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El son de tus alas (III)

Dyss, sello general

Nadie conoce mejor el castillo que su propio dueño, así que con gran habilidad se aproxima hasta la muralla, ocultándose, y que escala con facilidad. Al llegar a lo alto a un adormilado soldado sorprende al que, de un puñetazo, la mandíbula le rompe como escarmiento. Bajando por el torreón cruza los pasillos hasta el cruce de las galerías, donde una vieja y espantada criada da un grito al verlo, que el ahoga de forma brusca tapándole la boca, con tanta fuerza que por poco la mata. La mujer desmayada no puede ver como girando a la derecha, hacia los aposentos de la reina, Cromwall, ahora dirige sus pasos.

Ghost girlPero todo cuanto anhelaba encontrar no es lo que esperaba pues los jadeos a través de la puerta, sin dificultad, el señor percibe de forma clara, inconfundibles.

Entreabriendo la puerta allí ella está, recibiendo entre sus piernas al capitán del destacamento, con tal ardiente pasión que con él jamás recordara. Ni en sus manos ella gimió así de placer, sobre ella. Y él, en su pasión, la llegada del señor del castillo tampoco ha advertido, para su propia perdición.

Desprendiendo entonces una lanza de adorno en la pared, furioso, ¡fuera de sí!, con un terrible grito a los dos atraviesa; perforando hueso, carne, músculo, y pasión ¡con fiereza!

Con tanta fuerza que empala a los dos que allí, el uno en el otro, ahora en la pasión del amor así se reciben; atravesando las tablas de la cama y contra el frío y duro suelo; con la misma lanza que una vez usara para cazar su primer jabalí, que junto a todos sus trofeos, en el gran salón, allí se exhiben.

Perforando el piso de durísima piedra hasta enterrarse a un palmo del refuerzo, quedando allí clavada entonces, mientras él jadea por tal tremendo esfuerzo; empapándose cama, sábanas, cuerpo, piedra y lanza, quedando como un recuerdo, con el destilar de la sangre de los dos amantes que en su imprudencia, allí les diera caza.

Emitiendo un rugido corre entonces por los pasillos y mata a golpes a algunos criados que, presurosos, acuden a ver qué sucede; les rompe el cuello con sus manos en un acceso de cólera, haciendo crujir las vértebras en un sonido que hiela la sangre en las venas; y ordena, a voces, que sellen los accesos, puertas y ventanas ¡todo!, ¡todo maldita sea!, de la habitación de la reina, que con ladrillo y mortero la cieguen; y que nadie ose tocar los cuerpos, pues, tal como están así para siempre se han de quedar, si no quieren terminar todos igual, empalados como su señora.

Aquella habitación será ahora pues su ataúd, y sobre ella, su amante hará las veces de mortaja; el castillo, su monumento fúnebre, y como única plegaria, lo que tenga que venir mañana; para recuerdo de todos los que respiran bajo el sol, mientras él..., así lo permita.

El tiempo transcurrió entonces, tan lento; lento cuando saboreas todos sus versos; rápido cuando no eres consciente que la vida se escapa sin saberlo, a través de los resquicios de la aurora de tus pensamientos.
Cromwall se fue marchitando; él, que siempre fue el primero en reír y el que más alto siempre lo hacía; él, que había tomado siempre todo cuanto se puso en su camino; él, que siempre tomó cuantas mujeres quiso, y la hembra, no se trataba más que de un pasatiempo.

La femineidad no significó para él nada más que un higo que exprimir y al que sacarle todas las pipas pues nada más que un fruto era, de los muchos puestos allí para el hombre por la misma tierra.

El gran señor lánguido yace ahora, siempre solo, en el salón al que ni sus perros quieren acompañar por la extraña locura que aflige al rey desde aquel día siniestro.

Sus perros huyen espantados ante su apariencia, y de manera especial ante la otra presencia que perciben, que huelen, que sienten, que eriza sus lomos; pávidos de terror absoluto; un terror antiguo que recuerdan en los rincones de la memoria que han heredado de sus ancestros.

Sus hijos, espantados, se han marchado a lejanas tierras, a cuidar de sus propios asuntos y a su padre no quieren volver a verlo jamás.

Ahora Cromwall solitario siempre parece estar, hablando y maldiciendo; en las largas horas, en su salón al que ya ni sus perros visitan, se le escucha reñir con lo que todos creen es el fantasma de la reina que ha vuelto para torturarlo. Día y noche las pasa solo, sin ver a nadie, constantemente discutiendo consigo mismo o  hablando con el ánima que, muy probablemente, ahora siempre está junto a él para mortificarlo.

Pero la verdad única sólo él la conoce pues, la presencia siempre le acompaña desde aquel día que una sola nota le arrancara a aquel extraño e inútil instrumento.

Directamente a ella jamás la percibe; solamente por el rabillo del ojo, en muchas ocasiones, atisba lo que parece una hermosa mujer, muy joven, casi como una niña. No es muy alta y es extremadamente delgada, como un ánima; pálida, como una aurora de nubes de otoño. Pálida, como la vida de una mujer que perdió a todos sus hijos; pálida, como un campo gris bajo los cadáveres de un campo de batalla. Pálida como un mundo sin sol, en una noche de luna vestida de mortajas.

En las raras ocasiones en las que aún monta a caballo, las blanquísimas manos de ella rodean su cintura, que él siente apretándose junto a su cuerpo mientras percibe su perfume extraño y áspero como el jengibre; notando las manos delicadas, pequeñas y gráciles; unas manos de gorrión que podría aplastar con un puño.
Podría matarla con una sola mano cien veces seguidas.

Allí sus manos pálidas se aprietan a él, a su señor, unas manos de niña, blancas como los amantes empalados en la habitación de la reina, ya devorados por los gusanos en el dulce aroma de las largas estaciones de primavera, cuando los pétalos revolotean frente al reciente muro de ladrillos que tapian las ventanas, tras los cuales, la carne de ambos se pudre lentamente bajo las sedas, las vestiduras y las botellas de todos sus perfumes, en el transcurrir de todos aquellos tan hermosos días con sus noches.

Nunca habla, nunca dice nada, nunca se escucha el siseo de su respiración; sólo un frío gélido, como una larga estación de invierno que siempre, a su lado, le acompañase.

Cuando duerme la siente a su lado, apretándose junto a su torso, depositando aquella dulce y delicada mano, pequeña, blanca y fría sobre su pecho musculoso, buscando protección, buscando todo su amor con anhelo, con deleite; pero sin pasión.

Él entonces despierta dando un alarido, se retuerce, se agita, emitiendo un lastimoso gemido, como quién quiere quitarse una araña que recorriera su piel, con asco y repulsión; bañado en sudor, Cromwall, ya jamás descansa.
Por primera vez desde que era niño a veces solloza pues al despertar, a su lado, el siempre solitario espacio en donde no hay nada es cuanto le acompaña. Ella sólo aparece por su visión periférica, tan niña, tan hermosa y tan extinta, como una madrugada de frío invierno.

