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Tugal "El Enloquecido"

Dyss, sello general

Antes de pasar a describir al vigésimo Centinela, resulta conveniente recordar un momento las palabras que Idrys “El Profeta” legara a las voces de nuestra memoria hace ya mucho tiempo, estableciendo una de las dos condiciones que impuso La Gran Consciencia sobre todas las criaturas de nuestro mundo. Una prohibición que en Dyss debería haber quedado clara dada su extrema sencillez y que, sin embargo, resulta quebrantada con frecuencia. La ley nos dice que: “Bajo ningún concepto, ninguna criatura cruzará jamás el océano con la intención de alcanzar el Continente Periférico”. Un código que especifica con gran claridad que está prohibido tratar de arribar a las costas que en todas direcciones existen en algún lugar, más allá del mar.

Túgal "El Enloquecido"Si algo sabemos acerca de la naturaleza de los seres conscientes es que basta con que exista una prohibición para que la curiosidad se dispare, prospere y, en ocasiones, se transforme hasta en obsesión. Así les sucede con frecuencia a exploradores y aventureros, bravos espíritus ávidos de curiosidad, deseosos de poder descubrir el mundo a su alrededor y de, si es posible, poder también echarle mano a algunos de sus tesoros. No se les puede reprochar, ya que es uno de los rasgos que en ellos resulta más cautivador. No obstante, una condición es una condición, y las leyes se instituyeron para cumplirlas, aunque también esto suponga el poder quebrantarlas.

Cumpliendo con su papel, aquí es donde entra en juego Tugal, apodado “El Enloquecido” no sin razón alguna. El último en nuestro estudio acerca de los Poderes Centinelas que existen en Dyss, aunque no por ello el menos importante. A título personal, he de reconocer que junto a entidades como Dierdrath, Môrndum o Despina, Tugal es uno de los Centinelas que más me intrigan.

A “La Bestia Tugal” se le han asignado infinidad de nombres, pero la más conocida sin duda alguna es aquella que lo designa como “Krakistos”, la espantosa alimaña que acecha, oculta en los abismos del océano. Su sobrenombre de “El Enloquecido”, encaja perfectamente con su naturaleza, pues lo que Tugal representa es el horror más absoluto en su estado más puro. Si estuviese dotado de esa capacidad, Krakistos podría sentirse orgulloso de haber sido capaz de destilar hasta su grado más elevado de pureza todo el significado que encierra un solo concepto, y de haber sabido reflejarlo a su vez con tanta perfección. Quieran las bendiciones de nuestras dos lunas gemelas protegerte, librándote de que te encuentres con él alguna vez, pues su sola visión supone el principio de un rápido final; la aniquilación absoluta en cuestión de segundos.

Tugal es la tercera y última de las entidades Imago que intervienen como Centinelas en nuestro mundo. Una monstruosa entidad surgida del miedo irracional, capaz de manifestarse en la forma de un ser sobrenatural. El terror a los abismos del océano forma parte de las inquietudes más antiguas que todas las criaturas han compartido desde el principio de los tiempos. Un miedo que supone un poderoso arquetipo, fijado con hierro candente en el inconsciente colectivo que pasa de padres a hijos. Heredamos los horrores, puede que también hasta las pesadillas, y sus consecuencias vienen adscritas con ellas en nuestra memoria.

Surgiendo así, como una pesadilla tangible, la bestia Tugal deambuló en los comienzos de su historia por nuestro mundo sin rumbo ni propósito. Un sueño angustioso hecho realidad por mediación de la Gran Consciencia debido a unas razones que, como siempre, resultan inexplicables. El único motivo que le daba sentido a su existencia consistía en su ansia por destruir todo cuanto estuviese al alcance de sus sentidos. Un nivel de percepción, por cierto, que supera lo imaginable, al ser capaz de detectar vibraciones de muy pequeña intensidad ―como la caída al agua de un objeto de entre tres o cuatro metros cúbicos― a miles de kilómetros de distancia. Aunque la zambullida de un hombre no es suficiente, cualquier embarcación por encima de una chalupa cumplirá con las condiciones necesarias.

Dyss, al percibir las motivaciones tan simples por las que guiaba sus actos, y siendo consciente del daño tan terrible que producía su presencia, lejos de pretender erradicarlo le inscribió un propósito en su mente, la de servir de guardián con el fin de poder así mantenerlo bajo control. Se convirtió de esta forma en un Centinela más de nuestro mundo, uno que velaría por éste bajo unas directrices muy simples. Éstas fueron: “No permitirás que nada ni nadie alcance jamás las tierras del Continente Periférico”. Una tarea que, aunque al principio le costó trabajo aceptar, terminó asumiendo como su único propósito. Más allá de esa imposición, Tugal estaría obligado a permanecer siempre confinado ―por voluntad propia― en el fondo de los abismos en estado latente, a la espera; durmiendo, pero siempre al acecho.

