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El secreto de la felicidad

Alguna vez ya planteé esta cuestión en Lavondyss, otras veces tiempo atrás; y no encuentro razón para no seguir haciéndolo.

Nevada de noviembre en canadáCanadá es una tierra gélida en invierno. La nieve cubre unos bosques que se extienden hasta perderse en las lejanas distancias, en todas direcciones. Si caminando eres capaz de alcanzar tu horizonte, todo cuanto dejaste atrás en tu peregrinación comienza a desplegarse de nuevo ante tus ojos, extendiéndose otra vez con nuevos paisajes, hasta otro nuevo y lejano horizonte.

Así prosigue, así, hasta que bajo la aurora boreal llegas hasta el fin del mundo.

El fin del mundo bien podría ser el Polo Norte. Esa ya es una decisión tuya y sólo tuya. La localización exacta del fin del mundo queda, de manera exclusiva, bajo tu propio criterio.

Esto puede que no te sorprenda mucho, pero resulta extraño para alguien que se crió en una pequeña tierra completamente rodeada de agua, donde habitan algunos peces, alguna que otra ballena despistada, algunos delfines curiosos y un montón de desperdicios flotando felizmente entre las olas.

Y si bien el mar podría reunir, técnicamente, algunas de las características que he comentado, éste tiene una serie de desventajas. Por ejemplo, no presenta tanta libertad a la hora de decidir dónde extender el saco de dormir. Aunque algún optimista podría encontrar una manera, seguramente, con poco esfuerzo.

El frío a mí me provoca unos dolores terribles en las manos y en el rostro, pero lo de las manos lo llevo muy mal, al menos por ahora. Pienso que tengo unas manos delicadas, no sé, pero el dolor es horrible bajo el frío feroz. Se asemeja a las dentelladas de un doberman  que piensa que has ido a robarle el plato de rancho.

Cuando el termómetro baja a -20 grados centígrados deseo pasar mi eternidad con una condena en el octavo círculo del infierno, donde arropado en la cálida y desproporcionada injusticia de mi castigo, pueda pasar una confortable inmortalidad junto a una buena estufa, cuyos costes de combustible queden a cargo del estado, o sea, de la tríada infernal.

A los cuatro gatos que viven conmigo, ―no, no es una forma de hablar, son cuatro gatos―, el frío no parece importarles. Deambulan, corretean y curiosean entre los árboles, andando a trompicones con las patas hundidas en una nieve que les roza la panza, ambas, con toda su blancura.

En realidad pasan frío por supuesto, pero es más intensa su ansia de vigilar que el mundo, de su absoluta propiedad, siga allí cada tres cuartos de hora. Para ello es necesaria una comprobación constante y metódica; y que por supuesto, el mundo les responda dando el visto bueno.

La menor, Gipsy, es una ladrona. También es verdad que es mi favorita, pues no hay tutor ni tutora sin la niña de sus ojos. Bajo su aguda mirada no hay cosa segura y a buen recaudo. Cualquier objeto; grande o pequeño, del volumen de un puño, desaparece, arrastrado por su ansia coleccionista, y yo diría que completista, hasta las profundas dependencias de su guarida bajo la cama. Como un avaricioso enano de las Montañas Azules, codicia acumular todo cuanto despierta su curiosidad y apilarlo en su montaña de riquezas.

Allí permanecen bolígrafos, lápices, gomas de borrar, caramelos, bisutería, un sacacorchos, marcadores de libros, llaveros tintineantes, papelitos, un reproductor MP3, posavasos, tapones de botellas y hasta una bonita flor vestida de granate y lapislázuli de las Montañas Rocosas.

Sus otros tres compañeros de vivienda son cada uno especiales a su manera. Jack, es un neurótico y nervioso varón que siempre me hace pensar acerca de la naturaleza masculina. Aunque algo caprichoso, infantil, protestón, vago y un poco bruto, es el que más se comunica, “hablando”, de forma continua para reclamar sus exigencias. Es un travieso bribón que no roba pero sí destroza. Si pudiera, jugaría a videojuegos de tiros en primera persona mientras masca chicle durante todo el día; pero por ahora se conforma con morderme los guantes. Junto a la ladrona de su hermana natural van camino de convertirse en la pandilla de macarras del barrio que requieren lo que ahora se denomina “educación especial”.