¡Ahora el señor gime!, grita en la noche, ahora solloza, y ahora ¡vuelve a gritar! Gimiendo maldice, jura mil veces matar a todo hombre y mujer que se cruce en su camino. Injuria a todas las maldiciones del mundo que por qué aquella se adueñó de él, convirtiéndose en su dueña.

Durante las largas horas en el castillo resuenan sus alaridos, en las largas horas de madrugada, durante todas las largas horas de la noche...

Los criados, asustados, se esconden en sus sórdidos huecos, bajo sus mantas y sus pulgas, y el miedo del terror es lo único cuanto ya florece en los antiguos jardines de la reina; ahora rodeados con el verdor de la naturaleza cuando se le desabrochan los leves cordones que encierran la blusa donde guarda los tesoros de toda aquella primavera.

En un lugar de terror a su castillo el señor ha convertido.

Algunos soldados comienzan a escapar y muchos hombres, antes leales, ahora prefieren poner tierra de por medio; a éstos le siguen los criados, pajes y artesanos de la gran casa del gran Cromwall “dientes blancos”. Así, ésta, comienza a corromperse como los cadáveres que yacen en la tumba de la reina. Él, dándose cuenta, a todo hombre maldice, y jura mil veces que como lo atrape, la vida le arranca de un sólo golpe, les dice. Pero el miedo se ha apoderado ya de todos los corazones en una gran desazón, así pues, no consigue evitar que a lo largo de aquellas semanas un enorme conjunto de hombres deserten, abandonando a su señor que, creen, ha perdido por completo la razón.

Continuará...

El trono de la reina Valaria. Libro de Edanna

 

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Poder y magia

Dyss, sello general

Hablar de los poderes y de la magia es emprender un viaje dentro de otro viaje. No es posible el mundo que conocemos, ni el que aguarda más allá de todas las cosas jamás soñadas, sin la magia y sin el poder que de ella emana.
No hay un sólo rincón en el universo donde no se halle la esencia del flujo de todas las cosas.  Es como la sangre de un ser vivo que, mediante sus mareas constantes, lleva el aliento de lo que “es” de lo que “fue” y de lo que “podría ser”, a todas partes.
Como discutir del poder y de la magia es otro asunto delicado que requiere sentarse y comenzar a leer detenidamente, dividiremos todos sus aspectos en diferentes apartados que iremos recorriendo uno por uno, sin prisa, deteniéndonos donde haga falta y aventurándonos a ir algo más rápido cuando se trate de cuestiones que no tienen más trascendencia que la que explican unas cuantas frases correctamente entretejidas.

Hablar de magia es hablar de poder, pues su conocimiento otorga la oportunidad de alterar la realidad, modificar el orden de la existencia y comprender cuál es el sonido de los suspiros del cosmos. La esencia de esa magia es difícil de explicar, por lo que pondré todo mi empeño en tratar de exponerlo de la mejor forma que sé hacerlo. No obstante, ya puedo irte adelantando que las mareas de la magia y su verdadera esencia están muy íntimamente relacionadas con la gran consciencia del mundo, con su capacidad creativa y a la vez —e igual de importante— con la fuerza creativa de todas las criaturas del cosmos.
A esa fuerza creativa de todos los seres, incluyendo —por supuesto— a la de la propia Dyss, desde ahora siempre la señalaremos como: Ellam Yua, la fuerza creativa del universo.

Pero hablar de poder es también discutir a su vez de todas aquellas criaturas que significan un poder mayor dentro de lo que resulta habitual, y que están por encima de las capacidades normales de la mayoría de los seres que habitan el mundo; además de tratar de comprender lo que estos poderes suponen para todo cuanto se halla bajo la bóveda celeste, y puede que más allá.
Dyss es una enorme entidad, un espíritu que abarca la totalidad de todas las cosas. Dyss no solamente da forma al mundo sino que su propia consciencia “es” el mundo. La consciencia le otorga la esencia del “ser”, pues como ser consciente permite que todo cuanto forma el mundo, exista.
Pero en Dyss existen otros seres que, en cierto modo, la “atienden”. Estos seres, al igual que el resto de las criaturas, deben su existencia a la gran consciencia. Sin embargo, han enfocado el sentido de sus vidas hacia una meta algo más concreta.
Esto no ha sido impuesto por la gran consciencia de ninguna manera pues Dyss sólo ha impuesto una sola norma, “la prohibición de Idrys”, que previene de rendirle culto. Esto no impidió que esas criaturas decidieran, cada una bajo sus propios motivos, servirla de alguna manera. Estos seres optaron por atender a todo cuanto Dyss es capaz de albergar en su consciencia y, por supuesto, atenderla a ella misma.
A estos seres los denominamos: “los poderes”. Éstos, se dividen a su vez entre los “exaltados y los “nómadas”.
Los poderes no es que surgieran al mismo tiempo  de la nada o que en algún momento fueran creados, tras lo cual, juntos terminaran la gran creación en un gran milagro de cósmico éxtasis divino: ¡nada de eso!
Cada uno debe su existencia a distintas razones, llegó bajo sus propios motivos y lleva su vida de acuerdo con sus propias particularidades. Los poderes son independientes; cada uno alberga la razón que lo inspira a continuar de forma individual. Las características únicas —y puede que algo subjetivas— de cada uno las conocemos como: “los aspectos”, que constituyen actitudes o filosofías discretas que plantean posturas determinadas ante la existencia y la vida de las criaturas del mundo.
Tales “aspectos” se pueden seguir a su vez como guías, o más bien modelos, y así dotar a la existencia de una forma de trazar una ruta de acción, de establecer una serie de filosofías y de mantener un conjunto de actitudes ante la vida, y ante la muerte...
En muchos rincones del cosmos se apresurarían a catalogarlos de “dioses”, cosa que resulta completamente inexacta. Los “poderes” no son dioses de ninguna forma.
Los poderes no otorgan favores, no conceden poder sobre los demás o dispensan bendiciones y gracias que proporcionen ventaja, inclinando la balanza de las posibilidades hacia uno u otro lado.
En Dyss, la única entidad que permite ese tipo de cosas es la gran consciencia; aunque sí que es cierto que la forma de conectar con la gran consciencia, aproximándose a su dominio sobre todas las cosas, se hace siguiendo el modelo único que sigue cada uno de los poderes y que constituye un aspecto de la existencia. Son pues las actitudes de los poderes y sus modelos de guía los que permiten dirigirse a la gran consciencia de acuerdo con cada una de sus formas de entender el mundo.
Por ello no hay que olvidar que los poderes son, en todo caso, guardianes y por tal nombre se les conoce, aunque su nombre más difundido es el de: “centinelas”, ya que esa expresión es la que mejor define sus maneras de ser y de actuar en términos generales.

Pero más allá de estos “centinelas”, o como prefieras llamarlos, hay otros aspectos que iremos detallando detenidamente, punto por punto, que describen todo cuanto hay de mágico y de maravilloso en Dyss y que supone el poder de darle aliento a lo que existe en el transcurrir de los días y las noches.

