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Tag: ficción

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De la bóveda celeste

Dyss, sello general

Enmarcadas en una majestuosa bóveda celeste, Dyss tiene el privilegio de albergar, como ya he descrito, dos lunas además de un sol que ya conocemos como Lugh, y que no anda solo en el transcurrir de la jornada pues mantiene siempre a su “Jareth” muy cerca, como un manto que se extendiese a través del firmamento.

Pero en los cielos existen otra infinidad de detalles que precisan de un poco más de tu tiempo para ser enumerados. Esos detalles los clasificaré como: los cuerpos errantes y las estrellas con sus constelaciones.

Las estrellas salpican la bóveda celeste de brillos titilantes, describiendo un movimiento siempre fijo y que sólo varía dependiendo de la época en la que se encuentre cada estación durante la cual veremos las diferentes constelaciones con mayor o menor facilidad variando su posición con respecto a la tierra y su altura en relación con el horizonte, según el momento.

Un concepto ya familiar para muchos, o al menos para la mayoría.

Sin embargo, existen una serie de cuerpos que parecen describir un movimiento “errático” a través de los cielos, comportándose cada uno de una forma determinada. Dotados de individualidad, estos cuerpos mantienen unas trayectorias complejas de describir, manteniendo cada uno sus particularidades. A los cuerpos errantes, nos referiremos en primer lugar, para después terminar nuestro viaje a través de los cielos describiendo las caprichosas formas que adoptan las estrellas y sus constelaciones, y lo que éstas significan para la existencia.

 

Los cuerpos errantes

En la noche estrellada además de las lunas y durante el día, por supuesto, del sol Lugh y su Jareth, existen otros siete cuerpos celestes de relevancia que conviene tener muy en cuenta.

Los siete los dividiremos a su vez en cinco cuerpos errantes lejanos y dos errantes cercanos o “Gemelos”.

 

Errantes lejanos

Los errantes lejanos son también pedazos de realidad, como lo es Dyss, que se encuentran a grandes distancias. Se perciben como estrellas muy brillantes de diferentes tonalidades. Desconozco si albergan su propia consciencia, aunque en el mundo se tiene la certeza de que así es dados los juegos que mantienen en los cielos y que traen de cabeza a todo estudioso que quiera describir sus movimientos. Los cinco le dan sus nombres a cinco días de la novena que en su honor los recuerdan en el transcurrir del árbol del tiempo.

Describen trayectorias independientes muy diferentes entre sí además de una serie de movimientos, o más bien de comportamientos muy concretos, a lo largo de toda la estación, manteniendo cada uno unos rasgos característicos que los definen.

Sus trayectorias suelen variar dependiendo de la estación, y en ocasiones, variando su posición de un ciclo a otro, lo que resulta de lo más extraño. Son desde luego complicados de describir asumiendo, por tanto, que obedecen a su propio libre albedrío y a su voluntad o yo diría más bien que, a su propio capricho, pues mantienen los cinco su propio juego a través de los cielos. Un juego que aparenta ser independiente de todo lo demás.

Los nombres de los cinco errantes lejanos son:

Grimbal, “El Cazador”. En algunos sitios conocido por, Gillean, nombre que en su honor se le da al segundo día de la novena. Día que por cierto, y creo haber comentado ya, no se puede cazar ninguna presa. Algo que no se aplica a los animales y a las bestias, obviamente.

De un color avellana, Grimbal describe una trayectoria más estable que sus cuatro hermanos.

Brenn, “El Lobo”. Que da su nombre al cuarto día de la novena. De tono blanco brillante parece seguir a su hermano Grimbal, para después describir una trayectoria completamente diferente y que ha hecho gemir de angustia al estudioso de los cielos más paciente.

Ruadh, “El Cuervo”. De todos, el de trayectoria más disparatada, cambiando de mes en mes, de estación en estación y de ciclo en ciclo. Ruadh le da su nombre al sexto día de la novena y que si repito es para que lo recuerdes. Los que nacen ese día se les suele decir que no saben lo que quieren ni cuando duermen. Su tono es cobrizo.

Danna, “La Doncella”. En honor a la madre del viejo pueblo y de la cual tengo la desgracia de ser, su hija... Es quizás una de las guardianas más reverenciada en el mundo, o al menos en una parte significativa. En su honor lleva su nombre el séptimo día de la novena.

La trayectoria de La Doncella es relativamente estable, pareciendo acompañar y describir una ruta parecida a la de Brenn, el Lobo. De cualquier forma las trayectorias de ambos parecen estar relacionadas. Mantiene un tono que varía entre diferentes matices de azul claro y cobalto.

