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La Niña Môrndum

Dyss, sello general

Al ser más antiguo del multiverso, poseedora de muchos nombres, entre los cuales destaca el epígrafe que muchos le atribuyen recordado como: “La que es una más entre muchos”, es mejor conocida como: “La Niña Môrndum”, o también: “Mâel Môrda”. Designaciones que evitan, de forma intencionada, emplear la expresión coloquial para definir a la entidad que representa al final de la vida, es decir, a “La Muerte”.

Mâel Môrda ya estaba allí en el momento en el que Morthid alcanzó a Kalessin fugitivo, poco antes de que comenzaran su lucha eterna, y allí estará cuando el cosmos emita su último suspiro. Pues será ella y sólo ella la última en apagar todas las lámparas, cerrar todas las puertas y marcharse. Môrndum fue la primera criatura consciente que estuvo presente en el multiverso y será la última en abandonarlo, desapareciendo sólo cuando todas las demás luces se hayan extinguido.

Dyss Mítica: MôrndumEn realidad la misión de Môrndum es muy simple, siendo a su vez la más dura de todas. Consiste en tomar de la mano a todo aquel cuya vida ha llegado ya a su punto final, al momento de su completa extinción, para poder así conducirle a través del umbral que le llevará más allá del multiverso, guiándole en un nuevo camino desconocido e incierto, hacia un lugar que, suponemos, continúa el tránsito de la existencia.
Nada ni nadie, ni siquiera Dyss, escapa a esta ley inmutable.

La Niña Môrndum es capaz de estar presente en todas partes y de habitar en muchos momentos a la vez en todo el multiverso. Eso quiere decir que hay una parte de ella que existe en incontables lugares al mismo tiempo de forma simultánea, cada uno completo e independiente del resto.

Por lo tanto, y aunque de nuevo resulte paradójico, calificaremos a La Niña Môrndum como extranjera en Dyss.

Para variar, sus orígenes son un completo misterio; basta saber que ella ya estuvo allí al principio y que estará allí al final. Como entidad es única e independiente, teniendo poco que ver con el resto de los Poderes. Môrndum existe más allá de la propia naturaleza de las cosas y nada puede afectarla. Se puede decir pues que se trata de una entidad común en todo el cosmos y que de alguna forma está relacionada con éste.

¿Eso significa que ella podría ser el dios único y verdadero que muchos creen que existe? Bien, sólo hay que preguntárselo. Hay quien lo hizo ―varias veces además―, y su respuesta fue siempre la misma: siempre se rio antes de contestar que, rotundamente, no.

Poco se sabe pues de esta criatura, sin embargo, es la que más adora comunicarse y expresar sus ideas. De todos los poderes presentes en Dyss, es Môrndum quien mantiene una mejor comunicación con Dyss, manteniendo ambas una relación muy especial y compartiendo juntas auténticas charlas que pueden tomar, cada una, numerosos racimos de tiempo.

Allí “se sientan” ―lo que es un recurso expresivo, obviamente― y debaten acerca de arte o de filosofía; puede que de religión; a lo mejor sobre la necesidad de las criaturas de la búsqueda del poder, de la gloria; o quizás también puede que comenten a qué debe saber un cometa que cruce los cielos por las cercanías en ese preciso instante…

¿Quién sabe? Puede que hablen de esto, puede que hablen de lo otro; pero siempre, siempre, tienen algo que compartir, siendo inagotables sus fuentes de inspiración. Algo comprensible si estamos hablando de una de las mayores consciencias que hay en el multiverso junto a otra que es, con diferencia, la más antigua.

No obstante, y a pesar de que comparten este tipo de relación, ni siquiera Dyss es capaz de comprenderla ni sabe aún de dónde proviene, lo que la intriga de una forma muy especial. Sólo sabe que cuando despertó, La Niña Môrndum ya estaba allí, a su lado.