Además de los poderes del mundo nos detendremos en lo que significa la esencia que da substancia a la magia en la forma de la fuerza creativa, una fuerza que permite la existencia del ser más extraño de la realidad material; conoceremos, entre otras cosas, el flujo de energía formado por la fuerza vital de cuanto constituye la esencia viva del mundo, y además, estudiaremos con detalle el lenguaje que Dyss utiliza y con el que, mediante su alfabeto, traza las líneas que dibujan los vértices y las aristas de la realidad, definiendo mediante las palabras el concepto básico que define todas las cosas y que le permiten así el poder recordarlas.

 

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De las estrellas y sus constelaciones

Dyss, sello general

En cuanto a las estrellas que cubren los cielos durante las horas nocturnas es necesario centrarse en las constelaciones que integran y que, por medio de la imaginación, dibujan formas fantásticas en la oscura bóveda celeste. Esas constelaciones son de vital importancia para la vida en Dyss, y en ocasiones, también para la misma muerte.

Pero antes de proseguir a citar las constelaciones, sus formas y sus características, es necesario mencionar un espectáculo de gran importancia y que tiene una enorme repercusión en la vida de éste nuestro mundo.

El Sendero de Rheya

Se trata de una banda luminosa muy brillante, de color entre verdoso y azulado que, al llegar el crepúsculo, durante el ocaso y también durante el alba, se tiñe de rojizos matices y de naranjas perfectos. Esta banda, una constante en Dyss tanto de día como de noche, se conoce como: el Flujo de Almas o La Corriente Vital.

Ambos, términos que definen muy claramente su naturaleza. No obstante, en Dyss, la gran corriente luminosa que cruza los cielos es mejor conocida como: “El Sendero de Rheya”.

Esta banda de brillante luz clara, que incluso puede avistarse a la luz del día, describe un arco que partiendo del nordeste surge desde su horizonte y que, cruzando el cénit, vuelve a caer sobre el límite entre el cielo y la tierra que corresponde al suroeste. El Sendero de Rheya es un término conocido en todos los rincones del mundo y, aunque cada región puede tener otros nombres para designar a esta banda centelleante, la denominación es reconocida en todas partes por igual.

No hay ninguna duda de que su belleza es inigualable, su centelleo perturbador y su naturaleza... Bien, su naturaleza es un asunto delicado pues, en Dyss, todas las criaturas saben que la centelleante banda luminosa que cruza los cielos constituye la corriente vital de todas las criaturas del mundo. Cada ser viviente; cada suspiro proveniente del aliento de una roca; esa chispa que decide el momento en el cual una hoja toma la decisión de tornarse verde, amarillo o castaño rojizo...; en suma, todo cuanto en Dyss supone un aliento vital que permite la existencia, entra a formar parte del Flujo de Almas al terminar su vida sobre el mundo. Allí, y sólo allí, se unen las almas de todas las cosas que una vez existieron sobre la faz de la tierra y que pudieron respirar su aire. El Sendero de Rheya se trata pues de la Corriente de Fuerza Vital, de todas las cosas vivas, que rodea a Dyss. Como un cinturón la circunscribe, manteniéndose siempre junto a ella; tan cerca, como una madre cuida de su retoño.

El espíritu de cada ser vivo en Dyss, ya sea un ave, una planta, un animal o una bestia aterradora proviene de la banda que rodea al mundo. Al morir, todo espíritu que le dio el aliento de la vida vuelve al Sendero de Rheya para formar parte una vez más del todo que conforma el flujo de fuerza vital. En ocasiones existen excepciones que se deben, por lo general, al tipo de especie o a la raza de la criatura; pero estos son detalles que se explican mejor en el capítulo sobre Razas y Culturas, en su sección correspondiente.

Son muchas las preguntas que se hacen los seres dotados de razón, conscientes de la vida y la muerte, sobre los detalles del Sendero de Rheya. Algunas de estas preguntas se conocen, otras permanecen aún por contestar; y aunque algunas las resolveremos en otros capítulos, cuanto has de conocer del Flujo de Almas es que es una región en la cual la fuerza vital de todas las criaturas se une a la fuerza vital del mundo, perdiendo parte de su individualidad, para conformar una única fuerza o aliento del mundo, que lo rodea. Allí, el espíritu de todas las cosas forma parte de un todo que aguarda su retorno al mundo en la forma de un nuevo ser viviente, o bien, trascender más allá del tiempo abandonando las regiones del mundo, por alguna de sus esquinas más recónditas, para entrar a formar parte de algo que desconocemos y que, francamente, no debería importarnos demasiado. Es de sobra conocido que, hay una vida antes de la muerte, siendo eso pues lo que realmente importa.

Las constelaciones y sus arquetipos

En lo que respecta a las estrellas y a las constelaciones que forman entre ellas, debes saber que existe un total de 78 constelaciones que se dividen en 22 constelaciones mayores y 56 menores.

Las constelaciones mayores forman lo que se llaman los 22 arquetipos. Símbolos cargados de significado y muy trascendentes para la existencia en Dyss. Cada constelación rige un rasgo, una virtud o un elemento constante en la existencia de todas las criaturas. Juntas forman una familia que posee un lenguaje que define, o más bien “describe”, el  orden de todas las cosas. Las constelaciones menores, aunque dotadas de significado, no mantienen el simbolismo de sus hermanas mayores, teniendo una trascendencia orientada a servir de inspiración en el desarrollo de las artes.

Aunque hay muchos que se empeñan en definir ese “orden” como el destino de todos los seres, eso es algo del todo inexacto pues, el destino de las criaturas NO está descrito en ninguna parte. Las criaturas deben su existencia a su mayor don, el de su libre albedrío. No obstante, éste es un detalle que con demasiada frecuencia muchos, por no decir muchísimos, se olvidan.

Así pues, como ya he dicho, las constelaciones describen entre ellas el orden de las cosas, de cómo éstas están dispuestas y ordenadas en el mundo. Constituyen un mapa completo del orden de la existencia, de lo que sucede y de lo que podría pasar si las cosas se desenvuelven de una forma o de otra, como las fichas de un juego sobre el tablero... Con el conocimiento, la perspicacia y algo de inteligencia se pueden prever las consecuencias de ciertos actos, conociendo las posiciones de las piezas de interés y así, anticiparse. Por otro lado, el conocimiento de cómo se ordenan las cosas del mundo es de gran utilidad para entender el comportamiento de éste, o de al menos una pequeña parte.

En cualquier caso, los veintidós arquetipos que componen las constelaciones conforman un lenguaje único, un lenguaje universal que sólo Dyss conoce. Bueno..., Dyss, y algunas criaturas más.

A continuación paso a enumerar de forma pormenorizada las 22 constelaciones y sus arquetipos:

Veintidós mayores

I. El Sabio. Una constelación pequeña de 11 estrellas muy juntas que también recuerdan a una hoz.Su arquetipo representa el control sobre todas las cosas y el conocimiento de los seres conscientes sobre la naturaleza.

II. La Hechicera. Una constelación que abarca una porción del firmamento bastante grande. Está formada por 22 estrellas de diferentes brillos y diferentes tonalidades.Su arquetipo representa la sabiduría femenina y el saber de la tríada: doncella, madre y anciana.

