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Tag: educación

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¿Qué es lo siguiente? La balada del Rey Transparente

En los próximos días, publicaré la primera aventura, podríamos decir que oficial, para Magissa. Se titula: “La Balada del Rey Transparente”. Una historia de fantasía romántica que he usado ya antes con otros juegos, como Changeling “El Ensueño”, e incluso D&D, cómo no. Dado el tipo de historia de que se trata, siempre pensé que era muy adecuada para este tipo de juego, incluso mucho antes de comenzar a escribirlo.

En la aventura, los jugadores deben resolver el dilema que atormenta al Rey, y es que se está volviendo transparente, desvaneciéndose poco a poco. La aventura es el inicio de una pequeña campaña, por lo que tiene una segunda parte que se publicará después titulada: “A las seis suena el trombón, en el país de las cucharas”.

La balada del rey transparente

En esta aventura siempre intento trabajar con los pequeños la empatía y la tolerancia al fracaso (no he dicho que sea una aventura fácil), además de, por supuesto, trabajar siempre en equipo y coordinados, eso siempre. No lo olvides, en Magissa siempre hay una intención educativa más allá del puro entretenimiento. Pero eso es decisión de cada uno y suele ser algo que no viene en las reglas, sino en las situaciones que se presentan en la mesa dependiendo de la aventura.

Aunque tenía intención de publicarla en septiembre, se ha retrasado al querer sacar la segunda versión de la beta del juego. Por lo que antes quisiera terminar de probarla un par de veces más; cosa que haré a lo largo de esta próxima semana. Por ahora ha dado muy buenos resultados, y los niños de los grupos de prueba se lo pasan muy bien, que es lo que importa.

La aventura se puede adaptar fácilmente a otros juegos, pues sólo has de sustituir las criaturas por su otra versión en el bestiario correspondiente, y son lo bastante “genéricas” como para encontrarlas con facilidad. También tiene un toque de “vieja escuela” que, bueno, imagino que es algo que forma parte de mi generación, siendo ya marca de la casa. Algo que siempre me hace esperar que la cuestión narrativa del reglamento la pongan el Narrador y los Jugadores, para bien o para mal. Esto te lo comento por si quieres tener esta aventura en cuenta para tu juego favorito.

Y para terminar, me gustaría mucho recomendar un artículo que, dada su relación directa con lo que pretende ser Magissa, es de obligada lectura para quien esté interesado en estas cosas. El artículo se titula: “Jugando al rol desde una perspectiva educativa (ENLACE), por Athal Bert en su siempre genial página web: Laboratorio Friki.

En el artículo, Athal describe muy claramente los pormenores de una metodología aplicada  a los juegos de rol con el fin de enfocarlos hacia la educación. Uno de los objetivos de Magissa, ni más ni menos. Pero es precisamente la parte que has de poner tú, pues el reglamento será el armazón sobre el cual poder extender tus ideas para poder ponerlas en práctica. Usando las mismas palabras de Athal: “No olvides que cuando se juega con niños se buscan objetivos diferentes que cuando se juega con los adultos, y según el estilo que usemos provocaremos reacciones diferentes”.

Atentamente
Edanna

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Permitidme tutearos, imbéciles

Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado.

Que me lo digan a mí, que más de una vez mi vida ha estado en serio peligro por culpa de más de un/una imbécil. Por eso mi margen de tolerancia está bajo mínimos.

Pero vamos a lo que importa:

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Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en XL-Semanal.

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda.

Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Aznar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de  cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad» , entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres» , aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos» Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo,  Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta d e incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado.

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