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Tag: Lavondyss

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Las fuentes de Lavondyss

Dyss, sello general

Todas las criaturas del mundo, sin excepción, anhelan encontrar las Fuentes de Lavondyss.

Todas, en algún momento de sus vidas comienzan, perseverantes, la búsqueda del “Viejo Lugar Prohibido”; como también es conocido, entre otros nombres. Un gran número de ellas, en muchos casos, dedicarán a ello toda su vida, especialmente los seres creados por la fuerza creativa del mundo, los Mitagos. Éstos, dada su naturaleza de mitos tangibles, existen con el anhelo secreto, ya imbuido dentro de su misma esencia, de dar finalmente con el antiguo país desconocido, dando así con el fin de su propio ciclo. Un ciclo que comienza con un profundo anhelo, el aliento creativo de lo que existe, y que termina en el viejo y querido lugar.

Y el camino para hallar las fuentes de Lavondyss pasa exclusivamente por las tierras míticas que componen Dyss. Éstas mantienen la única senda, de todo cuanto existe y existió alguna vez, que se dirige hacia el viejo lugar. 

No existe otro sendero, ni ruta a través de todo el cosmos, que conduzca hacia allí.

Y de esa forma, cualquier criatura imaginable que quiera acceder a Lavondyss deberá cruzar previamente a través de las Tierras de Dyss, atravesando sus vastos territorios, con la esperanza de dar con el acceso que le conduzca hacia la ansiada tierra mítica.

Pero, ¿qué es Lavondyss?

Lavondyss es la tierra de la cual surgió el primer mito y, por consiguiente, es el primer mito. Es el lugar primigenio, aquel viejo y querido lugar, allí donde todo comenzó.

Lavondyss es Ávalon, es Valhala, es el Árbol de la Creación; Lavondyss es el Jardín de Alá, es la Casa de las Diez Mil Habitaciones, es la Casa del Bosque y es el Paraíso Terrenal; Lavondyss es el Gran Espíritu del mundo, las Tierras del Espíritu de la gran Ave y es el Flujo de Almas; es el Nirvana, es el Nexus y el fin de la Gran Rueda de Reencarnaciones.

Lavondyss lo es todo, es el “viejo y querido lugar”, es el “País Desconocido”, aquel “Viejo Lugar Prohibido” que todo ser consciente anhela pues, Lavondyss es utopía.

Y el único sendero que conduce a Lavondyss, cruza a través de La Tierra de Dyss.

Allí está el comienzo y el final de todas las cosas. En el viejo y querido lugar los seres perduran eternamente junto a los seres que aman, juntos para siempre hasta el fin de los tiempos; si es que el tiempo tiene un final para Lavondyss pues allí, el concepto del tiempo deja de tener sentido.

En Lavondyss están todas las respuestas y es allí hacia donde se dirigen tarde o temprano todas las criaturas conscientes del cosmos. En Lavondyss pues, además de las respuestas, está el sentido último para todas las cosas.

Es el lugar donde todo comenzó, el mito más antiguo. Y por eso, existe.

Porque Lavondyss, existe. Yo lo vi, una vez estuve frente a los arcos del confín del mundo que conducen hasta el viejo lugar. Está allí, en algún sitio, esperando ser encontrado; y la razón de ser de Dyss como una Tierra Mítica es disponer su antesala, preservar el dintel de su pórtico y sustentar la aldaba de su puerta.

Se cree que los accesos a las Fuentes de Lavondyss se encuentran en algún lugar de las Regiones Cambiantes. Es necesario adentrarse más allá de las áreas seguras, abandonando la confianza de una realidad estable, para iniciar lo que puede convertirse en la mayor de las aventuras, o en el más amargo de los fracasos.

En cualquier circunstancia, para encaminarse hacia Lavondyss hay que adentrarse en los territorios desconocidos, un viaje del que nadie regresa jamás, salvo contadas excepciones.

