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Tag: narrativa

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Mitogénesis

Proceso por el cual diversos elementos del imaginario de un colectivo o de un individuo (figuras míticas), presenta una manifestación real física en nuestra realidad tangible, tomando substancia y forma y formando parte de la existencia, siendo así susceptible de ser apreciada por nuestros sentidos.

MitagoEl proceso mitogenético, relativo a la mitogénesis, o bien, proceso de mitogénesis, por lo general es producido por el imaginario de un colectivo social. Aquellos elementos del imaginario susceptibles de iniciar el proceso mitogenético, y que forman parte del consciente o del subconsciente colectivo del grupo, presentan bajo las condiciones adecuadas la posibilidad de iniciar el proceso de mitogénesis, apareciendo en la realidad tangible de nuestro mundo (Huxley, 1941).

Si bien el proceso de mitogénesis suele ser provocado por el imaginario colectivo de un grupo, en ocasiones pequeños grupos o incluso más excepcionalmente, algunos individuos, presentan la capacidad de iniciar el proceso por sí mismos. Esta capacidad de mitogénesis por parte de individuos concretos, o pequeños colectivos, depende de las peculiaridades de los mismos y deben analizarse individualmente caso por caso.

Según estudios recientes, aquellos elementos más intensos del imaginario de un ser consciente y dotado de razón, susceptibles de iniciar el proceso, son todos aquellos que están asociados a prolongados estados de estrés y angustia; como por ejemplo y especialmente, los estados de angustia entre dos culturas que chocan la una con la otra, generalmente tanto por la cultura que está siendo invadida como por la cultura del invasor (W. Jones 1942). Esto es lo que se denomina, una conexión cultural. La fuerza del odio y del temor crean figuras míticas, generalmente en forma de héroes, que establecen un foco oculto de esperanza, y una poderosa fuerza psíquica. Es cuando nace la forma del héroe mítico.

Aquellos que provienen de los deseos más intensos o de las necesidades más básicas, como necesidad de protección y defensa, también presentan altas probabilidades de iniciar el proceso. Se sabe que otras emociones de carácter base como: el deseo, el amor, la rabia o los celos también tienen altas probabilidades de iniciar el proceso de mitogénesis. Así mismo, la naturaleza del ego en el individuo afecta también en la capacidad mitogenética.

La capacidad mitogenética también está asociada a lugares específicos (Huxley, 1941), siendo más intensa en zonas concretas, o nodos, y puntos de especial intensidad mitogenética. Esas zonas concretas se reparten geográficamente siguiendo pautas específicas o “lays”, que se extienden por la orografía del territorio y se adaptan a los detalles del terreno.

Sus características dependen, entre otros factores, de los ecos residuales de energía psíquica debidos a sucesos determinados del pasado y otro gran número de circunstancias. Este “campo” o foco de energía interactúa con los elementos más intensos del subconsciente de los seres vivos, elementos que suelen estar representados por figuras simbólicas míticas. La interacción desencadena la mitogénesis.

Las formaciones y manifestaciones físicas producto del proceso de mitogénesis tiene una amplia serie de particularidades, pero en general cubren un amplio abanico de tipologías, siendo las más comunes la formación de lugares definidos y emplazamientos de diferente naturaleza y tamaño, siendo algunas formaciones realmente colosales; y las más sorprendentes, las diversidad de criaturas de diversos tipos, dotadas o no de razón, que pueden cobrar vida, moverse e interactuar con el conjunto del resto de las criaturas naturales de nuestro mundo.

Estas criaturas provienen, generalmente, de los conceptos de naturaleza mítica que se guardan en el subconsciente colectivo de los seres dotados de capacidad simbólica, lo que incluye a todas las razas conscientes dotadas de raciocinio. Diversos elementos generados por ese simbolismo inherente a la psique, desarrolla los elementos culturales que conforman el mito, o mythos; siendo estas figuras míticas de la consciencia oculta elementos específicos relacionados con hechos culturales, con la percepción del “Yo” y con la percepción del mundo que rodea al individuo, y de lo que éste significa para él.

