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Tag: La Tierra de Dyss

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La Tierra amarga de Isan Reese

Tengo una tierra en la cual nada crece, salvo destellos de lo que una vez pudo ser y no fue. Esto ocasiona que allí, el sabor de una arena dorada se mezcla en la miel de mi bebida. Aún, después de probarla infinidad de veces, no la reconozco.

Lo cierto es que no sé qué hacer con ella nada en absoluto.

En la Tierra de Isan Reese hace mucho tiempo que se dejó de contar todo cuanto se ha perdido. Allí van todas las cosas que no se desean, que no se quieren o que se anhela quitar de en medio. Sus páramos están repletos de sueños innecesarios aunque hay muchos más que son necesarios pero que nadie desea conservar, pues dicen los que conocen sobre estos asuntos que nadie sabe en realidad lo que quiere.

Son sus regiones lugares de tránsito llenos de recuerdos que gimen en todo momento, no importa qué hora o qué instante del día o de la noche, aunque precisamente suceden con mayor frecuencia cuando es el momento más inoportuno. Los momentos inoportunos por observación empírica tengo constancia que suceden constantemente.

cynthiiiiCualquiera diría que es porque mantengo un talante negativo, lo cual, suele estar mal visto. Es como cuando a alguno le toca pudrirse de cáncer y a la gente le molesta, pues es algo de talante negativo. O que un lugar siendo completamente estúpido y en el cual no quieras permanecer más de dos latidos de corazón, te digan que en realidad es porque llevas: un talante negativo. No es culpa de que el maldito agujero sea pútrido, sino de un problema de actitud. Yo me pregunto si los desiertos de todos los mundos que existen en el universo son así porque llevan: un talante negativo.

Pero la Tierra amarga de Isan Reese está libre de tales absurdas ataduras. Reina allí un sistema feudal no dictaminado por nadie en donde, cada cosa se ubica en su sitio correcto, siendo adecuado en la mayor parte de su recorrido el correcto orden de cada cosa. Hay excepciones por supuesto, pero de nada sirve explicarlas, de la misma manera que de nada sirve explicar esta pequeña crónica, pues para entenderla no basta con actitud.

O ahora que lo pienso, si que basta.

Y es que, para estos parajes sí que no basta con la actitud correcta, allí cada día hay que tomar todas las decisiones una y otra vez, una y otra vez, una...y otra vez. Cada día, cuando sale el sol, las elecciones del día anterior son cosa del pasado, es por tanto este el preciso momento de elegir de nuevo.

De empezar de nuevo.

Así, por tanto, cuando la noche queda atrás, y todo cuanto una vez soñaste, pensaste y decidiste ha sido olvidado, deberás sentarte en alguna piedra no demasiado incómoda y repasar todas y cada una de tus elecciones, teniendo mucho cuidado de no olvidar ninguna, no vayas a lamentarlo.

Sin embargo, siempre hay algo que lamentarás.

Por esto, y por otras cosas, esta tierra es conocida por su sobrenombre. Amarga y cruel, obliga cada día a los viajeros a repasar sin dudarlo hasta la aparente necesidad de si desean o no desean respirar, durante cuánto tiempo, y cuantas veces. Aunque el problema de respirar normalmente es el menor de los problemas. No, normalmente no lo es.

Hay mucho que decir de estos parajes donde te encuentras contantemente con lo que es aparentemente innecesario, con lo que es rechazado, lo que es apartado y olvidado. Se podría denominar basurero, pero ¿en qué basurero te encuentras amantes despechados, niños envueltos en la amargura de, no tener siquiera la oportunidad de tomar decisiones, o a un gatito en una caja de zapatos? No recuerdo ninguno ahora mismo, aunque mi imaginación me temo no es lo suficientemente pródiga en bienes de intercambio. Sin embargo, no creo que lo recuerde pues, normalmente este tipo de cosas no suceden en un sitio concreto.