¿Una injusticia? ¿Un capricho del mundo quizás? Bien, antes de emitir un veredicto es necesario tener clara la noción de que nuestro mundo, más allá de las tierras del continente exterior, se fragmenta más y más hasta no ser más que las hilachas de un concepto que se queda siempre a medias de poder ser descrito. Es decir, nuestro mundo se termina en algún lugar remoto de las tierras heladas de Conundrum. Por otra parte, es inútil tratar de destruir un temor primigenio inscrito en la consciencia de todos los seres. Por mucho empeño que hubiese puesto en tratar de erradicar su presencia, éste siempre hubiera vuelto a surgir, pues todos llevamos una parte de él en nosotros a lo largo de nuestra vida. ¿Podría el mundo decidir entonces el no hacer tangible esa parte de nuestras pesadillas? Lo siento, pero para eso yo no tengo una respuesta, pues el proceso que le guía a querer hacer realidad nuestros sueños, nuestros pensamientos y nuestras pesadillas supone aún un completo misterio para todos nosotros.

No obstante, eso no significa que su manifestación tangible ―o Imago― sea indestructible. Con el poder suficiente es posible aniquilar su presencia física; o al menos, es posible hacerlo durante un tiempo pues, siempre que es destruido, Tugal vuelve a surgir algún tiempo después. No se trata de que tenga que reunir fuerzas para poder hacerlo, sino que ya nos encargamos todos nosotros de traerlo otra vez de vuelta. El concepto que lo hace real siempre está ahí, siendo una semilla inmortal en nuestro inconsciente colectivo.

KrakenTugal se manifiesta en nuestro mundo bajo la forma de un ser gigantesco, de unos mil cuatrocientos metros de longitud, semejante a un octópodo monstruoso. Pero sus formas varían ya que, al igual que Untumo, su imagen fluctúa, oscilando sin cesar. Los pocos que lo han visto, y han sobrevivido para contarlo, lo describen como una sucesión muy rápida de imágenes parecidas a las de una linterna mágica que se superpusieran una tras otra, fluctuando y parpadeando sin cesar; como si faltaran imágenes para poder mostrar una imagen nítida. Supone pues su aparición el borrón vacilante de una idea imprecisa debido a que el concepto que se tiene de Krakistos difiere en muchos casos de una criatura a otra. Por lo tanto, existen muchas ideas distintas acerca de qué es y de cómo es su forma, por lo que nunca termina de quedar definida.

Está dotado de una extraña naturaleza eléctrica, un claro efecto que resulta visible en forma de intensos arcos de corriente que, centelleando, se retuercen saltando por toda su fisonomía. Esto provoca que se muestre como un ser luminoso en la oscuridad de la noche, de una forma tan cautivadora que esa misma belleza, la misma que en ocasiones se encuentra adscrita al horror, ha supuesto ya la perdición de muchos necios en numerosas ocasiones al haber quedado impresionados por su grandiosidad. Cuando está bajo la superficie, los relampagueantes centelleos y la efervescencia de las aguas son los heraldos de su presencia; una muestra de lo que se avecina y que sólo precede a la destrucción.

Basta el movimiento de uno de sus apéndices para hacer desaparecer todo cuanto existe sobre la superficie de las aguas hasta donde alcanza la vista en cuestión de segundos. Por otra parte, esparce una substancia venenosa de color oscuro que aniquila toda vida sobre la superficie en un radio de varios kilómetros; basta que ese ingrediente entre en contacto con la piel para resultar afectado, muriendo sin remedio a los pocos minutos.

La bestia Tugal no mantiene relación con ningún otro Centinela ni con criatura de ningún tipo, actuando siempre por cuenta propia. Es más, un encuentro entre Tugal y Uro supone una batalla que puede mantenerse durante días, levantando ambos inmensas olas que consiguen hacer naufragar a los navíos en muchos kilómetros de distancia. La rivalidad entre ambos no tiene razón ni lógica alguna para nosotros, precipitándose el primero contra el segundo nada más entrar el hijo de Morthid dentro del alcance de sus sentidos. Si tal cosa ocurre, Tugal embestirá al poco tiempo a su oponente, preso de una furiosa necesidad por aniquilar cuanto antes a su mortal enemigo. La batalla casi siempre termina en tablas, retirándose cada uno a su más oscuro escondrijo para recuperarse, yaciendo durante muchas lunas de Irina, hasta que el azar ―o algo más que desconocemos― decide que hayan de encontrarse de nuevo.

No es complicado llegar a la conclusión de que ambos comparten algunas cosas en común; una de ellas es que, al igual que Uro, Tugal es capaz de crear a su propia progenie, no precisando de la interacción con ninguna otra criatura para ello. Unos seres que se asemejan tanto a su progenitor que poblando las profundidades del océano se llevan consigo los deseos y las motivaciones de aquel que les ha dado la vida, pues su única meta consiste en sembrar el terror en los océanos allí a donde vayan. Cada trescientos ciclos se desprende de su cuerpo la simiente de sus vástagos entre los aullidos desgarradores de su progenitor, un bramido angustioso que se prolonga durante dos novenas, capaces de helar la sangre a quienes tienen la mala fortuna de tener que escucharlos. Parece que sea ésta una ley inmutable que se halle presente por todo el multiverso; una que de forma tácita siempre nos recuerda que jamás traeremos vástagos al mundo sin sufrir dolor.

Una vez se han desprendido de su cuerpo, éstos se hunden hasta el fondo del océano, donde reposan en estado latente a lo largo de veintidós ciclos de Inanna. Finalmente, emergen al mundo bajo la forma de un ser completo y lo que es más importante, un ser real, pues no se trata de un Imago producto de los sueños de ningún otro ser. Por suerte, ninguno de ellos consigue alcanzar ni su tamaño descomunal ni su fuerza, aunque sigan constituyendo una amenaza para pequeñas embarcaciones. Tugal, de esta forma, impone sobre el mundo un muy intenso deseo suyo por proclamar su autonomía, exigiendo la potestad de poder existir al margen de ningún tipo de condición, y de la idea que tenga ninguna otra criatura acerca de él.