El tercero es “Bum-bum”. Pese al nombre es bastante solícito y hasta elegante, menos cuando al enfadarse, con las navajas, te abre una fisura que requiere seis puntos de sutura. Se trata de un enorme señor gato, varón, que con prestancia permanece vigilante por si al sol se le ocurre parar a tomar un trago. Más veterano, sus incursiones en las casas colindantes son bien conocidas. Se trata de ese hermano mayor que, tomando su guitarra, se marcha una temporada a recorrer el mundo, agasajándolo con sus canciones. Si usara zapatos, éste usaría botas de montar y gabán.
Kahlúa, es la mayor. La encontramos a ella y a sus tres hijos abandonada en el bosque de pura suerte. Habrían sido o bien pasto de los zorros en noviembre o piedras de hielo de diciembre, ella, y toda su progenie. La gata maullaba desconsoladamente rogando piedad para sus vástagos y muerte para ella, si ese era nuestro deseo, en la arena de un coliseo. No pudimos negarnos a adoptarlos, obviamente. Si bien en nuestro mundo lo que resulta "obvio" viene indicado en las cajas de cereales, más que prescrito por el sentido común.

Kahlúa representa el poder de la femineidad del mundo ―no tardarás en darte cuenta, si decides quedarte en Lavondyss, que aquí se tiene muy en cuenta tal poder―. Es la sabia y satisfecha madre que sabía que allí había un mundo mejor, en alguna otra parte, y curiosamente, ese mundo fue quién la encontró a ella.

Ahora, mientras duerme los años de su vida a la luz de su rayo de sol, sueña satisfecha con que sus hijos hagan carrera, se casen y tengan su propia familia algún día. Su deber para el monumento a la espiral del código genético se ha visto cumplimentado. Sus metas han sido alcanzadas, y la paz de sus días descansa junto a ella en una manta estampada en cuadraditos escoceses.

Entre todos, roban, destrozan, juegan y atentan siempre contra los objetos más frágiles, atendiendo únicamente a sus propios deseos, espontáneamente, y sin demasiada meditación. Para ellos el futuro no existe, y el pasado a estas alturas, ya lo devoró el presente.

Entre todas estas palabras todos sabemos que subyace el gran y oscuro secreto. El que llevamos persiguiendo tantos, tantísimos cientos de años. No hay grandes puertas tras las cuales se escondan, ni larguísimos pasillos flanqueados de altas columnas que lo flanqueen. No hay una gran bóveda y una cueva en lo más profundo que lo mantenga apartado de las miradas ansiosas de encontrar respuestas; aunque puede que así fuera más fácil, y la excusa perfecta para justificarme.
Tampoco hay ni sol ni luna que lo ilumine; ni rayo con su trueno que lo proteja; no hay lluvia más allá del granizo que lo aparte de nosotros. No tiene día ni noche, y por no tener, no tiene ni forma.

Aunque sí respira.

Ni hay más sabiduría en todo esto, que la que se encuentra en el librito de autoayuda del mismo nombre, o en el artículo de la versión local de “Vida sana”. No es siquiera nuevo. Lo novedoso es lo que más valor tiene hoy en día.
Siempre ha estado ahí. Puedo verlo, pero no puedo cogerlo.

Porque nada basta; porque no hay final. Siempre es el principio. Sólo hay silencio, silencio y más silencio. Silencio en la oscuridad. Nacemos y morimos solos, como bien sabes.

Quizás hay que desarrollar la visión característica de los gatos, y mirar a través de una sola rendija de nuestra consciencia y de nuestra percepción, para poder hallar la respuesta entre la oscuridad. Quizás mejor ser uno de ellos, tomarles de la mano, escucharles, y dejar que nos guíen.

Pero si actúas como ellos, los de tu especie no cejarán en reprochártelo, pues es ilícito transformar tu esencia y abrazar otra especie, ya que la ley del hombre lo prohíbe. Y si lo prohíbe la ley del hombre, por tanto, lo prohíbe la ley de Dios.
Pues Dios, hace siempre lo que le dicta el hombre.

Resuena el momento en el que hay que comenzar a caminar descalzo sobre el hielo, lejos de la mirada de todos; y bajo la aurora boreal, encontrarte con tu propio fin del mundo. Ese, en el cual tú mismo elegiste, el remoto lugar donde se encuentra.

Edanna. Febrero del 2011.

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Carta de Don Gregorio.

Carta de D. Gregorio. (La lengua de las mariposas).