Hay mucho más que decir sobre una tierra en la cual el deseo de transitarla ha de ser tenido en cuenta a cada instante, sin embargo, no todo son aspectos que puedan o quieran alejar al visitante. Tiene sus bondades, y sus puntos de interés. Pues el deseo de olvidar cuanto alguna vez deseamos es; un sencillo instrumento, compás y violín de tañido breve en el cual resuenan los ecos del mundo cada segundo. Es allí hacia donde se dirigen muchas cosas y hacia donde se envían muchas otras, no siendo la misma cosa, ambos conceptos.

Pero si sé una cosa. Es allí, en la tierra baldía y amarga de Isan Reese, donde yo encontré  cuanto quiero, deseo y anhelo, pues es allí donde aprendí a apreciar  lo que anhelaron todos los seres de este mundo y que tarde o temprano, consciente o inconscientemente, y casi siempre de una manera emparentada por desgracia con la mediocridad, dejaron atrás.

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Un mapa que respira

Una bahía, dos montañas, dos bahías, un estrecho, dos océanos, tres cordilleras, una cordillera, tres ríos, otro mar, otra bahía, otro río, aquí va el bosque, no... aquí.

Dos bahías, tres montañas, un estrecho, el océano no va aquí. Un par de ríos más, total, ni que le fuera a importar a nadie.

Vaya... ¿Por dónde iba?

La Tierra de Dyss

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De las lunas y el sol

Sobre La Tierra de Dyss

Del sol y su estela

Un sol llameante surge cada mañana por el borde Oriental del mundo. Traza su camino dejando tras de sí una estela clara en el firmamento. Una estela si. Una estela de unos quince grados de arco acompaña al sol en su viaje a través de los cielos. Una huella diáfana a la luz del día que se puede avistar con claridad.

cuarto-de-lunaDicen muchos sabios y los que ocultan sus miedos al mundo arropados en viejos legajos, libros y pergaminos, que el sol sobre la Tierra de Dyss es un colosal cometa muy cercano. Una cola inmensa y clara tras una gran bola de fuego, que gira y gira alrededor del mundo. Pero ¿qué sabrán ellos? Todos saben que el sol de Dyss es su guardián, y su estela es el rastro que deja su manto tras de sí. Tan radiante resulta que las estrellas huyen al verlo. En cualquier caso, el nombre de ese rastro, estela o manto es denominado: El Jareth.

El Jareth es la larga estela que deja el sol, el manto que cubre al mundo en las horas diurnas y que muchos otros creen que es el mismísimo firmamento en llamas, arrasado por el transcurrir del sol por sus senderos, allá en lo alto. Y se dice con razón ya que ciertamente, esta estela parece haber prendido los tejidos que forman la bóveda de los cielos. Un infierno en llamas que marca el camino del sol en su recorrido, trazando su huella. Cuando el mismo sol se asoma y se esconde por el horizonte, es el Jareth el primero en avistarse, y el último en desaparecer, dando lugar a una de las más hermosas visiones; la alborada y el crepúsculo causada por el Jareth, y que generan un arcoíris de tonos iridiscentes, platinos argénteos, oros refulgentes en la misericordia de los naranjas, los rojos y los lilas más bellos del firmamento.

Poetas y escritores, músicos y filósofos, han llenado torres de piedra con amables pliegos repletos de palabras poéticas hacia estas visiones sobrecogedoras. Pero el mayor poema es contemplarlo en sí mismo, aunque las canciones sean buenas compañeras para tales espectáculos.

El poder del  sol, con su fiel compañero, su manto  El Jareth, es venerado por igual en la práctica totalidad de Las Tierras de Dyss, con muy pocas y vergonzosas excepciones. Su poder es patente, su presencia indiscutible. El sol y su manto, el Guardián y el Jareth; son poderes presentes en Dyss, y velan, por la tierra, por sus cauces y por los que le dedican algún pensamiento  al salir más allá de los confines del mundo, cada mañana.

Pero el que el sol salga cada mañana, no tiene siempre por qué ser verdad.

En efecto, un día del año, justamente el día central del calendario. El sol no sale, sumiendo al mundo en tinieblas. Se le denomina a ese día: el Día del Luto. Y es el precio que pagan los habitantes a Dyss por todas las ofensas recibidas. Un justo castigo, pues ese día resulta en muchas regiones una jornada angustiosa y  terrible, y en otros, ese día se convierte en una auténtica pesadilla.