Curadhan, “El Ciervo”.Cuentan en Dyss que Curadhan, “El Ciervo de Cullegh”, huye del Lobo y que Grimbal los persigue a ambos; que la Doncella desea impedirlo y que el Cuervo, se ríe de todos esperando sacar tajada... Sea cierto o no, las trayectorias de Curadhan, Grimbal y Brenn están relacionadas, resultando algo más previsibles las tres si se estudian en conjunto.

Le da su nombre al octavo día de la novena y se percibe de un color anaranjado brillante.

 

Errantes cercanos o Gemelos

Los dos cuerpos errantes cercanos, o Gemelos, se cree que son mundos de la misma naturaleza y características que la propia Dyss. Yo al menos, estoy convencida de ello. Su tamaño aparente es mucho mayor, semejante a lunas pequeñitas. Su luz es por tanto un factor importante a tener en cuenta durante las horas nocturnas.

Los Gemelos de Dyss mantienen unas trayectorias mucho más previsibles que sus hermanos pequeños, resultando  más contantes. De esta manera, determinar  su recorrido en el calendario es posible y hasta conveniente. Tengo constancia de que afectan levemente a las mareas, pero dado que es a escala muy débil, no lo tendremos en cuenta. Sin embargo, el poder de la “Ellan Yua” o “fuerza creativa del mundo”, se ve visiblemente afectado por la acción de los Gemelos de una forma que ya veremos en su momento.

A los Gemelos, o errantes cercanos, se les conoce como: Giseth, “el de la arena dorada”, dado su tono amarillento y Areté , “la gema del sol ” de un tono verdoso intenso.

Si ambos gemelos constituyen efectivamente otros mundos como lo es Dyss, nadie lo sabe con seguridad. Pero desde luego una cosa es segura, Dyss mantiene una afinidad muy importante con estos dos errantes cercanos, resultando afectada por éstos de forma evidente. Sin embargo, los Gemelos no forman una consciencia como lo forma Dyss. Son mundos gemelos sí, pero silenciosos y mudos, sin albergar consciencia propia.

O al menos eso se ha creído hasta ahora...

Y como de las constelaciones hay mucho que decir, lo dejaremos para el próximo apartado.

 

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Los Mito-Imagos

Dyss, sello general

Aunque ya hablo de “ellos” de forma más extensa en el capítulo sobre el poder y la magia del mundo, y dada la importancia que suponen, me gustaría detenerme un momento sobre uno de los sucesos más sorprendentes y extraordinarios que suceden en esta tierra mítica.

Existe un fenómeno en Dyss que, a través de varios factores, produce la manifestación tangible de una entidad en el mundo material. Se cree que la fuerza creativa del mundo y de todas sus criaturas, también conocida como Ellam Yua, unida a la necesidad de comunicación de la gran consciencia que Dyss significa, provoca la formación  tangible de lo que se oculta en la consciencia colectiva de las criaturas conscientes.

Los Mitagos son mitos “tangibles” hechos realidad. Sueños, esperanzas, mitos y creencias que, a través del proceso mitogenético, se manifiestan de forma física en el mundo material. Estas manifestaciones no tienen porqué ser criaturas expresamente, pudiendo ser también objetos o incluso lugares concretos.

Grandes héroes, personajes de leyenda y héroes míticos; objetos maravillosos provenientes de cuentos y narraciones, fabulosos tesoros nacidos de la imaginación colectiva, o bien, lugares míticos, emplazamientos producto de la imaginación que, por medio de la fuerza creativa, Dyss consciente “crea” de forma tangible y deposita sobre la tierra dotándolas de substancia y forma, dándoles así un lugar en el mundo.

Los Mitagos en sí técnicamente son “cambios” realizados por Dyss. Seres míticos completos y autosuficientes,  creados por la fuerza creativa del mundo unida a la fuerza del cambio. Constituyen junto a las alteraciones de las regiones cambiantes, la "quintaesencia" de la fuerza del cambio. Pero los Mito-imagos o Mitagos son incapaces de generar cambios; son cambios.

De forma personal, albergo la sospecha de que la generación de este tipo de entidades obedece no tan sólo a un proceso de la voluntad de la gran consciencia del mundo sino que, en parte, también proviene de los propios sueños de un mundo que también es capaz de soñar. Así pues, para escándalo de muchos que me han escuchado realizar estas afirmaciones, son los propios sueños de Dyss, unidos a los sueños de todos los seres, los que provocan la formación de imágenes míticas tangibles. Que no son otra cosa que sueños a los que se les ha dado vida.

En cierto modo, los Mitagos son también sueños que cobran vida y se hacen realidad. Lo que sucede es que esos sueños mantienen cierta autonomía, en ocasiones una razón de ser y hasta, y esto es lo más inaudito, sus propias metas, sueños e ilusiones. A su vez éstos mismos sueñan y desean, pues todas las criaturas poseen sus propios sueños, lo que también se une a la misma Ellam Yua una vez más, para completar un ciclo que se inició mucho tiempo atrás.