Pero a semejanza de Uro, Tugal oculta un profundo secreto. Es muy consciente de su aislamiento y por ello ya sólo ansía una cosa: morir al fin, de una vez y para siempre. Su soledad lo enloquece, pues sabe que jamás podrá encontrar a ninguna otra criatura semejante a él, y que el motivo de su existencia no es más que un capricho carente de sentido alguno. Una contradicción más que de nuevo encontramos entre los Centinelas. Por ello, ya hace mucho que anhela su propia autodestrucción, un deseo que a su vez lo enloquece todavía más. Pero aún logrando alcanzar su ambición, su ciclo constante de muerte y resurrección se lo impide, lo que lo ha convertido en una de las criaturas de nuestro mundo que más sufrimiento guarda en su interior. Morir, morir y desaparecer al fin, un deseo suyo que es en vano, pues por muchas veces que perezca, siempre vuelve a resurgir una y otra vez al ser proyectado desde la mente inconsciente de las criaturas vivientes. Dyss es muy consciente de ello, encontrando en su soledad un reflejo de algo que también lleva en sí misma. La angustia de una pregunta cuya respuesta se mantiene aún en silencio y para la que no sabe si algún día habrá un final o terminará obteniendo algo distinto. Debido a ello, no sólo permite su existencia, sino que procura protegerlo de todo mal, aún siendo consciente ―o no― de que esto, a nuestros ojos, pueda ser percibido como una crueldad.

Sus seguidores, tan anárquicos como su señor, deambulan por el mundo sin organización ni propósito, incapaces de trabajar en equipo de una forma medianamente eficaz. Vagando, sobreviven como pueden tratando de enseñar su doctrina ―que se resume en unos pocos principios básicos― a quien quiera escucharles en las pequeñas poblaciones que se lo permiten o por los arrabales de las diferentes comunidades que frecuentan. Así, viajan de una comunidad a otra, convencidos de que todo el poder que son capaces de alcanzar unos pocos de ellos mediante la injerencia de su dueño ante la Gran Consciencia está destinado a un propósito que sólo el futuro les podrá revelar. Mientras tanto, aguardan la llegada del gran día apoyados en las palabras que se guardan en su libro sagrado. Un tomo que, al haber sido copiado tantas veces tergiversando y confundiendo conceptos, ofrece ya a estas alturas un número tal de profecías inconexas que, para cualquier curioso que pretenda echarle un vistazo, no resulta más que un compendio de sandeces sin sentido alguno.

Con Tugal se cierra así nuestro círculo, una de las tantas paradojas que existen en este hermoso mundo en el que vivimos; pues lograr compadecerse por una bestia tan aterradora significa, sin duda alguna, una de las muchas llaves que puede que nos conduzcan algún día hacia Lavondyss.

Principios

— La destrucción es el final último del cosmos pues todo vuelve una y otra vez a ese estado. ¿Por qué esperar? Cuanto antes lleguemos a nuestro estado final, más pronto estaremos preparados para el paso siguiente.

— Sólo destruyendo lo nuevo, proteges nuestro legado. Sólo destruyendo cuanto dejamos atrás somos capaces de avanzar.

— En el éxtasis que sobreviene tras la destrucción se encuentra el auténtico conocimiento, pero hay muchos que deseando ese conocimiento para sí mismos, condenan la belleza que existe en el caos puro.

— La auténtica muerte sólo está presente cuando no existe transformación, la destrucción es pues su instrumento.

Arquetipo: El terror ancestral hacia los océanos. La bestia marina.
Poder menor: nómada.
Se asocia al género: Masculino.
Origen: Imago.
Alineamiento: Caótico malvado, (malvado).
Símbolo: El sello de Tugal: un octópodo monstruoso.
Color preferente: Tonos rosáceos y rojizos, marrón, rojo óxido y amarillo.
Arma predilecta: Látigo de 8 colas y todo tipo de armas contundentes articuladas.
Áreas de influencia: Oscuridad, veneno, aniquilación, destrucción, fuerza, caos, locura, agua.
-Dominios D&D 3.X: Caos, muerte, destrucción, mal, guerra, fuerza, agua.

 

*Con Tugal, termina nuestro estudio de los veinte Centinelas que existen en Dyss.

Edanna, sello personal

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Despina “La Dama del Delirio”

Dyss, sello general

A la imagen de fuego del Colibrí sobre el Rosal, símbolo por el cual Despina es muy conocida, se le atribuyen más de setenta denominaciones entre motes, apelativos y títulos de distintas clases; pero aquel por el que resulta más familiar es bajo el sobrenombre de “La Dama del Delirio”, apodo que expresa pero que muy bien toda la naturaleza caótica de su dueña; la decimonovena (y penúltima) entidad que en Dyss actúa como Centinela.