La ausencia del día, ocasiona que todo aquello que ama, venera o se esconde en la oscuridad se aventure más allá de donde normalmente puede merodear. La prudencia y las desgracias de un día en tinieblas hacen que lo más aconsejable  sea atrancar bien puertas y ventanas, hasta que el manto del sol, El Jareth anuncie la llegada de un nuevo día en el cual el guardián, reanude una vez más su marcha diurna.

De las lunas y sus mareas

En las largas noches, especialmente en los años de invierno y otoño. La vida se hace más llevadera o más inquietante gracias a la presencia de las lunas de Dyss. Estas son: La Luna de Trigo y la Luna Doliente, como se las denomina en la mayor parte de los territorios.

La luna de plata o "La Luna de Trigo", a la que también se la llama "la rubia" o "la alegre", surge cada noche creciendo o menguando y es la causante de las "mareas menores".  Tiene una fase de veintisiete  días o "versos", es decir; un mes completo o "estrofa". A la luna de plata también se la conoce como "La soñadora" o más cariñosamente "Irina".

Su tamaño aparente equivale a nuestra "luna de verano" de algunas regiones. "La luna de trigo arroja una luz plateada y fría que ilumina con bastante acierto las tinieblas de la noche, y ayuda a no perderse en las largas horas de madrugada. Su luz tiene propiedades curativas y es dispensadora de fertilidad. "La luna de trigo" es venerada por igual en muchas regiones, siendo amada por la mayor parte de los habitantes, estando presente muchas veces en poemas y canciones.

Su rostro cuando está llena  presenta una serie de dibujos, como "el ratón" o "el conejo" pero el dibujo más característico que se divisa sobre su faz es la imagen de "el ciervo", símbolo de los guías en Las Tierras de Dyss.

La segunda luna, la luna roja (o luna de  cebada) también conocida como "La Luna Doliente" tiene una aparición más caótica y su presencia es siempre inquietante en el firmamento.  Los dibujos de su rostro son adustos, surcados de cicatrices extrañas, aunque es reconocible la forma conocida como "la esfinge" sobre su faz. La luna doliente es de proporciones enormes, resultando su tamaño aparente colosal,  y ocupando buena parte de la bóveda celeste. Cuando está llena, cosa que solo sucede una vez al año, su visión es un espectáculo sobrecogedor, resultando inmensa en aspecto y extensión.

Su luz rojiza y brumosa se adentra en los rincones más resguardados, iluminando a veces lugares remotos en los cuales ninguna luz podría filtrarse, y se difunde con una facilidad que aparenta ser una luz subrayada por la magia. Así pues, su luz tiene propiedades arcanas, siendo indispensable en multitud de procesos arcanos y mágicos, y resultando un componente más de las artes mágicas del mundo.

Constituye su fase una estación completa, es decir; "una canción",  que en Dyss corresponde a un año (en Dyss las estaciones se suceden por años consecutivamente). La luna roja tiene un efecto directo sobre las estaciones, gobernándolas. También afecta directamente al comportamiento del clima, y es la causante directa de las "mareas mayores" de las cuales ya hablo en otro apartado, pero que como se puede presuponer consisten en mareas de proporciones gigantescas, provocando que las aguas se retiren miles de millas. Descubriendo así territorios que bien pudieran ser naciones enteras o bien cubriendo de la misma forma una vasta extensión de territorio de muchos miles de millas cuadradas de extensión. Por eso se dice que: "si los pies bien secos quieres mantener, al rostro de la doliente deberás temer…"

Las lunas, tanto Luna de Trigo como Luna Doliente a veces presentan ausencias, desapareciendo de forma enigmática e inexplicable. Raras veces eso si, pero esporádicamente  desaparecen de los cielos, dejando a la mayoría de los habitantes de Dyss sumidos en el temor y la consternación. Estas "ausencias" son más frecuentes en la Luna Doliente.

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