Nacen de las emociones, de las necesidades, del miedo, de la angustia y de la alegría. Provienen de los seres míticos que llevan los individuos en sus anhelos más profundos. De las emociones y de los mitos que guardan los seres conscientes en su interior. Los imagos nacen de la mente de los individuos, y de todo aquello que guardan consigo. Toda la memoria mítica, los héroes del pasado, los cuentos y las leyendas dan forma a los "Imagos" míticos o imágenes míticas de un concepto o idea. Los Mitagos son imágenes míticas tangibles.

Es por eso que, generalmente, aquellos que provienen de lugares donde la magia está muerta, como algunos “extranjeros” o criaturas que provienen del exterior a través de las fronteras, son capaces de darle forma a los "Imagos" de forma más intensa, pues esas imágenes son más intensas en ellos.

Por supuesto, puedes encarnar a un Mitago en Dyss... ¿Quieres ser Hood?, o quizás... ¿Arturo de Camelot? O puede que un héroe nacido de la imaginación de los nativos en Dyss... Nacido de las propias historias que pertenecen a esta tierra.

Quién sabe, la elección la dejo en tus manos...

En los capítulos sobre los poderes del mundo y sobre las razas y culturas se detallan los Mitagos y se amplía la información como tipo de personaje para el juego de rol.

 

Los Mitagos, como otro tipo de entidades, mantienen sus propios ciclos de existencia, particularidades y una serie de características. En los capítulos destinados a describirlos hablaré de ellos de forma más extensa.

Así pues, podemos afirmar con seguridad que en Dyss los sueños cobran vida y, de forma literal, se hacen realidad.

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Los niños salvajes (v. revisada)

Dyss, sello general

Entre un revoloteo de hojarasca y los últimos rayos de sol deslizándose a través de los árboles, llegaron los niños salvajes.

Iban prácticamente desnudos, cubriéndose con lo que habían encontrado en sus vagabundeos y que ellos consideraron que servía de atuendo. El que fuera digno era el menor de sus problemas. Algunos llevaban una camisón raído, un jirón de manta, tiras de piel o de lino para vendar a los leprosos, una manta... Uno, dos intentos de zapato, daba igual...,  buenamente se cubrían de cintura para abajo con todo tipo de apaños.

Apestaban como demonios, pude olerlos a muchos metros de distancia. No se atrevieron a cruzar el linde del bosque. Desde el camino polvoriento que bordeaba los primeros troncos permanecían en silencio, observándome.

Probablemente yo les daba miedo, pero eso no duraría siempre. Los observé, en silencio, muy quieta, mientras los rayos de sol que se escurrían en la arboleda me acariciaban el cabello y la espalda lentamente.
Eran Imagos; eran imágenes míticas... ¿De quién habrían sido esos sueños?, ¿tanto terror inspira en las gentes un grupo de niños vagabundos, independientes y salvajes?

Había muchas niñas, casi las dos terceras partes; algunas estaban en estado. No podían tener más de catorce o quince estaciones y probablemente ninguno pasaba de cuatro ciclos completos. Todos llevaban extraños objetos sacados de la vida cotidiana, ahora destinados a usos misteriosos, pero con la evidente intención de servir para algún tipo de simbología de orden tribal, de estatus social. Habían creado su propia cultura de la nada. Una cultura de remiendos. Observé que probablemente habría uno o una serie establecida de líderes formando una jerarquía de orden complejo. Pude reconocer marcas en el rostro de una de las niñas, no tendría más de once años, de claro sentido espiritual. Una pequeña chamán en el grupo de los niños salvajes.

―Ya han creado a su propio hechicero, en tan poco tiempo. ―Pensé.

Los niños me observaron silenciosamente, intercambiando susurros bajos, que eran acallados bruscamente por el que parecía el líder. Un chico alto, con los huesos de las costillas claramente diferenciados. Llevaba un collar lleno de objetos absurdos que le colgaba hasta la cintura. En la mano izquierda un objeto pesado y  contundente, probablemente bastante peligroso en manos de aquel muchacho. Todos llevaban dibujos, marcas, e incluso la cara pintada con lo que me pareció sería probablemente ceniza.

Creo que se asustaron cuando la luz del crepúsculo comenzó a rellenar el mundo a nuestro alrededor y la oscuridad avanzó paso a paso, creando sombras cada vez más monstruosas; pero no tan gigantescas como las que había entre ellos y yo.

Finalmente se marcharon, tan rápidamente como aparecieron. Escucharon el relincho del caballo enfermo que agonizaba más abajo en el valle, en la granja abandonada. Significó lo mismo para ellos que la llamada del cuerno o de la caracola.

