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Tag: soledad

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En costas extrañas

“Rol” Integrated Life: decoded (8.0)

Chicuelo

Detrás de mi casa se extiende un prado hasta donde se pierde la vista. Tras haberse retirado al fin la nieve y el hielo, unas pequeñas flores rojas y amarillas lo han cubierto por completo. En dos semanas escasas, los árboles se llenaron de hojas un año más y de nuevo el mundo se transforma. Siento que se trata de otra forma de llamar al Poder del Cambio.

Pero por tanta belleza existe aquí un precio a pagar, pues el mundo necesita dormir para poder renacer de esta manera. Un precio que, a veces, se hace difícil de llevar.

En mi casa de OntarioHace dos tardes una mujer de la granja vecina entrenaba un caballo en el prado, haciéndolo correr en círculos. Del animal emanaba un tanto así de elegancia que, extendiéndose por los campos, a mí me daba la sensación de darle un nuevo matiz que se añadía a un mundo de tonos perfectos, completándolo.

Qué extraño, ―pensé, pues se encontraba justo en el mismo sitio donde hacía tres meses me había encontrado con aquel lobo.

Juego a entrecerrar mis ojos, percibiendo un mundo de tonos y manchas de color. Me producen sensaciones más que ofrecerme detalles precisos, algo que ya algunos en el mundo del arte se han dedicado a ponerle nombre. En una realidad que se construye en base a nuestros sentidos no cabe duda de que se trata de una artimaña que deberíamos tomarnos más en serio. Un concepto que se podría aplicar a otros muchos aspectos.

Con los recuerdos sucede algo parecido. Las imágenes de mi memoria se hacen confusas, se tornan borrosas y se difuminan, entremezclándose. Mis recuerdos de España se van apagando, quedando tan sólo un cúmulo de sensaciones extraídas de esos recuerdos.

Las imágenes del pasado se desvanecen. Me viene el calor de las tardes bajo aquella torre…, pero no imágenes precisas. Tengo la sensación de sentir el aire fresco por las calles de mi vieja ciudad, pero no consigo distinguir ni las puertas de las casas ni sus ventanas, ni los colores de los marcos ni sus detalles. Ya no consigo ver nada, sólo me va quedando un puñado de sensaciones. La verdadera tinta de los recuerdos. Memoria escrita con el tinte con el que se inscriben las emociones.

Me dice un amigo en ocasiones que algún día, cuando vuelva, será como lo hacen los héroes. Como Bilbo de regreso a La Comarca, todo cargado con los tesoros de Smaug. A mí, aunque sonría ante tal idea, me invade siempre una sensación de desasosiego, pues sé que cuando lo haga ya nadie me estará esperando. ¿Importa mucho eso? Aún bajo el velo de mi pseudónimo todavía no me atrevo a escribir aquí la respuesta.

Un detalle que marca la diferencia entre nuestro mundo y el de nuestros héroes es que nadie espera la llegada del mágico elixir. El elixir se ha convertido en un tesoro que iremos guardando sólo para nosotros. A estas alturas soy ya muy consciente del origen de este tipo de ideas, así que me detengo, respiro hondo, y vuelvo a cerrar los ojos.

***

Llevo ya algún tiempo leyendo acerca del cansancio de los autores de algunos blog que sigo en mi lector RSS. Personas que sienten, en ocasiones con desesperación, que no existe el elixir mágico que justifique su esfuerzo. Una compensación por su dedicación.

OntarioNadie espera ya que un nuevo Prometeo les robe el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad. Y si alguno lo hace, suele ser visto con la indiferencia del que deja pasar el día y la noche indistintamente. Yo también siento muchas veces estos mordiscos. En mi caso, pienso en muchas ocasiones que en Lavondyss lo que mejor he sido capaz de reunir es una vasta colección de indiferencias con las que podría montar una exposición. Pensamientos que, de nuevo, resultan inútiles, pues no aportan nada.