Según se desprende en este estudio, las figuras míticas que yacen ocultas en la consciencia, es decir, en el subconsciente, potenciados por el desarrollo de las emociones en momentos concretos, desencadenan en algunos lugares el proceso de mitogénesis gracias a la interacción de una fuerza indeterminada en forma de campo que se focaliza, precisando para ello de un tiempo que depende de las particularidades de los individuos que lo generan y de las características del lugar en el cual se inicia el proceso.

Este proceso, que se detallará en otro apartado, desarrolla lo que se denomina un “imago” (Pre-mito-imago) o imagen residual del concepto mítico, generalmente partiendo de un “arquetipo”. Una vez se desarrolla y en ciclos posteriores, el imago cobra substancia y forma, coexistiendo de forma natural en nuestro mundo físico y es susceptible de ser percibido por algunos sentidos. Inicialmente por el tacto, el olfato y el oído, y finalmente en desarrollos posteriores por la vista, de forma parcial en los primeros ciclos, para ser total en las últimas etapas de desarrollo. Finalmente, la manifestación física, ya se trate de una forma de criatura, de un lugar o de un emplazamiento geográfico pasa a denominarse: Mito-imago, o imagen mítica, conocido también como: Mitago(1).

El Mitago es el resultado final del proceso mitogenético o de mitogénesis, y consiste en una representación real física de un elemento cultural de naturaleza mítica desarrollado en la consciencia de una criatura consciente con capacidad simbólica.

El Mitago se forma a partir de una imagen mítica inicial. Se trata de un ser nacido de la creatividad humana, oculto en su consciencia y que el proceso mitogenético hace que cobre vida. La forma y naturaleza del mito es idealizada, y es alterado con los cambios culturales.

El Mitago se estudiará más detenidamente en su apartado correspondiente.

El proceso mitogenético es extremadamente complejo y muy sensible a las interferencias tanto internas como externas. En cuanto a las internas, la edad, las preocupaciones, el resto de las emociones, relaciones sociales y las tipologías de los diferentes tipos de personalidad detallan los rasgos específicos que intervienen en el proceso, afectándolo y determinando sus particularidades. Por otro lado, en cuanto a los elementos externos ser refiere, las interferencias de las acciones de las razas conscientes, tanto en las generalidades del pensamiento colectivo, así como en su desarrollo de acciones a través del territorio, afectan profundamente a las capacidades de mitogénesis en los puntos de mayor intensidad mitogenética, como en la naturaleza del desarrollo del proceso en sí.

*Ver también: Proceso mitogenético, capacidad mitogenética.

 

(1) Robert Holdstock es autor del ciclo Mitago. Este material está inspirado en su obra y a ellas se hace referencia. © Todos los derechos reservados por su autor. Este trabajo solo se aproxima a su obra como estudio de esta. Este trabajo carece de ánimo de lucro.

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Secretos de la calle

Esta mañana, al alba, mientras la última luna de febrero aún centelleaba en el firmamento, vi las farolas de la calle Somers curvar sus esbeltos y largos cuellos para alcanzar así los charcos y beber en silencio.

Las contemplé desde mi escondrijo, tan elegantes, tan discretas. Se mecen como espigas al sol, como altas jirafas, como tallos que pliegan al arrullo del largo invierno, emitiendo un leve murmullo que se extiende a la lejanía. Parecen bestias prehistóricas de largos cuellos curvos, rumiando en los pantanos mientras cantan canciones de amor a quién se esconde tras un horizonte recién nacido y esté dispuesto a escuchar.

Dyss_Sello_Edanna

Las bocas de riego las contemplan y cuchichean envidiosas. Achaparradas a ras del suelo añoran ser las reinas de la calle, las que puedan atisbar disimuladamente por las ventanas más bajas.

En Atwater se había abierto una grieta en el pavimento que sangraba, pero la nieve había tapado la herida que supuraba en silencio insistentemente. A través de la abertura se podía contemplar como las paredes se abrían y se cerraban mientras el latido de un corazón retumbaba en las profundidades.