Algo nuevo, en algún otro lugar; si es que había otro lugar.

Hasta casi la medianoche, pude escuchar los bramidos de agonía del caballo, escuché claramente el entrechocar de las piedras, el crujido de los huesos rotos, los relinchos de sufrimiento del animal. Todos los ecos de aquello resonaban en el bosque, retumbando a su vez por las colinas. Llevados por el viento, hasta lugares distantes.

Allí encontró su propio sepulcro, y yo entonces le puse nombre a lo que ya se conocía como: “El Sepulcro del Caballo”; pero el nombre nuevo no lo relataré aquí, pues obedece a otro propósito.

Lo mataron a pedradas entre todos, lentamente, con cuidado de no acercarse al animal. El animal bramaba desesperado, repartía coces frenéticas; lo escuché claramente aunque los sonidos llegaran apagados por la distancia. Pero estaba enfermo, viejo y agotado. Pedrada tras pedrada. Podía imaginármelo, podía ver la situación con claridad.

Finalmente, los relinchos cesaron.

Encendieron un fuego, pude ver la claridad en la lejanía a través de los árboles, ahora jugaban, gritaban, reñían, reían. Pude oler la madera quemada, la carne de caballo, el humo espeso, acre, dulce.

Los gritos... Unos lamentos. Comieron.

El olor penetró en el bosque, inundando el aroma de la hoja y del musgo. Inicié un canturreo. Las hojas se agitaron. Cuidé de mi propio fuego. Permanecí despierta toda la noche. Pendiente, vigilante, ausente de todo cuanto habitara en mi interior. Celosa de todo lo que existía a mí alrededor, de cualquier sonido, de cualquier olor. Esperando.

Por la mañana se habían marchado.

Llegué hasta el Sepulcro del Caballo. Allí estaba aún una parte del animal, entregada ahora a las moscas y a los carroñeros. Huesos, maderos y restos yacían por todas partes. La hoguera humeaba, lanzando un humo negro y viscoso que se llevaba la brisa. Uno de los niños estaba allí tendido, muerto. Tendría unos seis años. Una horrible brecha en la cabeza y una piedra ensangrentada, lo explicaba casi todo. Tardé apenas tres cuartos de hora en enterrarlo y cubrir la tumba con un buen montón de piedras. De poco servía, muchos animales cavan mucho mejor que yo y con más habilidad que la mía cuando amontono piedras.

Pero volverían. Lo sabía claramente. Miré en todas direcciones, solo pude encontrar en los cielos a mis amigos los viejos pájaros negros. Les rogué que me avisaran. Ellos dieron alguna muestra de parecer considerarlo.
Volví al bosque, volví a la piedra y la roca, al rio y la cueva húmeda. Esperé...

En los días que transcurrieron durante mi espera, en muchas ocasiones me pareció escuchar el sonido de la cándida y afable risa de aquellos niños. Siempre cerca, entre los árboles que ocasionalmente se agitaban, esperando darme una sorpresa, un saludo, una bienvenida.

A mostrarme sus dientes, con una sonrisa.

Libro de Edanna

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La mensajera

Dyss, sello general

       Llegó a la ciudad montada sobre un destrier de más de mil setecientas libras, completamente desprovista de prenda alguna,  sobre la cuarta hora del día de Brennan, en la séptima estrofa, mes del duelo.

No hubo mirada de hombre en todo Caernavon que no vibrara de lujuria; no hubo al amparo de Lugh mirada de mujer que no transpirara envidia por aquella piel tensa como un bordado sobre el bastidor, y tan suave como el discurrir de la mentira.

Vino tan altiva, tan lozana y tan hermosa como el mismo semental tapizado de armiño que montaba. Forrado en guarniciones de oro y plata con bordados sobre terciopelo traído de más allá del mundo, allí donde los hombres recogen la cosecha con unos brazos que crecen donde deberían encontrarse las piernas. Con estampado de hilo de oro, rampantes leones bordaban su manto color cereza y lo completaban criaturas míticas vistas por algunos ilustrados en los libros que hablan sobre las bestias fabulosas de más allá del mundo; allí, donde el agua de los océanos se derrama hacia la noche, salpicando de espuma la bóveda celeste y formando así las estrellas del cielo.

Una pesadumbre se apoderó de todos los corazones, una mezcolanza de la última alegría de un año de primavera que se llevara de forma súbita un viento afilado y, antes de que se dieran cuenta, tejados, vigas y  chimeneas; gárgolas, canalones y desagües se habían llenado de pájaros negros que rondaban, expectantes, sumidos en la inquietud que guardaban bajo sus mismas alas.

