta había dicho antaño: «Soy semejante a la pantera». La pantera es multicolor, como lo dijo Salomón de Nuestro Señor jesucristo, que es prudencia divina, espíritu de inteligencia, santo, único, múltiple, sutil, móvil, auténtico, puro, verdadero, suave, amigo del bien, conciliador, incapaz de prohibir hacer bien alguno, piadoso, firme, estable, seguro, todopoderoso, atento a todas las cosas, dispuesto a hacerlo todo, y más que cualquiera movido por la prudencia, tal y como aquí se dice: Cristo es 1

 

prudencia de Dios, y da testimonio de ello San Pablo, maestro de verdad, que declara: «Predicamos a jesucristo crucificado».

 

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Igual que la pantera es bella, David dice de Cristo: «Es más hermoso que ninguno de los hijos de los hombres». Igual que la pantera es muy bondadosa, declara Isaías: «RegocíPte y llénate de alegría, hija de Sión y de Jerusalén, predica que viene a ti tu rey, que te salvará». Igual que la pantera come, y que, cuando está saciada, en seguida va a descansar y se duerme, de la misma manera Nuestro Sefior Jesucristo, cuando se hubo saciado de los ultrajes de los judíos, de los tormentos, de las burlas, de la tortura de las espinas, de que le escupieran, de los clavos hundidos en sus manos cuando lo pusieron en la cruz, cuando le dieron a beber hiel y vinagre, y atravesaron su costado con la lanza, Jesucristo, pues, saciado de todos estos dones, se durmió: descansó en el Santo Sepulcro durante tres días y descendió a los infiernos, donde encadenó al dragón, es decir al demonio, que es enemigo de todos nosotros.

 

Así como la pantera despierta al tercer día lanzando un gran rugido, y difunde entonces el suave perfume que brota de su boca, igualmente Jesucristo resucitó al tercer día después de su muerte; inmediatamente, lanzó tal grito, que su sonido se oyó en todos los países; y sus palabras se percibían en todas las regiones que se hallan en la faz de nuestra redonda tierra, cuando dijo: «Regocijaos y no tengáis temor alguno, pues he vencido al mundo».

 

En otro lugar, dice también: «Padre, he cuidado de los que confiaste a mi guarda, y ninguno de ellos ha perecido, de no ser el hijo de perdición». En otro lugar dice también: <,Voy hacia mi padre y padre nuestro, Dios mío y vuestro; y así, vendré a vosotros y no os dejaré huérfanos». Y, al final del Evangelio, añade: «Estaré con vosotros cada día, hasta el fin del mundo». El hecho de que salga de la boca de la pantera un suave perfume que obliga a todos los animales, estén lejos o cerca, a seguirla, significa que nos encontramos todos lejos y cerca a la vez, igual que poseían el instinto de los animales a la vez los judíos, que se encontraban cerca por la religión que observaban, y los gentiles, que se encontraban lejos porque estaban desprovistos de religión. Nosotros todos, que oímos su voz y estamos henchidos de su dulcísimo aroma que nos devuel‑       y ve la vida es decir, de sus mandamientos‑ le seguimos tal y como lo dice el profeta: «Señor, más dulces que la miel son tus palabras en mi boca y en mis oídos». David dice de sus dulzuras, es decir, de sus mandamientos: «La gracia está extendida sobre tus labios; por eso te bendijo Dios eternamente»; y Salomón dice, en El Cantar de los cantares: «El olor de tus ungüentos es más perfumado que el de todos los bálsamos». Los ungüentos de Cristo son bálsamos: son los mandamientos de Dios, que son más perfumados que todas las esencias, pues las palabras de Dios alegran el corazón de quienes lo oyen y le siguen, del mismo modo que, cuando se manifiesta la fragancia de las esencias, colma el olfato de quienes la perciben. «Señor, tu nombre es más dulce que todas las esencias, y por eso nos vemos arrastrados a seguir tus mandamientos, nosotras, doncellas», es decir, las almas renovadas por el bautismo, a fin de que el Rey de Reyes nos lleve a Jerusalén, ciudad de Dios y montaña de todos los santos.

 

                                           PB, versión corta: BianciOttO, 45‑48

 

Llámase pantera un animal que al respirar despide tal perfume que no queda fiera en la región que no corra, cuando se difunde; salvo el dragón, pues no lo permitiera el delicioso olor que le ofende: de tal modo se nutre la pantera. Hombre, de la salvación del alma se entiende: Cristo es la fiera de dulce olor, a la que corren las ánimas santas de que se alimenta con su vivo amor: el dragón es el enemigo traidor que no es capaz de olerlo, y de ello nace su pena y su dolor.

 

Gubbio, 65, n.O XV

 

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La pantera es una bestia muy bella, a manchas negras y blancas, y vive del siguiente modo: de su boca brota tan buen perfume, que cuando ruge, todos los demás animales que hay en los contornos vienen ante ella, por el gran placer que les produce el aroma que mana de su boca, a excepción de la serpiente, que huye cuando la oye rugir. Y cuando los demás animales han llegado ante ella, atrapa a los que más le agradan y se los come; luego, se echa a dormir en algún lugar, y duerme tres días; después, se levanta y vuelve a rugir (y los animales vuelven de inmediato a ella, y coge y devora a los que quiere). Y de esta manera vive y pasa su tiempo.