Pese a ello, me iría bastante mejor si hablara de ropita friki o de cómo unas graciosas y jovencísimas chinitas con mascarilla me hacen la pedicura cada dos jueves por la tarde en Montreal Oeste. La entrada de hace dos meses acerca de las botas de pata de carnero batió todos los records de audiencia en la historia de este blog.

Como si estuviese destinado en respuesta a lo que estoy pensando, alguien viene entonces para ofrecerme una pista sobre todas estas cosas.

Aphrodita, la más pequeña de la casa, sale al exterior y corre hasta mí. Nos sentamos en la mesa de piedra que hay en el jardín. Contenta, me lee un cuento que ha escrito. Como ve que a menudo me doy cabezazos contra el teclado (al estilo del compositor de Barrio Sésamo), encuentra divertido hacer lo mismo, cabezazos incluidos.

Este es el cuento de Aphrodita Wójcik (traducción inédita del francés original, con mezcla de un poquito de inglés, griego y polaco, aunque hablamos en inglés):

Horreur Noir

“Había una vez una princesa de grandes ojos negros y nariz puntiaguda que tenía unas pestañas mágicas. Sus pestañas eran capaces de hacer dormir a quienes ella quería.

Un día por el castillo apareció un caballero dentro de una armadura. Apenas podía andar. No se le veía nada la cara porque la llevaba metida dentro del casco. Le encantaba el jarabe de Arce y siempre llevaba una lata en el cinturón… Así que estaba algo gordo de tanta miel de arce.

Como le gustaba mucho la princesa le pidió casarse con ella inmediatamente, o al menos salir por ahí a bailar, o lo que fuera. Ella le dijo que de eso nada, que eso era un rollo. El caballero se fue hecho polvo y no se le vio más.

Ella entonces se hartó de ser princesa porque todo el mundo quería casarse con ella todo el rato. Se fue a su habitación y se cambió de ropa. Consiguió un vestido de la criada y lo ensució un poco. También lo rompió para que pareciese viejo, viejo. Se tiznó la cara con carbón y se tiñó el pelo de negro. Se puso unas grandes botas y salió del castillo.

Para que nadie la detuviese, usó sus pestañas mágicas para ir durmiendo por ahí a todo el mundo, incluso al rey, que se puso a roncar junto a la reina. La sopa se les puso fría después y se enfadó un montón.

Se fue a los establos y con las pestañas durmió a todos los caballos para que no hiciesen ruido. Menos a un Poni todo negro y bonito que montó. Lo llamó: “Horreur Noir” (Noche de horror).

Antes de marcharse lejos pasó por el pueblo. Allí no durmió a nadie, sino que pasó por la tienda y se compró una bolsa llena de chocolate para el viaje y pasó también por el herrero. Le pidió que le hiciera una armadura y un casco con forma de cubo con dos rendijas para poder ver. Esperó un rato en la sala de espera leyendo en una revista que la princesa del reino de al lado se había partido un pie esquiando. (NdE: Inaudito…).

Cuando la armadura estuvo lista, la princesa, montada en “Horreur Noir”, se fue por ahí por los caminos y los campos ayudando a la gente a veces y otras no, otras los asustaba, era divertido, con lo que se lo pasaba genial…"

Aphrodita Wójcik

Bien, yo en este momento ya sentía nostalgia con la sola idea de poder irme de aventuras tal y como lo estaba haciendo aquella princesa. Tras comentarle a la niña brevemente mi añoranza, le pregunté:

―Bueno, ¿y cómo termina la historia? ¿Qué sucede después?

―Nada, que se va con su poni negro a vivir aventuras. ¡Y pasa de ser princesa! ―Me responde.

―Hmm… Vale, lo de pasar de ser princesa está bien, aunque te advierto que la paga es buena y sin límite con la tarjeta de crédito. Pero, tu historia necesitaría un conflicto.

―”And that mean…?” (¿y eso significa…?).

CaperucitaSignifica que tu personaje desea algo y hace lo posible por conseguirlo, aunque no sea fácil y otros no quieran que tenga éxito. Sólo eso. ―Le contesto.

―Pero es divertido. ―Me dice.

