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Maeth "La Madre Laguna"

Dyss, sello general

Neni Desem

Por las calles empedradas de lo que ya puede ser descrito como una ciudad; a través de estrechos callejones que se trazan mediante la guía y la plomada; bajo la sombra de aleros y capiteles pasea en silencio una figura encapuchada envuelta en secretos. Revestida con su piel de diamante, indestructible, es capaz de quebrar cualquier estocada, incluso la que provenga del acero más resistente; una última visión para todo temerario que, envalentonado por su frágil apariencia de femineidad, se atreva a querer dañarla. Si esto sucede se convierte en una nube de vapor y cenizas en el tiempo que transcurre entre un abrir y cerrar de ojos. Quien la mira a los ojos fijamente envejece de súbito tantas estaciones como deudas sin pagar lleve a cuestas a razón de una jornada completa por unidad, o al menos, eso dicen. Es la matriarca que resguarda lo que con tanto celo se tarda en construir durante meses y meses de duro trabajo: una comunidad urbana, epítome de la organización y del desarrollo social. Es la Centinela Maeth, más conocida como Malina, La Madre Laguna.

Maeth "La Madre Laguna"Hermana de La Jagath, Maeth salvaguarda la civilización y el comercio; según ella, único baluarte digno de ser defendido en un mundo que sólo se halla poblado por todo tipo de bestias sin nombre; o que al menos lo estuvo, hasta la llegada de la instrucción que favorece la construcción social, la prosperidad del comercio y el desarrollo urbano. Dedicada por completo a instruir en todos los aspectos “vulgares” de la vida, la Centinela de la civilización promueve el desarrollo y la prosperidad de los vínculos sociales fuertemente organizados. También cuida del matrimonio, de una familia colmada de hijos y de los papeles de padre, marido, hijo e hija, esposa y madre.

Su filosofía se halla descrita en el símbolo que la representa: bajo la rueda geométrica que la matemática dispone para el uso de los constructores, Malina resguarda su rosa de los vientos, imagen del trazado ideal —la disposición en cruz y diagonal— que dicta las normas que rigen la estructura de una perfecta comunidad, tanto en lo físico como en lo mental y espiritual. Las llaves cruzadas protegen la prosperidad que todos están obligados a construir a su alrededor, un derecho sagrado del cual sólo cada uno es dueño y señor. Un recuerdo para aquellos demasiado curiosos, o demasiado imprudentes, como para tratar de escudriñar en los secretos que atesoren sus vecinos, ya que lo que obtiene cada individuo a lo largo de su vida es el legado que pasará a los suyos. La pena por tratar de acceder a lo que cada llave guarda no es otra que la muerte inmediata, sin clemencia ni posibilidad de amnistía de ninguna clase. En Dyss, en la mayoría de las comunidades, robar se castiga con la muerte siempre en el nombre de Maeth. Comenzando siempre por las manos, de izquierda a derecha, se sigue con los pies para terminar con la última visión de las luces centelleantes que cruzan por la mente una vez la hoja caliente cercena el cuello del condenado.

La Madre Laguna favorece así la lucha por la supervivencia, pero siempre bajo unas reglas que impiden aprovecharse del esfuerzo de tus semejantes; después de eso, ya no existen más reglas que las de tu propia consciencia. Nuestra Centinela de la civilización nos recuerda así que la prosperidad y la construcción social de la realidad han de regirse por una logística que favorece el ayudarse los unos a los otros —algo que ha demostrado ser la mejor estrategia a largo plazo—, pero que no dice nada acerca de la suerte que todas las demás criaturas, ajenas al deseo por el desarrollo de esa comunidad en concreto, tengan a consecuencia de estos planes. Y no lo dice porque no hay nada que impida ni ponga límites al progreso. De existir alguna barrera esta se presenta bajo la forma de la escasez de recursos, las limitaciones del espacio o a un bajo nivel en la natalidad, por citar sólo algunos de los más comunes.

Como he comentado ya en el apartado en el cual hablo de su hermana Anningan, Maeth enfoca sus intereses hacia aquellos deseos que tienen como denominador común todo cuanto está relacionado con los bienes materiales, la obtención de recursos de subsistencia y el logro de todo medio que favorezca nuestra lucha por la supervivencia. Mientras Anningan dirige sus intereses a nuestros deseos emocionales, resultado de nuestras pasiones mundanas, Maeth cree defender la única pasión que, requiriendo dedicación y esfuerzo, realmente vale la pena, es decir: nuestros impulsos por prevalecer y prosperar en el mundo para obtener una posición de ventaja respecto a las criaturas que puedan perjudicarnos, ya sea de forma inconsciente o intencionada. Por ello, no es suficiente con salir cada mañana al despuntar el alba a ver que encontramos por ahí para poder comer, vestirnos o poder defendernos. El don de disponer del raciocinio es una señal que Dyss ha dispuesto en todos nosotros otorgándonos uno de sus rasgos más característicos: el ser capaces de razonar, siendo conscientes de nuestro propio yo y, por consiguiente, de nuestra propia muerte. Así pues, la mejor forma de honrar a la tierra es demostrar que somos capaces de emplear sabiamente nuestro don consciente, ínfimo si lo comparamos con el de nuestro mundo.