Seguí hasta la nueva Notre Dame, la del nuevo mundo. Allí, en sus tejados, habitan unos pájaros negros que se alimentan del óxido. Entre las chapas de hierro y bronce sobreviven, picoteando con ansia y a veces hasta con desesperación; deteniéndose ocasionalmente para sacudirse la nieve del plumaje.

Cuando las gárgolas exhalan su caudal en los días de lluvia, ellas beben ávidamente mientras tañen las campanas de la torre, donde sus nidos las esperan.

Cuentan que un hombre santo una vez escondió allí su mayor tesoro, una carta de amor por la cual lo habrían colgado del cuello hasta que floreciera la mandrágora a sus pies. Y en los árboles de la plaza, más abajo, aún se pudren restos de las sogas que una vez impartieron justicia, reabsorbidas entre la madera.

Recordé aquella vez que quisimos pintar una ballena de color rosa. Les fuimos preguntando a las candidatas hasta que una nos pareció la más indicada. Ella se recostó sobre su costado izquierdo mientras bebía unos cientos de litros de té que le preparamos con esmero. Con brochazos gordos primero le dimos dos capas y terminamos la faena con los pinceles, dando los detalles.

Subimos a nuestro helicóptero y la vimos nadar en la bahía, feliz. Tan feliz que fue hasta el Polo Norte a enseñárselo a su familia. Allí les gustó tanto, tuvo tanto éxito, que la nombraron embajadora del Polo Norte para todos los reinos de ese hemisferio. En el sur, años después, copiaron la idea.

Desde entonces hay una ballena rosa para cada hemisferio. Una para el norte lejano, otra para el remoto sur. Donde se fabrican esas islas que van a la deriva y así poder cambiar de sitio tu casa cada estación.

Una vez fui a buscarte en mi submarino. El que compré en una subasta de antigüedades. Cuando abro la escotilla surge un gran ramo de flores. Tú llevabas tu vestido negro, yo mi gabán algo deshilachado.

Te tomé de la mano, te invité a subir en él y juntos navegamos por ríos y mares, por lagos iluminados por rayos de sol dorado. En la torreta te tocaba mi violín y tú cantabas cuentos a las gaviotas. Una colonia de focas nos vio pasar y vitorearon al escucharte cantar una canción.

Después nos sumergimos en las profundidades del mundo, en silencio, en paz.

Se quebró la pluma, se derramó la tinta sobre la página.

Tú dijiste adiós y yo..., yo contemplé en silencio las farolas de la calle Somers, plegar sus largos cuellos en silencio, para beber de las fuentes del Nilo. Allí se había derramado formando los charcos.

Formando el llanto del que beben todas las aves de la madrugada.

Edanna, febrero de 2011

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Mi pequeño prisionero

Casas nevadas en CanadáCada día subía al desván donde, sujeto a una cadenilla de plata, mantuve a mi ánimo encadenado. Hace tiempo que lo tenía prisionero, no tenía más remedio.

Él, adoraba tumbarse dentro del cálido cuadradito luminoso que un rayito de sol arroja sobre las tablas, alrededor de la media tarde.

Cuando subía a visitarle solía hacerse el dormido. Me sentaba, próximo a él, y escuchaba su respiración lenta, sosegada, como una brisa entre los árboles.

Siempre me ha gustado contemplar las partículas de polvo en suspensión, bailando al ritmo de su respiración, subiendo y bajando, haciendo cabriolas y girando en alocados molinetes al compás de su apenas perceptible ronquidillo. Las luminosas motitas, parecen nadar en un mar centelleante y encrespado; navegando, con los nervios templados, hacia orillas más allá de la segura línea que marca la frontera de un rayo de sol.

Existió allí una luminiscencia alrededor de su imagen, desvaneciéndose cuando la luz atenúa su intensidad y llegando a su cénit cuando el día es cálido y acogedor. A él le gustaron siempre los lugares luminosos, y son los pequeños rayos que entran a través de las ventanas estrechas, los lugares de su predilección.