Al igual que muchos otros de su misma clase, Despina está dotada de la capacidad de poder estar en múltiples sitios a la vez, por lo que se trata de una muy intensa fuerza espiritual que puede hallarse con facilidad en muchos rincones de nuestro mundo. No obstante, ésta sigue siendo una entidad que se encuentra sujeta a los rigores del mundo físico, debiendo actuar pues en consecuencia. Esto constituye una suerte pues, de la misma forma que Túgal (lo que no deja de ser algo irónico puesto que forman parte del grupo de “Los Centinelas”), Despina precisa de mantener sobre ella una constante vigilancia en todo momento; una tarea que se han impuesto otros Poderes, habiéndolo asumido como una parte más de entre sus muchas responsabilidades. De ellos, los más comprometidos con esa misión hasta el momento han sido: Rhiatan, Edith y Dierdrath, siendo la primera de las tres la que ha adoptado un papel mucho más activo como madre adoptiva o “tutora” de otra entidad; un espíritu incapaz de autocontener toda la fuerza emocional que compone su naturaleza.

Despina "La Dama del Delirio"Así, sobre La Dama del Delirio o “de la Llama” ―como es también conocida en muchas culturas al Este de nuestro mundo―, mantiene siempre su atención, y en la medida de sus posibilidades, Rhiatan, que actuando como la madre adoptiva de lo que podríamos llamar un semidiós, vela por una hija que vive por y para la exaltación, el capricho y la locura.

Junto a ellas, Despina sostiene también una muy estrecha relación con las dos hijas de Lugh, nuestras dos lunas. Así, suele mantenerse muy cercana a ellas de la misma forma que junto al Viajero Errante, Andróval, del que ya he comentado que albergo la sospecha de que se trata de una manifestación de Lugh (aunque nuestra estrella más brillante no dé muestras de hallarse en otro estado que no sea el de un constante letargo). Todos ellos tratan siempre de protegerla, obedeciendo incluso a sus caprichos en numerosas ocasiones por razones que desconozco.

Según se cree, Despina se trata de otra entidad Extranjera que de entre todos los Centinelas es la que menos tiempo lleva entre nosotros (siempre dentro de su propia escala del tiempo, claro está); por lo que podemos decir que se trata del más joven de todos ellos con diferencia. Pero, al margen de lo que los mortales podemos entender por “juventud”,pienso que sólo se trata en realidad de otro de los muchos aspectos de una entidad mucho más antigua, siendo la parte de ella que ha decidido estar presente en nuestro mundo lo que resulta joven, según nuestra propia percepción del tiempo. Los mortales, como en muchos otros casos, al ser incapaces de comprender muy bien todas estas cuestiones sólo podemos tratar de hacer conjeturas mediante el uso de ciertas similitudes como, por ejemplo, el considerar que Despina es el vástago de otra entidad mayor, una entidad “Madre” mucho más antigua y poderosa que se halla presente en todo el multiverso. Una similitud que ya hemos empleado de forma similar con otros Centinelas tales como Môrndum o Stiabhan.

Por otra parte, algunos piensan que Despina es la misma encarnación de la propia locura del mundo, un estado que va siempre paralelo al de su lucidez, formando ambos una pieza más de la mente tan hipercompleja que posee nuestro mundo; un complicado proceso que ya estudiaremos en alguna otra parte. Otros creen que fue precisamente esa misma locura la que, propagándose por todo el multiverso como se despliegan las ondas en un estanque, atrajo a la entidad de la que una vez partiera aquello que fuese que es lo que hace real a nuestra Despina, habiendo tomado un día así la decisión de querer llegar hasta nosotros.

¿Y para qué? ¿Para qué querer entonces llegar a este recóndito rincón del cosmos? Supongo que para poder aprender de todo su tan complejo árbol de realidades; pues lo que más atrae a Despina es precisamente esa misma naturaleza consciente que posee nuestro mundo, una complicada estructura de pensamiento que existe en un estado abstracto de múltiples escenarios temporales pero que al mismo tiempo resulta tan real, y que a nuestra excéntrica Centinela tanto le fascina. La respuesta a esta pregunta es pues: por curiosidad. Algo que podemos entender muchos de nosotros a la perfección, ya que no por nada nos arriesgamos más de una vez a caer más allá del borde de nuestro mundo, si Túgal no ha conseguido despedazarnos antes.

De acuerdo con su ideología, el éxtasis del verdadero conocimiento se obtiene al tratar de mantener una existencia que esté alejada por completo de la realidad. Un estado de exaltación que se produce al salir, literalmente, de los ramales de nuestro Árbol del Tiempo o, dicho de otro modo, del flujo normal de los acontecimientos. De esta forma Despina persigue habitar en algún lugar entre las distintas realidades del Gran Árbol, extasiada ante la diversidad de todas sus variantes. Esto le permite contemplar el flujo del orden natural de las cosas en conjunto y no de forma lineal, lo que según ella conduce a la catarsis del auténtico saber. Algo que, como ya hemos visto, pretende también La Jagath, aunque debido a una serie de motivos muy diferentes. 

