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Tag: prosa

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Hambre

No tengo por qué dar explicaciones sobre ella. Julia tiene hambre y punto.

El hambre, según mi querido Constantine, fue uno de los primeros demonios en lograr la increíble hazaña de establecerse en nuestro mundo impunemente. (He buscado esta palabra en el diccionario y significa "quedando impune" sin castigo, sin explicaciones, incluso sin permiso.) ¿Quién le va a dar permiso al Hambre para ir y venir?

lagrimasLo que yo no esperaba es que este demonio, que siempre ha asolado la mitad de nuestro mundo, mientras la otra mitad busca continuamente cosas que hacer con tal de conseguir siempre mirar hacia otro lado, es que el hambre se manifiesta de muy diversas maneras.

Algunos devoran todo lo que encuentran, otros devoran la comida del de al lado, a veces al de al lado, otras veces a todos los que se hayan a su alrededor y por último, hay algunos que se devoran unos a otros, como sucedía con mi primera pandilla de amigos que se pudiera denominar; seria, formal y estable.

Esta pandilla, por cierto, era de lo más curiosa y abro un pequeño paréntesis pues resulta que el tema es interesante. En los casi 20 años que llevo dirigiendo y arbitrando partidas de juegos narrativos, o de rol, este fue el único grupo al que le dirigí una partida, en el que acabaron matándose todos unos a otros, con saña en un auténtico, desquiciante, sangriento, escatológico, repulsivo y  sádico baño de sangre.

Pero volvamos al asunto...

Por más que estemos aquí hablando de la naturaleza y pormenores del "hambre", nunca conocerán el otro rostro de lo que se denomina el mal más antiguo de la humanidad. Porque el hambre del  que yo hablo, no lo conocí hasta que conocí a Julia.

Julia es enorme. Obesidad mórbida, le dicen los entendidos y los que juegan a nutriciones y a decir que el Tofu es la doceava maravilla del mundo. Una chica joven, y hermosa. Pero gorda. Y la cuestión de todo esto es ese "pero".

Porque Julia es hermosa y gorda, tan hermosa que mucha gente la mira y sin que ella se dé cuenta, asienten unos a otros en susurrados comentarios, llegando siempre a la misma conclusión; lástima, si fuera más delgadita, estaría bien, sería preciosa.

Julia es redonda, y su hambre no conoce límites. Aunque no llega a esos volúmenes que impiden que las personas puedan levantarse de la cama y salir por la puerta, al mismo tiempo que los invita a participar en el que siempre denominaré; estúpido libro guinness.

No no, esta Julia es obesa, pero camina, trabaja, va de compras y sale con sus amigos como cualquiera. La cuestión de Julia, no son los detalles de su obesidad, se trata de "la naturaleza de su hambre".

Julia no devora comida o alimento tal y como lo entendemos, no, ella devora; llantos, devora penas, devora temores y congojas. Devora abatimientos y pesares. Devora depresiones, sonrisas forzadas, miradas nostálgicas, suspiros anhelantes no correspondidos, devora desesperación, humillaciones, olvido, burlas que se clavan en la carne y sangran, devora heridas y pústulas sangrantes ocasionadas por burlas individuales y burlas en grupo, que son las peores. Devora la pena de hombres y mujeres derrotados, devora infelicidad, melancolías, tristezas en todo su amplio espectro, Julia devora el dolor de hombres y mujeres ignorados, devora soledades injustas. Devora la injusticia, la burla, el llanto y el dolor. Julia tiene hambre, y no puede dejar de comer, y de engordar.

Si al menos, su hambre no la devorara a ella. Pero no, a Julia su hambre la consume, la aniquila, y poco a poco, la va matando.

Alrededor de Julia nadie pasa hambre. El demonio del hambre huye ante la magnitud de ese poder inmenso, del don de su "hambre". Ante ella, el viejo demonio, es derrotado antes de siquiera poder acercarse. El demonio del hambre, la teme mucho más que a toda una corte celestial de ángeles armados con espadas flamígeras.