Siempre fue mi ánimo un inquilino caprichoso, al que a menudo he tenido que mantener enclaustrado, manteniendo cerradas puertas y ventanas; y que revolotea, dándose golpes contra el techo, cuando alguna vez fui descuidado y se me escapó. Cómo un canario fugado de la jaula, arrojaba pequeñas bolitas de pelo que recuerdan a las plumas de un ave desesperada en las mismas circunstancias,  mientras intentaba enojado encontrar la fina línea que separa su encierro de la libertad.

Por las tarde le cantaba canciones con mi guitarra, más, como yo no sé tocar nada bien, sus bostezos abrían oscura bocas de pozo en la negra realidad de mis habilidades.

Una vez lo sujeté a la chimenea, consciente de su delicia por el rincón más cálido y acogedor, pero sus tirones desesperados me obligaron a confinarlo de nuevo en el aislado altillo de esta vieja casa, rodeada por bosques infinitos.
Antes de ponerse el sol, solía ofrecerle licor de melocotón y le canturreaba una nana que aprendí cuando todavía sabía escuchar canciones. Él se ponía contento y saboreaba el delicado manjar con una fruición sólo digna de algún rey capaz de rodearse de un ejército de guerreros de terracota.

Pero hoy todo cambió. Hoy sentí frío. Hoy la nieve penetró en la casa del bosque.

Una gélida ventisca se adentró en el interior de la casa, recorriendo las estancias y posándose en cada resquicio. Helando cada mota de polvo.

Cuando subí al desván la nieve entraba por una ventana rota, cubriendo de blancos copos todos los rincones. Trayendo un invierno antiguo sobre el cálido verano, allí donde habitaba mi ánimo. A través del ventanuco había escapado, tras roer cuidadosamente la cadenilla y escapar por una estrecha abertura en el cristal.

Un preso que se fugó de su prisión, y se marchó sin dejarme ni siquiera una nota.

Miré por la ventana, sentada sobre la vieja alfombra, contemplando las motitas de polvo en suspensión; observando cómo ejecutan molinetes al compás de mi respiración. Sola, sin más lamento que el de mi propio silencio.

Finalmente decidí que prefiero que sea así entonces. Que vuele, aquel que gusta de ir y venir. Y que todas las cosas del altillo, tal como quedaron, conserven el recuerdo de un inquilino que siempre fue algo nervioso; menos cuando adormilado, contemplaba soñador la forma de las nubes en el cielo, a través de la ventana.

Edanna, febrero del 2011

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El secreto de la felicidad

Alguna vez ya planteé esta cuestión en Lavondyss, otras veces tiempo atrás; y no encuentro razón para no seguir haciéndolo.

Nevada de noviembre en canadáCanadá es una tierra gélida en invierno. La nieve cubre unos bosques que se extienden hasta perderse en las lejanas distancias, en todas direcciones. Si caminando eres capaz de alcanzar tu horizonte, todo cuanto dejaste atrás en tu peregrinación comienza a desplegarse de nuevo ante tus ojos, extendiéndose otra vez con nuevos paisajes, hasta otro nuevo y lejano horizonte.

Así prosigue, así, hasta que bajo la aurora boreal llegas hasta el fin del mundo.

El fin del mundo bien podría ser el Polo Norte. Esa ya es una decisión tuya y sólo tuya. La localización exacta del fin del mundo queda, de manera exclusiva, bajo tu propio criterio.

Esto puede que no te sorprenda mucho, pero resulta extraño para alguien que se crió en una pequeña tierra completamente rodeada de agua, donde habitan algunos peces, alguna que otra ballena despistada, algunos delfines curiosos y un montón de desperdicios flotando felizmente entre las olas.

Y si bien el mar podría reunir, técnicamente, algunas de las características que he comentado, éste tiene una serie de desventajas. Por ejemplo, no presenta tanta libertad a la hora de decidir dónde extender el saco de dormir. Aunque algún optimista podría encontrar una manera, seguramente, con poco esfuerzo.