Y por ello audaz viajero, si armado con el coraje y el deseo de no cesar jamás en la búsqueda de tu propia evolución decides hallar las Fuentes de Lavondyss, más allá de los territorios interiores en Dyss, allí donde el tiempo y las distancias pierden su significado, podrás encontrar la senda despejada hacia el viejo y querido lugar, como una vez hice yo...

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Mundo silencioso

Dyss, sello general

Dyss, ¿por qué pareces siempre tan triste, tan melancólica?, con frecuencia aparentas ser tan silenciosa...

A menudo me pregunto el porqué de esos vientos que siempre se llevan tu voz..., bajo su propio aullido, resonando entre enormes granitos silenciosos, tan antiguos, recubiertos de líquenes; y este frío... Aullante frío de las regiones cambiantes, que consume, que desgasta, siempre manteniendo su propio silencio.

¿Por qué siempre este frio...?

Dyss es una tierra melancólica. Así lo dije siempre a todos aquellos que detuvieron su camino para escucharme. Con la cítara a la espalda aún hay muchos que me preguntan si puedo cantarles algunas canciones que hagan de su camino una faena más entretenida; con alguna alegría que llevar de vuelta al techo bajo el que se cobija una asustadiza familia de humildes labradores. Edith, al servicio de los poderes que guardan el mundo, lo explicaría mucho mejor que yo..., sin embargo, trataré de hacerlo lo mejor que pueda.

Dicen que cada lugar tiene su propia naturaleza, su condición. Algunos eruditos lo definen como, su temperamento. Su esencia personal, lo llaman otros de lengua un poco larga. Su genio y su humor, lo definen otros de lengua más larga todavía.

Y a pesar de la longitud de las lenguas, es cierto que existe “un tono” para el mundo. Una personalidad producto del permanente estado de una consciencia, y que determina la atmósfera que se respira en cualquier parte.

Porque Dyss tiene su propia naturaleza, una identidad personal que la define.

Esto no debería resultar nada extraño si, por ejemplo, observamos el Mundo de las Hadas. Faerie, por su naturaleza intrínseca, denota un estado de absoluta entrega a las pasiones. Allí todo es más intenso, más vívido. La esencia de su propia naturaleza se va, se dirige hacia los extremos, sin términos medios.

La belleza es más intensa, las flores más fragantes, sus aromas más embriagadores, sus colores más vívidos. Las pasiones son más agudas, el amor es más enloquecedor, la exaltación es más abrasadora. Los celos..., más implacables... La sangre..., más roja, más aromática, y se derrama con mucha más frecuencia.

Sus habitantes son víctimas de dirigentes más impredecibles, caóticos y sobre todo, caprichosos. Pues Faerie es todo “capricho” sí, un exquisito capricho de impredecibles consecuencias...

Así pues, Faerie, es un reflejo de un mundo allí donde todas las cosas obedecen de forma más directa a la pasión desmedida y donde, por contrapartida, se obtiene una consecuencia directa de ello. La belleza es desconsoladamente arrebatadora, y el horror, feroz, riguroso e implacable. Así es Faerie, esa es su naturaleza.

Y por ello, muchos buscan refugio en otros lugares...

La solitaria e introspectiva Dyss no es diferente en cuanto a presentar su propia individualidad. Quizás no lo haga, qué irónico resulta esto, “conscientemente”. Pero el hecho innegable es que su condición lo impregna todo como un viento imperceptible, llevando el tono de su melancolía..., a todas partes.

Un viento resuena entre ruinas silenciosas que parecen siempre estar observándote, allí donde crece la hierba, mientras los pastos inabarcables se balancean al compás de la brisa de aquí al horizonte. Recuerdo un roble solitario en medio de las llanuras, allí en las Tierras de Einar, donde los viejos muros de piedra una vez delimitaron los límites de un gran reino, hoy desaparecido. Una imagen familiar que representa algo difícil de explicar si no se experimenta pues allí, como en muchos otros lugares, reina una profunda melancolía cuya matriz es la soledad propia de una ensoñación.