―Lo es, pero podría ser más divertido si seguimos con tu historia. Y así contamos qué quiere tu princesa y cómo lo consigue. A ver “PetitBug” (bichito), ¿qué sucedió con el caballero?

―Que se marchó todo triste a luchar por ahí…

―Por ahí, ehm… vale, vamos a suponer que ya que estaba triste porque la princesa no quería casars…, ejem, liarse con él, para demostrarle que era digno de su amor se fue a luchar contra un dragón. El dragón lo capturó, al pobre, metiéndolo en una jaula sujeta del techo de su cueva. Y lo alimenta dándole huesos de pollo. La idea es comérselo, pero más adelante. Sin prisas…

―Ah…, el dragón del volcán… ―Me dice, comenzando a mostrar señales de estar entrando en un curioso estado de trance.

―Ehmm…, sí ese, el del volcán.

― ¡Y entonces ella va a rescatarle! ―Me dice con entusiasmo― No quiero… ¡ups!, porque ella NO QUIERE que el dragón se lo coma.

―Y si lo consigue, ella le ofrece ser su amiga que es más importante, y después ya veremos…, que hay que ver qué prisas… ―Le comento asiendo alusión a un niño que hace poco le confesó su amor y al que ella le dio calabazas hace poquito.

¡AWESOME! ―Me dice. Expresión recurrente en la nena. Entonces, tengo una idea.

―Se me ocurre que podemos jugar a ver qué es lo que sucede y así, más tarde, escribes lo que pase como el final del cuento.

― ¿De verdad? ¿Y cómo hacemos eso? ―Me pregunta.

―Sí bichito, mira, estas monedas de aquí pueden servir para jugar las aventuras de la princesa. ―mientras, pongo sobre la mesa varias monedas de 25 céntimos―. Como es muy fuerte y lista, tira varias monedas que además de su fuerza y habilidad representan la suerte que tiene en su aventura. Yo te iré contando los peligros con los que se enfrenta, tirando también monedas. En aquellas monedas mías en que salga cara anulan a las que sale cara de las tuyas, pero no en las que salen diferentes. Al final, el que más caras tiene en una tirada es el que gana.

A todo esto, la sombra de la duda de si el mecanismo era así o no, me acompaña todo el tiempo. Lo curioso es que ella no parece tener dudas de ninguna clase.

― ¡AWESOME! ¡Vale! ―Vuelve a exclamar bastante animada―. ¿Y cuántas monedas tira cada uno?

―Eso depende del personaje, del enemigo y de lo que haga, y además ¡puedes hacer magia!

Cogiendo algunas piedrecitas de mármol que hay en el jardín, tras lavarlas un poco escribo una palabra en cada una con rotulador. Cuando termino, las envuelvo en una servilleta y se las entrego.

―Estos son tus hechizos. ―Le digo―. Cuando gastas uno ya no puedes volver a lanzarlo hasta que duermas como una marmota al menos una noche entera. Cada piedrecita es un hechizo diferente. Uno te permite hacerte invisible. El otro lanzar un rayo destructor. Este hace una nube de humo apestoso que hace que te pongas verde y a lunares. Otro hace bailar a tus enemigos hasta que caen exhaustos. El otro encanta a los animales y a las personas, para que hagan lo que tú quieras durante un tiempo…

Y así, termino explicándole el resto de sus hechizos, siempre intentando recordar aquellos más divertidos que recuerdo del D&D.

De esta forma, con su casco de cubo en la cabeza, una espada (encantada por supuesto, qué menos) y a lomos de su terrorífico poni, la princesa se embarca en una aventura que la lleva al “Bosque de las Siempre Tan Inoportunas Maldades”, donde debe luchar con las mofetas de rayas rosadas. Atravesar el “Cañón de la Mala Pata”, donde un puente de cuerda es custodiado por un troll que termina bailando hasta que sale el sol ―transformándose en piedra claro está―. Cruza por el pueblo de los “Gnomos Ladrones”, donde un rayo destructor hace volar por los aires su “iglesia”, lo que provoca la desbandada general de sus habitantes sin sufrir, eso sí, ni una sola baja; (no pasa nada porque ella los llama por el móvil para que vuelvan). Todo eso bajo el gran cometa del mundo imaginario que le ofrezco para que ponga allí su cuento, una idea que la entusiasma.