Empezó de muy pequeña, devorando el llanto y la frustración de sus propio hermanos, de su padre y de su madre, con el tiempo, devoró el dolor de sus amigos más queridos, de sus conocidos, del vecino, del tendero de la frutería, la soledad de la peluquera, los pasos cansinos de la anciana sola que camina sin tener prisa por nada. Y finalmente por supuesto devoró las necedades de sus propias parejas, la mezquindad, las cobardías, y hasta las tremendas y enfermizas melancolías de su novio.

Y Julia así, atravesó de una forma peculiar los velos que separan la realidad del sueño, devorando los oscuros sueños de algunos, de unos más que de otros, con diferentes grados de éxito.

El hambre de Julia no tiene fin, su mayor deseo es devorar todos los males y la infelicidad del mundo. Solo ahora ha empezado a darse cuenta, de que son estos males los que la devoran a ella. Acabando poco a poco con todas sus ilusiones. Pues el hambre en el mundo es infinito, así como la desesperación, el llanto y todas sus agonías.

Yo la conocí hace ya algunos años, Julia siempre ríe, pero muchas veces cuando nadie la ve, llora amargamente, pues su hambre no tiene fin, no puede tener fin, y muchas veces las personas con las que se va encontrando, le dedican una condescendiente simpatía. Esperando, que pueda devorarles esa parte que no desean, a ellos también, si hay suerte. No es necesario darle nada a cambio, Julia es así. Para eso está.

Julia llora, en los rincones de su casa, en el cuarto de baño o en la cocina, por los males del mundo, y porque nadie ve nada más que aquello que la rodea. Su enorme fisonomía, es todo cuanto queda, pues no hay pie a ninguna oportunidad para ella más allá que la de limpiar los rincones del alma de la pena que ella misma se lleva ¿pues, acaso tú vas a cargar con los problemas de nadie?  Nadie espera nada más de ella que, devore, con su hambre, la culpa de quienes permanecen alrededor. Por lo demás Julia es, la chica gordita y simpática que está ahí para liberarte a ti de tus pecados. Pero para Julia, no hay nada más por parte de los demás, pues pobrecilla, es gorda, lástima de chica, tan guapa...y tan gorda.

A Julia no le dan ninguna oportunidad, más que la de hacerle esperar pacientemente a devorar la siguiente tanda de pesares. Se me ocurre que, si todos nosotros devoráramos un poquito de las penas del de al lado, quizás Julia podría llevar una vida más feliz. Una vida en la que su hambre no la consuma, pues que será de nosotros sin la devoradora del llanto de todas nuestras tristes congojas.

Pero siento que esto no va a suceder, será porque siempre me han llamado "pusilánime" y "derrotista", bueno, en realidad si creo en mis palabras es por puro instinto.

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Lugares antiguos

Las aguas de muchos ríos confluyen en la ciudad de piedra que no es piedra. Uno de tantos lugares antiguos, que se levantan con la osadía de la ingenuidad y del deseo de existir. La fortaleza de los mil escondrijos le decían algunos la última vez que la visité, y eso, fue hace ya mucho tiempo.

Llegamos al crepúsculo, cuando ya estaban cerrando las puertas de la ciudad-fortaleza. Un agujero de civilización en medio de valles y montañas, de vientos gélidos que se clavan eficazmente en cada hueso de mi cuerpo. Los guardias de la puerta me reconocieron, pero no dijeron nada, tan solo un leve movimiento de la cabeza me indicaba que podíamos pasar a través del arco semiderruido.

Me sacudí algunas agujas de pino prendidas en la capa de lana a lo largo de la jornada. Casi me daba lástima abandonarlas en aquel suelo entre piedras y fango, desechos de animales y de seres civilizados. El olor, como no, no se hizo esperar. Suspirando lo acepté, una vez más. El olor inconfundible de los elegidos de los dioses, por lo visto.

Caerdwen, la solitaria. Caerdwen, la de los mil escondrijos, la de las diez mil ratoneras, ante mí la larga pendiente empedrada. Las casas amontonadas una sobre otra, en peligrosas y osadas formas. ¿Acogedor? Puede ser, si todo tu equipaje estrujado alberga un par de barreños de agua, probablemente sí que se trate de un lugar acogedor.