Esta pantera significa algunos hombres buenos de este mundo, que predican y gritan con fuerza las dulces palabras de Dios, que conducen a las almas a la vida eterna, y así se atraen, por el aroma de las palabras, a todas las criaturas que creen en Dios firmemente; pero, así como la serpiente huye de la pantera, así rehúyen todos los incrédulos el oír la palabra auténtica y perfumada del buen predicador que, cuando ve a los hombres y mujeres buenos que le agradan ‑‑que son su vida y su alimento‑, hace que ganen la vida eterna del paraíso. Pues ellos, con sus palabras y predicación, hacen que se salven las demás gentes, y así ganan ellos sus almas‑ pues la Escritura dice que quien, por su predicación o su buena conversación, consiga salvar almas, habrá ganado su propia alma y la otra,

Y así como la pantera duerme tres días y después vuelve a rugir como lo había hecho al principio, y acuden a ella los animales de los que se alimenta, así obran los buenos predicadores; pues más se demoran en leer y en meditar las Sagradas Escrituras, y en pensar en las profundidades de la divinidad de Dios, que en predicar a las gentes. Y bien se puede decir que duermen en cuanto al cuerpo, cuando están ocupados en semejantes cosas, como resulta con muchos santos. Y os diré de San Bernardo, que fue uno de los predicadores de buen aroma, que, mientras cabalgaba con sus monjes en el curso de un viaje, pasó por

 

 

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una ciudad, y una vez pasado, no se había dado cuenta ‑tan ocupado estaba en sus cosas del cielo‑ y apenas creyó a sus monjes cuando se lo contaron.

 

Y así como la pantera es bella, y mezclada de color blanco y negro, así ocurre con los amigos de Dios, que son hermosos a semejanza de Nuestro Señor, y son mezclados, en cuanto a que tienen muchas veces tentaciones mundanas, como las tiene todo hombre que en este mundo vive. Y así son ellos mejores y más hermosos, si salen bien de sus pruebas: son semejantes al oro que se refina en el horno.

 

Bestiaris I, go‑92 (MS A)

 

Dicen muchos que cassandre es una loba cervera [lince]; otros dicen que es una bestia de Asia, de diversos colores, que despide un aroma muy intenso y agradable, y a la que todas las demás bestias quieren por el olor tan exquisito que exhala. Y cuando se duerme, duerme tres días; y cuando se despierta, desprende tal olor que mata a las serpientes. Y no tiene hijos más que una sola vez en su vida.

 

Bestiaris 11, 117 (MS G)

 

                   EL BUITRE                     (IN)

 

(1.7)

 

Bien dijo Nuestro Señor y Salvador en el Evangelio: «¡Ay de aquellas mujeres que estén embarazadas o que amamanten en estos días!» (Mat 24, 19).

 

El Fisiólogo dice que el buitre mora en lugares elevados y abiertos, y que anida en las rocas o en una grieta de las montañas. Cuando ha concebido, vuela hacia la India en busca de la piedra de parto. Esta piedra tiene el

 

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tamaño aproximado de una nuez. Sacudiéndola, se oye en su interior otra piedra, que se mueve y resuena. Cuando la hembra del buitre recurre a la piedra, se coloca sobre ella y da a luz sin dificultad.

 

Tú también, hombre, cuando te sientas lleno del Espíritu Santo, debes recurrir a la poderosa piedra angular que ayuda al parto, rechazada otrora por los arquitectos, y colocarte sobre ella. En verdad, esta piedra, que es Nuestro Señor Jesucristo, hecho sin intervención humana y nacido de una virgen, ayuda al nacimiento del Espíritu Santo. Y, así como esa piedra tiene otra piedra en su interior, del mismo modo tiene el cuerpo de Nuestro Señor a Dios dentro de él.

 

[Mustoxydes]. El buitre hembra, cuando se aproxima el momento de dar a luz, permanece en el nido suspirando. Y, si no puede parir inmediatamente, entonces el buitre macho vuela le)os, hacia Oriente. Allá existe una profunda hendidura en las rocas; el buitre se deja caer desde las alturas al interior de la grieta, coge la piedra de parto y regresa a su nido llevándola consigo; entonces la hembra da a luz de inmediato, y el macho restituye la piedra a su sitio.

 

Y tú, hombre racional, cuando has caído en el pecado, haz penitencia para que puedas sanar de tus impuros desórdenes. Has de temer el día del castigo, si no quieres perder tu alma.

 

[Pitral. El Fisiólogo relata también que el buitre es más voraz que todas las demás aves. Ayuna durante cuarenta días, y después, cuando encuentra alimento, come cuarenta medidas, y así se prepara de nuevo para el ayuno de cuarenta días.

 

Y tú, hombre prudente, ayunas cuarenta días, escogiendo la época de la Resurrección de Nuestro Señor. ¿No serás capaz de renunciar a la embriaguez, para no destruir aquel ayuno de cuarenta días?

 

[Mustoxydes]. Cuando el buitre necesita alimento, lo busca de la siguiente manera. Se posa en la cima de una eña, mirando a su alrededor en busca de comida. Y,

 

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siempre que se encuentre una bestia caída a proximidad, la garra derecha del buitre cambia de color, y sabe de inmediato que hay una carrofia cerca; se eleva a gran altura en el aire, y por eso se le llama Gyps, porque vuela de la tierra a los cielos. Y cuando ha ascendido a una altura considerable, brota de pronto de su ojo un rayo, como el de una estrella, que le muestra el camino hacia el alimento. Y, cuando la señal le abandona, se arroja desde la altura a la tierra, y halla su alimento.

 

Y tú, hombre prudente, no te eleves para caer‑ a las profundidades en busca de tu alimento.

 

Phys. griego: CarliU, 2io‑2i2

 

Se cree que el buitre recibió su nombre debido a su vuelo lento (a volatu tardo).

 

De hecho, no vuela con rapidez, debido al tamaño de su cuerpo.

 

Los buitres, como las águilas, divisan los cadáveres incluso cuando se encuentran más allá de los mares. Ven desde la altura, durante sus vuelos, muchas cosas que nos ocultan las montañas que se encuentran en medio.

 

Se dice que los buitres no copulan, y que no se unen conyugalmente‑ por medio de la relación nupcial. Las hembras conciben sin ayuda alguna de los machos, y engendran sin cópula. Las crías nacidas así viven hasta edad muy avanzada; el curso de su vida se prolonga incluso hasta los cien años, y el término del breve plazo de la vida no les  afecta fácilmente.