Esto supone un estado alterado de la consciencia que a nosotros, criaturas del mundo físico, puede resultarnos muy familiar y que puede hacer que, al tratar de entender su filosofía, nos sintamos tentados a pensar que lo que Despina pretende es mantenerse en un estado parecido al que a nosotros nos ofrecen las drogas. Bien, nada más lejos de la realidad; su pensamiento no tiene nada que ver con tratar de auto engañarse intentando alterar el curso de la mente y de sus percepciones. Una práctica muy común, sin embargo, entre sus seguidores ya que la mayoría, confundidos ante la verdad que se esconde tras su auténtica doctrina, practican con devoción un misticismo basado en tratar de permanecer el mayor tiempo posible en el estado de completa embriaguez que provocan todo tipo de drogas alucinógenas, además de los más variopintos mejunjes capaces de hacer bailar hasta a los muertos, logrando incluso que estos crean tocar con la punta de sus esqueléticos dedos la estrella más distante que se halle en el firmamento.

No obstante, deberíamos tratar de no ser muy duros con ellos pues es sabido que el poder escapar ―en la práctica― del curso normal de la realidad no es algo que esté en manos de la mayoría de los mortales, siendo una técnica que sólo pueden realizar aquellos seres dotados de la habilidad de poder cambiar de fase y, por supuesto, mediante el uso de las encrucijadas.

Pero siguiendo con el tema que nos ocupa, de la misma forma que Stiabhan considera que lo que percibimos como la realidad del mundo no son más que quimeras, una ilusión en un estado de continua transformación, Despina piensa de igual manera, con la diferencia de que para ella es necesario tratar de interiorizar toda la energía que se desprende justo en el momento en el que los cambios se producen. Algo que sucede en todo momento en todos los rincones del cosmos. Así pues, según su forma de concebir el multiverso, no basta con sentarnos a contemplar cómo se van sucediendo los diferentes cambios, sino que debemos tratar de hacerlos nuestros, fundiéndonos con ese orden natural y tratando de vivirlos de forma activa. Así, La Dama del Delirio pretende vivir el éxtasis que sobreviene cada vez que se produce una pequeña alteración en el multiverso, por muy pequeña que sea, cuyos efectos son capaces de propagarse a lo largo de los múltiples ramales de nuestro Gran Árbol.

Para poder percibirlos es una condición necesaria el mantenerse ajeno a las diferentes realidades, es decir, tratar de no formar parte de ninguno de los ramales. Conseguirlo ya es otra cuestión pero que muy diferente requiriendo, como he dicho, del uso de ciertas habilidades, o bien a través del poder de la Ellam Yua…, con todas sus consecuencias. ¿Una droga gracias a la metafísica? Probablemente sí, y también sea en parte una forma bastante buena de tratar de sintetizar una serie de conceptos que de otra manera quedarían olvidados en polvorientos libros de filosofía que nadie leerá jamás.

Otro aspecto de su doctrina reprocha que el pensamiento lógico, arraigado en nuestra forma de pensar, nos conduzca  a través de una serie de estructuras de pensamiento encadenadas bajo el esquema de que una cosa es consecuencia de la siguiente. Según la forma de pensar y de actuar de nuestra Dama del Delirio, el pensamiento debe ser un salto sucesivo de elementos conceptuales que van construyendo un árbol imaginativo de soluciones e ideas, y éstas no deben ir necesariamente encadenadas de manera lógica las unas con las otras. Así, para La Dama del Delirio la razón debería ser una sucesión de ideas espontáneas, y no un árbol de decisiones basadas en el pensamiento metódico.

Tras tanta soporífera filosofía, lo que resulta importante en realidad es lo que los Poderes que se hallan en nuestro mundo significan para nosotros, algo que depende de las distintas visiones que tiene cada uno del cosmos. En este caso, lo que La Dama del Delirio significa para muchos es la imagen de la alegre e inocente doncella que con su gracia divina logra hacer resplandecer nuestro mundo, logrando que podamos olvidar todos los pesares de una existencia que, según creemos, merece algo mejor. Despina nos muestra que el estado de la alegría constante que merecen nuestras vidas puede ser real. Trata de enseñarnos que la pureza es posible, ya que no todos los aspectos de la vida deben pasar necesariamente por tener que aceptar que allí siempre habrá también corrupción. Nos trae pues la esperanza, y nos descubre la belleza que hay en el mundo al vivir el éxtasis de poder contemplar el devenir de la existencia. Vivir y poder describirlo es pues vivir en el éxtasis y, por lo tanto, alcanzar la propia felicidad.

La Dama del Delirio nos recuerda así, resultando una enseñanza muy importante de su doctrina, que en realidad no necesitamos Lavondyss en absoluto, teniéndola a nuestro alcance en el quehacer cotidiano, cada día de nuestra vida. 

Pero toda esa alegría lleva también consigo el dolor ante una adversidad que muchas veces se pretende ignorar, ya que tendemos a querer ignorarla procurando autoengañarnos mediante una forzada inocencia. Despina así intenta también alertarnos acerca de los peligros de la falsa inocencia que se esconde tras un positivismo desesperado. Es decir, de tratar de ver siempre lo bueno allí donde no existe, debiendo en su lugar de aceptar con templanza las cosas tal como son. Este es el significado de la locura para nuestra Dama de la Llama o del Delirio, la amargura que resulta de vivir en el autoengaño. Una enseñanza que nos llega de manera indirecta al forzar el contradecirse a sí misma (aunque sospeche que se trata de algo muy consciente por su parte). Debemos tratar de entender que la base de todo su mensaje es precisamente su propia contradicción, ya que Despina pretende reírse al mismo tiempo de cualquier tipo de doctrina.