Desfiló con soberbia, haciendo levantar las patas del caballo a través del callejón de los tejedores, sin prestar atención a las prendas que colgaban ondeando a la brisa perfumada de canela, de romero y de vainilla que exhalaba allí por donde pasara.
Dos guardianes del portón que guardaba la plaza del mercado arrojaron las lanzas y echaron a correr sin acordarse que, por aquella cobardía, les separarían muy probablemente la cabeza del cuerpo; tal y como sucedió algunos días más tarde, y sin poner en la tarea ni mucho empeño ni demasiada habilidad.

Había en ella tres cuartas partes de altivo orgullo, dos medidas y media  de arrogancia, cuarenta y seis partes de osadía, tres onzas de odio perpetuo sobre las criaturas que sienten, anhelan y sueñan en las noches estrelladas y..., y en un leve resquicio, una muy pequeña pizca de inocencia arrebatada en contra de su voluntad.

Pues la mensajera traía un mensaje de Ella, una vez más. Y para ella, como para sí misma, la niña que había dejado de serlo aquel lejano día que se entregó a la reina, perdiendo espíritu, cuerpo y mente, despojándola de su mayor tesoro, su voluntad, era ahora la voluntad de su reina, hermana, madre y dueña. Voluntad que  estaba ya tras todas sus amargas horas en posesión de Ella, que todo lo da y todo lo quita, por un pequeño precio...

Tan antigua, tan sabia y hermosa, tan vieja como el mundo... Tan antigua como el mundo.

Ascendió por la rampa, pateando con fuerza las piedras del pavimento, cruzando hacia la plaza a través de los últimos días del arco encarzado que sostenía un viejo portón de tallas imposibles de realizar por manos humanas. Un portón labrado que una vez sembró el orgullo de un próspero centro de comercio; hoy una ciudad medio en ruinas habitada de forma tragicómica por una población que hace tiempo olvidó el sabor de las quimeras y de la ilusión, abandonándose al delirio de las pesadillas que se habían inventado a sí mismos.

La vi entonces detenerse junto a los puestos de especias, lo más lejos posible de la fuente central. Fue entonces, en ese preciso instante, cuando pude percibir su absoluto desprecio por las gotitas de agua que salpicaban algunos palmos más allá del brocal. Un desagrado que traía consigo la urgencia inconfundible que reclama la supervivencia.

Me miró un leve instante y le devolví la mirada, y por un momento, pude percibir la duda, el leve aliento de un temor disimulado y una pequeñísima súplica que espantó el graznido de un cuervo, posado a pocos pasos de la mensajera, sobre su cabeza.

No tomó demasiado tiempo para, alzando una voz dulce pero firme, exclamar:

― ¡Gentes de Caernavon, escuchad las palabras de vuestra soberana y madre! ¡Regocijaos pues la reina ha vuelto para reclamar todo cuanto le debéis y que es suyo, por derecho! ¡Ella ha vuelto y espera que en la alegría de vuestros corazones le entreguéis de buena voluntad lo que le pertenece!

Un silencio traído del último abismo se depositó de manera imperceptible sobre toda la ciudad. Así, en el callado temor hacia los poderes que provienen de las esquinas del mundo, los habitantes de aquellas tierras escucharon las demandas.

Esta vez lo habitual, sin demasiadas sorpresas. La tercera hija del duque, la mayor, nacida en la canción de primavera, que en su juventud de muchachita, ya había pasado de niña a mujer hacía tan sólo los dos versos que tarda en cruzar el sol y su Jareth, la bóveda de los cielos.

Como vino se fue, en su arrebatadora altanería; tras reclamar los deseos de aquella que, todo en su gracia concede, como es llamada por las más ancianas y las más plañideras.

Nadie se interpuso en su camino, nadie cruzó bajo sus bridas bordadas de doble cruzado y cadeneta o se atrevió a rozar el brocado del manto de su montura; y muchos desearon haber muerto aquella mañana pues el grito desgarrador de la duquesa se escuchó desde la torrecilla del palacio a través de las calles, desde la puerta este hasta la del suroeste, cruzando desde la barbacana norte hasta el estercolero del sur, junto a las caballerizas. Un grito que se mezcló con el nauseabundo miasma de la calle de los curtidores y que se alejó volando, haciendo molinetes, a llevarle las nuevas a Ella. Allá en su recién reedificado castillo del bosque, no muy lejos, al sur.

Pues la que todo lo da y todo lo quita, había vuelto al bosque.

No pude más que sentir un extraño conjunto de emociones dispersas. Aquello que ronda entre el desprecio por quien se aprovecha de los débiles, la compasión por los que sufren el dolor que les imponen los que atentan contra su dignidad y, esto era lo peor, una enraizada cólera dentro de mi ser hacia la especie humana; por ser la única causante de todo aquello pues, aunque resulte difícil de comprender para los profanos, la única culpa por el retorno de Ella al bosque era debido a los propios deseos de las gentes.