El frío a mí me provoca unos dolores terribles en las manos y en el rostro, pero lo de las manos lo llevo muy mal, al menos por ahora. Pienso que tengo unas manos delicadas, no sé, pero el dolor es horrible bajo el frío feroz. Se asemeja a las dentelladas de un doberman  que piensa que has ido a robarle el plato de rancho.

Cuando el termómetro baja a -20 grados centígrados deseo pasar mi eternidad con una condena en el octavo círculo del infierno, donde arropado en la cálida y desproporcionada injusticia de mi castigo, pueda pasar una confortable inmortalidad junto a una buena estufa, cuyos costes de combustible queden a cargo del estado, o sea, de la tríada infernal.

A los cuatro gatos que viven conmigo, ―no, no es una forma de hablar, son cuatro gatos―, el frío no parece importarles. Deambulan, corretean y curiosean entre los árboles, andando a trompicones con las patas hundidas en una nieve que les roza la panza, ambas, con toda su blancura.

En realidad pasan frío por supuesto, pero es más intensa su ansia de vigilar que el mundo, de su absoluta propiedad, siga allí cada tres cuartos de hora. Para ello es necesaria una comprobación constante y metódica; y que por supuesto, el mundo les responda dando el visto bueno.

La menor, Gipsy, es una ladrona. También es verdad que es mi favorita, pues no hay tutor ni tutora sin la niña de sus ojos. Bajo su aguda mirada no hay cosa segura y a buen recaudo. Cualquier objeto; grande o pequeño, del volumen de un puño, desaparece, arrastrado por su ansia coleccionista, y yo diría que completista, hasta las profundas dependencias de su guarida bajo la cama. Como un avaricioso enano de las Montañas Azules, codicia acumular todo cuanto despierta su curiosidad y apilarlo en su montaña de riquezas.

Allí permanecen bolígrafos, lápices, gomas de borrar, caramelos, bisutería, un sacacorchos, marcadores de libros, llaveros tintineantes, papelitos, un reproductor MP3, posavasos, tapones de botellas y hasta una bonita flor vestida de granate y lapislázuli de las Montañas Rocosas.

Sus otros tres compañeros de vivienda son cada uno especiales a su manera. Jack, es un neurótico y nervioso varón que siempre me hace pensar acerca de la naturaleza masculina. Aunque algo caprichoso, infantil, protestón, vago y un poco bruto, es el que más se comunica, “hablando”, de forma continua para reclamar sus exigencias. Es un travieso bribón que no roba pero sí destroza. Si pudiera, jugaría a videojuegos de tiros en primera persona mientras masca chicle durante todo el día; pero por ahora se conforma con morderme los guantes. Junto a la ladrona de su hermana natural van camino de convertirse en la pandilla de macarras del barrio que requieren lo que ahora se denomina “educación especial”.

El tercero es “Bum-bum”. Pese al nombre es bastante solícito y hasta elegante, menos cuando al enfadarse, con las navajas, te abre una fisura que requiere seis puntos de sutura. Se trata de un enorme señor gato, varón, que con prestancia permanece vigilante por si al sol se le ocurre parar a tomar un trago. Más veterano, sus incursiones en las casas colindantes son bien conocidas. Se trata de ese hermano mayor que, tomando su guitarra, se marcha una temporada a recorrer el mundo, agasajándolo con sus canciones. Si usara zapatos, éste usaría botas de montar y gabán.
Kahlúa, es la mayor. La encontramos a ella y a sus tres hijos abandonada en el bosque de pura suerte. Habrían sido o bien pasto de los zorros en noviembre o piedras de hielo de diciembre, ella, y toda su progenie. La gata maullaba desconsoladamente rogando piedad para sus vástagos y muerte para ella, si ese era nuestro deseo, en la arena de un coliseo. No pudimos negarnos a adoptarlos, obviamente. Si bien en nuestro mundo lo que resulta "obvio" viene indicado en las cajas de cereales, más que prescrito por el sentido común.