 

¿Qué dirían esas gentes habituadas a reírse de los Misterios, al oír que un buitre virgen ha tenido descendencia, esas gentes que creen que la concepción es imposible para una mujer soltera cuya decencia le haya evitado el conocer varón? ¡Deben suponer, de hecho, que la Madre de Dios es incapaz de hacer lo que hacen los buitres!

 

El ave puede concebir sin macho, y nadie lo pone en duda. En cambio, cuando la Virgen María, ya prometida, lo hace así, ¡hay gentes que cuestionan su pureza!

 

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Los buitres están acostumbrados a predecir la muerte de los hombres, en virtud de ciertos signos. Los augures son advertidos por tales signos, siempre que dos líneas de batalla se enfrentan en lamentable guerra; pues las aves siguen en una larga columna, y muestran por la longitud de esta columna cuántos soldados van a morir en combate. Muestran, de hecho, cuántos hombres están destinados a convertirse en botín de los propios buitres.

 

Cambridge, io8‑iio

 

La propiedad del buitre es que, cuando un ejército se desplaza, él va en la misma dirección, porque espera encontrar algunos cadáveres para comérselos. Por eso, por el buitre se entiende el diablo, que siempre sabe qué hombres van a cometer maldades y pecados

 

La otra propiedad del buitre es que tiene tan buen olfato, que huele la carroña a mucha distancia, aunque se encuentre a doscientas o trescientas millas de distancia de la carrofia; y tal buitre representa al diablo. Pues, igual que el bultre huele la carroña a distancia, del mismo modo el diablo, que está en el infierno, huele prestamente la carro~ia, es decir, los hombres muertos y corrompidos por el pecado mortal. Pues, así como el hombre se hace templo de Dios por sus buenas obras, del mismo modo lo es del diablo por sus malas acciones...

 

Valdensel 4021‑403, n.O 15

 

Este buitre tiene tan excelente olfato, que es cosa demostrada que huele la carroña a doscientas o trescientas millas de distancia; y sigue de buen grado a los ejércitos, pues sabe que ahí no le puede faltar el alimento.

 

Este buitre, que tiene tan buen olfato y sigue gustosamente a las tropas, podemos compararlo a todos aquellos que van gustosos allá donde sienten que habla un hombre

 

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1

 

[prudente], o donde se muestra la auténtica sabiduría. Pues la verdadera sabiduría es aquello que nutre el alma y el cuerpo del hombre; pues por eso asiste con ganas el hombre bueno y prudente a la predicación, comparable al ejército, en que su buen cerebro siente el olor de otro buen cerebro, puesto que el buen sentido del hombre reside en el cerebro.

 

Y dice la Escritura que toda cosa requiere su semejan­

te; por lo que es de razón que aquel que tiene buen sentido

vaya buscando con ganas allá donde se maneje y allá

donde esté el buen sentido. Y habéis de saber, en verdad,

que del buen sentido le llega al hombre un fuerte aroma; y

está escrito que ciertos reyes llegaban de tierras muy

lejanas por hallar el sentido y la prudencia de Salomón. Y

no se entienden por sabios sino aquellos que hacen la

voluntad de Dios, y no aquellos que saben o son duchos en

las maldades del mundo. Y para aprender o tener juicio va

el hombre al paraíso, estudiando en París, en Bolonia y en

otros estudios.

         Bestiaris II, 118‑u9

 

                                                   SIMIOS                                          (IN)

 

(1.8)

 

... cuando el onagro relincha doce veces, el rey y la corte reconocen que es el equinoccio. Del mismo modo sucede con el simio, que cuando orina siete veces de noche, es el equinoccio. ( ... )

 

También el simio es una imagen del demonio, pues de hecho tiene un principio, pero no tiene final, esto es, no tiene rabo, de la misma manera que el demonio, a comienzo, era uno de los arcángeles, pero no se ha

 

encontrado su fin.Phys. griego: Zambon, 81‑82, n.o 45

 

 


Este animal es muy travieso y aficionado a la imitación. Todo lo que ve hacer a los hombres, lo repite inmediatamente. Así, el que desea capturar un mono toma una clase de liga llamada liga para aves, y finge untarse los ojos con ella; luego, se marcha del lugar, dejando en él la liga. Cuando el cazador se ha alejado del sitio en que dejó la liga y se ha ocultado en un lugar concreto, el simio sale de su madriguera, y se unta los ojos, como lo vio hacer al cazador; así queda ciego, y no sabe dónde se encuentra. En cuanto ve el cazador que el mono se ha frotado los ojos con la liga y ha perdido la visión, acude corriendo con una cuerda que tenía preparada, la ata al cuello del simio, y sujeta el extremo de la cuerda a un árbol. El mono camina arriba y abajo, y se amansa a la fuerza.

 

De este modo nos atrapa el demonio, el gran cazador. Viene al mundo y trae con él la liga del pecado, pues el pecado es como la liga para las aves. Y muestra al hombre cómo cegar sus ojos y oscurecer su mente, y prepara un gran lazo de cuerda, pues el pecado es insaciable, y el hombre cae en él, en alma y cuerpo. Y cuando el diablo ve que el hombre le sigue, lo sujeta firmemente con el lazo, diciendo: «Ahora no hay salvación para ti; te has arrojado a tierra; no eres digno de entrar en la Iglesia, pues tus pecados son incontables. ¿Cómo no eres capaz de librarte de ellos? Si no te has arrepentido este afio, sin duda en el futuro seguirás aplazando tu arrepentimiento ». Y hoy o mañana llega la Muerte, ese ladrón, y se lleva al impenitente. Por eso dice el profeta: <qAy de aquellos que cometan pecado!». Os lo advierto, no escuchéis al Maligno, si no queréis que os derrote con su astucia. Así que, cada vez que pequemos, hemos de arrepentirnos y precipitarnos hacia Dios, exclamando con San Pablo: «¿No volverá a levantarse el que ha caído?». Siempre que caigas, levántate de nuevo, e inmediatamente verás con toda claridad el amor de Dios y Su misericordia, concedidos a nosotros los penitentes. Bien habló Physiologus del mono.