Se trataba de sus propios anhelos egoístas y de todos sus deseos profundos danzando en las mezquinas aguas de la voracidad los que eran causantes de aquella nueva llamada. Pues Ella cobraba vida sí, una vez más. Como tantas veces lo hizo en el pasado, como otras tantas me temía haría de nuevo en el futuro.

Mil veces nacida, reclamada de un lugar que está más allá de los sueños, traída de nuevo por el deseo oculto de las gentes, por su propio anhelo secreto, por su codicia... Por el ansia disimulada de una entidad que pudiese otorgar cuantos dones se le pidieran, a cambio de..., a cambio de nada..., a cambio del dolor de otros... Pues cuanto Ella reclamaba a cambio de sus dones era algo sin importancia. Una nimiedad a cambio del la bendición de su abundancia. La vida de un ser que, por lo general, siempre era de otro.

Yo miré a mis camaradas y asentí sin titubeos. Esta vez la reina haría una excepción. Y en su exquisita cortesía respetaría la tradición que demanda el protocolo, a fin de conceder una audiencia que precisaría para su merced, algo quizás más contundente que las palabras.

Libro de Edanna

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Mundo silencioso

Dyss, sello general

Dyss, ¿por qué pareces siempre tan triste, tan melancólica?, con frecuencia aparentas ser tan silenciosa...

A menudo me pregunto el porqué de esos vientos que siempre se llevan tu voz..., bajo su propio aullido, resonando entre enormes granitos silenciosos, tan antiguos, recubiertos de líquenes; y este frío... Aullante frío de las regiones cambiantes, que consume, que desgasta, siempre manteniendo su propio silencio.

¿Por qué siempre este frio...?

Dyss es una tierra melancólica. Así lo dije siempre a todos aquellos que detuvieron su camino para escucharme. Con la cítara a la espalda aún hay muchos que me preguntan si puedo cantarles algunas canciones que hagan de su camino una faena más entretenida; con alguna alegría que llevar de vuelta al techo bajo el que se cobija una asustadiza familia de humildes labradores. Edith, al servicio de los poderes que guardan el mundo, lo explicaría mucho mejor que yo..., sin embargo, trataré de hacerlo lo mejor que pueda.

Dicen que cada lugar tiene su propia naturaleza, su condición. Algunos eruditos lo definen como, su temperamento. Su esencia personal, lo llaman otros de lengua un poco larga. Su genio y su humor, lo definen otros de lengua más larga todavía.

Y a pesar de la longitud de las lenguas, es cierto que existe “un tono” para el mundo. Una personalidad producto del permanente estado de una consciencia, y que determina la atmósfera que se respira en cualquier parte.

Porque Dyss tiene su propia naturaleza, una identidad personal que la define.

Esto no debería resultar nada extraño si, por ejemplo, observamos el Mundo de las Hadas. Faerie, por su naturaleza intrínseca, denota un estado de absoluta entrega a las pasiones. Allí todo es más intenso, más vívido. La esencia de su propia naturaleza se va, se dirige hacia los extremos, sin términos medios.

La belleza es más intensa, las flores más fragantes, sus aromas más embriagadores, sus colores más vívidos. Las pasiones son más agudas, el amor es más enloquecedor, la exaltación es más abrasadora. Los celos..., más implacables... La sangre..., más roja, más aromática, y se derrama con mucha más frecuencia.

Sus habitantes son víctimas de dirigentes más impredecibles, caóticos y sobre todo, caprichosos. Pues Faerie es todo “capricho” sí, un exquisito capricho de impredecibles consecuencias...

Así pues, Faerie, es un reflejo de un mundo allí donde todas las cosas obedecen de forma más directa a la pasión desmedida y donde, por contrapartida, se obtiene una consecuencia directa de ello. La belleza es desconsoladamente arrebatadora, y el horror, feroz, riguroso e implacable. Así es Faerie, esa es su naturaleza.

Y por ello, muchos buscan refugio en otros lugares...

La solitaria e introspectiva Dyss no es diferente en cuanto a presentar su propia individualidad. Quizás no lo haga, qué irónico resulta esto, “conscientemente”. Pero el hecho innegable es que su condición lo impregna todo como un viento imperceptible, llevando el tono de su melancolía..., a todas partes.

Un viento resuena entre ruinas silenciosas que parecen siempre estar observándote, allí donde crece la hierba, mientras los pastos inabarcables se balancean al compás de la brisa de aquí al horizonte. Recuerdo un roble solitario en medio de las llanuras, allí en las Tierras de Einar, donde los viejos muros de piedra una vez delimitaron los límites de un gran reino, hoy desaparecido. Una imagen familiar que representa algo difícil de explicar si no se experimenta pues allí, como en muchos otros lugares, reina una profunda melancolía cuya matriz es la soledad propia de una ensoñación.