La orden de Maeth se encuentra centrada en las grandes comunidades siendo uno de los mejor organizados. Antaño constituyó el pilar del antiguo imperio de Taurica y de Arcontis, hoy extintos, y de muchos reinos del Este sobre los cuales se edificaron sus leyes más preponderantes. Muchas de esas leyes forman aún parte del legado cultural de muchísimas comunidades cerradas que se encuentran desperdigadas a lo largo de nuestro mundo en forma de ciudades estado independientes. De esta manera, los hijos de Maeth han formado en el pasado poderosas Teocracias que gobiernan la suerte de muchos pueblos aún en el presente. A ellos se debe la invención de muchos pesos y medidas, de la moneda en un amplio número de regiones, de la gestión y el reparto de los bienes, de la agrimensura y otras muchas técnicas que ayudan a dividir la tierra y organizar los recursos económicos.

En los conventos donde se recluyen sus seguidores, mezclándose ambos sexos, se lleva una vida de producción ininterrumpida en un ejemplo de eficaz trabajo en equipo que roza la neurosis, pero que brinda una cantidad enorme de recursos beneficiosos para su comunidad. En estos lugares de recogimiento, que se encuentran repartidos por todo el mundo, jóvenes y viejos dedican una vida entera a velar por los intereses de la Centinela de los Matriarcados, rogándole que le conceda a las razas conscientes la primacía—siempre con preponderancia de la raza humana—, guiando al hombre hacia su prevalencia sobre la naturaleza. Mientras, se trabaja sin descanso, elaborando productos de todo tipo que puedan emplearse después como recursos de primera necesidad o como recursos para terceros. Un ejemplo de ello es la elaboración de telas y tintes, el trabajo del cáñamo, la construcción de herramientas, el tratamiento de ciertos productos como medicinas o la elaboración de productos de consumo directo como el pan, el queso y el vino. Por no hablar de sus complejas destilerías, sin igual en el mundo, de las cuales surgen los licores más exquisitos.

No existe comunidad que no base su prosperidad en una de las construcciones sociales más arraigadas y mejor conocidas como es el de la familia. Ésta es sagrada, y una buena parte de las leyes que dispone Maeth en su Códice Laguna es una extensa lista de dogmas que han de seguirse al pie de la letra a fin de preservar su existencia. En él se establecen las normas que rigen el contrato matrimonial, el coste de las dotes, el valor medio de los ajuares, los estatutos que rigen la herencia entre padres e hijos, el valor del parentesco y sus disposiciones legales, las leyes del apadrinamiento y su cuantía, el destino y el grado de importancia que cada miembro de la familia posee con respecto a los demás según su orden de nacimiento, etc. Además de ello, se rigen las normas del tratamiento entre diferentes familias y las fórmulas de cortesía entre ellas, el valor que posee cada una a la hora de hacer negocios, estableciendo cual puede efectuarlos y con quién, el precio del apadrinamiento entre distintas familias, las relaciones que han de establecerse entre apellidos de diferente condición y quién debe, cómo y cuándo relacionarse con los miembros de otra familia, dependiendo de su estatus y de su grado social.

Todas estas disposiciones no son más que los principios generales de un todo muy complejo que intenta organizar múltiples ámbitos como: los estatutos más comunes a la hora de hacer negocios, las normas de la construcción urbana, de su organización y de su gestión, la disposición legislativa, el flujo de la economía, el comercio y el valor de la renta..., entre muchas otras. En lo que a la estructura social se refiere, todo está regido por todo aquello que dispone Malina en sus enseñanzas, constituyendo su palabra una sola voz y una sola ley. Esto rige en particular, eso sí, a todas las comunidades humanas.

Debido a esta causa, no hace poco tiempo precisamente que existen muchos que se oponen a este estado en el orden de las cosas. Una rebeldía que se enfrenta a la muy bien organizada, y a menudo letal, orden de los Hijos de Maeth. Quien lo hace, debe de ser muy consciente de que tiene todas las de perder. Un hecho que efectivamente sucede, pues son muy pocos los grupos opositores que puedan hacerle frente a una muy bien organizada, y fuertemente motivada, hermandad de seguidores que estarían dispuestos a dar cualquier cosa en el nombre de todo lo que simboliza la madre de la Civilización. Verdadera fuerza impulsora de la estructura social de los humanos y máquina imparable que, día a día, obliga a hacer retroceder al viejo mundo salvaje hacia unos dominios forzados a menguar cada vez más a medida que se suceden los anillos del tiempo.

Principios

— Lo único que diferencia a los seres conscientes de las bestias es la primacía que la civilización ha creado. La salvaguardarás sobre cualquier otro aspecto de tu existencia.

— Defiende la sagrada institución de la familia como la misión más importante de toda tu vida, sólo por debajo en importancia al orden que nos trae un mundo civilizado.

— Sólo si tratas de prosperar según los preceptos de la civilización, honrarás al mundo que te ha dado la vida.

— Llevarás y defenderás los preceptos de Maeth, reunidos en su códice, allí a donde vayas.

Arquetipo: La Matriarca. La dueña del hogar.
Poder menor: Nómada.
Se asocia al género: Femenino.
Origen: Nativo.
Alineamiento: Legal neutral, (neutral).
Símbolo: Dos llaves cruzadas sobre la rosa de los vientos.
Color preferente: El bronce y el lila.
Arma predilecta: La maza.
Áreas de influencia: Codicia, comercio, civilización, leyes, riqueza, invención, artesanía, familia.
-Dominios D&D 3.X: Ley, suerte, protección, conocimiento.

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