Finalmente nuestra princesa se enfrenta a un dragón que tiene más de la encantadora novia del asno de Shrek que de villano (porque todo son influencias), por lo que al final terminan todos haciendo las paces.

He de admitir, eso sí, que tuvo bastante suerte con los dados, es decir, con las monedas. Sacó 5 éxitos contra 1 fallo en el primer golpe, lo que provocó un hundimiento de la moral de su antagonista, que se dio cuenta de que con aquella princesa no se juega.

Tras sus éxitos, su rostro se fue iluminando, y aquellos ojos brillaron. Aphrodita descubrió de todo este proceso un nuevo camino. Uno que ahora siempre llevaría junto a todo un conjunto de experiencias. Más tarde terminó su texto, que leyó en clase con la felicitación de sus compañeros.

***

Otawa RiverHoy, paseando por el jardín recordé las palabras de un profesor que hace tiempo me dijo: “Escribir es un camino solitario, aunque se consiga el éxito siempre se está solo”. A estas palabras les añado las mías, y es que desde el momento que nacemos hasta el que morimos estamos solos todo el tiempo.

Pienso que el camino de la verdadera heroicidad está en conseguir aceptarlo, superando con éxito todo cuanto nos aflige y que nos impide hacer lo que queremos. El auténtico camino del héroe que nos toca vivir es conseguir así nuestros éxitos personales, siendo capaces de poder desprendernos a lo largo del proceso de todos nuestros demonios. Es lo que me impulsó una vez a desear permanecer siempre en movimiento. Pero todas estas cosas no son más que mi opinión, por supuesto.

Mi moraleja es que lejos de mi casa y de todo cuanto una vez conocí, jugando al rol una tarde en algún lugar de Norteamérica, la pequeña Aphrodita halló su elixir, y yo encontré el mío.

Un elixir invisible que está ahí para cada uno, y que es en realidad el que importa, iluminando los rincones más oscuros al igual que lo hace la luz de Eärendil, cuando ya no hay ninguna otra luz. El centelleo de un elixir que sólo podemos ver cuando todas las demás luces ya se han extinguido.

Agradecí entonces haberle dedicado tanto esfuerzo a una actividad de la que soy muy consciente que difícilmente voy a obtener una retribución directa, si no es la que se obtiene para uno mismo. Me animó también a tener la seguridad de que nunca he perdido el tiempo por tratar de hacer lo que me gusta. Pues aquella tarde el haber trabajado en mis pasiones me dio, cuando menos me lo esperaba, otro gran momento en mi vida. Uno que guardaré como uno más de entre todos sus muchos tesoros.

10 de mayo
Edanna

Edanna, sello personal

 

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Uro "el que huye"

Dyss, sello general

De haber tenido alguna vez Dyss un hermano, ese sin duda habría sido Uro, cuyo epígrafe completo, y por el que es muy conocido, reza: “Aquel que huye de sus deformidades”. Pues a pesar de que Dyss dispone de dos “gemelos”: Giseth y Areté, éstos no están dotados de una consciencia como la que posee Dyss.

Uro, sin embargo, compone una criatura consciente con el potencial de haber podido ser mucho más algún día, en algún distante pasado, pero que las circunstancias hicieron que su existencia estuviese sumergida en la amargura de la soledad, del sufrimiento y de la angustia que comparece siempre a través de la frustración.

UroUro representa una realidad común en todo el cosmos por la cual el destino de las criaturas puede tomar rumbos insospechados; la suerte alcanzar a aquellos que, sin duda alguna, no lo merecen en absoluto y la desgracia atrapar a la más inocente de las criaturas. Ya que, pese a la creencia popular de muchas razas conscientes, no hay una justicia universal en el multiverso cuidando de que fortuna o fatalidad se reparta de forma equitativa. Algo que sólo creemos, pobres y necios de nosotros, los seres mortales.