La Centinela supone pues un reflejo contradictorio de nosotros mismos. Un grupo de seres que actuando de forma similar al enfocarse en sus propios deleites, obvian las cosas más básicas, lo que tienen y a quién tienen en torno suyo. Mientras, tratan de evolucionar, lo que los aleja más y más de lograrlo. Resulta irónico que muchos de sus seguidores no consigan entender esto jamás, haciendo exactamente todo lo contrario a lo que ella pretende expresar, y llevando una vida de constante embriaguez mientras, inútilmente, tratan de asimilar su doctrina.

Pese a toda la verdad que de manera irrefutable hay en ésta, a mi juicio, Despina no deja de ser también una figura trágica debido al uso de la contradicción sobre la que se fundamenta toda su doctrina. Su estado de delirio la aleja de lo que realmente importa en nuestra existencia cotidiana, y que no son más que los sucesos de nuestro entorno más inmediato. Es pues un ejemplo de cómo las abstracciones del pensamiento consciente pueden lograr que perdamos el sentido de cuanto nos rodea. No obstante, nos recuerda que vivir bajo la preocupación constante ante lo inmediato nos distrae de poder encontrar así la felicidad; algo que de poco le sirve a ella misma, pues siempre se halla en un punto indeterminado entre ambas verdades, suspendida entre dos aguas.

Entonces, si vive alejada de su realidad inmediata, ¿qué nos enseña? Despina constituye por sí misma todo un símbolo, puesto que nos muestra que no todas las respuestas se encuentran tras el uso del pensamiento lógico, existiendo la sabiduría en muchos otros lugares; territorios de los cuales no somos conscientes, pues vamos distraídos debido a las preocupaciones. Nos enseña también a buscar nuevas miradas, a poder extasiarnos ante cosas a las que nunca seríamos capaces de prestar atención; rincones de los que podemos extraer importantes enseñanzas.

Puede resultar pues muy útil el tratar de mostrar algo más de atención a todos aquellos a los que llamamos locos ya que, como nos recuerda un dicho popular: “Tras la mirada del perturbado puede hallarse uno de los muchos caminos que conducen a la auténtica sabiduría”.

Principios

— La sabiduría que proviene del uso de la lógica nos engaña. Déjate llevar por el delirio y experimenta así todo cuanto éste tiene que ofrecerte.

— Define al mundo bajo tres aspectos: deleite, locura y abandono en el delirio; lo demás viene por sí mismo.

— Sólo considerando el revés de todo cuanto das por sentado y dejándote llevar por tu instinto, conseguirás la llave que te permite acceder a Lavondyss. Pero ¿quién desea un mundo perfecto? De la perfección no se aprende. No busques Lavondyss más allá de ti mismo, pues no lo vas a encontrar.

— Destruye todo cuanto eres renaciendo cada mañana; date a la luz y a la alegría que hay tras la oscuridad. Así te preparas para ser alguien distinto cada jornada, tras la larga noche.

Arquetipo: La doncella inocente, portadora de alegría.
Poder menor: Nómada.
Se asocia al género: Femenino.
Origen: Extranjero.
Alineamiento: Caótico neutral, (neutral).
Símbolo: Un colibrí libando de una rosa con espinas o de un rosal ―la flor de espinas―.
Color preferente: Amarillo, rojo, violeta  y naranja.
Arma predilecta: Armas arrojadizas pequeñas.
Áreas de influencia: Locura, primavera, belleza, caos, suerte, amor, confusión, aire.
-Dominios D&D 3.X: Caos, bien, curación, suerte, aire.

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Stiabhan “La liebre bajo la luna”

Dyss, sello general

Tratar de definir a Stiabhan supone todo un desafío puesto que el Centinela de las pequeñas cosas es poseedor de tantos rostros como de actitudes ante la vida, mostrando conductas muy diferentes ―en ocasiones completamente opuestas― hacia los numerosos aspectos que determinan la existencia. De todos los Centinelas es el que más variaciones sufre en cuanto a las motivaciones que guían su conducta, lo que le conduce a embarcarse en tareas cuyos objetivos pueden resultar de lo más dispares. Por si fuera poco, y no está de más el saberlo, de todos los Poderes Nómadas es el dueño del temperamento más impredecible.

Stiabhan "La liebre bajo la luna"En el momento de estudiar a Uro ya aprendimos que su comportamiento sigue un patrón caótico, aunque éste no sea nada comparado con el de Túgal, como veremos más adelante. Sin embargo, ambos deben su forma de actuar a una naturaleza que, si bien en el primero se halla cimentada en base a sus propios conflictos internos, en el segundo es debido al mismo concepto primario del que se compone su esencia, constituyéndose como el reflejo o la imagen de una sola idea, esto es, del terror atávico que poseen las criaturas hacia los océanos. Por ello podemos decir que ambos son bastante previsibles.

Stiabhan, en cambio, está sujeto a sus propios cambios por convicción, habiendo elegido el concepto de variabilidad como una forma de pensar y de actuar. Este sentido que lo define está pues presente en su naturaleza por su propia voluntad.

Para Stiabhan la existencia, y por extensión la vida, es un cambio constante. Nada jamás es lo que parece, estando todo siempre oculto tras el velo de nuestras propias percepciones; por lo tanto, no hay más verdad que la que cada uno posee para sí mismo. Para él, la existencia no es más que la transformación continua de una ilusión. Eso no impide que tengamos que proteger y cuidar los elementos que constituyen nuestra realidad, aunque esto pueda mostrarse bajo diferentes matices y sea, en muchas ocasiones, una activa fuente de conflicto, ya que es terreno fértil para que surjan numerosas contradicciones.