 

Phys. griego: Carlill, 185‑186; Peters, 15‑16

 

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Se les llama simios (simia) en lengua latina, porque la gente advierte en ellos gran similitud con la razón huma­na. Estas criaturas, conocedoras de los misterios de los elementos, se alegran en tiempo de luna nueva, entriste­ciéndose cuando hay media luna o plenilunio. La natura­leza del mono es tal, que cuando da nacimiento a gemelos, quiere muchísimo a uno de ellos, pero desprecia al otro. Por ello, si en alguna ocasión la mona es perseguida por un cazador, aferra al que más quiere contra su pecho, sujetándolo con los brazos, y lleva al que detesta colgado a la espalda, rodeándole el cuello con los brazos. Y precisa­mente por este motivo, cuando está agotada de correr sobre los cuartos traseros, la mona ha de desembarazarse del que ama, y llevar a cuestas al que detesta, quiera o no.

Los monos no tienen cola (cauda). El diablo se parece a estos animales, pues tiene cabeza, pero no Escritura (caudex).

Aun admitiendo que el mono, en conjunto, es poco agraciado, su trasero es realmente feo y horrible en exceso. Del mismo modo, el Diablo tenía un buen fundamento mientras se hallaba entre los ángeles del cielo, pero era hipócrita y taimado en su interior, por lo que perdió su cola (cauda‑caudex), como signo de que todo él perecería al final. Como dice el apóstol: «A quien Nuestro Señor Jesucristo aniquilará con el aliento de su boca». ( ... )

 

Cambridge, 34‑35

 

La nueva amistad puede compararse al hombre desnudo, y el amor afianzado al hombre vestido. Pues, del mismo modo que el hombre nace desnudo, y se viste cuando ha crecido, igualmente está desnudo de amor y desvestido del todo cuando acaba de trabar conocimiento, de forma tal que se atreve a revelar lo más hondo que su corazón contiene. Pero después, una vez que ama, está hasta tal punto embarazado que no sabe cómo salir de apuros, y se cubre de disimulo, de forma que no se atreve

 

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a revelar cosa alguna de lo que piensa, sino que teme, al contrarío, que puedan censurarle; y cae en la trampa de la misma manera que el mono calzado. Pues está en la naturaleza del simio el querer imitar‑todo lo que ve hacer. De modo que los cazadores taimados, que quieren apode­rarse de él mediante la astucia, buscan un lugar en que el mono pueda verles. Empiezan entonces a calzarse ante él, y después se marchan, dejando un par de zapatos de la talla del mono, y van a ocultarse a algún sitio. Entonces llega el mono, y quiere actuar como lo ha visto hacer: toma los zapatos, y para su desgracia, se los pone. Pero antes de que pueda quitárselos, surge el cazador y se lanza sobre él. Y el mono calzado no puede huir, ni trepar a un árbol, y resulta capturado.

Este ejemplo demuestra que debe compararse al hombre desnudo con el que no está enamorado, y al vestido con el que lo está. Pues, igual que el simio está libre mientras va descalzo, y no puede ser atrapado antes de que se haya calzado, del mismo modo el hombre no es antes de enamorarse.

 

RFI 18‑2o

 

De lo que se desprende que todo hombre tiene dos hijos, a saber el alma y el cuerpo, y hace más por el cuerpo que por el alma. Y muchos son los que rara vez dan alimento a su alma. Pues aman al cuerpo más que al alma. Y después, si vienen los cazadores y los perros, es decir, los diablos, el hombre no puede escapar de ellos, si no abandona al hijo que amaba muchísimo, es decir, al cuerpo, y deja todo el amor terrenal, huyendo así y llevándose el hijo al que no quería dar alimento alguno. Por eso, los ojos de muchos están cegados, porque ofrecen y preparan con más gusto manjares al cuerpo que al alma

 


                                                                CIERVOS                                                      (IN)

 

                                                                         

(1.9)

 

«Como el ciervo anhela las fuentes», dice el divino David, «así mi alma Te anhela».

 

El Fisiólogo dice que el ciervo es muy sediento, y la razón de esta sed, es que come serpientes. Pues la serpiente es un enemigo del ciervo. Cuando la serpiente se dirige a su orificio en la tierra, el ciervo busca el manantial y bebe una gran cantidad de agua; se llena la boca, la vomita en el orificio, hace salir a la serpiente y la mata. De modo seme)ante, la gran serpiente que es el Demonio será expulsada por las aguas de la sabiduría divina, Así, también fue capaz el Señor de destruir a la gran serpiente, es decir, al Diablo, merced al agua celestial, o sea, la sabiduría divina. Ni la serpiente puede acercarse al ciervo, ni el demonio a la palabra excelente del Señor. También tú, hombre, llénate la garganta con las palabras del Señor, que te dicen que no has de robar, ni asesinar, ni cometer adulterio. Y si descubres alguna maldad en ti mismo, vomítala, y destruirás al más perverso de los reptiles, al Diablo. Cuando el Señor soportó que el agua y la sangre brotaran de su costado, destruyó el poder que tenía el dragón sobre nosotros, gracias al baño del segundo nacimiento; así nos libró de toda influencia demoníaca.

 

De otro modo, el ciervo se parece a los cremitas del desierto, que viven una existencia virtuosa, dolorosamente difícil, y que, cuando tienen sed, corren al manantial de salvación llevando su arrepentimiento, y a través de la virtud de sus lágrimas apagan los relucientes dardos del Maligno, y pisotean y destruyen al gran dragón, el Demonio.