Querido amigo:

Tuviste suerte al marcharte a Buenos Aires. A mí, ya me llevan a matar. Muy magullado, pero más por las palabras que por las pedradas. Especialmente por las de todos aquellos que más quise.

Las palabras son como los gusanos de seda, envueltos en capullos que florecen cuando llega la primavera del terror y los dramas, explotando al fin con todo el colorido que muestra las cosas verdaderas, impulsadas por esa lengua enrollada como la cuerda de un reloj. La fuerza del miedo, o de la cobardía, es el motor de todo esto que nos sucede. Esta verdad hace que me sienta morir ya en amargura.

Sólo puedo decirte lo que siempre te he dicho y he dicho a su vez a todos; que seas libre, que pienses por ti mismo. Porque cuando te lo han quitado todo siempre quedará lo único que no pueden llevarse, tu dignidad.

Así pues, guarda bien la tuya, la que posees, y ayuda a los demás a ganarse la suya, pues dentro de toda esta locura de iniquidad que no cesa, aún sabemos que sólo la dignidad que otorga el saber permitirá al hombre evitar, en algún futuro no muy lejano, que termine por convertirse en un monstruo definitivamente.

Cuida de ti y de los tuyos.

Tuyo siempre

D. Gregorio

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La Tierra amarga de Isan Reese

Tengo una tierra en la cual nada crece, salvo destellos de lo que una vez pudo ser y no fue. Esto ocasiona que allí, el sabor de una arena dorada se mezcla en la miel de mi bebida. Aún, después de probarla infinidad de veces, no la reconozco.

Lo cierto es que no sé qué hacer con ella nada en absoluto.

En la Tierra de Isan Reese hace mucho tiempo que se dejó de contar todo cuanto se ha perdido. Allí van todas las cosas que no se desean, que no se quieren o que se anhela quitar de en medio. Sus páramos están repletos de sueños innecesarios aunque hay muchos más que son necesarios pero que nadie desea conservar, pues dicen los que conocen sobre estos asuntos que nadie sabe en realidad lo que quiere.

Son sus regiones lugares de tránsito llenos de recuerdos que gimen en todo momento, no importa qué hora o qué instante del día o de la noche, aunque precisamente suceden con mayor frecuencia cuando es el momento más inoportuno. Los momentos inoportunos por observación empírica tengo constancia que suceden constantemente.

cynthiiiiCualquiera diría que es porque mantengo un talante negativo, lo cual, suele estar mal visto. Es como cuando a alguno le toca pudrirse de cáncer y a la gente le molesta, pues es algo de talante negativo. O que un lugar siendo completamente estúpido y en el cual no quieras permanecer más de dos latidos de corazón, te digan que en realidad es porque llevas: un talante negativo. No es culpa de que el maldito agujero sea pútrido, sino de un problema de actitud. Yo me pregunto si los desiertos de todos los mundos que existen en el universo son así porque llevan: un talante negativo.

Pero la Tierra amarga de Isan Reese está libre de tales absurdas ataduras. Reina allí un sistema feudal no dictaminado por nadie en donde, cada cosa se ubica en su sitio correcto, siendo adecuado en la mayor parte de su recorrido el correcto orden de cada cosa. Hay excepciones por supuesto, pero de nada sirve explicarlas, de la misma manera que de nada sirve explicar esta pequeña crónica, pues para entenderla no basta con actitud.

O ahora que lo pienso, si que basta.

Y es que, para estos parajes sí que no basta con la actitud correcta, allí cada día hay que tomar todas las decisiones una y otra vez, una y otra vez, una...y otra vez. Cada día, cuando sale el sol, las elecciones del día anterior son cosa del pasado, es por tanto este el preciso momento de elegir de nuevo.

De empezar de nuevo.

Así, por tanto, cuando la noche queda atrás, y todo cuanto una vez soñaste, pensaste y decidiste ha sido olvidado, deberás sentarte en alguna piedra no demasiado incómoda y repasar todas y cada una de tus elecciones, teniendo mucho cuidado de no olvidar ninguna, no vayas a lamentarlo.

Sin embargo, siempre hay algo que lamentarás.

Por esto, y por otras cosas, esta tierra es conocida por su sobrenombre. Amarga y cruel, obliga cada día a los viajeros a repasar sin dudarlo hasta la aparente necesidad de si desean o no desean respirar, durante cuánto tiempo, y cuantas veces. Aunque el problema de respirar normalmente es el menor de los problemas. No, normalmente no lo es.