III. La Reina. Similar a la hechicera pero con 27 estrellas, de las que 3 en fuga dibujan su báculo. Se trata de la constelación que ocupa un mayor espacio en los cielos. Si la hechicera es el conocimiento femenino, La Reina simboliza el poder de la femineidad sobre el mundo.

IV. El Rey. Consta de 12 estrellas, 3 para la corona y 9 para la figura corporal.Constituye el todo o la totalidad que, mediante las cuatro esquinas, forma un juicio que lo define todo. Representa el ciclo completo, la crónica terminada.

V. El Profeta. Por medio de sus 10 estrellas se forma el mediador.Representa al que media entre los que es mundano y lo que está más allá, que es divino e inalcanzable. También representa el compromiso.

VI. El Trovador. Una constelación pequeña en extensión, constituida por 18 estrellas, que es visible durante toda la estación. El Trovador errante es símbolo del amor cortés, pero principalmente representa la elección de un camino en el lugar de otro al tomar decisiones. El trovador no tiene residencia fija y constantemente viaja por el mundo encontrando cosas nuevas y dejando otras atrás.

VII. El Caballo. Una hermosa constelación de 14 estrellas brillantes, de las cuales 3 son de un tono rojizo. Simboliza el control de la mente sobre el instinto, pero también el del poder de la guerra. El caballo, aunque dotado de gran fuerza, es noble y hermoso y el jinete es capaz de dominarlo.

VIII. La Espada. La constelación más pequeña, formada por 4 estrellas. La estrella que dibuja la punta es de tono anaranjado y señala hacia la estrella del norte, que se encuentra próxima. Representa la equidad, la integridad y la sensatez, pero a su vez el perjuicio, el abuso y la injusticia.

IX. El Farol. Es una pequeña constelación de 9 estrellas. Representa la introspección, la búsqueda espiritual  y la meditación.

X. El Pozo. También llamado, la Fuente.El brocal del pozo y la polea para subir el agua se representan con 5 estrellas muy brillantes. El pozo o la fuente representa el destino y los vaivenes de la vida, así como la fortuna.

XI. El Centauro. Una admirable constelación de 22 estrellas. Representa el autocontrol y el dominio sobre la bestia interior que, si se usa bien, es una enorme fuente de potencial.

XII. El Patíbulo. Sin duda una inquietante constelación cuya forma recuerda claramente tal instrumento por medio de sus 12 estrellas, aunque está dotada de un mensaje positivo. Lejos de simbolizar el castigo, representa el auto-sacrificio y la paciencia ante las adversidades o por un bien superior.

XIII. Môrndum, la niña. La niña Môrndum es la muerte que camina junto a las criaturas, pero también la vida que les otorga su aliento vital. Sin morada fija, comparte los pesares de todas las criaturas, acompañándolas en todo momento y aparentando inocencia.Su constelación consta de 26 estrellas; dos muy brillantes forman sus ojos. Según los dichos populares, “los ojos de Môrndum te acompañan allí donde vayas y de ellos jamás podrás escapar”. La niña Môrndum representa el cambio, el ciclo del principio y del fin de todas las cosas.

XIV. La Copa. Definida con 7 estrellas perfectamente alineadas. Representa el alcance de la espiritualidad y el sosiego de haber alcanzado la trascendencia. El deseo de paz de toda criatura.

XV. La Gorgona o la Medusa. Una inquietante constelación de 15 estrellas.Aunque se asocia a la maldad, representa más bien el apego por lo material y la obcecación por los deseos mundanos, los vicios y la degradación. Por esa relación con la materia, el arquetipo recuerda que, “en piedra habrás de convertirte”.

XVI. El Árbol del Mundo. Las 8 estrellas forman la imagen de un árbol que simboliza la casa del mundo. Este arquetipo se asocia a la imagen de un árbol destrozado por un rayo que se encuentra ardiendo. Aunque está asociado con el caos y la destrucción, también simboliza el progreso, el crecimiento y la evolución. A su vez representa la arrogancia castigada.

XVII. La Estrella del Norte.La estrella del Norte es una estrella única, solitaria y brillante que señala el norte del mundo. A su lado hay dos más pequeñas que, juntas, forman un triángulo, aunque no se ha definido constelación con ellas.La constelación de la espada apunta hacia esta estrella que se encuentra un poco más adelante siguiendo la misma dirección. Representa a la esperanza y a la revelación de la verdadera esencia del ser y del yo.

XVIII. El Unicornio. Con 27 estrellas forma claramente las patas y su centelleante cuerno. El unicornio simboliza las pruebas del héroe, el camino de éste a través del umbral para enfrentarse a los desafíos. El unicornio es adentrarse en uno mismo, a través de los entresijos del alma, para poder superar las pruebas y salir victorioso.

XIX. El Fénix. El ave Fénix custodia 19 estrellas que forman sus alas y su llameante cola. Representa al renacimiento pero también a la calidez y a la alegría.

XX. La Esfinge. Otra gran constelación, donde 10 estrellas definen el cuerpo y la cabeza de la esfinge. En Dyss simboliza a demás del enigma, el juicio. Representa al triunfo sobre las dificultades, la transformación que produce superar el pasado para planificar el futuro.

XXI. El Dragón. El dragón que representa al mundo y el final de todas las cosas se define por 21 estrellas en el acto de morderse la cola. Representa la culminación y el final, allí donde al fin se encuentra la paz, el resurgimiento del héroe victorioso y la victoria final sobre lo mundano. Esto a su vez simboliza un cierre y una vuelta a empezar.

XXII. El Carnero. Sin duda asociada con Dierdrath, la deliciosa locura del mundo. Las 11 estrellas se reparten definiendo de forma esencial los cuernos, la cabeza y las patas. El Carnero viaja errante por el mundo, vagando de un lugar a otro sin rumbo fijo. Representa a la anarquía del cosmos. Y aunque simboliza a lo errante, también representa a la fuerza creativa, la aventura y la espontaneidad.

Estos han sido pues los 22 arquetipos. Símbolos que representan la disposición de todas las cosas y cuyo magisterio desvela los secretos de cómo está descrito el mundo. Constelaciones también, desde luego, que cubren la bóveda celeste de representaciones simbólicas que explican el mundo para unos, y de luces titilantes de gran belleza para muchos otros.

Las 56 constelaciones menores reciben nombres muy diversos, por lo general referidos a criaturas míticas, animales, bestias y criaturas del mundo. Descubrirlas y clasificarlas es un entretenimiento muy popular en Dyss, además de un hermoso arte muy corriente entre poetas, músicos y artistas de diferentes disciplinas. Muchos de ellos dedican sus esfuerzos a describir la belleza de la bóveda celeste y a crear historias en donde las estrellas, junto a todas las criaturas que surgen de ellas, son las principales protagonistas.

 

Muchos son los que se hacen preguntas constantes acerca de la bóveda celeste, ¿existe acaso algo más allá que se oculte lejos, en la penumbra de las enormes distancias?