 

[Pitra]. Otro atributo tiene el ciervo, y es que parece a la gacela salvaje; tiene cuernos con tres ramas después de cada tercera renovación. El ciervo vive cincuenta años, y al final de ese período corre a gran velocidad por los valles boscosos y los barrancos de las montanas

 

4z

 

 

 

 

 

 

 


localiza por su olor las madrigueras de las serpientes, y de inmediato acerca sus narices a la entrada de aquéllas, conteniendo el aliento. Entonces, la serpiente se precipita fuera y va a parar a la boca del ciervo, que se la traga; por ello se le llama élafos, porque sacó a la serpiente de las profundidades. Luego, corre con la serpiente hacia el arroyo; si no bebe agua antes de tres horas, morirá; pero sí encuentra agua, vivirá otros cincuenta años. Por eso dijo David: «Así como el ciervo desea el fresco manantial, así te desea mi alma, ob. Dios».

 

Y también tú, hombre piadoso, dispones en ti mismo de tres renovaciones que son el bautismo de la inmortalidad, la merced de la adopción como hijo, y la penitencia.

 

Y cuando atrapes a la serpiente que ha penetrado en tu pecho, es decir, el pecado, corre en seguida con ella al arroyo de la Escritura y de la profecía. Iluminado por éstas, bebe el agua de vida, o sea el don divino, y renuévate a ti mismo con el arrepentimiento: tus pecados quedarán destruídos.

 

En verdad, bien se ha expresado el Fisiólogo en lo concerniente al ciervo.

 

PhYs. griegO: Carfill, 197‑198; Peters, 31‑33

 

Se llama cervus al ciervo por su hábito de aspirar los Cerastes‑‑‑queson serpientes cornudas‑, o también porque tienen cuernos, ya que los cuernos se llaman cerata en griego.

 

Estos animales son enemigos de las serpientes. Cuando se sienten abrumados por la enfermedad, sorben a las serpientes, sacándolas de sus madrigueras con una aspiración de sus narices; una vez superado el peligro del vene no, los ciervos recuperan la salud comiéndose a las serpientes.

 

La planta llamada díctamo les ofrece el mismo tipo de alimento medicinal, pues cuando han comido de ella pueden desprenderse de cualquier flecha que lleven clavada.

 

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Los ciervos escuchan admirados la música de las flautas rústicas. Con las orejas enhiestas, oyen con toda agudeza; con las orejas gachas, no oyen. Estos animales tienen también la siguiente peculiaridad: cuando cambian de territorio por apetencia de nuevos pastos, y van triscando hacia allá, si por ventura deben cruzar grandes ríos o mares, cada uno apoya la cabeza en los cuartos traseros del que le precede, y como el que va detrás hace otro tanto, no sufren la molestia del peso. Y cuando han colocado la cabeza en dicha parte, se apresuran a cruzar a la mayor velocidad posible, por miedo a resultar ensuciados.

 

Los ciervos tienen otra característica, también: y es que, después de haber comido serpientes, cambian de piel y así rejuvenecen.

 

Estos rasgos parecen corresponder a gente devota de la Santa Iglesia, mediante un simbolismo congruo y adecuado. Pues, cuando los cristianos dejan su territorio, es decir, este mundo, por amor de los pastos del cielo, se apoyan uno en otro, o sea, que los más perfectos aguantan y soportan el peso de los que lo son menos, mediante su ejemplo y sus buenas obras. Y si se enfrentan a alguna ocasión de pecado, se apresuran a cruzar inmediatamente de largo. También, después de absorber al demonioserpiente, o sea, después de la penetración del pecado, corren a confesarse ante Nuestro Sefior jesucristo, que es el manantial verdadero, y, bebiendo de los preceptos que promulgó, nuestros cristianos se ven renovados, al haberse librado de la vejez, que es el pecado.

 

Cuando la estación apropiada pone al ciervo en celo, los machos de la especie braman con la furia del deseo. Aunque las hembras puedan estar previamente prefiadas no conciben hasta el tiempo de la estrella Arcturuis. NÍ dan a luz en cualquier parte, sino que ocultan a los cervatos con tierna solicitud, y, tras de meterlos en alguna zona de espesos arbustos o matorrales, les advierten con un pisotón de que permanezcan escondidos.

 

Cambridge, 37‑39

 

44

 

 

 

 

 

 


David, que escribió el salterio, dice en el centésimo salmo: «El ciervo desea la fuente». Le gusta mucho el agua clara y sana; pero el dragón es de tal índole, que mata las crías del ciervo cuando puede penetrar en su madriguera. Cuando el ciervo logra encontrarlo, le hace salir con su aliento, que el dragón no puede soportar. El ciervo lo destroza y lo engulle; lo hiere y lo mata pateándolo. Para evitar envenenarse, el ciervo va en busca de agua clara y pura; va a vomitar en la fuente, ya que no puede soportar el veneno. A causa de la ponzoña y de la hinchazón, se le caen inmediatamente los cuernos, muda de uñas y de piel, le sudan todos los miembros. Después de bañarse, está curado; todo su cuerpo rejuvenece. El ciervo representa al hombre que hace penitencia. Cuando el hombre se siente en pecado y presa del diablo, debe quitárselo de encima mediante el ayuno y la vigilia. Debe acudir a la Santa Iglesia y arrancar su pecado; ha de mortificarse y sufrir, abandonar el orgullo de su carne, dar limosnas, rezar, ayunar y afligirse.

 

G, vv‑ '053‑io86

 

                                      EL LAGARTO                                IN

 

                                                           

(1.I0)

 

Existe un lagarto llamado solar, como dice el Fisiólogo. Cuando envejece, se le nublan los ojos y queda ciego, así que no ve la luz del sol. ¿Qué hace entonces, en virtud de su excelente naturaleza? Busca un muro orientado hacia Levante, y se introduce en una grieta del muro: y cuándo sale el sol, se le abren los ojos y vuelven a quedar sanos.