El nombre de Uro significa: “El primer retoño”; aunque es más conocido como: “El Rechazado” en todas las regiones al Oeste del Mar de Cristal. Debido a las circunstancias acerca de su origen, su nombre se emplea para designar, en la lengua común del Oeste y del Norte, indistintamente desde las ramas de un árbol que, estando enfermas, han de ser podadas; pasando por los retales que se desechan cuando se elabora una pieza de ropa, hasta la forma para referirse a la existencia de un hijo ilegítimo.

Todo esto lo que quiere decir es que su historia y los hechos que componen su realidad están muy arraigados en todas las culturas.

En algún momento y por vez primera en toda su existencia, después de incontables racimos de tiempo tras el inicio de la lucha entre Morthid y Kaleth, en la consciencia de Morthid cruzó un fugaz pensamiento: la posibilidad de que toda la verdad que ella asumía como única e indudable pudiese ser cuestionada.

Algo tan ínfimo y que no supuso más que un simple destello de su pensamiento en todo el caos de aquella batalla entre las dos violencias supuso, no obstante, el desprendimiento de una pequeña hebra de vida consciente; una parte de ella misma que, inspirada a través de su contacto con Kaleth, se separó impulsada por la violenta disputa entre ambos y por el poder que se abrió paso a través de sus propias dudas. Un producto más del poder de la creación, el Ellam Yua; que siempre depende de lo que se guarda en lo más profundo de la esencia de los seres conscientes, de la magnitud de esa consciencia y de la relación que surge entre unos y otros.
De esa pequeña hebra surgió Uro.

Uro significó el comienzo de una historia que aún debía esperar muchísimo tiempo antes de poder ser contada, pero que en su estructura base guarda el secreto de todo cuanto lograría venir después. Fue él pues el origen de algo que, al repetirse, tomaría la forma adecuada para poder existir, formando siempre un ser diferente, único y maravilloso.

Sin embargo, la existencia de ese primer brote que imaginamos como una hebra de vida y consciencia, ínfima en comparación con la entidad de la que una vez formó parte, fue inmediatamente repudiada por su madre en un acto reflejo de negación ante lo que estaba, justo en ese instante, comenzando a suceder. Un violento rechazo producto de su propio miedo ante algo que estaba germinando en la consciencia de Morthid, y que la asustaba tanto como nada lo había hecho antes.

LeviatánEl drama en esta historia sobreviene cuando aprendemos que el poder de la creación, y más allá, el de la propia vida, al ser negada: se deforma, enferma y, por lo general, perece. Pero en aquel retazo de consciencia había una fuerza tan intensa que consiguió medrar, sosteniéndose, aguardando y esperando; siempre deseando sencillamente existir. Un vivo deseo que estuvo allí, al menos, al comienzo de su vida y que pudo contrarrestar parte de los efectos de toda aquella repulsa.

La forma física de Uro es la de una criatura gigantesca, una mezcla enloquecedora entre una serpiente marina y un gusano aterrador. Constituye así a un espantoso Leviatán que no debe confundirse con Tugal “el Enloquecido”, siendo éste uno de sus enemigos más implacables, aunque no pueda rivalizar con la fuerza y el poder de Uro.

Como algunos de los otros Poderes, Uro es incapaz de existir sin su manifestación física, alcanzando un tamaño medio de más de 900 metros de largo; sin embargo, este tamaño varía de acuerdo con la estación y con el estado en el que se encuentre su mente en ese momento. En algunos momentos en los que se ha hayado envuelto en la furia más absoluta, Uro ha llegado a alcanzar los 1600 metros de longitud más muchas decenas de metros de diámetro, habiendo rebasado alguna vez en el pasado, y que se tenga constancia escrita, el doble de ese volumen.

Su tamaño, no obstante, mengua cada vez más con el paso de las estaciones. La razón de ello es que Uro pierde poder debido a su propia desdicha y al poder destructivo de toda su rabia y frustración. Desde que Uro ha aprendido a entrar en comunicación con su hermana mayor, Dyss, esa degradación se ha ido estabilizando.