Hay mucho que decir de estos parajes donde te encuentras contantemente con lo que es aparentemente innecesario, con lo que es rechazado, lo que es apartado y olvidado. Se podría denominar basurero, pero ¿en qué basurero te encuentras amantes despechados, niños envueltos en la amargura de, no tener siquiera la oportunidad de tomar decisiones, o a un gatito en una caja de zapatos? No recuerdo ninguno ahora mismo, aunque mi imaginación me temo no es lo suficientemente pródiga en bienes de intercambio. Sin embargo, no creo que lo recuerde pues, normalmente este tipo de cosas no suceden en un sitio concreto.

Hay mucho más que decir sobre una tierra en la cual el deseo de transitarla ha de ser tenido en cuenta a cada instante, sin embargo, no todo son aspectos que puedan o quieran alejar al visitante. Tiene sus bondades, y sus puntos de interés. Pues el deseo de olvidar cuanto alguna vez deseamos es; un sencillo instrumento, compás y violín de tañido breve en el cual resuenan los ecos del mundo cada segundo. Es allí hacia donde se dirigen muchas cosas y hacia donde se envían muchas otras, no siendo la misma cosa, ambos conceptos.

Pero si sé una cosa. Es allí, en la tierra baldía y amarga de Isan Reese, donde yo encontré  cuanto quiero, deseo y anhelo, pues es allí donde aprendí a apreciar  lo que anhelaron todos los seres de este mundo y que tarde o temprano, consciente o inconscientemente, y casi siempre de una manera emparentada por desgracia con la mediocridad, dejaron atrás.

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Hambre

No tengo por qué dar explicaciones sobre ella. Julia tiene hambre y punto.

El hambre, según mi querido Constantine, fue uno de los primeros demonios en lograr la increíble hazaña de establecerse en nuestro mundo impunemente. (He buscado esta palabra en el diccionario y significa "quedando impune" sin castigo, sin explicaciones, incluso sin permiso.) ¿Quién le va a dar permiso al Hambre para ir y venir?

lagrimasLo que yo no esperaba es que este demonio, que siempre ha asolado la mitad de nuestro mundo, mientras la otra mitad busca continuamente cosas que hacer con tal de conseguir siempre mirar hacia otro lado, es que el hambre se manifiesta de muy diversas maneras.

Algunos devoran todo lo que encuentran, otros devoran la comida del de al lado, a veces al de al lado, otras veces a todos los que se hayan a su alrededor y por último, hay algunos que se devoran unos a otros, como sucedía con mi primera pandilla de amigos que se pudiera denominar; seria, formal y estable.

Esta pandilla, por cierto, era de lo más curiosa y abro un pequeño paréntesis pues resulta que el tema es interesante. En los casi 20 años que llevo dirigiendo y arbitrando partidas de juegos narrativos, o de rol, este fue el único grupo al que le dirigí una partida, en el que acabaron matándose todos unos a otros, con saña en un auténtico, desquiciante, sangriento, escatológico, repulsivo y  sádico baño de sangre.

Pero volvamos al asunto...

Por más que estemos aquí hablando de la naturaleza y pormenores del "hambre", nunca conocerán el otro rostro de lo que se denomina el mal más antiguo de la humanidad. Porque el hambre del  que yo hablo, no lo conocí hasta que conocí a Julia.

Julia es enorme. Obesidad mórbida, le dicen los entendidos y los que juegan a nutriciones y a decir que el Tofu es la doceava maravilla del mundo. Una chica joven, y hermosa. Pero gorda. Y la cuestión de todo esto es ese "pero".

Porque Julia es hermosa y gorda, tan hermosa que mucha gente la mira y sin que ella se dé cuenta, asienten unos a otros en susurrados comentarios, llegando siempre a la misma conclusión; lástima, si fuera más delgadita, estaría bien, sería preciosa.

Julia es redonda, y su hambre no conoce límites. Aunque no llega a esos volúmenes que impiden que las personas puedan levantarse de la cama y salir por la puerta, al mismo tiempo que los invita a participar en el que siempre denominaré; estúpido libro guinness.

No no, esta Julia es obesa, pero camina, trabaja, va de compras y sale con sus amigos como cualquiera. La cuestión de Julia, no son los detalles de su obesidad, se trata de "la naturaleza de su hambre".

