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El tesoro de Amaro Pargo

Con su libro bajo el brazo a la televisión mi amigo se fue, donde pudo mostrar finalmente su obra, y sentirse orgulloso de poder contar nuevas historias.

Narraciones de piratas, aventuras sin fin, ansia de aventura que a muchos nos gusta tanto, pues nunca deja de resultar fascinante dadas las imágenes que son capaces de evocar en nuestra mente, y por tantos tesoros que aún hoy posiblemente están esperando ser descubiertos.  

Y todo, en un marco que se presta a ello como es la ciudad donde transcurre esta magnífica historia. Tal y como te muestra su propio autor en la entrevista que hizo en un programa de la Televisión Autonómica, y cuyo video te muestro a continuación.

Este video se halla para mí en algún lugar entre lo fascinante, lo emotivo y lo extraño. Verás, como en la canción del pirata, a un lado está mi amigo Pompeyo hablando, no sin nerviosismo, de lo que yo considero una obra muy interesante. Al otro, dos amigos míos de la infancia que ahora son presentadores de TV.

Por un lado Marta, con la que jugaba en las calles de la zona en la que vivíamos, usando las bicicletas como si fuesen caballos y revistas enrolladas a modo de espadas. Por otro, Roberto, con el que también jugaba a hacer obras de teatro en el garaje de su casa, y que fue un buen amigo de mi infancia. Resulta curioso, que cuando traté de introducirle a los juegos de rol, jugando a AD&D 2 Ed., su personaje siempre fue ¡un bardo!

Toda una serie de conexiones que no dejan de resultar para mí un cúmulo de excepcionales circunstancias. Hechos que, unidos a una bonita obra, le auguran un futuro muy prometedor.

Piraterías en Canarias: El tesoro de Amaro Pargo

Entrevista a Pompeyo Reina con motivo de la presentación de “El sarcófago de las tres llaves” en el programa "Buenos días Canarias", con Roberto González y Marta Modino.

 

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Secretos de la calle

Esta mañana, al alba, mientras la última luna de febrero aún centelleaba en el firmamento, vi las farolas de la calle Somers curvar sus esbeltos y largos cuellos para alcanzar así los charcos y beber en silencio.

Las contemplé desde mi escondrijo, tan elegantes, tan discretas. Se mecen como espigas al sol, como altas jirafas, como tallos que pliegan al arrullo del largo invierno, emitiendo un leve murmullo que se extiende a la lejanía. Parecen bestias prehistóricas de largos cuellos curvos, rumiando en los pantanos mientras cantan canciones de amor a quién se esconde tras un horizonte recién nacido y esté dispuesto a escuchar.

Dyss_Sello_Edanna

Las bocas de riego las contemplan y cuchichean envidiosas. Achaparradas a ras del suelo añoran ser las reinas de la calle, las que puedan atisbar disimuladamente por las ventanas más bajas.

En Atwater se había abierto una grieta en el pavimento que sangraba, pero la nieve había tapado la herida que supuraba en silencio insistentemente. A través de la abertura se podía contemplar como las paredes se abrían y se cerraban mientras el latido de un corazón retumbaba en las profundidades.

Seguí hasta la nueva Notre Dame, la del nuevo mundo. Allí, en sus tejados, habitan unos pájaros negros que se alimentan del óxido. Entre las chapas de hierro y bronce sobreviven, picoteando con ansia y a veces hasta con desesperación; deteniéndose ocasionalmente para sacudirse la nieve del plumaje.

Cuando las gárgolas exhalan su caudal en los días de lluvia, ellas beben ávidamente mientras tañen las campanas de la torre, donde sus nidos las esperan.

Cuentan que un hombre santo una vez escondió allí su mayor tesoro, una carta de amor por la cual lo habrían colgado del cuello hasta que floreciera la mandrágora a sus pies. Y en los árboles de la plaza, más abajo, aún se pudren restos de las sogas que una vez impartieron justicia, reabsorbidas entre la madera.

Recordé aquella vez que quisimos pintar una ballena de color rosa. Les fuimos preguntando a las candidatas hasta que una nos pareció la más indicada. Ella se recostó sobre su costado izquierdo mientras bebía unos cientos de litros de té que le preparamos con esmero. Con brochazos gordos primero le dimos dos capas y terminamos la faena con los pinceles, dando los detalles.

Subimos a nuestro helicóptero y la vimos nadar en la bahía, feliz. Tan feliz que fue hasta el Polo Norte a enseñárselo a su familia. Allí les gustó tanto, tuvo tanto éxito, que la nombraron embajadora del Polo Norte para todos los reinos de ese hemisferio. En el sur, años después, copiaron la idea.

Desde entonces hay una ballena rosa para cada hemisferio. Una para el norte lejano, otra para el remoto sur. Donde se fabrican esas islas que van a la deriva y así poder cambiar de sitio tu casa cada estación.

Una vez fui a buscarte en mi submarino. El que compré en una subasta de antigüedades. Cuando abro la escotilla surge un gran ramo de flores. Tú llevabas tu vestido negro, yo mi gabán algo deshilachado.

Te tomé de la mano, te invité a subir en él y juntos navegamos por ríos y mares, por lagos iluminados por rayos de sol dorado. En la torreta te tocaba mi violín y tú cantabas cuentos a las gaviotas. Una colonia de focas nos vio pasar y vitorearon al escucharte cantar una canción.

Después nos sumergimos en las profundidades del mundo, en silencio, en paz.

Se quebró la pluma, se derramó la tinta sobre la página.

Tú dijiste adiós y yo..., yo contemplé en silencio las farolas de la calle Somers, plegar sus largos cuellos en silencio, para beber de las fuentes del Nilo. Allí se había derramado formando los charcos.

Formando el llanto del que beben todas las aves de la madrugada.

Edanna, febrero de 2011

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