Una soledad inabarcable, una soledad inaudita.

Dyss está aislada en su propio universo, allí donde su introspección es su propia cuna. Esto se traduce en un mundo silencioso, impregnado de su propia melancolía, y generalmente poco habitado, misántropo. Una tierra solitaria y poco poblada de grandes espacios vacíos; con frecuencia azotada por vientos fríos que provienen de los grandes cinturones de hielo del norte y del sur, más próximos a la tierra central. Vientos que son los portavoces indiscutibles de la gran mente que lo abarca todo, incluyendo sus propios cantos.

Sus silencios llenan los vacíos y despoblados rincones. Su soledad lo llena todo, lo impregna todo. Los viejos espíritus, siempre próximos a los antiquísimos semblantes de piedra repartidos por todos los rincones del mundo, resguardan cada escondrijo, permaneciendo a su vez mudos y silenciosos hasta para mí. Y es una soledad propia de la insólita introspección que emana de la tierra, en una continua observación y meditación.

Las viejas piedras observan el mundo, contemplando su propio silencio, soñando, esperando, siempre esperando... Una espera que no cesa, una espera que a veces, da miedo... Una espera que empiezas a desear que no cese...

Esperando en ese silencio, en la propia melancolía que define un mundo que aguarda la llegada de algo que nadie sabe, que nadie es capaz de predecir..., se encuentra Dyss.  Y en su melancolía, con su propio tono, levanta para sí misma la identidad del mundo que es, del que fue, y del que será.

El lugar que, habitándolo, todos juntos compartimos.

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Del Sol y de las Lunas

Dyss, sello general

Del sol y de su estela

Cualquier criatura que alce su mirada hacia los cielos puede tener la sensación de que la tierra que se encuentra bajo sus pies está fija e inmutable y es la bóveda celeste, con todos los astros que la contienen, lo que gira alrededor, allá en las lejanas distancias.

Es que efectivamente, son los astros y la bóveda celeste los que giran alrededor del mundo...

Un sol llameante surge cada mañana por el borde Oriental del mundo. Éste, también es conocido en muchos territorios como, Lugh o Lughan. Traza su camino dejando tras de sí una estela clara en el firmamento. Una estela sí. Una estela de unos quince grados de arco acompaña al sol en su viaje a través de los cielos. Una huella diáfana que a la luz del día  se puede avistar con total claridad.

Cuentan muchos sabios, y los que ocultan sus miedos al mundo arropados en viejos libros y pergaminos, que el sol sobre la Tierra de Dyss es un colosal cometa muy cercano. Una cola inmensa y clara tras una gran bola de fuego, que gira y gira alrededor del mundo. Pero, ¿qué sabrán ellos?

Todos saben que el sol de Dyss es su guardián, y la estela es el rastro que deja su manto tras de sí. Tan radiante resulta que las estrellas huyen al verlo. En cualquier caso, el nombre de ese rastro, estela o manto es denominado: “El Jareth”.

El Jareth es la larga estela que deja el sol, el manto que cubre al mundo en las horas diurnas y que muchos otros creen que es el mismísimo firmamento en llamas, arrasado por el transcurrir del sol por sus senderos, allá en lo alto.

Y se dice con razón ya que, ciertamente, esta estela parece haber prendido los tejidos que forman la bóveda celeste. Un infierno en llamas que marca el camino del sol en su recorrido, trazando su huella.

Cuando el mismo sol se asoma y se esconde por el horizonte, es el Jareth el primero en avistarse, y el último en desaparecer. Dando lugar con esto a una de las más hermosas visiones, la alborada y el crepúsculo causada por el Jareth que generan un arcoíris de tonos iridiscentes, platinos argénteos, oros refulgentes en la misericordia de sus naranjas, los rojos, y los lilas más bellos del firmamento.

Poetas y escritores, músicos y filósofos, han llenado torres de piedra con pliegos amables repletos de palabras poéticas hacia estas visiones sobrecogedoras. Pero el mayor poema es contemplarlo en sí mismo, aunque las canciones sean buenas compañeras para tales espectáculos.

El poder del  sol, con su fiel compañero y su manto: El Jareth, es venerado por igual en la práctica totalidad de Las Tierras de Dyss, con muy pocas y vergonzosas excepciones. Su poder es patente, su presencia indiscutible.

El sol y su manto, el Guardián y el Jareth; son poderes presentes en Dyss, y velan por la tierra, por sus cauces y por los que le dedican algún pensamiento al salir más allá de los confines del mundo, cada mañana.