Pero no hay que confundir el término “cambio” con el de “caos” ya que ambos conceptos suelen ser malinterpretados con muchísima frecuencia. El cambio en sí mismo constituye un proceso que, mostrando un comportamiento cíclico, busca mantener una estructura ordenada aunque muy compleja. Esto quiere decir que existe una tendencia natural del cosmos a querer ordenar el caos a través de cambios que se suceden de forma continua, y que esa búsqueda del orden muestra un comportamiento cíclico. El caos puro es, sin embargo, desorden sin motivo, destrucción y olvido. Bajo esta filosofía, Dyss es uno de los resultados ―puede que un objetivo final― de todo ese esfuerzo del cosmos por querer crear estructuras hipercomplejas, configuraciones ordenadas de la materia que cambian sin cesar describiendo bucles cíclicos.

En este sentido, Stiabhan comparte una filosofía muy similar a la de Curadhan, siendo también muy consciente de su propio papel como guía en un mundo de ilusiones, ya que ambos han asumido ese aspecto cíclico de la naturaleza como la base sobre la cual se fundamenta todo su pensamiento. La diferencia es que para Stiabhan el resultado de todo cuanto percibimos al final no es más que un espejismo, pues no existe la verdad en ninguna parte ni una realidad absoluta, nunca. Ni siquiera existe un conjunto o árbol de realidades que podamos considerar fijos, ya que todo está determinado en base a una interpretación que hacemos de cuanto nos revelan nuestros sentidos. 

En honor a este concepto, Stiabhan ha decidido ser una criatura siempre cambiante que, en la forma de una representación viva de los ciclos que sigue el multiverso, le ofrece al mundo un reflejo de ello como una muestra de su intención por querer sostener todo ese ciclo inmutable, aunque esto suponga cuestionar ciertos principios éticos, enfrentándose muchas veces a dilemas de muy difícil respuesta.

Se le suele representar bajo la figura de una liebre blanca que, por lo común, se halla corriendo bajo la luna; un símbolo de la fortuna que a través de su color trata de expresar la pureza de un mundo libre de ataduras, sin ideas que estén orientadas hacia ninguna verdad inmutable; toda una declaración de libertad y de principios. Huelga decir que Stiabhan no conoce otra entidad a la cual sienta deberle ningún respeto que no sea a la propia Dyss.

Pero el símbolo más común, y por el que es mucho mejor conocido, es el de las tres liebres corriendo juntas que completan el interior de una rueda. Cada una de ellas comparte la imagen de una de las orejas de sus compañeras, por lo que siempre vemos sólo tres de ellas formando un triángulo. Una clara alusión a su naturaleza dual, a las tres esquinas del multiverso y a que…, nunca nada es lo que parece. Un símbolo que expresa la importancia de la naturaleza cíclica de la que ya he hablado, y que se halla tan presente en todos los aspectos de nuestra existencia.

Debido a la imagen simbólica por la que resulta tan familiar, en el Norte se le venera bajo el nombre de “La Liebre”, apelativo por el que es conocido también en todas las tierras del Oeste. Precisamente allí, es también denominado “El Comediante”, que con sus muchas habilidades cuenta los hechos de la historia, logrando que éstas lleguen antes al corazón que a nuestros ojos y oídos. En otros lugares, especialmente en el Este y en el Sur, es también llamado Anansi “El Embaucador”, que a través de su astucia y de sus muchos trucos, logra siempre salirse con la suya. En muchas de estas regiones es representado bajo la figura de una araña común, tan presente en nuestros hogares, símbolo de suerte y de prosperidad. Entre las gentes del Viejo Pueblo es más conocido como Sîlas “el Farsante” al que, con una clara intención de sarcasmo, se le denomina también: “El amigo fiel”.

La liebre bajo la lunaEn algunas ocasiones es confundido con la entidad de Curadhan ya que, como hemos visto, ambos comparten una serie de atributos relacionados con la naturaleza cíclica de la existencia, aunque cada uno lo haga bajo su propio punto de vista. A su vez, de forma esporádica, ambos son confundidos en ocasiones con la imagen del Hombre Verde, un ser que, sin formar parte del grupo de los Centinelas, se trata de una entidad muy poderosa que existe en Dyss, siendo un espíritu que habla por la propia naturaleza. Con frecuencia, éste trabaja en perfecta armonía junto a Curadhan “El Ciervo de Cullegh”.

Pero lo más interesante acerca de Stiabhan es que se trata de una entidad dual al ser el único de los Centinelas que existe bajo dos formas al mismo tiempo, siendo cada una de ellas única e independiente. Esto no tiene nada que ver con la capacidad de muchos de los Centinelas de poder estar presentes en varios sitios a la vez sino que, de forma literal, existen dos Centinelas llamados Stiabhan. Se trata de dos formas que, siendo completamente independientes y siguiendo las directrices que les dictan sus propias motivaciones, actúan cada una por separado. Por fortuna, suelen trabajar juntas, perfectamente coordinadas la mayor parte del tiempo, del mismo modo que lo suele hacer una pareja de gemelos exactos.