Una soledad inabarcable, una soledad inaudita.

Dyss está aislada en su propio universo, allí donde su introspección es su propia cuna. Esto se traduce en un mundo silencioso, impregnado de su propia melancolía, y generalmente poco habitado, misántropo. Una tierra solitaria y poco poblada de grandes espacios vacíos; con frecuencia azotada por vientos fríos que provienen de los grandes cinturones de hielo del norte y del sur, más próximos a la tierra central. Vientos que son los portavoces indiscutibles de la gran mente que lo abarca todo, incluyendo sus propios cantos.

Sus silencios llenan los vacíos y despoblados rincones. Su soledad lo llena todo, lo impregna todo. Los viejos espíritus, siempre próximos a los antiquísimos semblantes de piedra repartidos por todos los rincones del mundo, resguardan cada escondrijo, permaneciendo a su vez mudos y silenciosos hasta para mí. Y es una soledad propia de la insólita introspección que emana de la tierra, en una continua observación y meditación.

Las viejas piedras observan el mundo, contemplando su propio silencio, soñando, esperando, siempre esperando... Una espera que no cesa, una espera que a veces, da miedo... Una espera que empiezas a desear que no cese...

Esperando en ese silencio, en la propia melancolía que define un mundo que aguarda la llegada de algo que nadie sabe, que nadie es capaz de predecir..., se encuentra Dyss.  Y en su melancolía, con su propio tono, levanta para sí misma la identidad del mundo que es, del que fue, y del que será.

El lugar que, habitándolo, todos juntos compartimos.

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La Tierra Amarga de Isan Reese (revisión)

Dyss, sello general

Tengo una tierra en la cual nada crece, salvo destellos de lo que una vez pudo ser y no fue. Esto ocasiona que allí, el sabor de una arena dorada se mezcla en la miel de mi bebida. Aún, después de probarla infinidad de veces, no la reconozco.

Lo cierto es que no sé qué hacer con ella nada en absoluto.

 

En la Tierra de Isan Reese hace mucho tiempo que se dejó de contar todo cuanto se ha perdido. Allí van todas las cosas que no se desean, que no se quieran o que se anhela quitar de en medio.

Sus páramos están repletos de sueños innecesarios, aunque hay muchos más que son necesarios pero que nadie desea conservar; pues dicen los que conocen sobre estos asuntos que nadie sabe en realidad lo que quiere. Una gran verdad, tan común como una piedrecilla en la bota.

Son sus regiones lugares de tránsito llenos de recuerdos que gimen en todo momento, no importa qué hora o qué instante del día o de la noche. Aunque precisamente suceden, con mayor frecuencia, cuando es el momento más inoportuno. Y los momentos inoportunos, por observación empírica, tengo constancia de que suceden constantemente.

Cualquiera diría que es porque mantengo un talante negativo, lo cual, suele estar mal visto...

Es como cuando a alguno le toca pudrirse por culpa de la enfermedad y a los de alrededor les molesta, pues es algo de talante negativo. O que un lugar siendo completamente estúpido y en el cual no quieras permanecer más de dos latidos de corazón, te digan que en realidad es porque llevas, un talante negativo. No es culpa de que el maldito agujero sea pútrido, ¡sino de un problema de actitud...!

...Yo me pregunto si los desiertos de todos los mundos que existen en el universo son así porque mantienen, ¡un talante negativo...!

Pero espera..., ¿me estoy desviando del tema? ¿No?

La Tierra amarga de Isan Reese está libre de tales absurdas ataduras. Reina allí un sistema feudal, no dictaminado por nadie, donde cada cosa se ubica en su sitio correcto; siendo adecuado en la mayor parte de su recorrido el correcto orden de cada cosa. Hay excepciones, por supuesto, pero de nada sirve explicarlas; de la misma manera que de nada sirve explicar esta pequeña crónica pues para entenderla no basta con actitud...