Uro puede habitar en los océanos como una criatura marina que yace en el fondo de los abismos pero también es capaz de horadar la tierra, abriéndose paso a través de ésta como un inmenso gusano, formando una red de túneles de los que ya hablaremos en alguna otra parte. Esta forma de desplazarse, sin embargo, le resta poder, agotándolo rápidamente. Esto significa que Uro puede aparecer, en teoría, en cualquier parte si se lo propone.

En su enorme vientre puede gestar a sus propios retoños sin tener que interaccionar con otra criatura, siendo andrógino y perfectamente capaz de crear a su propia progenie. Estos son llamados, Torzales de Uro, y se desprenden de él, a millares, aproximadamente cada 40 ciclos (es decir, cada 160 estaciones o años). Las pequeñas vainas salen despedidas con violencia en un proceso que puede tomar varios días y que resulta profundamente doloroso para él, albergando dentro de cada una de ellas a una “larva” autosuficiente que, tras alimentarse, rápidamente se convertirá en una criatura independiente y consciente de sí misma. Los Torzales de Uro se detallan en la sección del bestiario, en esta misma obra.

Sus vástagos se extienden por todo el mundo, desde las profundidades de la tierra hasta los abismos del océano. Ninguno alcanza jamás el tamaño de su progenitor pero pueden mostrar también un tamaño monstruoso y un aspecto aterrador. Las decisiones morales de cada uno de ellos, aunque suelen corresponderse con las del padre, atienden tan solo a su propia voluntad.

Uro es el protector de los abismos, de las profundidades y de todas las criaturas gigantescas que medran en el mundo. Patriarca protector de gigantes, titanes y bestias marinas; les ofrece consuelo, sintiendo preferencia siempre por todas las criaturas que, debido a diferentes circunstancias, se encuentran solas y aterradas ante un mundo hostil. Los alienta, sin saber muy bien las razones, a proseguir con el sentido de una existencia que es cuestionada por muchos de ellos, haciéndose preguntas sobre ésta constantemente, incluyéndole a él mismo.

Serpiente marinaUro es, con toda probabilidad, una de las criaturas más solitarias que existen sobre la superficie del mundo y sin duda, la que se siente más desgraciada. Se siente solo, perdido e incluso desamparado, aunque esto pueda parecer incomprensible dado su tamaño y poder, no consiguiendo comprender el porqué de su existencia.

Su soledad le ha acompañado siempre, enloqueciéndole, aunque muestra en múltiples ocasiones momentos de lucidez; algo que sólo sucede cuando se encuentra calmado o cuando consigue entrar en el éxtasis de un vínculo de comunicación con su hermana mayor; es decir, junto a Dyss.

Sólo mediante este extraño enlace y esa comunión entre ambos es cuando Uro puede estar en paz…, por un corto periodo de tiempo.

Uro sólo obedece a su propio capricho, siendo su comportamiento muchas veces equivalente a todo lo peor que se encuentra en un humano adolescente. Lo cierto es que, al igual que su hermana Dyss, Uro es semejante a un niño humano. Es caprichoso, egoísta y sólo centrado en sí mismo. Se lamenta de su desdicha, se ahoga en su frustración y no encuentra una razón para su lugar en el mundo y el origen de su nacimiento. Toda esta frustración sólo ha provocado el que albergue un intenso deseo de venganza; en particular contra su madre debido al despecho de todo su desprecio hacia él, y contra su padre por lo que él ha percibido siempre como su indiferencia, manteniendo un hondo recelo y una profunda desconfianza hacia Kaleth, lo que provoca que entre en cólera con facilidad.

Lo cierto es que Kaleth ha intentado muchas veces acercarse a Uro, habiendo obtenido tan solo catastróficos resultados en forma de frenéticos arrebatos de furia por parte de éste y unas demostraciones de violencia capaces de hacerle mucho daño al mundo en el que vive.

