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El canto de Irina

Dyss, sello general

Irina "La Soñadora"

Los poderes centinelas de nuestro mundo que más seguidores poseen y que más culto reciben después de Kaleth son: Irina apodada “La Soñadora” y su hermana melliza, Inanna “La Doliente”. Ambas son muy visibles, manifestándose en la forma de las lunas que podemos contemplar cada noche en los cielos, siendo a su vez los poderes de la tierra que se hallan más presentes en la mente de todos al estimarse como entidades muy cercanas. Una certeza absoluta, ya que ambas tienen en común el disponer de una manifestación física tangible, visible en el mundo, que las hace estar presentes a lo largo de la jornada, estando por esa razón tan vigentes en el corazón de todos.

IrinaInanna e Irina son hermanas mellizas, aunque muy diferentes la una de la otra. Mientras que Inanna es oscura, misteriosa y taciturna, su hermana Irina es luminosa, comunicativa y abierta. Se dirige al mundo con orgullo brindándole en las horas nocturnas la tibieza de sus rayos y la radiante armadura de su fulgor. Por ello, es la dama protectora de caminos y sendas, de viajeros y de vagabundos, de guías, de creadores y de todo cuanto implique el libre tránsito. También protege el intercambio a través de las grandes rutas de comercio, iluminando los recodos de un camino arduo y peligroso. Pero lo más importante de todo es que Irina es la dueña, señora y centinela de la fertilidad, velando por todos los procesos del nacimiento y de la gestación, de la vida en general y, por supuesto, del amor, una poderosa fuerza que se nutre de la propia vida mientras  ella misma sustenta a la fertilidad.

Por ello es reverenciada en versos, canciones y poemas —algo que me atrevería a decir sucede cada noche en muchos rincones de nuestra tierra—, lo que la ha convertido también en patrona de artistas y creadores de todo lo hermoso que surge gracias al fuego de la pasión; de manera especial a los músicos, bardos y poetas itinerantes que le cantan con devoción a aquella que representa a la luz del mundo cuando todas las demás luces ya se han apagado. Conceptos que se pueden asociar fácilmente con todo cuanto significa para nosotros el término: esperanza.

Su símbolo es uno de los más antiguos que se conocen. Por extraño que parezca, siempre existe algo secreto en nuestro interior que hace que nos resulte familiar esa media luna cruzada con una espiga moldeada con la forma de un cuerpo femenino, aunque jamás la hubiésemos visto antes. Se trata de una imagen que hemos compartido los seres mortales desde siempre y que nos hemos transmitido los unos a los otros a lo largo de todas las estaciones que han desfilado por nuestra historia, de alguna forma misteriosa y fascinante, desde los mismísimos orígenes del mundo.

Irina, también llamada “Luna de Plata” o “Luna de Trigo” se disocia, al igual que su melliza, de su manifestación física, siendo capaz de estar presente y de poder caminar sobre el mundo. Es su poderosa fuerza vital, esto es: Irina como entidad, lo que nos importa tratar aquí, dejando para otro apartado todos aquellos aspectos que se exteriorizan en la forma de ese astro centelleante que ilumina nuestras horas nocturnas.

Quizás uno de los efectos más evidentes de su manifestación tangible sea el efecto de flujo y reflujo de sus mareas, que si bien en Irina son leves y de efectos suaves, denominándose “Mareas Menores”, en Inanna tienen consecuencias dramáticas e intensas, más conocidas como “Mareas Mayores”, al ser capaces de afectar incluso a la tierra que pisamos bajo nuestras botas, siendo a su vez uno de los aspectos que determinan los movimientos y el comportamiento de Las Regiones Cambiantes.

Al poder de toda la influencia que posee Irina sobre el mundo se lo conoce como “El Canto de Irina”, una fuerza muy poderosa —bien conocida— que comparte con Inanna, aunque se produzca el de ésta bajo otro aspecto (siendo otra forma más del poder del Ellam Yua) que regula los procesos de la fertilidad, del nacimiento y del crecimiento, pero que también influye de forma directa sobre el poder del amor. Todos los procesos que tienen algo que ver con esos sentimientos deben su influencia al canto de esta poderosa entidad y no, como muchos creen, a la influencia de Dyss, ajena por completo a tales asuntos. Es más, narra nuestro legado mítico que fue Irina junto con su hermana Inanna quienes en realidad enseñaron tanto a reír como a llorar a Dyss, entre otros muchos secretos, siendo ellas quienes tuvieron a su cuidado al mundo en sus primeros días de existencia. Una leyenda que de lo tierna que me resulta desearía que pudiera ser cierta, y que no tardaré en contarte.