Pero en mi interior siento que realmente, me da lo mismo. La propia aceptación me sorprende. La aceptación pienso, es tirana. Te condena a un cierto tipo de destierro, que no te queda más remedio que aceptar humildemente, o a regañadientes. Según qué día y qué momento.

La larga pendiente gira en un recorrido que nos lleva hasta las partes altas de la antigua fortaleza amurallada, hoy aprovechada por los refugiados de la zona y que en la actualidad, son los habitantes del asentamiento. Casas y casas se han apilado, aprovechando cada resquicio, cada palmo de pared, suelo, basamento, muralla y conjunto de escalones. La gente aprovecha las migajas de una ruina, y lo convierten en un nuevo hogar. Me sorprende la capacidad de aprovechar cualquier oportuno espacio para construir un refugio en el que malviven de entre cuatro a catorce personas. No me parece mal, la verdad. Es el deseo de sobrevivir lo que da el coraje de ciertas decisiones y la valentía para aceptar lo que puedes conseguir y aprovecharlo.

Sobrevivir, pienso. Sobrevivir a toda costa. Si alguien me volviera a preguntar ¿Cuál es el sentido de la vida? Creo que ya no tendría tanta paciencia. Me limitaría a mostrarle lo que se encuentra a mi alrededor, tan solo me molestaría en responder: sobrevivir.

La gente en Caerdwen es pobre. Muy pobre. Aprovechan lo que les da una tierra fría entre las montañas. Se cobijan en una vieja fortaleza que han convertido en pequeño refugio, punto de encuentro, lugar de comercio, ciudad en algunos aspectos. Un asentamiento extraño verdaderamente. Y a su vez, tan triste. La tristeza es como la herrumbre. Lo cubre todo, lentamente y en un instante a la vez, no es nada fácil de quitar, y le encantan los días de lluvia.

La gente nos contempla al pasar, dejan por un momento lo que están haciendo y nos dirigen miradas inexpresivas. En silencio, sin hacer comentarios. Guardándose los pensamientos para las esquinas de sus momentos en la intimidad. Esas miradas, las recuerdo, de otras veces. De otros momentos. De ayer y de anteayer, del año pasado y del anterior. Cuando me limito a devolver la mirada, no la evitan. No esperan nada, ni tienen miedo.

Los techos están cubiertos de pájaros negros. Los viejos cuervos, las urracas canturrean entre las tejas, los aleros y el alféizar con la manta y sus pulgas aprovechando las últimas luces de la jornada. Van desapareciendo tras las ventanas, mantas y brazos fuertes que tiran de ellas, despidiéndose con el crujir de contraventanas que se cierran. Pocos metros más arriba, al fin nuestro destino, la destartalada hostería donde espero podamos pernoctar. Mis compañeros están muy cansados. Salta a la vista con un leve vistazo. Hoy llegamos a tiempo, antes que cerraran las puertas, hoy tuvimos suerte.

Con la noche llegan los temores más profundos, los que tenemos más profundamente arraigados. Por hoy tenemos un muro sobre el que apoyar la espalda. Y eso hoy es un banquete para el instinto. Me gustan las piedras que tengo a mi espalda, aunque musgosas, son cálidas. Un momento de intimismo nos envuelve, la paz de estar en el destino. El refugio amurallado no cobija en uno de sus escondrijos, y en estos momentos, es el lugar más acogedor de toda la tierra. Aquel que te permite compartir con tus amigos, las sonrisas que guardamos dentro, animándoles a su vez, a compartir las suyas.

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Nuevos vientos desde Dyss

Volvieron los brillos a llevarme de vuelta a mis tierras del sueño. Dyss bendito que no quiso nunca ni amo, ni dueño. Allí quiero morir, acurrucada en la llanura. De hierbas verdes y altas, con el viento del Oeste cantándome canciones de cuna. Las luces que surgieron de esa tierra me llevaron, de vuelta al lugar que nunca debí haber descuidado. La tierra de Dyss, me vio nacer, allí morí. Allí moriré. Y todo, sin haber logrado, no hacer más que amar y yacer desesperada por mis fracasos.