Uno de sus aspectos existe bajo su forma original, la de un extranjero que un día llegó a nuestro mundo procedente de más allá de los círculos de Dyss.  Su otro aspecto es de una naturaleza muy diferente, ya que existe bajo la forma de un Imago que fue concebido por el primero, es decir, un imago que fue creado por sí mismo. Porque Stiabhan, al menos el Stiabhan original es, en efecto, un extranjero que, según sus propias palabras, llegó a nuestro mundo hace mucho, mucho tiempo, huyendo él también de algo inmenso, de algo  terrible, de una entidad asfixiante que es el comienzo, en muchos aspectos, de una historia que parezca querer ser contada una y otra vez, ya que nos la encontramos con frecuencia. Puede que por ello se trate de una historia que esté a su vez dotada de consciencia propia, y que por ello esté reclamando su derecho a ser escuchada.

Ya sea esto motivo suficiente o debido a diferentes razones, lo cierto es que la consciencia de Stiabhan fue capaz de crear un Imago de sí misma. Una de las pocas criaturas que en Dyss ha sido capaz de hacer algo semejante. Para ello es necesaria una muy poderosa fuerza consciente; una tan intensa que sea capaz de imprimir una huella que la defina a la perfección, dejando bien claro todo cuanto esa criatura es y todo cuanto espera ser, en la única mente capaz de hacerlo tangible, es decir, en la gran mente de Dyss. Al margen de tratar de imaginarnos una voluntad  tan enérgica que sea capaz de hacer algo semejante, esto puede ayudarnos a tener una idea mucho mejor de lo que para Stiabhan significa su independencia y de lo intenso que resulta en su espíritu el significado de la libertad.

Por ello, muchos dicen que la raíz de esta dualidad es debida a su parecido con La Niña Môrndum y que, al igual que ésta, Stiabhan se halla presente en muchos lugares del multiverso a la vez, siendo su imagen en Dyss tan solo un aspecto más de él. Esto significaría que, al igual que Mâel Môrda, Stiabhan es una parte indisociable del multiverso.

Si todo esto es cierto, y al igual que ya nos preguntábamos respecto a Andróval, ¿por qué entonces se muestra en Dyss bajo el aspecto de un Poder Menor? Y si Stiabhan se trata en realidad de una entidad cuya esencia es una parte del cosmos, entonces ¿de qué huía?
Yo para estas preguntas  no tengo ninguna respuesta. Puede que sea esa misma tendencia suya a valorar los aspectos sencillos de la existencia lo que le haga mostrarse bajo una forma discreta.

Stiabhan es seguido por todos aquellos que estiman el valor del hogar y de las cosas sencillas, sin complicaciones, siendo un espíritu de la familia y de las fiestas en comunidad. Es el símbolo de la fortuna, del azar y del poder de la suerte, fuerzas a las que todos tenemos derecho. Como representante de la fortuna y del libre albedrío es venerado de forma incontestable por artistas, bardos, actores y saltimbanquis y, en suma, por todo aquel que tenga algo que ver con el mundo de la farándula, además de ser, junto con Despina, una “fuente de inspiración” no sólo para músicos y poetas sino también para ladrones “ya sean o no profesionales” y truhanes de cualquier clase y condición.

A Stiabhan no le son necesarios santuarios ni templos de ninguna clase, aunque existan, ya que se trata de una figura que se encuentra siempre muy presente en nuestros hogares. Para mostrarle respeto basta con tener la figurilla de una liebre tallada en madera o barro siempre a mano. Una imagen que con frecuencia se encuentra en todas las casas, sobre la repisa de la chimenea, con la esperanza de que el Centinela de la fortuna cuide de nuestros hogares. A él se le ruega en silencio, mostrando respeto, con la esperanza de que al comunicarle nuestros temores éste interceda por nosotros ante Dyss, de forma que La Gran Consciencia de nuestro mundo decida hacer tangibles algún día algunos de nuestros deseos, aunque esto muchas veces no sea más que una fuente de contradicciones.

Principios

— La existencia es transformación constante, sólo has de unirte a ella para que en su camino te encuentres con la fortuna.

— Definir una verdad es engañarse una y otra vez y tratar de engañar a los que te rodean. La verdad no es más que una ilusión.

— Ayuda y protege la transformación de tu propio mundo, defendiendo ese derecho natural de cada ínfima partícula del multiverso.

— No hay más verdad que la que le funciona a cada individuo, no siendo ninguna correcta o equivocada, ya que esto sólo depende de los intereses de cada uno. Por lo tanto, no tomarás como tuya ninguna verdad.

Arquetipo: El embaucador.
Poder menor: Nómada.
Se asocia al género: Masculino.
Origen: Posee dos formas siendo tanto extranjero como Imago.
Alineamiento: Caótico bueno, (bueno).
Símbolo: Una liebre corriendo bajo la luna. Aunque su forma más común es el símbolo de las tres liebres corriendo en círculo, formando un Trisquel.
Color preferente: Blanco y Amarillo.
Arma predilecta: Hojas y armas perforantes pequeñas como dagas y estiletes.
Áreas de influencia: Familia, hogar, artes, superchería, suerte, ilusión, creación, artesanía, alegría.
-Dominios D&D 3.X: Tierra, bien, suerte, viajes, superchería.

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