No es hasta la larga estación de primavera cuando Irina decide dar comienzo a esa parte en su canción que produce una explosión de vida de tal intensidad que el mundo vivo se renueva casi por completo. Una canción que va sufriendo variaciones en su tono a medida que se van sucediendo los días del mundo, alcanzando su punto álgido a mediados de la estación de verano y tornándose más apagada durante todo el cruel año invernal. Con la superficie de un mundo helado en su mayor parte, el canto de Irina es cuando se convierte en el suave arrullo que invita a dormir a la mayor parte de las criaturas durante todo el duro y largo invierno. Irina regula así, a través de sus ciclos armónicos, los periodos de fertilidad, que la obedecen según evolucionen los tonos de su canción. Se establece a su vez el calendario a partir de los aspectos que muestra hacia el mundo su manifestación tangible, y del efecto del flujo y reflujo de las mareas que producen sus movimientos.

Irina, al igual que su hermana Inanna, tiene por objetivo el cuidar y proteger a Dyss; por ello no se separa jamás de su lado, permaneciendo siempre a su alrededor para poder protegerla de cualquier amenaza. Tanto Inanna como Irina cuidan del mundo tanto como una madre podría cuidar de su recién nacido. No sería ni la primera vez ni la séptima, que gracias al tesón de sus dos centinelas nuestro mundo ha sobrevivido a distintas amenazas.

Pero para poder entender los porqués a tantas preguntas que se formulan cada día en el presente debemos antes echar un vistazo a los comienzos del mundo en los días del pasado. Pues cuentan que cuando una única y solitaria chispa de consciencia se encontraba sola en medio de la oscuridad, tras haber sucumbido Morthid y Kalessin el uno sobre el otro en una lucha que bien podría haberse medido en términos de eternidad, una luz errante se dirigió hacia ella tras sentir, intrigada, su presencia. Se trataba de Lugh, nuestra estrella más brillante y que otrora fuese su brillo muchísimo más fulgurante de lo que es ahora debido a unas razones que, como veremos, constituyen la definición más simple que conozco de lo que significa la abnegación.

Lugh “El Errante” era el resultado de todo cuanto quedaba de “otro lugar”, puede que otro mundo que había sucumbido a la aniquilación por razones que no entran en esta historia, y cuyos detalles en realidad no podremos conocer jamás. Existía olvidado, solo y errante, vagando perdido sin rumbo y sin propósito, pero aún con el anhelo de poder hallar algo que su ya débil esencia vital le pedía a gritos que no cejara en el empeño de tratar de encontrar, pues no le había abandonado aún la esperanza.

En su periplo errante a través del multiverso sintió la presencia de una entidad que se encontraba en un aún muy reciente estado de preexistencia, pero que refulgía de una forma inédita debido al enorme potencial que se escondía en su interior. Lugh se sintió absolutamente fascinado por aquel mundo primigenio, todo cuanto quedaba de la feroz batalla entre Morthid y Kaleth, y que desprendía aquel leve destello de consciencia. El hallazgo, desconcertante y maravilloso, le cautivó de tal manera que decidió entrar a formar parte de  él desde su origen. Una historia que, desde luego, está formada a raíz de la metáfora del nacimiento, pero que yo siempre he encontrado fascinante.

Gracias al calor de Lugh, entonces bajo el aspecto de un inmenso cuerpo celeste mil veces mucho más poderoso de lo que es hoy en día, Dyss consiguió desarrollarse, despertando definitivamente en algún momento del tiempo; hace tanto, que aún las estrellas no habían aprendido a centellear en la bóveda de los cielos. Cuando lo hizo era como cualquiera de nosotros, un libro en blanco esperando llenar sus páginas con los trazos que describen la historia.

Dispuesto a querer entrar a formar parte de algo que con tanto anhelo había estado buscando, Lugh tomó una decisión que cambiaría la historia del tiempo para siempre; un plan que le permitiría crear diferentes aspectos de sí mismo partiendo de todo el poder de su fuerza vital con el propósito de dotar de compañeros de viaje a aquella entidad que estaba despertando. Una decisión que surgía del deseo de querer proteger de forma más eficaz a su hallazgo y por la esperanza de tratar de impedir que se volviesen a cometer los mismos errores de los que una vez formó parte, en algún momento de su remoto pasado.