Môrndum está muy, pero que muy lejos de ser lo que, de manera tradicional, se espera de aquel ser que está esperándote para ayudarte a cruzar el umbral de la muerte. La estereotipada figura de un ser oscuro y tenebroso se resquebraja frente a la visión de una niña humana cuya edad aproximada debe oscilar entre los ventosos últimos días de la pubertad y las primeras lluvias de la adolescencia. Una imagen, obviamente, que sólo obedece a un deseo tan suyo de mostrarse tal y como ella misma se percibe a sí misma; y por qué no, tal y como su propia naturaleza se expresa por sí sola.

Toda esta expresividad, que se manifiesta en formas y símbolos de vida y esplendor, tiene una razón muy simple: de todas las criaturas que existen en el multiverso, Môrndum es la que mejor entiende lo que la vida significa, y por ello, la que más la ama con diferencia. Por esa razón, más que a la muerte, Môrndum representa a la vida en toda su plenitud; algo que anhela experimentar por sí misma de forma periódica.

Por ello y por propia voluntad, durante un día completo, una vez cada estación, Môrndum se viste de mortalidad, habitando en el mundo para poder así experimentar lo que la vida significa y lo que implica tomarla en sus manos para llevársela. Como una más, es sensible a todos los efectos del mundo mortal, pudiendo sufrir todas las adversidades que son cotidianas en el mundo del día a día y, por supuesto, todas las afortunadas oportunidades que eventualmente puedan surgir. Un día que aguarda con ilusión, afán e impaciencia, y que siempre termina con ella desplomándose como cualquier otro, para desaparecer poco después, justo al finalizar la última hora del día.

A los ojos de los demás, no es más que otra niña que cae abatida por las penalidades de la existencia.

Por todo esto, no resultaría extraño el poder intercambiar unas palabras con ella si la casualidad, o algo más misterioso, concibe que nos crucemos en su camino un buen día, y ¿quién sabe?, puede que hasta pueda darnos uno o dos consejos; lo que no vendría mal siendo quien es.

Pero dado que se presenta, por lo general, bajo la forma que he descrito, es decir: como una niña humana, hermosa y delgada, de cabellos negros y tez pálida, que se encuentra en el despuntar de su adolescencia, no suele ser tomada muy en serio; o lo que es peor, a veces puede ser objetivo de la lujuria de algunos, lo que siempre termina resultando una catástrofe para el que se le ha ocurrido tener una tan mala idea.

Existe una región en Dyss que lleva su nombre y en la cual sus seguidores dicen haberla visto con  frecuencia. Aunque existen explicaciones para ello, serán tratados en el apartado donde se estudian las diferentes regiones que existen en el mundo. 

La Niña Môrndum ―aunque escucha y comprende― no desea seguidores ni enarbola estandartes; sin embargo, son incontables los que la siguen, o los que al menos, pretenden seguirla. No pretende que le rindan culto de ningún tipo ni muestra predilección por ningún tipo de armas que puedan ser empleadas en su nombre; no obstante, son considerables los que la tienen siempre presente en sus oraciones y esgrimen ingenios con el fin de hacer daño en su nombre.

Môrndum es reverenciada en muchos lugares y por muchos pueblos, y su especial conexión con Dyss la hace uno de los poderes presentes en el mundo más venerado; de forma especial por aquellos que se olvidan de que, antes de la muerte, hay toda una vida por descubrir.

Principios

La Niña Môrndum no dicta líneas de acción, establece preceptos o sugiere reglas de conducta. De haberla, probablemente sería algo tan simple como:
―No existe nada más valioso e imprescindible que tu propia vida, aprovéchala.

Poder mayor: exaltado
Origen: extranjero.*
Alineamiento: Verdadero neutral, (neutral).
Símbolo: El Ankh bajo la mirada de los ojos de Môrndum.
Colores preferentes: Negro azulado.
Arma predilecta: Ninguna.
Áreas de influencia: Muerte, destino, invierno, vida.
-Dominios D&D 3.X: Muerte, curación, suerte, bien.

*Sus orígenes son ajenos a Dyss.

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