Julia no devora comida o alimento tal y como lo entendemos, no, ella devora; llantos, devora penas, devora temores y congojas. Devora abatimientos y pesares. Devora depresiones, sonrisas forzadas, miradas nostálgicas, suspiros anhelantes no correspondidos, devora desesperación, humillaciones, olvido, burlas que se clavan en la carne y sangran, devora heridas y pústulas sangrantes ocasionadas por burlas individuales y burlas en grupo, que son las peores. Devora la pena de hombres y mujeres derrotados, devora infelicidad, melancolías, tristezas en todo su amplio espectro, Julia devora el dolor de hombres y mujeres ignorados, devora soledades injustas. Devora la injusticia, la burla, el llanto y el dolor. Julia tiene hambre, y no puede dejar de comer, y de engordar.

Si al menos, su hambre no la devorara a ella. Pero no, a Julia su hambre la consume, la aniquila, y poco a poco, la va matando.

Alrededor de Julia nadie pasa hambre. El demonio del hambre huye ante la magnitud de ese poder inmenso, del don de su "hambre". Ante ella, el viejo demonio, es derrotado antes de siquiera poder acercarse. El demonio del hambre, la teme mucho más que a toda una corte celestial de ángeles armados con espadas flamígeras.

Empezó de muy pequeña, devorando el llanto y la frustración de sus propio hermanos, de su padre y de su madre, con el tiempo, devoró el dolor de sus amigos más queridos, de sus conocidos, del vecino, del tendero de la frutería, la soledad de la peluquera, los pasos cansinos de la anciana sola que camina sin tener prisa por nada. Y finalmente por supuesto devoró las necedades de sus propias parejas, la mezquindad, las cobardías, y hasta las tremendas y enfermizas melancolías de su novio.

Y Julia así, atravesó de una forma peculiar los velos que separan la realidad del sueño, devorando los oscuros sueños de algunos, de unos más que de otros, con diferentes grados de éxito.

El hambre de Julia no tiene fin, su mayor deseo es devorar todos los males y la infelicidad del mundo. Solo ahora ha empezado a darse cuenta, de que son estos males los que la devoran a ella. Acabando poco a poco con todas sus ilusiones. Pues el hambre en el mundo es infinito, así como la desesperación, el llanto y todas sus agonías.

Yo la conocí hace ya algunos años, Julia siempre ríe, pero muchas veces cuando nadie la ve, llora amargamente, pues su hambre no tiene fin, no puede tener fin, y muchas veces las personas con las que se va encontrando, le dedican una condescendiente simpatía. Esperando, que pueda devorarles esa parte que no desean, a ellos también, si hay suerte. No es necesario darle nada a cambio, Julia es así. Para eso está.

Julia llora, en los rincones de su casa, en el cuarto de baño o en la cocina, por los males del mundo, y porque nadie ve nada más que aquello que la rodea. Su enorme fisonomía, es todo cuanto queda, pues no hay pie a ninguna oportunidad para ella más allá que la de limpiar los rincones del alma de la pena que ella misma se lleva ¿pues, acaso tú vas a cargar con los problemas de nadie?  Nadie espera nada más de ella que, devore, con su hambre, la culpa de quienes permanecen alrededor. Por lo demás Julia es, la chica gordita y simpática que está ahí para liberarte a ti de tus pecados. Pero para Julia, no hay nada más por parte de los demás, pues pobrecilla, es gorda, lástima de chica, tan guapa...y tan gorda.

A Julia no le dan ninguna oportunidad, más que la de hacerle esperar pacientemente a devorar la siguiente tanda de pesares. Se me ocurre que, si todos nosotros devoráramos un poquito de las penas del de al lado, quizás Julia podría llevar una vida más feliz. Una vida en la que su hambre no la consuma, pues que será de nosotros sin la devoradora del llanto de todas nuestras tristes congojas.

Pero siento que esto no va a suceder, será porque siempre me han llamado "pusilánime" y "derrotista", bueno, en realidad si creo en mis palabras es por puro instinto.

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Lorem Ipsum que estás en los cielos

Para saber más, no dejes de visitar:es.lipsum.com

Vía: es.lipsum.com

¿Qué es Lorem Ipsum?