Kahlúa representa el poder de la femineidad del mundo ―no tardarás en darte cuenta, si decides quedarte en Lavondyss, que aquí se tiene muy en cuenta tal poder―. Es la sabia y satisfecha madre que sabía que allí había un mundo mejor, en alguna otra parte, y curiosamente, ese mundo fue quién la encontró a ella.

Ahora, mientras duerme los años de su vida a la luz de su rayo de sol, sueña satisfecha con que sus hijos hagan carrera, se casen y tengan su propia familia algún día. Su deber para el monumento a la espiral del código genético se ha visto cumplimentado. Sus metas han sido alcanzadas, y la paz de sus días descansa junto a ella en una manta estampada en cuadraditos escoceses.

Entre todos, roban, destrozan, juegan y atentan siempre contra los objetos más frágiles, atendiendo únicamente a sus propios deseos, espontáneamente, y sin demasiada meditación. Para ellos el futuro no existe, y el pasado a estas alturas, ya lo devoró el presente.

Entre todas estas palabras todos sabemos que subyace el gran y oscuro secreto. El que llevamos persiguiendo tantos, tantísimos cientos de años. No hay grandes puertas tras las cuales se escondan, ni larguísimos pasillos flanqueados de altas columnas que lo flanqueen. No hay una gran bóveda y una cueva en lo más profundo que lo mantenga apartado de las miradas ansiosas de encontrar respuestas; aunque puede que así fuera más fácil, y la excusa perfecta para justificarme.
Tampoco hay ni sol ni luna que lo ilumine; ni rayo con su trueno que lo proteja; no hay lluvia más allá del granizo que lo aparte de nosotros. No tiene día ni noche, y por no tener, no tiene ni forma.

Aunque sí respira.

Ni hay más sabiduría en todo esto, que la que se encuentra en el librito de autoayuda del mismo nombre, o en el artículo de la versión local de “Vida sana”. No es siquiera nuevo. Lo novedoso es lo que más valor tiene hoy en día.
Siempre ha estado ahí. Puedo verlo, pero no puedo cogerlo.

Porque nada basta; porque no hay final. Siempre es el principio. Sólo hay silencio, silencio y más silencio. Silencio en la oscuridad. Nacemos y morimos solos, como bien sabes.

Quizás hay que desarrollar la visión característica de los gatos, y mirar a través de una sola rendija de nuestra consciencia y de nuestra percepción, para poder hallar la respuesta entre la oscuridad. Quizás mejor ser uno de ellos, tomarles de la mano, escucharles, y dejar que nos guíen.

Pero si actúas como ellos, los de tu especie no cejarán en reprochártelo, pues es ilícito transformar tu esencia y abrazar otra especie, ya que la ley del hombre lo prohíbe. Y si lo prohíbe la ley del hombre, por tanto, lo prohíbe la ley de Dios.
Pues Dios, hace siempre lo que le dicta el hombre.

Resuena el momento en el que hay que comenzar a caminar descalzo sobre el hielo, lejos de la mirada de todos; y bajo la aurora boreal, encontrarte con tu propio fin del mundo. Ese, en el cual tú mismo elegiste, el remoto lugar donde se encuentra.

Edanna. Febrero del 2011.

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Una nueva Lavondyss

Ramas, pensamientos de Edanna. Lavondyss, regiones míticasFinalmente lo hice.

Una nueva Lavondyss renovada, actualizada y adaptada a las nuevas funciones de los sistemas de gestión de contenidos.

Hay que ver cómo han avanzado en 5 ó 6 años, y yo con tanto por aprender..., como siempre.

He pasado los últimos días en este sótano, sin salir apenas ni ver la luz del sol para terminar toda la plantilla. Siempre he sido de la opinión, de que es bueno obsesionarse un poquito con las pasiones; hace que salga lo mejor de cada uno.

Me gustaría recordar el día que destruí la vieja estructura, y en tres días levanté la nueva, casi una alegoría al templo de Israel. Aunque las ideas que rondan tras este blog son mucho más antiguas.