Para ello tomó todo cuanto constituía su fuerza vital y la dividió en dos partes iguales. De cada mitad hizo de nuevo diez fracciones. Tomando las nueve décimas partes de una fracción creó a Irina, y de las nueve partes de su otra mitad le dio forma a Inanna. Ambas se desprendieron de él en un proceso doloroso y desgarrador que le hizo mermar aún más, perdiendo una de las dos partes que había guardado para sí mismo, quedando menguado para siempre al estar constituido ahora tan sólo por una de aquellas dos pequeñas fracciones que se había reservado a fin de poder seguir preservando su existencia. Esa fracción que perdió aún continúa su proceso de desintegración, siendo la larga cola centelleante que podemos ver cómo va dejando atrás cada día a lo largo de su recorrido, y que conocemos como “El Jareth”.

Fue precisamente Jareth quien descubrió el significado y la naturaleza de esa manifestación visible de Lugh, por lo que se decidió nombrarla en honor a su descubridor. Un pesaroso proceso de decadencia que continúa aún hoy en día tras tanto tiempo, siendo bien visible, y que nos recuerda que en el multiverso nada es eterno. A pesar de ello, Lugh aún refulge de esplendor en la bóveda de los cielos, faltando aún mucho, mucho tiempo para que llegue el día en el cual su luz se extinga para siempre.

Así cuentan pues las leyendas que nacieron nuestras dos lunas, creadas a partir de la abnegada decisión de una estrella errante que sacrificó la majestuosidad de toda su grandeza por un tipo de grandeza que yo entiendo como muy superior. El rastro de consciencia que habitaba en él hoy en día no es más que un leve resquicio, pues todo cuanto fue alguna vez está ahora formando parte de la esencia vital de las dos hermanas mellizas, habiendo quedado la estrella de la cual nacieron reducida al cuerpo inerte de un dios moribundo. Siempre bajo la ínfima escala de nuestro punto de vista, por supuesto, ya que aún siendo una mínima parte de lo que fue Lugh en su pasado, todavía es capaz de brindarnos aún hoy el calor y la bondad de su energía. Debido a que Lugh se encuentra en un estado de letargo desde tiempo inmemorial, no lo consideramos como un Centinela activo en nuestro tiempo.

Irina le mostraría a Dyss lo que significa la risa, la alegría y el canto, aspectos de la existencia que nos enseñan a valorar toda la felicidad que la vida significa, mientras que su hermana Inanna la hizo consciente de que siempre existe un principio y un final para todas las cosas, mostrándole que el dolor también forma parte de la vida, al ser ambos aspectos parte de una verdad inherente a todo el cosmos.

Mientras que Irina le mostró lo que es la alegría y la felicidad, Inanna se encargó de enseñarle el significado de la compasión y del pesar que sobreviene ante todo aquello que puede ser perdido alguna vez, otorgándonos el don de ser capaces de poder derramar lágrimas por todos aquellos que nos son ajenos; un equilibrio necesario entre las dos potencias y un justo trato universal. Según la creencia popular, fueron ambas quienes enseñaron a Dyss a reír y a llorar como su primera lección, no habiéndola dejado sola en ningún momento mientras la confortaba toda la luz y el calor de Lugh. Por eso decimos que fueron Inanna e Irina quienes mecieron la cuna donde dormía el mundo antes de su despertar a la existencia, habiéndolo acompañado siempre desde sus comienzos. Por todo esto, han sido Irina y su hermana melliza sus más fervientes protectoras.

Son innumerables sus seguidores en el mundo, muchos más que los de su hermana Inanna, edificándose muchos lugares de culto en su honor. Éstos poseen la particularidad de disponer de grandes aberturas, bóvedas abiertas o extensos patios al descubierto que permitan poder ver los cielos, o bien, de tratarse de lugares erigidos al aire libre sin techos de ninguna clase. En ellos siempre se entonan profundos cánticos durante las horas nocturnas que se prolongan hasta bien entrada la madrugada, en muchos casos tratando, como suele ser lo común, de que Irina tenga la merced de interceder ante la Gran Consciencia; una manera soterrada, como ya sabemos, de rendir culto a Dyss a pesar de la prohibición.

Principios

— Tratarás de proteger siempre la vida sobre todas las cosas, lo que incluye también la tuya.
— Serás también centinela de la tierra, tratando de iluminarla siempre con tu propio brillo.
— Aprende a reír disfrutando de tu existencia, es el mayor regalo que tú mismo te hiciste en el momento de tu nacimiento.

Poder mayor: Exaltado
Origen: Nativo.
Alineamiento: Legal bueno, (bueno).
Símbolo: Una media luna con una espiga moldeada con forma femenina.
Color preferente: Blanco y amarillo.
Arma predilecta: Mangual, mazas.
Áreas de influencia: Luna, ilusiones, amor, vida, viaje, comercio, suerte, belleza, artes, sueño, crecimiento.
-Dominios D&D 3.X: Bien, curación, suerte, viajes, protección.

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