Es posible sí pues la bóveda celeste, esa gran corona que se ciñe en los cielos, no es más que otra de las fronteras que conducen a remotos rincones de un cosmos lleno de universos que visitar, regiones distantes que explorar y, puede que también, senderos que conduzcan de nuevo a ese lugar perfecto que todos andamos buscando, aunque tengamos la certeza de que exista ya un acceso a través de nuestro propio mundo.

En un cosmos infinito, más allá siempre surgen caminos a lugares que atraviesan el Etéreo, hacia los rincones imposibles del Cosmos, donde habitan las cosas más elementales provenientes de todos los múltiples universos. Allí también se descubren las orillas desde donde podemos partir, navegando por las rutas que conducen a través del Mar Astral. Ese lugar por el cual, tras escapar por los rincones del mundo, viajan las almas hacia lugares tan distantes que el tiempo no puede alcanzarlos, para comenzar quizás una nueva y muy diferente existencia.

Y de todos esos rincones distantes del cosmos, hay al menos uno, del que incluso la mismísima Dyss proviene.

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De la bóveda celeste

Dyss, sello general

Enmarcadas en una majestuosa bóveda celeste, Dyss tiene el privilegio de albergar, como ya he descrito, dos lunas además de un sol que ya conocemos como Lugh, y que no anda solo en el transcurrir de la jornada pues mantiene siempre a su “Jareth” muy cerca, como un manto que se extendiese a través del firmamento.

Pero en los cielos existen otra infinidad de detalles que precisan de un poco más de tu tiempo para ser enumerados. Esos detalles los clasificaré como: los cuerpos errantes y las estrellas con sus constelaciones.

Las estrellas salpican la bóveda celeste de brillos titilantes, describiendo un movimiento siempre fijo y que sólo varía dependiendo de la época en la que se encuentre cada estación durante la cual veremos las diferentes constelaciones con mayor o menor facilidad variando su posición con respecto a la tierra y su altura en relación con el horizonte, según el momento.

Un concepto ya familiar para muchos, o al menos para la mayoría.

Sin embargo, existen una serie de cuerpos que parecen describir un movimiento “errático” a través de los cielos, comportándose cada uno de una forma determinada. Dotados de individualidad, estos cuerpos mantienen unas trayectorias complejas de describir, manteniendo cada uno sus particularidades. A los cuerpos errantes, nos referiremos en primer lugar, para después terminar nuestro viaje a través de los cielos describiendo las caprichosas formas que adoptan las estrellas y sus constelaciones, y lo que éstas significan para la existencia.

 

Los cuerpos errantes

En la noche estrellada además de las lunas y durante el día, por supuesto, del sol Lugh y su Jareth, existen otros siete cuerpos celestes de relevancia que conviene tener muy en cuenta.

Los siete los dividiremos a su vez en cinco cuerpos errantes lejanos y dos errantes cercanos o “Gemelos”.

 

Errantes lejanos

Los errantes lejanos son también pedazos de realidad, como lo es Dyss, que se encuentran a grandes distancias. Se perciben como estrellas muy brillantes de diferentes tonalidades. Desconozco si albergan su propia consciencia, aunque en el mundo se tiene la certeza de que así es dados los juegos que mantienen en los cielos y que traen de cabeza a todo estudioso que quiera describir sus movimientos. Los cinco le dan sus nombres a cinco días de la novena que en su honor los recuerdan en el transcurrir del árbol del tiempo.

Describen trayectorias independientes muy diferentes entre sí además de una serie de movimientos, o más bien de comportamientos muy concretos, a lo largo de toda la estación, manteniendo cada uno unos rasgos característicos que los definen.

Sus trayectorias suelen variar dependiendo de la estación, y en ocasiones, variando su posición de un ciclo a otro, lo que resulta de lo más extraño. Son desde luego complicados de describir asumiendo, por tanto, que obedecen a su propio libre albedrío y a su voluntad o yo diría más bien que, a su propio capricho, pues mantienen los cinco su propio juego a través de los cielos. Un juego que aparenta ser independiente de todo lo demás.

Los nombres de los cinco errantes lejanos son:

Grimbal, “El Cazador”. En algunos sitios conocido por, Gillean, nombre que en su honor se le da al segundo día de la novena. Día que por cierto, y creo haber comentado ya, no se puede cazar ninguna presa. Algo que no se aplica a los animales y a las bestias, obviamente.

De un color avellana, Grimbal describe una trayectoria más estable que sus cuatro hermanos.

Brenn, “El Lobo”. Que da su nombre al cuarto día de la novena. De tono blanco brillante parece seguir a su hermano Grimbal, para después describir una trayectoria completamente diferente y que ha hecho gemir de angustia al estudioso de los cielos más paciente.

Ruadh, “El Cuervo”. De todos, el de trayectoria más disparatada, cambiando de mes en mes, de estación en estación y de ciclo en ciclo. Ruadh le da su nombre al sexto día de la novena y que si repito es para que lo recuerdes. Los que nacen ese día se les suele decir que no saben lo que quieren ni cuando duermen. Su tono es cobrizo.

Danna, “La Doncella”. En honor a la madre del viejo pueblo y de la cual tengo la desgracia de ser, su hija... Es quizás una de las guardianas más reverenciada en el mundo, o al menos en una parte significativa. En su honor lleva su nombre el séptimo día de la novena.

La trayectoria de La Doncella es relativamente estable, pareciendo acompañar y describir una ruta parecida a la de Brenn, el Lobo. De cualquier forma las trayectorias de ambos parecen estar relacionadas. Mantiene un tono que varía entre diferentes matices de azul claro y cobalto.

Curadhan, “El Ciervo”.Cuentan en Dyss que Curadhan, “El Ciervo de Cullegh”, huye del Lobo y que Grimbal los persigue a ambos; que la Doncella desea impedirlo y que el Cuervo, se ríe de todos esperando sacar tajada... Sea cierto o no, las trayectorias de Curadhan, Grimbal y Brenn están relacionadas, resultando algo más previsibles las tres si se estudian en conjunto.

Le da su nombre al octavo día de la novena y se percibe de un color anaranjado brillante.

 

Errantes cercanos o Gemelos

Los dos cuerpos errantes cercanos, o Gemelos, se cree que son mundos de la misma naturaleza y características que la propia Dyss. Yo al menos, estoy convencida de ello. Su tamaño aparente es mucho mayor, semejante a lunas pequeñitas. Su luz es por tanto un factor importante a tener en cuenta durante las horas nocturnas.

Los Gemelos de Dyss mantienen unas trayectorias mucho más previsibles que sus hermanos pequeños, resultando  más contantes. De esta manera, determinar  su recorrido en el calendario es posible y hasta conveniente. Tengo constancia de que afectan levemente a las mareas, pero dado que es a escala muy débil, no lo tendremos en cuenta. Sin embargo, el poder de la “Ellan Yua” o “fuerza creativa del mundo”, se ve visiblemente afectado por la acción de los Gemelos de una forma que ya veremos en su momento.