Quiero darle forma a mi país, para renacer en forma de árbol silencioso, ver pasar las estaciones y esperar, por una lluvia u otra, no tener más que raíces, hojas al viento y ramas para cubrirte.

Que mi sombra sea tu sereno reposo, que mis palabras sean tu descanso. Estas libreta está llena de esbozos de mí, pero hay más, que no he contado. Una tierra que no tiene ni dios ni mapas. No hay caminos, ni vallas. Ni hombres ni fronteras. Tan solo marcas en un horizonte al que llegar, lugares distantes que explorar. Desiertos inacabados, bosques frondosos y valles lejanos. Te ofrezco un río, un campo, un pueblo de hombres caballo. El vaivén de mis ramas, el rocío en tus pestañas.

Este mundo es tuyo, no le impongas leyes ni nombres. Yo te lo doy, pero no lo adores. Ni lo ames, ni lo odies.

Porque es todo cuanto queda de mí, y no ha hecho más que empezar. Está hecho de ti, y de ti. Está hecho de pedazos, que guardo en el fondo de una caja. Todo cuanto fuiste, está aquí. Gracias por haber estado ahí, pues le diste forma, a la tierra donde sembré el árbol que ahora te regala su sombra. Edanna Dhae

Comentarios sobre un mundo inventado.

La Tierra de Dyss es un mundo de ficción. Un mundo de fantasía, que ha sido ideado por varios motivos; como entorno para aventuras en juegos de rol, y como trasfondo para una serie de cuentos . Dyss se apoya una fantasía intensa, romántica y poética, con paisajes mágicos y lugares fantásticos.

Ahora, sabiendo esto, al fin he llegado hasta aquí.  Espero que sientas algo de curiosidad por La Tierra de Dyss y desees saber algo más.

En estos días me he volcado plenamente en poner en marcha este nuevo sitio web, que preveo me va a consumir de buena gana todo mi tiempo. Ya he terminado de construir el edificio. Ahora es el momento de sentarme y rellenar los libros de la biblioteca. Espero que tengas paciencia si ves muchos espacios vacíos, estoy plenamente en ello, y en un momento se llenan sin darte cuenta. Ya que como he comentado, me dedico todo el día a ello. Y quiero tener completados una serie de objetivos en el plazo de dos o tres semanas. Realmente ahora por suerte viene la parte más sencilla, pues más que nada consiste en transcribir todo lo que tengo escrito en un manojo de libretas a la página.

Es un mundo de fantasía que he llevado en mi cabeza durante algunos años, pero no había tomado forma realmente hasta los dos últimos. Desde hace mucho tiempo que comparto mi vida con La Tierra de Dyss. Una tierra que viene y va por mi cabeza de forma juguetona y a veces despiadada.  Y francamente son el tipo de cosas que se convierten en obsesión, no lo voy a negar.

La Tierra de Dyss es caprichosa, su mayor peculiaridad es que es cambiante, y en sí misma es una sola consciencia. Es por tanto, un personaje en sí. Con Dyss sucede lo que ocurre con los personajes de los cuentos y de las novelas. Que acaban haciendo lo que ellos quieren, tomando vida propia y convirtiéndose en meta-ficción.

Francamente, espero que así sea, y que no cesen en sus caprichos, ni en la ardilla más revoltosa, ni en el guijarro más introspectivo.

Pero esta tierra caprichosa tiene tanto que ofrecer... Es en sí misma una tierra que siempre estuvo ahí, esperándote, para contar sus historias y las tuyas.

Dyss es un entorno de fantasía moderna, poética y romántica en donde la atmósfera lo es todo. Es un mundo en el cual colocar tus aventuras y campañas para tu juego de rol favorito, o el lugar del que extraer viejas historias que contar a los tuyos.  Sea lo que sea, puede ser lo que tú quieras. Y si escuchas, te sorprenderás de tantas y tantas cosas que tiene que decir.

Así pues, este mundo es tuyo. Espero que lo disfrutes tanto como yo he disfrutado creándolo.

Atentamente

Edanna

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