Lorem Ipsum es simplemente el texto de relleno de las imprentas y archivos de texto. Lorem Ipsum ha sido el texto de relleno estándar de las industrias desde el año 1500, cuando un impresor (N. del T. persona que se dedica a la imprenta) desconocido usó una galería de textos y los mezcló de tal manera que logró hacer un libro de textos especimen. No sólo sobrevivió 500 años, sino que tambien ingresó como texto de relleno en documentos electrónicos, quedando esencialmente igual al original. Fue popularizado en los 60s con la creación de las hojas "Letraset", las cuales contenian pasajes de Lorem Ipsum, y más recientemente con software de autoedición, como por ejemplo Aldus PageMaker, el cual incluye versiones de Lorem Ipsum.

¿Por qué lo usamos?

Es un hecho establecido hace demasiado tiempo que un lector se distraerá con el contenido del texto de un sitio mientras que mira su diseño. El punto de usar Lorem Ipsum es que tiene una distribución más o menos normal de las letras, al contrario de usar textos como por ejemplo "Contenido aquí, contenido aquí". Estos textos hacen parecerlo un español que se puede leer. Muchos paquetes de autoedición y editores de páginas web usan el Lorem Ipsum como su texto por defecto, y al hacer una búsqueda de "Lorem Ipsum" va a dar por resultado muchos sitios web que usan este texto si se encuentran en estado de desarrollo. Muchas versiones han evolucionado a través de los años, algunas veces por accidente, otras veces a propósito (por ejemplo insertándole humor y cosas por el estilo).

¿De dónde viene?

Al contrario del pensamiento popular, el texto de Lorem Ipsum no es simplemente texto aleatorio. Tiene sus raices en una pieza clásica de la literatura del Latin, que data del año 45 antes de Cristo, haciendo que este adquiera mas de 2000 años de antiguedad. Richard McClintock, un profesor de Latin de la Universidad de Hampden-Sydney en Virginia, encontró una de las palabras más oscuras de la lengua del latín, "consecteur", en un pasaje de Lorem Ipsum, y al seguir leyendo distintos textos del latín, descubrió la fuente indudable. Lorem Ipsum viene de las secciones 1.10.32 y 1.10.33 de "de Finnibus Bonorum et Malorum" (Los Extremos del Bien y El Mal) por Cicero, escrito en el año 45 antes de Cristo. Este libro es un tratado de teoría de éticas, muy popular durante el Renacimiento. La primera linea del Lorem Ipsum, "Lorem ipsum dolor sit amet..", viene de una linea en la sección 1.10.32

El trozo de texto estándar de Lorem Ipsum usado desde el año 1500 es reproducido debajo para aquellos interesados. Las secciones 1.10.32 y 1.10.33 de "de Finibus Bonorum et Malorum" por Cicero son también reproducidas en su forma original exacta, acompañadas por versiones en Inglés de la traducción realizada en 1914 por H. Rackham.

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Furia

-Medea lo vio venir, aunque antes ya lo había presentido. Alarmada por una acuciante sensación de angustia, cruzó hacia el exterior por las ventanillas rotas que daban al tejado, abandonando de forma súbita su sereno estado de meditación bajo un rayo de sol. Nmone la vio pasar y sorprendida la siguió, llamándola insistente con sus maullidos.

Llegaron al borde del tejado, desde el que se divisaba la calle. Los tejados de las casas, se veían rojizos y de aspecto plomizo. El día había despertado nublado y amenazaba con llover pronto. Medea miró atentamente en todas direcciones sin encontrar lo que andaba buscando. Nmone la notaba nerviosa y preocupada, con una alarmante inquietud intentando localizar algo en el paisaje que se extendía ante ellas.

-¿Qué sucede? - le preguntó preocupada.

La gata no contestó inmediatamente. Al cabo de un rato le dijo:

-Ha llegado el momento en el que tendrás que recordar por todas nosotras hermana. - Le comentó con serenidad.

Siguió vigilante, buscando, esperando, con Nmone a su lado sin separarse de ella, mirando ansiosamente también,  intentando ayudarla a divisar algo que no tenía ni idea de qué se trataba.

Entonces Medea lo vio.

Una enorme sombra, avanzaba por una de las calles, como una nube de oscuridad que se moviera a través de la pequeña ciudad. Con sus claros ojos de felino, advirtió su volumen, que abarcaba el tamaño de varias casas, sin que los habitantes al parecer se percataran de lo que rondaba alrededor de sus vidas. Se desplazaba con rapidez, devorando la luz, la imagen nítida se perdía cuando aquella sombra pasaba alrededor de todas las cosas, al deslizarse siempre en dirección al teatro.