A los Gemelos, o errantes cercanos, se les conoce como: Giseth, “el de la arena dorada”, dado su tono amarillento y Areté , “la gema del sol ” de un tono verdoso intenso.

Si ambos gemelos constituyen efectivamente otros mundos como lo es Dyss, nadie lo sabe con seguridad. Pero desde luego una cosa es segura, Dyss mantiene una afinidad muy importante con estos dos errantes cercanos, resultando afectada por éstos de forma evidente. Sin embargo, los Gemelos no forman una consciencia como lo forma Dyss. Son mundos gemelos sí, pero silenciosos y mudos, sin albergar consciencia propia.

O al menos eso se ha creído hasta ahora...

Y como de las constelaciones hay mucho que decir, lo dejaremos para el próximo apartado.

 

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¿Qué es Dyss?

Dyss, sello general

La Tierra de Dyss es un nuevo mundo, un entorno de aventuras completo y muy complejo. Es una tierra que se encuentra justo en el límite entre la última realidad, la ficción y los sueños. En cierto modo, Dyss está formada por la substancia con la cual la mente crea las historias, los cuentos y los mitos.

La Tierra de Dyss es un mundo Mitopoético, siendo éste el componente más importante de su propio concepto y el núcleo sobre el que alrededor se hilvana su estilo. Dyss se nutre de ideas que muchos autores han manejado en las cuales se recupera la esencia del mito poético como eje de la narración.

Autores tales como: Lord Dunsany, Lord Byron, Lovecraft y por supuesto, Tolkien; así como, Borges, Marion Zimmer Bradley, Robert Holdstock, Ursula K. Le Guin o Neil Gaiman, entre muchos otros, lo plasmaron de alguna forma en sus obras y muchos se enfocaron en un modo de pensamiento poético en el proceso creativo, cuya esencia mítica ha sido el pilar que ha dado lugar a las obras más importantes de fantasía de todos los tiempos.

La mitopoesía no es solamente  la estructura base de La Tierra de Dyss, también define totalmente su tono, su voz y su aroma. Elementos abstractos sí, pero que caracterizan totalmente una obra de ficción de todas las demás.

Este mundo de aventuras está muy inspirado principalmente en el género del cuento de hadas, al cuento tradicional europeo y en muchos mitos a lo largo de la historia de occidente. No sólo la mitología y la inspiración de ciertos aspectos forman estructuras para Dyss Mítica; a su vez, es el sabor propio de los cuentos tradicionales, cuya crudeza es patente si aún se tiene la suerte de encontrar las viejas versiones, dónde no se tenía especial cuidado en si su "crudeza" resultaba o no adecuada y que, en algunos casos, para la mentalidad de nuestro mundo moderno se podría percibir como, "despiadada".

Te sentirás tentado de pensar en Dyss como un planeta, con su lugar en una galaxia, con sus lunas, su sol y sus planetas vecinos. Bien, no lo hagas. Dyss es ante todo, un lugar. La Tierra de Dyss sencillamente existe, y para jugar a fantasía no necesitamos establecer ni la magnitud de su estrella ni el valor de su albedo. Es cierto que todo ha de tener coherencia y consistencia, pero esto se confunde siempre  con "realismo", en ocasiones enfermizo. Piensa en el mundo desde el punto de vista de sus habitantes, no del jugador avistando ese mundo desde el espacio.

Dyss es un lugar al que se pertenece, o al que se llega través de las múltiples encrucijadas desperdigadas en muchos lugares, ya sean esos lugares los de nuestro propio mundo o los de cualquier otra idea de un lugar de fantasía. Parte de la idea subyacente a esta propuesta comienza como un reto a la hora de hallar los senderos que conducen hasta Las Tierras de Dyss. Esto puede hacerse también, por tanto, desde cualquier otro mundo de tu elección.

Si necesitas una similitud más cercana y familiar piensa que Dyss es un lugar infinito semejante a la Tierra de Las Hadas o Arcadia de nuestra mitología. Faerie se asemeja en muchos aspectos a Dyss, estando también muy relacionados pues sin ser lo mismo, sí que son muy semejantes en su idea base. A la vez, ambos conceptos míticos están interconectados ya que, en algunos puntos, Dyss se solapa con otros mundos, entre ellos el nuestro, La Tierra.

Las zonas donde se produce el contacto son pequeñas, débiles y de duración indeterminada, resultando un fenómeno más bien cíclico. Pero esos contactos son lo suficientemente importantes para que en ellos se produzca un intercambio que, en algunos casos, permite el tránsito entre ambos mundos y que a su vez permite a Dyss percibir los sueños de las criaturas del otro lado, y así, tratar de comprenderlos.

La aventura se desarrolla en las Tierras de Dyss, un extraño y nuevo mundo al cual se llega por causas diversas. El aventurero puede llegar a través de muchos senderos, ya sea por razones del destino o por fuerzas aún más misteriosas, sin tener que ser necesariamente un nativo de este nuevo mundo. Sin embargo, una criatura nativa puede sentir también en algún momento de su vida la necesidad de soltar sus aperos de labranza y embarcarse en la aventura heroica de su vida, una aventura que le llevará a descubrir todos los tesoros del mundo y convertirse en una leyenda.

Normalmente lo primero que encuentra el aventurero es peligro, pero sobretodo, desorientación. Nada aquí es lo que parece. Extraños personajes deambulan por Dyss sin destino aparente. Algunos son inofensivos, otros son hostiles, pero todos buscan algo que no conocen muy bien hasta que, llegado el momento,  emprenden el largo camino que les lleve a casa, allí donde están todas las respuestas. El personaje se encontrará también con personajes que le alentarán, orientarán y que forman parte del mundo como guías, vigilantes y guardianes.

Siguiendo la herencia de sus influencias, Dyss Mítica es profundamente melancólica, algo que proviene de su propia consciencia. Al nacer de un mito y de una idea del subconsciente colectivo, muchos de sus seres se encuentran perdidos y desubicados, lo cual les hace llevar una vida ausente y amarga de confusión.

Todas las historias nacen en Dyss, y allí vuelven para morir, como en el conocido mito del cementerio de elefantes. Allí se dirigen nuevamente, para formar parte de la tierra que se formó por medio de la energía de la creatividad. Allí nace todo lo que jamás se contó, se soñó, o por el contrario, jamás se llevó a cabo, y por tanto, está lleno de parajes extraños.

En Dyss algunos sueños se vuelven “tangibles”, ya sean los sueños de los seres del mismo mundo o el de otras criaturas que habitan lugares lejanos; suceso que se produce a través de las tenues zonas de contacto, o fronteras, que conducen a otros mundos.

 Dyss alberga también un misterio en la progresión de sus días pues sus habitantes intentan desvelar, intrigados, que les depara el año cero o "momento de la revolución". Una fecha que se avecina cada vez más próxima ya que el calendario en Dyss es regresivo, descontando años (o estaciones en este caso), hasta el momento en el que su calendario volverá a contar hacia delante.