 

De la misma manera, tú, oh hombre, si llevas el vestido del hombre viejo, y los ojos de tu corazón están nublados, busca el sol naciente de la justicia, Cristo Dios

 

45

 

 

 

 


nuestro, cuyo nombre es Oriente en el libro del profeta (Zac. 6,iz), y Él abrirá los ojos de tu corazón.

 

Phys. griego: Zambon, 40‑41, n.O 2; Lauchert, 231‑2‑32;

 

Carlill, 232‑233; Peters, 77‑'78

 

         Hay tres variedades de lagartos: una grande, otra

pequeña y otra que se calienta en verano y que causa

graves mordeduras a los hombres. Pero cuando el lagarto

pequeño envejece, entra por un orificio estrecho de un

muro que dé al sol, y se despoja del vaho de sus ojos y de

toda su vejez.                                                                                                                                                  

 

Brunetto, 135 (1:144)

 

M.,

 

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EL BESTIARIO ACUÁTICO

 

                                               LA BALLENA                               (IR AL ÍNDICE)

 

                                                                                  

 

SALOMON advierte en el Libro de los Proverbios: «Miel destilan los labios de la mujer extraña / y es su boca más suave que el aceite. Pero su fin es más amargo que el ajenjo, / punzante como espada de dos filos. Van sus pies derechos a la muerte, / llevan sus pasos al sepulcro. No va por el camino de la vida, / va errando por el camino sin saber adónde. óyeme, pues, hijo mío, / y no te apartes de las razones de mi boca. Tente siempre lejos de su camino / y no te acerques a la puerta de su casa ( ... )» (Prov. 53,1, trad. Nácar).

 

Hay un gran monstruo en el mar, llamado aspidochelone. Tiene dos atributos, y el primero es el siguiente: cuando tiene hambre, abre las mandíbulas de par en par, y de ellas sale un aroma dulcísimo. Y todos los pececillos se arremolinan en bandadas y bancos en torno a la boca de la ballena, que los engulle; pero los peces grandes y adultos se mantienen alejados de ella.

 

Así tientan el Demonio y los herejes, con sus palabras agradables y la seducción de su aroma, a los simples que carecen de juicio. Pero los que gozan de buen y sólido entendimiento no se dejan atrapar. Job fue un pez adulto, como lo fueron Moisés, jeremías, Isaías y todo el coro de profetas. Igualmente tuvo fuerzas Judit para escapar a

 

 


Holofernes, Ester a Artajerjes, Susana a los ancianos y Tecla a Tarn*ris.

 

El otro atributo de la ballena reza así: el monstruo es enorme, como una isla. Los navegantes, en su ignorancia, fondean junto a él su embarcación, como en la orilla de una isla. Encienden fuego encima para preparar su comida; cuando el monstruo siente el calor, se hunde en las profundidades del mar y arrastra consigo la nave y a todos los marinos.

 

Y tú, ¡oh, hombre!, si te aferras a las vacías esperanzas del Demonio, te hundirás con él en el fuego del infierno.

 

Bien habló el Fisiólogo sobre la ballena.

 

Phys, griego: Carlill, 205‑206; Zambon, 56‑57; Peters, 41‑42;

                                             Lauchert, 249‑251

 

El moralista ensena que existe en el mar un ser llamado tortuga‑escudo (aspidochelone), semejante al dragón o a la ballena. Vive en los lugares arenosos, se parece a una isla y sus gritos son desagradables. [Sigue el motivo de la ballena‑isla, y a continuación el del enguilimiento e los pececillos.] Estos pececillos son los incrédulos; pues este terrible dragón no engulle ningún pez grande y perfecto, por la razón de que sólo son perfectos aquellos cuyos pensamientos no son enganosos para los demás, como dice San Pablo. Y en otro pasaje, dice: «El camino que ha seguido no es bueno». ¿Cuáles son, pues, los peces perfectos? Mo'sés, Isaías, jeremías, Ezequiel, Daniel y todos los que evitan al terrible dragón, como José evitó a, la mujer, Susana a los viejos, Tecla a Tamiris y Job a sus enemigos.

 

Phys. armenio, 129, n.O Xix

 

Cetus es una bestia enorme, que siempre vive en el mar; toma la arena del mar y la extiende sobre la espalda,

 


Luego, se yergue sobre el mar y queda inmóvil. El navegante la ve, y cree que es una isla; allá va a atracar, y a preparar su comida. La ballena nota el fuego, la nave y las gentes, y se zambulle; si puede, los ahogará. El cetus es el demonio, la mar es este mundo y las arenas son las riquezas terrenas; el alma es el marinero, y el cuerpo, la nave que debe cuidar; y el fuego es el amor con el que el hombre, como dueño, ama su oro y su plata. Cuando el demonio se da cuenta de esto y más seguro se siente [el hombre], entonces lo ahoga.

 

PT, vv. 1915‑1940

 

Existe un monstruo en el océano, llamado aspidodelone en griego. Por otra parte, lo llaman aspidotortuga en latín. También se le denomina ballena (cetus) por lo espantoso de su cuerpo, y porque fue este animal el que engulló (excepit) a Jonás, y su vientre era tan grande, que las gentes pensaban que se trataba del infierno. El propio Jonás dijo: «Él me oyó desde el vientre del infierno»

 

Las ballenas son animales de prodigioso tamano, y recíben su nombre por el hecho de que soplan o escupen el agua. La arrojan a mayor altura que otras bestias del mar. En griego, ballein significa «arrojar». El macho de la ballena es el musculus [pez piloto], pues la ballena hembra no puede concebir mediante el coito.