...O ahora que lo pienso, sí que basta, porque estas Tierras son tan absurdas que su propia explicación sufre por ello de forma clara, tal y como se puede ver...

¿Entiendes?

Y es que, para estos parajes sí que no basta con la actitud correcta. Allí cada día hay que tomar todas las decisiones una y otra vez, una y otra vez, una..., y otra vez, y otra..., y otra vez..., repitiéndose...

La compasión no tiene un lugar allí; quizás no lo tenga en ninguna parte.

Las Tierras de Isan Reese están malditas y pertenecen a "Los Seres de Otoño". Todo aquel que se adentra se encuentra despojado de la voluntad de vivir, de respirar o de recordar para qué sirve el siguiente instante de sus vidas.

Las razones de ello se encuentran en la historia y tienen orígenes de complejo significado, que estudiaremos con calma cuando llegue el momento.

Pero has de saber que cada día, cuando sale el sol, las elecciones del día anterior son cosa del pasado. Es por tanto éste el preciso momento de elegir de nuevo, de empezar de nuevo.

Así, por tanto, cuando la noche queda atrás y todo cuanto una vez soñaste, pensaste y decidiste ha sido olvidado, deberás sentarte en alguna piedra, no demasiado incómoda, y repasar todas y cada una de tus elecciones teniendo mucho cuidado de no olvidar ninguna, no vayas a lamentarlo.

Sin embargo, siempre hay algo que lamentarás... Suele suceder.

Por esto, y por otras cosas, esta tierra es conocida por su sobrenombre, "Amarga y Cruel"; y obliga cada día a los viajeros a repasar sin dudarlo hasta la engañosa necesidad de si desean o no desean respirar, durante cuánto tiempo, y cuántas veces.

Aunque el problema de respirar por lo general es el menor de los problemas. No, normalmente no lo es.
Hay mucho que decir de estos parajes donde te encuentras de forma constante con lo que es en apariencia innecesario, con lo que es rechazado, lo que es apartado y con lo que, por supuesto, es olvidado.

Se podría denominar basurero, pero ¿en qué basurero te encuentras amantes despechados, niños envueltos en la amargura de no tener siquiera la oportunidad de tomar decisiones, o a un gatito en una caja de zapatos? No recuerdo ninguno ahora mismo..., aunque mi imaginación me temo no es lo suficientemente pródiga en bienes de intercambio. En cualquier caso no creo que lo recuerde pues, por lo general, este tipo de cosas no suceden en un sitio concreto...

Suceden en todas partes, a todas horas. Pero eso es otra cuestión ¿verdad?

Hay mucho más que decir sobre una tierra en la cual el deseo de transitarla ha de ser tenido en cuenta en cada instante. Sin embargo, no todo son aspectos que puedan o quieran alejar al visitante. Tiene sus bondades, y sus puntos de interés, pues el deseo de olvidar todo cuanto alguna vez deseamos es un sencillo instrumento, compás y violín de tañido breve en el cual resuenan los ecos del mundo a cada instante. Una suave sinfonía que sin ser armoniosa suele ser bastante escuchada en todas las esquinas del mundo.

Digamos que es, una cancioncilla popular.

Es allí hacia donde se dirigen muchas cosas y hacia donde se envían muchas otras, no siendo la misma cosa ambos conceptos.

Pero si sé una cosa. Es allí, en la tierra baldía y amarga de Isan Reese, donde yo encontré cuanto quiero, deseo y anhelo. Pues fue allí donde aprendí a apreciar lo que anhelaron todos los seres de este mundo y que tarde o temprano, consciente o inconscientemente y casi siempre de una manera emparentada, por desgracia, con la mediocridad, dejaron atrás.

Por tanto, y una vez más, podemos aprender algo en Dyss. Y es que, no siempre la hierba es más verde al otro lado de la colina.

Libro de Edanna

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