Uro, sin embargo, no es malvado por naturaleza. Es caótico, es extremadamente caprichoso y reclama un lugar inexistente que él cree que le corresponde, sin razonar si ese “lugar” existe en realidad. Ansía, exigiéndola, la atención de su madre para así poder reprocharle su rechazo, y demanda la comprensión del padre para que reivindique los derechos de los que Uro cree ser merecedor. Mientras tanto, demanda el amor de ambos, sin comprender aún que su existencia no obedece a una lógica o una razón, y que las cosas no suceden bajo un orden establecido que coloca a cada uno en su lugar bajo una pretendida justicia universal.

Uro es, en síntesis, como un chiquillo inmaduro que no comprende cual es su lugar en el mundo, lo que provoca que, completamente frustrado, entre a menudo en cólera, destruyendo todo cuanto le rodea.

De todas los Poderes que existen en Dyss es, con diferencia, el que mejor se presta a tener seguidores, enfadándose muchísimo si siente que los pensamientos de éstos se apartan de él. Es capaz de “sentir” la fuerza de su devoción alimentando su insaciable ego, encontrando así consuelo.

Uro, no obstante, es capaz de entrar en contacto con Dyss de una manera mucho más profunda que la extraña unión que ambos establecen en ocasiones, manteniendo los dos una conexión muy especial. Así pues, Uro dispone de una gran capacidad de poder influir de forma viva en la Gran Consciencia.
La razón de ello y si Dyss posee un plan para esto, como de costumbre, constituye un absoluto misterio. Tan solo puedo decir con seguridad que Dyss se siente fascinada por Uro, cuya existencia la intriga.

En La Tierra Maldita de Uro, una remota región al sur del continente central, habitan muchos de sus vástagos, congregándose también allí, a su vez, un gran número de sus seguidores. Éstos realizan una peregrinación desde todos los rincones del mundo que termina en aquellos parajes al concluir un ciclo completo de cuatro estaciones, es decir, cada cuatro años.

La Tierra de Uro constituye un paraje frío y desolado que mezcla el horror de las criaturas que lo pueblan con la desdicha que acarrea su propia locura, cubiertas siempre por el pesar de una existencia sin sentido. En sus regiones se siente de forma constante toda la angustia que padece su señor, la profunda soledad de su alma y la inconsolable desesperanza ante lo que más anhela su corazón: el poder obtener, al fin, la respuesta que explique el significado de su existencia. Por ello, Uro no ha dejado jamás de buscar el acceso que conduce a Lavondyss; sin saber que, para encontrarlo, antes ha de realizar un viaje interior que le libere de toda la ira y del deseo de venganza que, día tras día, lo consume.

Principios

―La existencia no es más que dolor, no permitas que los que lo traen hacia ti lo olviden jamás y no te permitas el olvidarlo tú mismo.

―Venimos a este mundo para sufrir, sólo a través del sufrimiento obtenemos la razón para continuar hacia el más allá. Sin embargo, formamos parte del mundo, teniendo nuestro propio lugar en él.

― Defiende tu lugar en el mundo y demanda el lugar que te corresponde, empleando para ello todos los medios que consideres necesarios si es preciso, puesto que el fin, justifica los medios.

Poder mayor: exaltado
Origen: nativo.
Alineamiento: Caótico neutral (neutral).
Símbolo: Un monstruo o serpiente marina gigantesca representada de formas muy diversas.
Color predilecto: Tonos grises.
Arma preferida: Picos y martillos.
Áreas de influencia: Destrucción, confusión, aniquilación, locura, venganza, fuerza, mar, furia.
-Dominios D&D 3.X: Caos, destrucción, fuerza, agua.

 

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Interestatal 327

Hay un cruce, a treinta kilómetros. Hacia un lado, el este; hacia el otro, el oeste.

Bordeado de abetos y renacido el manto de esmeralda, desapareció la nieve de este año y vuelven a brotar los nenúfares en todos los estanques hasta el horizonte, allí donde el frío habita durante todo el año.

Una vez quise caminar hasta allí y dejarme llevar...

 

Intimidad... en muchos lugares y como se comenta en tantos otros, ahora “extimidad”, la intimidad se ha hecho pública. La intimidad ya no se conserva, se exhibe.

Por eso creé de una niña que jugaba a ser dos personas diferentes, como hacía la pequeña Alicia, un manto que cubriera mi propio mundo.