 

Cambridge, 197‑199

 

Queremos contaros ahora sobre una gran maravilla que hay en el mar. Allí, los peces son tan variados como los gusanos en la tierra y las aves arriba, en los aires: unos son blancos, otros manchados, otros negros y otros pardos, Os aseguro que los peces son igualmente variados en el mar; pero, ciertamente, no pueden conocerse sus

 

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propiedades igual que las de los animales terrestres. En la mar, que es grande y monótona, hay esturiones, ballenas, rodaballos, marsopas, y un gran pez llamado cachalote, Pero existe también un monstruo asombroso, muy dañino y temible: lo llaman cetus en latín. Es mala compañía para los marinos. La parte superior de su espalda parece de arena. Cuando se alza en el mar, los que suelen navegar por la zona se figuran que se trata de una isla, pero su esperanza se ve engañada. Vienen a refugiarse junto a él debido a su tamaño y a la tormenta que los persigue; creen hallarse en lugar seguro. Echan sus anclas y su pasarela, encienden fuego y preparan la comida; para sujetar bien la nave, hunden grandes estacas en la arena, que les parece tierra firme. Y encienden fuego, os lo aseguro. Cuando el monstruo nota el calor del fuego que arde sobre su lomo, se zambulle con gran rapidez hasta lo más profundo, y hace que la nave se hunda con él, y perezcan todos los hombres.

 

Precisamente así son engañados los pobres y tristes incrédulos que tienen confianza en el demonio y se detienen y demoran en las acciones que el pecado exige, por lo que se aflige el alma desdichada. Cuando menos lo esperan, llega el Maligno, que ojalá arda en el infierno. Cuando los siente bien agarrados a él, se sumerge con ellos, derecho hacia lo más hondo del averno: quienes van allá, están perdidos.

 

Este pez, cuando siente hambre, abre la boca de par en par, y de ella sale un olor que resulta muy placentero. De inmediato acuden todos los pececillos, que se precipitan juntos, en multitud, dentro de sus fauces, atraídos por el aroma, que les parece agradable; el cetus cierra la mandíbulas. Cuando siente sus fauces bien llenas, se los traga a todos de un solo impulso hasta su panza, que es tan ancha como lo sería un valle.

 

Lo mismo hace el demonio: abre las fauces desmesuradamente hacia las gentes de poca fe, hasta que las ha: atraído; pues los que tienen poca fe y son de convicciones débiles resultan muy fáciles de pescar para el que sabe

 

50

 

 

 

 


ponerles cebo. Les prepara una carnaza que al principio despide un delicioso aroma, como el deleite carnal ‑tener en el lecho a una mujer hermosa‑, beber bien, comer bien o codiciar riquezas; este cebo huele muy bien al principio, pero después acaba en amargura. Cuando los ha cebado así, hasta que los siente bien aferrados, abre mucho la boca y se los traga sin saciarse, de puro glotón. Pero los peces grandes lo evitan muy bien, y en nada puede dafiarles. ¿Sabéis quiénes son esos peces grandes? Los justos, cuya fe es sólida, que se mantienen firmes y estables )unto a Dios, el Padre espiritual. El demonio no derrotará a los que se acuerdan de Dios; pero los desdichados, los incrédulos, que dudan de su fe en Dios y son escasos de esperanza, corren tras los placeres, y el diablo, engañándolos, abre las fauces y los engulle.

 

GC, VV. 2239‑2340

 

         Enumeraré ahora treinta y siete especies de peces que

son bien conocidos. ( ... ) Quinto, Bil [¿spermacetus?]; su

longitud es de cuatrocientos y quinientos codos, y es un

pez muy peligroso que vive en el Mar Etiópico. Pero Dios

todopoderoso ha creado un pececillo de un codo de largo,

que es capaz de vencerlo; éste aferra su carne con los

dientes, y no la suelta hasta que m 1 uere el bal. De esta

especie, también, es un pez de unos cincuenta codos de

largo que come ámbar gris y muere de ello, quedando

varado en la playa; pero el ámbar gris que sacan de su

vientre ha perdido el perfume, y es inferior al ámbar gris

de las arenas.

 

Nuzhat, 54

 

La propiedad y naturaleza de la ballena es que q e SOWie‑ Ch

 

                                                                              u                                                                                                 a

crecen arbustos y hierbas; así, los marinos, que tienen gran deseo de descansar en tierra, creen haber encontrado un monte de tierra y de piedras. Y así descansan sobre ella, y encienden fuego. Y cuando siente el calor del fuego, se sumerge a lo más profundo del mar, y perecen todos los marinos. La ballena significa este mundo: todos los que creen haber hallado reposo en este mundo, se ven engañados en sus locos deseos; pues todas las cosas mundanas son efímeras.

 

Valdense, 415, n.o 44

 

                                                   EL PELICANO                                               IN

 

                                                                            

 

El santo profeta David canta: «Y he venido a ser como pelícano del desierto» (Salmo 107‑, 7, trad. Nácar),

 

El Fisiólogo dice que el pelícano quiere mucho a sus hijos. Cuando nacen los polluelos, en cuanto están algo crecidos, golpean a sus padres en el rostro. Éstos les golpean a su vez, matándolos. Pero los padres empiezan entonces a afligirse por sus hijos, y después de haberse lamentado durante tres días sobre los polluelos que han matado, la madre, al final del tercer día, se abre el costado y deja caer su sangre sobre los cuerpos muertos de los pequeños, y los despierta a la vida.

 

Así dijo también Nuestro Señor, por boca de Isaías: «Yo he criado hijos y los he engrandecido, / y ellos se han rebelado contra mí» (Is i,z, trad. Nácar). Dios nos creó, y nos hemos enfrentado a Él. Nosotros, las criaturas, nos hemos puesto en contra del Creador. Sin embargo, cuando Él subió a lo alto de la cruz abrió Su costado y derramó sangre y agua para nuestra redención y nuestra vida eterna; la sangre, porque está escrito: «Tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo ... » (Mateo, z6‑z7, trad, Nácar), y el agua, por el bautismo de la penitencia.