A ti esto no te va ni te viene demasiado, pero claro, de eso se trata, esto es un blog. Es mi blog y eso lo hace especial. Aún le quedan cosas por pulir, techos que tapar y puertas que arreglar, pero ya se puede decir que la página está lista para empezar a amueblarla.

No recuerdo el día, la última vez, que activé el viejo blog y comencé a escribir alguno de mis tormentos. Sé que fue en junio, poco más. No, no basta con mirar la fecha del primer post. Las fechas se alteraron, se perdieron, se hicieron polvo... Recuerdo haber perdido todo Lavondyss dos veces, ¡y de recuperarlo!

Éste trataré de recordarlo. Un 30 de enero. Un año extraño, el 2011... Se suponía que a estas alturas las enfermedades estarían erradicadas y ya nadie tendería la ropa en un tendedero, un robot muy aparatoso y ruidoso tenía que hacerlo. ¡Uf! Me da que todo esto va a seguir así mucho tiempo. ¡También deberíamos estar ya en Marte! Y sudamérica o china serían los nuevos centros de desarrollo y “zonas calientes”, bueno, no nos hemos equivocado demasiado en eso.

Hoy ha nevado un poco. Un día nada frío, sólo cero grados centígrados. Lo ideal para pasear al perro. La temperatura es importante, ya veremos más adelante el por qué.

Muchas cosas, y lo que más amo en este mundo, se quedaron en Europa, yo emigré... España, queda tan lejos... Han pasado muchas, muchas cosas. Pero de eso ya hablaremos...

Ahora, me gustaría darte la bienvenida. Aquí muchas veces se puede pasar un rato agradable. Se habla de mitología, de mitos, de juegos de rol, a veces de videojuegos, de arte, de tecnología, de simbolismo, de cultura popular... Ahora lo llaman, cosas “frikis”, y del término se abusa de tal manera que ese será un buen tema para mi próximo libro. Aquí siempre he hablado de todo esto, el archivo es testigo de ello.

Muchas otras cosas están por venir. Una cosa te prometo, Lavondyss tiene algo que la hace "especial". Yo al menos lo creo así, pero desde luego, tú eres quien tiene la última palabra.

Espero que disfrutes de este nuevo o “Nueva Lavondyss” tanto como yo he disfrutado y disfruto creándola. Si eres un huésped ya conocido, no te imaginas lo feliz que me siento de volverte a encontrar. Si eres nuevo, te doy mi bienvenida más cordial y te invito a tomar asiento...

...Que empezamos.

Edanna. 30 de enero de 2011

 

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Carta de Don Gregorio.

Carta de D. Gregorio. (La lengua de las mariposas).

Querido amigo:

Tuviste suerte al marcharte a Buenos Aires. A mí, ya me llevan a matar. Muy magullado, pero más por las palabras que por las pedradas. Especialmente por las de todos aquellos que más quise.

Las palabras son como los gusanos de seda, envueltos en capullos que florecen cuando llega la primavera del terror y los dramas, explotando al fin con todo el colorido que muestra las cosas verdaderas, impulsadas por esa lengua enrollada como la cuerda de un reloj. La fuerza del miedo, o de la cobardía, es el motor de todo esto que nos sucede. Esta verdad hace que me sienta morir ya en amargura.

Sólo puedo decirte lo que siempre te he dicho y he dicho a su vez a todos; que seas libre, que pienses por ti mismo. Porque cuando te lo han quitado todo siempre quedará lo único que no pueden llevarse, tu dignidad.

Así pues, guarda bien la tuya, la que posees, y ayuda a los demás a ganarse la suya, pues dentro de toda esta locura de iniquidad que no cesa, aún sabemos que sólo la dignidad que otorga el saber permitirá al hombre evitar, en algún futuro no muy lejano, que termine por convertirse en un monstruo definitivamente.

Cuida de ti y de los tuyos.

Tuyo siempre

D. Gregorio

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