Una cámara de aire entre un mundo y otro.

Una forma de protegerme.

Y comencé a reconstruir Lavondyss, con ilusión, con ánimo nuevo de vivir una nueva vida, de dar todo cuanto pensaba le debía a otros y también cuanto me debía a mí.

Pero todos estos meses... Los meses del más constante horror, de la más absoluta desesperación.

Todos estos meses atrás, los peores de toda mi vida, los peores, la más absoluta de las pesadillas.

Y todo en nombre del amor...

Me quebré, me destruí, ardí en llamas, cenizas y devoción por ser cenizas.

Nada más que llanto. Un llanto continuo y despiadado.

Porque esa es la única expresión, despiadado.

Y exhibo mi pena, en este lugar público. ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Qué sería un blog sin embargo? ¿No es un diario de vida?

Hoy día un blog es cualquier cosa, ya lo es todo menos un diario. Desde el advenimiento de Facebook, muchas cosas que se hacían en los blogs, se hacen ahora en las redes sociales orquestadas por un sistema.

Migraciones, modas y el llamamiento de que allí está el ambiente son sus principales fuentes de energía.

Pero aún queda el propósito de compartir para aprender. Por el instinto de que compartir la experiencia nos puede ahorrar aprender una y otra vez la misma lección. No se trata de extimidad por afán de exhibirse, aún queda la esperanza de llegar a alguien para compartir y demostrar que existe la pureza de la enseñanza mutua.

Me pregunto si esto puede servir, aún, en la locura de cada día. Si esto le puede servir a alguien que aún crea en los firmes propósitos y en las utopías del conocimiento y de las experiencias compartidas.

Me pregunto si todos pierden la esperanza de una forma tan horrenda y desesperada como yo la he perdido. Sólo me queda este sitio, tras todo cuanto fui y pude haber sido...

Ahora siempre voy por la interestatal, una vieja carretera secundaria por la cual apenas pasa nadie.

Es extraño, es una carretera muy hermosa. Bordeada de bosques, de lagos y estanques. Casas sacadas de los sueños más deliciosos crecen a lo largo de las distancias.

Pero apenas pasa nadie, apenas hay vehículos, ni personas a la vista.

Es un lugar muy hermoso, repleto de rincones mágicos.

Y el viento, el viento entre los árboles. Siempre presente, siempre testigo de la templanza que habita en un reino propio, allí donde brota la dignidad y nace para el mundo.

Destruí mi dignidad en el nombre del amor. Destruí mi pureza y toda mi templanza. Siempre en el nombre del amor. Por tanto, tuve que ir a buscarla por los viejos caminos del mundo.

El amor, que todo lo construye y que a su vez deja arrasados todos los paisajes si se vuelve caprichoso y estalla de furia.
Es la fuerza que construye y que tras ella, no queda más que destrucción.

Todo cambia después, ya nada es igual. Hay que hacerlo todo desde el principio, todo nuevamente. Poco se puede aprovechar.

Recuperar la dignidad significa volver a renacer para ser otra persona, una persona nueva, lo anterior queda aniquilado. Aniquilado de tristeza, pena y desesperación.

Ahora tengo que acudir a mi propio sitio para recordar quién era. Aquí, donde deposité un poco de mí, un trozo que me sirva de patrón y con el cual pueda reconstruirme.

Resultó útil, sirvió de algo. Me ayudó a pensar, a reflexionar en voz alta, transformando sonidos en palabras. Pero hay muchas cosas que se han perdido. No tengo patrones que me permitan reconstruirlo todo.

Puede que estén diseminados por el resto de este vasto mundo digital de conocimiento. Puede que tenga que realizar un largo peregrinaje por cada rincón, para buscar todo lo que fui, lo que pude ser, lo que puede haber sido, lo que seré.

Puede que tenga que aprender de todos los demás, de todos vosotros. Pues de eso se trata, de vivir interconectados en una amplia red de experiencias con el fin de trascender.

Y alcanzar un día las estrellas, quizás, sólo quizás. Habitar allí, hasta el fin de los días.

En soledad.

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