-Allí viene, Nmone -Dijo Medea -. Lo que ha de poner fin a todas las cosas, o darnos otra oportunidad, viene hacia nosotras.

Nmone no lograba ver nada, visiblemente nerviosa, buscaba sin éxito.

-No te preocupes -Le dijo tranquilizadora Medea-. Vayamos a buscar a nuestra hermana, y esperaremos.

Un viento se levantó por las calles, haciendo girar alocadamente sobre sus casas las veletas con siluetas de gallos esbeltos, consiguiendo que decenas de sombreros salieran despedidos hacia las alturas. El cielo que durante toda la mañana  se había mostrado cubierto, ahora presentaba un aspecto siniestro. Como si una fuerte tormenta estuviese a punto de desmoronarse sobre la ciudad. La gente se refugió en sus casas. Y su propio viento barrió las calles a su paso, levantando todo cuanto no estuviese amarrado o clavado en su sitio, cegando la vista y no permitiendo discernir si había algún origen oculto en aquella ventisca. Ante tan molesta circunstancia, muchos optaron por desaparecer. El día se presentaba poco benigno. Pero aquel ventarrón, ya era sumamente incómodo. Al rato las calles quedaron vacías. La gente se sumió en sus actividades, olvidando el exterior. Protegidos del chaparrón que se avecinaba.

Un torbellino atravesó calles, dobló esquinas y se dirigió furioso hacia el teatro. Levantando hojas, polvo y tierra. Pañuelos y papeles revolotearon, describiendo círculos en graciosas espirales, para quedar abandonados  a su suerte cuando se liberaban de aquella fuerza que traía su propia sombra, pero de la que nadie al parecer se percataba Una sombra que siempre había estado junto allí, por cierto. Una sombra que es difícil de apreciar si no hay  luz que provoque contrastes no siempre por motivos cosméticos.

Las puertas rechinaron dolorosamente, y se abrieron dando un bandazo con tal estruendo que hizo retumbar al teatro hasta los cimientos. Los goznes crujieron, y algunos  reventaron rendidos ante el tiempo y sus torturas.

No había nadie. Pero aquel viento sabía dónde buscar, podía olerlo, podía sentirlo. Persiguiendo a su presa, atravesó las salas, derribando estatuillas, jarrones y las pocas ventanas que habían sobrevivido,  destrozando cortinajes y tapices. Derrumbando a manotazos cuanto era capaz de abarcar la furia incontenible a través de su camino.

Llegó a la parte superior, y olisqueando como un cazador, encontró el escondrijo largo tiempo perdido. Tan cerca y tan lejos. Allí había estado siempre. Más furioso aún por este nuevo hallazgo desahogó tantos años de infructuosa búsqueda reduciendo a astillas todo cuanto encontró.

Entonces fue cuando atravesó la pequeña puerta, arrancándola con furia de sus bisagras oxidadas.

-Ruggero... -Exclamó Couso con el rostro desencajado y algo sorprendido desde el quicio de la puerta.

-Ya me imaginaba yo, que tenía usted algo que ver en esto -Se limitó a decir Ruggero, aunque visiblemente extrañado por el aspecto de aquel hombre siniestro.

El señor Couso vestía un traje oscuro, con chaqueta y corbata, bastante arrugado a estas alturas. A su alrededor se disipaba lentamente la racha aullante que segundos atrás estremeció al teatro, retumbando y silbando, escuchándose hasta en el mismísimo jardín. Su rostro, que presentaba el aspecto de haber sufrido quemaduras, se deformó, como si se abandonara, al perder su dueño la voluntad de seguir manteniéndola íntegra.

Su semblante instantáneamente quedó totalmente deshilachado, deshaciéndose como una madeja desordenada.  Un ovillo de formas retorcidas, que dejaban entrever lo que una vez fuera el rostro desquiciado de aquel hombre. Su boca, más allá de las comisuras de los labios que normalmente conforman la boca de un ser humano, ahora parecía llegar hasta detrás del cuello, dándole un aspecto aterrador. Al hablar, había mostrado multitud de dientes finísimos y pequeños, ordenados en dos hileras arriba y abajo. Era como un ovillo aplastado de lana, con una boca enorme y algo que parecían unos pozos profundos donde debían estar los ojos. Llevaba un sombrero que le daba un aspecto totalmente absurdo e irónico, quedando fuera de lugar, acentuando más aún su espantoso aspecto...

Extracto "Cuentos sobre tu tejado"

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