 

52


F

 

Y el Físiólogo narra también sobre el pelicano y la

serpiente, que ésta es muy malvada para con los polluelos

de aquél, Pero el pelicano idea lo siguiente: instala su nido

en un sitio elevado, y construye una valla rodeándolo,

para la serpiente. Y, ¿qué hace el perverso reptil? Mira a

su alrededor, observando de dónde viene el viento, y desde

allí, soplando su veneno hacia el nido, mata a los

polluelos. Cuando llega el pelícano y ve que están muertas

sus crías, mira hacia una nube y vuela hasta ella; golpeán­

dose el costado con las alas hasta que mana la sangre, deja

que caigan las gotas, atravesando la nube, sobre los

polluelos, que resucitan.

El pelicano es el Señor, y los polluelos son Adán y

Eva, así como su estirpe. La serpiente es el Maligno; y el

nido es el paraíso. Cuando sopla el Maligno, es decir, la

serpiente, mueren debido al pecado; pero el Señor es

alzado a la preciosa Cruz debido a su amor por nosotros,

y, una vez atravesado su costado, nos envía a través de la

nube del Espíritu Santo el don de la vida eterna.

Pbys. griego: Carlill, 229‑230; Peters, 74‑75; Zambon, 43, n." 4

Pelícano es el nombre del ave que vamos a describir:

en realidad, es una grulla que vive en Egipto. Hay dos

especies, que rnoran junto al Nilo; una vive en el agua, y

se alimenta de peces; otra en las islas, comiendo lagartos,

cocodrilos, serpientes y bestias infectas, seres muy repug­

nantes. El pelícano se llama en griego honocrotalia, y en

lengua latina longum rostrum, que significa en francés                                                                J

,(pico largo», y su naturaleza es como sigue. Cuando se 11

acerca a sus polluelos, que son grandes y hermosos, y

quiere acariciarlos y cubrirlos con sus alas, las avecillas,                                                          í

que son crueles, empiezan a picarle, pues quieren devorar­

lo y sacarle ambos ojos. El padre, enfurecido al sentir las

leridas, les pica y golpea, matándolos con violencia,

45ndolos tendidos sin vida. Regresa al tercer día y, para

su dolor, los encuentra muertos. Tanto sufre al ver a sus

 

 

53

 

 


polluelos sin vida, que se hiere el cuerpo con el pico hasta que brota la sangre. Ésta va goteando y cayendo sobre los pajarillos; tal poder tiene, que recuperan la vida. Y lo mostramos con las pinturas aquí incluidas. Este pájaro significa el Hijo de Santa María; nosotros somos sus polluelos que, en figura de hombres, somos resucitados y rescatados de la muerte por la sangre preciosa que Dios derramó por nosotros, como lo son los pajarillos, que llevan tres días muertos. Y oíd del magisterio lo que esto significa: por qué los polluelos picotean el ojo de su padre, y el padre, enfurecido, los mata de semejante manera. Quien niega la verdad, quiere sacar el ojo a Dios, y Dios tomará venganza de estas gentes. Recordadlo, pues éste es el significado.

 

PT, vv. 2323‑2388

 

Del mismo modo, Nuestro Señor jesucristo, que es el creador y el hacedor de todas las cosas que existen, nos engendra y nos llama al ser, sacándonos de la nada. Nosotros, por el contrario, le golpeamos en el rostro. ( ... ) Le hemos golpeado en la cara, dedicándonos a lo creado más que al Creador.

 

Por eso subió a lo alto de la Cruz y, habiendo sido atravesado su costado, manó de él sangre y agua para nuestra salvación y vida eterna.

 

Cambridge, 133

 

Dios es semejante al pelícano, que hace su nido en la copa del árbol más alto; y el pájaro malvado, que viene de abajo, mata a sus polluelos por pura maldad. Llega el padre, compungido y angustiado, y se mata con el pico; pero, con su sangre doliente, hace revivir de inmediato a sus hijos. Igualmente hizo Dios, cuando se produjo su

 

54

 

 

 


Pasión: con su dulce sangre, rescató a sus hijos del Diablo, que era muy poderoso.

 

Thibaut, 194‑195, Vv‑ í‑io de la canción LVI

 

El Saqqú [pelícano] es muy conocido. Se parece a la cigüeña, y por debajo del buche tiene un receptáculo, que llena de agua; se instala a descansar en una zona desierta, y abre el pico para que [otros] pájaros puedan beber agua de su boca, y entonces, repentinamente, hace presa en uno de ellos.

 

Nuzbat, 75

 

La serpiente odia instintivamente a este pájaro, y por ello, mientras la madre sale del nido en busca de alimento, el reptil trepa al árbol y muerde y envenena a los polluelos. Y cuando regresa la madre, se dice que llora durante tres días a las avecillas. Luego, dice [Jacques de Vitry], se hiere en el pecho, derrama su sangre sobre ellos los devuelve de la muerte a la vida.,

 

1. de Vitry, citado en Trevisa 1, 637 (XII:30)

 

Ha de saberse que todo hombre tiene hijos, es decir, el cuerpo y el alma, a los que mata con el pecado mortal e inicuo; pero, así como el pelícano da vida a sus hijos con su sangre, del mismo modo el hombre puede dar vida a su alma y cuerpo, asumiendo y sufriendo la penitencia por sus pecados, y mortificando su carne. Por eso, habiéndonos redimido Dios con su preciosa sangre, debemos estar solícitos y atentos para redimir nuestra alma sujeta por las cadenas de los pecados, tal como está escrito: «El Señor envió la redención a su pueblo; mandó para siempre...», etc,

 

Libellus, 2o8, n.O III

 

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El pelícano es un ave de esta naturaleza: cuando va a algún lugar, la serpiente se acerca inmediatamente a sus hijos y los mata; y cuando regresa el pelícano y encuentra a sus hijos muertos, a causa del dolor que siente, se da un golpe tan fuerte en el vientre con el pico, que de él brota abundante sangre que lava a sus hijos, y en seguida vuelven a la vida.