 Pero el que el sol salga cada mañana, no tiene siempre porqué ser verdad.

En efecto, un día de cada estación, justamente el día central o medio del calendario, el sol no sale, sumiendo al mundo en tinieblas. Se le denomina a ese día: el Día del Luto.

El Día del Luto es el precio que pagan los habitantes a Dyss por todas las ofensas recibidas contra el mundo. Un justo castigo, pues ese día resulta en muchas regiones una jornada angustiosa y terrible, y en otros, ese día se convierte en una auténtica pesadilla.

La ausencia del día, ocasiona que todo aquello que ama, venera o se esconde en la oscuridad, se aventure más allá de donde normalmente osa merodear.

La prudencia y las desgracias de un día en tinieblas hacen que lo más aconsejable sea atrancar bien puertas y ventanas, hasta que el manto del sol, El Jareth, anuncie la llegada de un nuevo día en el cual el Guardián, reanude una vez más su marcha diurna.

 

De las lunas y sus mareas

En las largas noches, especialmente en los años-estación de invierno y otoño, la vida se hace más llevadera, o más inquietante, gracias a la presencia de las lunas de Dyss.

Son sus lunas: La Luna de Trigo o “Irina” y la Luna Doliente o “Inanna”, como así se las denomina en la mayor parte de los territorios.

La “Luna de Plata” o "La Luna de Trigo", a la que más cariñosamente se conoce como: “Irina”, aunque en muchos sitios también como: "la rubia" o "la alegre", surge cada noche creciendo o menguando y es la causante de las "Mareas Menores". A la luna de plata también se la conoce como "La Soñadora" por los usuarios del poder de la tierra.

Tiene una fase de veintisiete días o "versos", es decir, un mes completo o "estrofa" y su tamaño aparente equivale a nuestra "luna de verano" de algunas regiones. "La luna de trigo arroja una luz plateada y fría que ilumina con bastante acierto las tinieblas de la noche, y ayuda a no perderse en las largas horas de madrugada. Su luz tiene propiedades curativas y es dispensadora de fertilidad.

"Irina" es venerada por igual en muchas regiones, siendo amada por la mayor parte de los habitantes, estando presente muchas veces en poemas y canciones. Su rostro cuando está llena presenta una serie de dibujos, como "el ratón" o "el conejo". Pero el dibujo más característico que se divisa sobre su faz es la imagen de "El Ciervo", símbolo de los guías en Las Tierras de Dyss.

La segunda luna, la “Luna Roja”, o “Luna de Cebada”, conocida como: "La Luna Doliente" o más cariñosamente y de forma más común: “Inanna” o “llanto”, tiene una aparición más caótica y su presencia es siempre inquietante en el firmamento. 

Los dibujos de su rostro son adustos, surcados de cicatrices extrañas, aunque es reconocible la forma conocida como "La Esfinge" sobre su faz. La luna doliente es de proporciones enormes, resultando su tamaño aparente desde el mundo algo colosal, ocupando buena parte de la bóveda celeste. Cuando está llena, cosa que sólo sucede una vez cada año-estación, su visión es un espectáculo sobrecogedor resultando inmensa en aspecto y extensión.

Su luz rojiza y brumosa se adentra en los rincones más resguardados, iluminando a veces lugares remotos en los cuales ninguna luz podría filtrarse, y se difunde con una facilidad que demuestra ser una luz subrayada por la magia. Así pues, su luz tiene propiedades arcanas, siendo indispensable en multitud de procesos arcanos y mágicos, y resultando un componente más de las artes mágicas del mundo.

Constituye su fase una estación completa, es decir; "una canción", que en Dyss corresponde a un año de nuestra cuenta pues en Dyss las estaciones se suceden por años consecutivamente.

La luna roja tiene un efecto directo sobre las estaciones, gobernándolas. También afecta directamente al comportamiento del clima, y es la causante directa de las "Mareas Mayores", de las cuales ya hablo en otro apartado pero que como se puede presuponer consisten en mareas de proporciones gigantescas. Estas mareas provocan que las aguas se retiren cientos, incluso miles de millas, descubriendo así territorios que bien pudieran ser naciones enteras, o bien, cubriendo de la misma forma una vasta extensión de territorio de muchos miles de millas cuadradas de extensión.

Por eso se dice que: " si los pies bien secos quieres mantener, al rostro de la doliente deberás temer…"

Las lunas, tanto Inanna como Irina, a veces presentan ausencias, desapareciendo de forma enigmática e inexplicable. Esto sucede raras veces eso sí, pero esporádicamente desaparecen de los cielos, dejando a la mayoría de los habitantes de Dyss sumidos en el temor y la consternación.

Estas "ausencias son más frecuentes en “Inanna”,  la Luna Doliente.

 

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