Dyss tiene cuatro particularidades muy importantes

La primera es que Dyss es un mundo consciente. Dyss posee consciencia de sí misma y se trata de un ser dotado de consciencia e inteligencia. Pero aunque su inteligencia supera todo lo conocido, su mente al mismo tiempo equivale a la de un niño que está comenzando a explorar el mundo y a comunicarse.

Dyss es aguda y profundamente inteligente, pero enormemente inocente y despreocupada. Su mayor deseo es aprender y comunicarse con las criaturas, lo que le resulta casi imposible pues no logra entenderlas.

Sin embargo, Dyss sí percibe constantemente lo que muchos seres guardan en el interior de su mente. No sólo los que habitan sobre la propia Dyss, sino también los sueños de todas las criaturas que habitan los mundos lejanos que ocasionalmente se solapan con Dyss en algunos puntos, de forma cíclica, a través de las fronteras.

La segunda peculiaridad es que Dyss es cambiante. Puede alterar su morfología a voluntad (a voluntad de su propia consciencia). Aunque existen mapas de Dyss, muchos lugares pueden verse alterados rápidamente y a simple vista, lo que los suele hacer bastante inútiles.

Estos cambios, por lo general, son lentos y transcurren en cuestión de horas o días, ocupando el mismo tiempo que necesita una planta o una flor para abrirse o cerrarse o de crecer unas pocas pulgadas.

No todas las zonas son iguales a los cambios de Dyss; las Regiones Cambiantes se llaman así porque allí los cambios son enormemente importantes y constantes, permaneciendo el resto de las regiones algo más estables o con cambios más imperceptibles y menos dramáticos.

Además de los propios cambios de su voluntad, Dyss es afectada por los cambios que genera el pensamiento subconsciente de los seres que la habitan. Aunque todos los habitantes de Dyss tienen el poder de producir cambios, en los nativos ese poder, por lo general, es algo reducido.

La verdadera fuerza del cambio proviene de "Los Extranjeros", que son todos aquellos habitantes de Dyss que no pertenecen a este mundo y que han llegado por medio de diferentes medios; ya sea cruzando puertas y encrucijadas o a través de senderos que llevan a otros mundos más allá de Dyss.

Son por tanto los Extranjeros, aquellos no nativos y los no nacidos en Dyss, los que acarrean cambios importantes a su paso. Un efecto que parece emanar directamente de su mente por todo cuanto llevan consigo en su interior, tanto en su mente consciente como en su subconsciente.

No todos los generan por igual, unos seres son más capaces que otros de producir cambios de mayor o menor importancia. Depende de su propia naturaleza, personalidad, poder o fuerza vital, así como si se trata también de un solo individuo o de un grupo; algo mucho más común. Aunque hay individuos muy poderosos en cuanto a la generación de cambios se refiere. De todas formas lo cotidiano es que esos cambios provengan de un colectivo, resultando la habilidad de provocarlo un solo individuo algo único, bastante excepcional.

Los cambios pueden ser de una infinita variedad y su intensidad va desde lo imperceptible hasta la alteración completa de regiones enteras. Las manifestaciones de los cambios son también más intensas en las regiones periféricas que en las interiores de la masa de tierra central.

Más allá de las grandes barreras, la naturaleza de esos cambios, y su frecuencia, se convierten en algo constante e incesante, resultando la estabilidad prolongada de la realidad lo verdaderamente excepcional. 

Las características de esos cambios están siempre sujetas, entre otras cosas, a los habitantes que hayan transitado por la región o que permanezcan en ella. A su vez, así como su importancia puede ser de una intensidad variable, la duración de los cambios puede ser temporal o permanente.

Todo esto depende de la intensidad de aquello que lo creó además de otras particularidades de la zona, o bien, de la cantidad de seres que hayan influenciado en un cambio concreto por medio de un sentimiento o un pensamiento, consciente o subconsciente, semejante entre unos y otros. 

La tercera característica es que el flujo del tiempo en Dyss es también variable y cambiante. Ya sea por la propia consciencia de Dyss o por la de algunos de sus habitantes.

Algunos lugares, sucesos y seres pueden moverse hacia adelante o hacia atrás en el tiempo. Pero además, y aunque ello suene algo extravagante, éstos también pueden hacerlo hacia un lado, es decir, hacia un suceso o sucesión de hechos; o hacia el otro u opuesto, o sea, hacia "todo lo contrario" de unos sucesos o hechos concretos.

Puede suceder que existan más planos de movimiento en el tiempo, pero eso es mucho más raro y excepcional, por no decir extraordinario. Este concepto de movimiento libre en el tiempo se explica con más detalle en otro apartado.

Por ahora, para entenderlo con más facilidad, piensa en un tablero cuadriculado igual al que se utiliza en el juego para el movimiento en el espacio. Piensa que cuando utilizas alguna magia de teleportación estás recurriendo a un cuarto eje espacial que te sirve de "trampilla secreta" para desplazarte de un lugar a otro.

Con la ayuda de este tablero intenta visualizar en lugar de las direcciones que conocemos, dos ejes temporales que corresponderían: hacia el futuro (donde estaría el norte en un plano de movimiento), hacia el pasado (el sur); por tanto norte y sur corresponden al eje Y. Ahora, hacia “una situación” (el este), o hacia “todo lo contrario de esa situación” (el oeste); o sea el eje X. Además de, por supuesto, todos los grados entre unas y otras.

Resumiendo, un eje Y para el futuro y el pasado, un eje X para una situación o su opuesta.  

La cuarta característica, y en cierto modo quizás la más importante,  es que en Dyss los sueños y los mitos pueden volverse tangibles. Estos mitos pueden provenir de todos los sueños y deseos secretos, ocultos en la mente de los seres que habitan este nuevo mundo, o bien, de todas aquellas criaturas que sienten y sueñan en aquellos mundos que tienen contacto con Dyss a través de sus zonas de tránsito.

Esas zonas de contacto, producto del solapamiento cíclico entre ambos mundos, permite a Dyss percibir lo que los seres llevan consigo en las zonas más profundas de su mente. Esto da lugar a un fenómeno conocido como, proceso mitogenético, el cual dará lugar a la formación tangible de esos sueños en el mundo real.

Por tanto, en Dyss pueden deambular los sueños, los mitos y muchos de los miedos más antiguos de las criaturas conscientes, convivir juntas quizás, marcharse de aventuras tal vez y, desde luego, dar lugar a las más extrañas situaciones que uno se puede imaginar...

Estas cuatro particularidades, descritas aquí brevemente, son la causa principal de gran parte de lo que sucede en torno a Dyss y son explicadas con más detalle en sus apartados correspondientes.

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La mensajera

Dyss, sello general

       Llegó a la ciudad montada sobre un destrier de más de mil setecientas libras, completamente desprovista de prenda alguna,  sobre la cuarta hora del día de Brennan, en la séptima estrofa, mes del duelo.

No hubo mirada de hombre en todo Caernavon que no vibrara de lujuria; no hubo al amparo de Lugh mirada de mujer que no transpirara envidia por aquella piel tensa como un bordado sobre el bastidor, y tan suave como el discurrir de la mentira.

Vino tan altiva, tan lozana y tan hermosa como el mismo semental tapizado de armiño que montaba. Forrado en guarniciones de oro y plata con bordados sobre terciopelo traído de más allá del mundo, allí donde los hombres recogen la cosecha con unos brazos que crecen donde deberían encontrarse las piernas. Con estampado de hilo de oro, rampantes leones bordaban su manto color cereza y lo completaban criaturas míticas vistas por algunos ilustrados en los libros que hablan sobre las bestias fabulosas de más allá del mundo; allí, donde el agua de los océanos se derrama hacia la noche, salpicando de espuma la bóveda celeste y formando así las estrellas del cielo.

Una pesadumbre se apoderó de todos los corazones, una mezcolanza de la última alegría de un año de primavera que se llevara de forma súbita un viento afilado y, antes de que se dieran cuenta, tejados, vigas y  chimeneas; gárgolas, canalones y desagües se habían llenado de pájaros negros que rondaban, expectantes, sumidos en la inquietud que guardaban bajo sus mismas alas.

Desfiló con soberbia, haciendo levantar las patas del caballo a través del callejón de los tejedores, sin prestar atención a las prendas que colgaban ondeando a la brisa perfumada de canela, de romero y de vainilla que exhalaba allí por donde pasara.
Dos guardianes del portón que guardaba la plaza del mercado arrojaron las lanzas y echaron a correr sin acordarse que, por aquella cobardía, les separarían muy probablemente la cabeza del cuerpo; tal y como sucedió algunos días más tarde, y sin poner en la tarea ni mucho empeño ni demasiada habilidad.

Había en ella tres cuartas partes de altivo orgullo, dos medidas y media  de arrogancia, cuarenta y seis partes de osadía, tres onzas de odio perpetuo sobre las criaturas que sienten, anhelan y sueñan en las noches estrelladas y..., y en un leve resquicio, una muy pequeña pizca de inocencia arrebatada en contra de su voluntad.

Pues la mensajera traía un mensaje de Ella, una vez más. Y para ella, como para sí misma, la niña que había dejado de serlo aquel lejano día que se entregó a la reina, perdiendo espíritu, cuerpo y mente, despojándola de su mayor tesoro, su voluntad, era ahora la voluntad de su reina, hermana, madre y dueña. Voluntad que  estaba ya tras todas sus amargas horas en posesión de Ella, que todo lo da y todo lo quita, por un pequeño precio...

Tan antigua, tan sabia y hermosa, tan vieja como el mundo... Tan antigua como el mundo.

Ascendió por la rampa, pateando con fuerza las piedras del pavimento, cruzando hacia la plaza a través de los últimos días del arco encarzado que sostenía un viejo portón de tallas imposibles de realizar por manos humanas. Un portón labrado que una vez sembró el orgullo de un próspero centro de comercio; hoy una ciudad medio en ruinas habitada de forma tragicómica por una población que hace tiempo olvidó el sabor de las quimeras y de la ilusión, abandonándose al delirio de las pesadillas que se habían inventado a sí mismos.

La vi entonces detenerse junto a los puestos de especias, lo más lejos posible de la fuente central. Fue entonces, en ese preciso instante, cuando pude percibir su absoluto desprecio por las gotitas de agua que salpicaban algunos palmos más allá del brocal. Un desagrado que traía consigo la urgencia inconfundible que reclama la supervivencia.

Me miró un leve instante y le devolví la mirada, y por un momento, pude percibir la duda, el leve aliento de un temor disimulado y una pequeñísima súplica que espantó el graznido de un cuervo, posado a pocos pasos de la mensajera, sobre su cabeza.

No tomó demasiado tiempo para, alzando una voz dulce pero firme, exclamar:

― ¡Gentes de Caernavon, escuchad las palabras de vuestra soberana y madre! ¡Regocijaos pues la reina ha vuelto para reclamar todo cuanto le debéis y que es suyo, por derecho! ¡Ella ha vuelto y espera que en la alegría de vuestros corazones le entreguéis de buena voluntad lo que le pertenece!

Un silencio traído del último abismo se depositó de manera imperceptible sobre toda la ciudad. Así, en el callado temor hacia los poderes que provienen de las esquinas del mundo, los habitantes de aquellas tierras escucharon las demandas.

Esta vez lo habitual, sin demasiadas sorpresas. La tercera hija del duque, la mayor, nacida en la canción de primavera, que en su juventud de muchachita, ya había pasado de niña a mujer hacía tan sólo los dos versos que tarda en cruzar el sol y su Jareth, la bóveda de los cielos.

Como vino se fue, en su arrebatadora altanería; tras reclamar los deseos de aquella que, todo en su gracia concede, como es llamada por las más ancianas y las más plañideras.

Nadie se interpuso en su camino, nadie cruzó bajo sus bridas bordadas de doble cruzado y cadeneta o se atrevió a rozar el brocado del manto de su montura; y muchos desearon haber muerto aquella mañana pues el grito desgarrador de la duquesa se escuchó desde la torrecilla del palacio a través de las calles, desde la puerta este hasta la del suroeste, cruzando desde la barbacana norte hasta el estercolero del sur, junto a las caballerizas. Un grito que se mezcló con el nauseabundo miasma de la calle de los curtidores y que se alejó volando, haciendo molinetes, a llevarle las nuevas a Ella. Allá en su recién reedificado castillo del bosque, no muy lejos, al sur.

Pues la que todo lo da y todo lo quita, había vuelto al bosque.

No pude más que sentir un extraño conjunto de emociones dispersas. Aquello que ronda entre el desprecio por quien se aprovecha de los débiles, la compasión por los que sufren el dolor que les imponen los que atentan contra su dignidad y, esto era lo peor, una enraizada cólera dentro de mi ser hacia la especie humana; por ser la única causante de todo aquello pues, aunque resulte difícil de comprender para los profanos, la única culpa por el retorno de Ella al bosque era debido a los propios deseos de las gentes.

Se trataba de sus propios anhelos egoístas y de todos sus deseos profundos danzando en las mezquinas aguas de la voracidad los que eran causantes de aquella nueva llamada. Pues Ella cobraba vida sí, una vez más. Como tantas veces lo hizo en el pasado, como otras tantas me temía haría de nuevo en el futuro.

Mil veces nacida, reclamada de un lugar que está más allá de los sueños, traída de nuevo por el deseo oculto de las gentes, por su propio anhelo secreto, por su codicia... Por el ansia disimulada de una entidad que pudiese otorgar cuantos dones se le pidieran, a cambio de..., a cambio de nada..., a cambio del dolor de otros... Pues cuanto Ella reclamaba a cambio de sus dones era algo sin importancia. Una nimiedad a cambio del la bendición de su abundancia. La vida de un ser que, por lo general, siempre era de otro.

Yo miré a mis camaradas y asentí sin titubeos. Esta vez la reina haría una excepción. Y en su exquisita cortesía respetaría la tradición que demanda el protocolo, a fin de conceder una audiencia que precisaría para su merced, algo quizás más contundente que las palabras.

Libro de Edanna

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