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Curadhan ”El Ciervo de Cullegh”

Dyss, sello general

“Mysteries Abound”

De todos los Centinelas que hay en nuestro mundo, existen tres cuya naturaleza es de tipo Imago, siendo Curadhan el primero entre ellos del que hablaré aquí. Y no lo haré porque se le considere el más poderoso —un concepto subjetivo e irrelevante que sólo funciona en nuestra escala de consciencia—, sino porque se trata del Poder Nómada más querido, sin que la naturaleza acerca de sus orígenes signifique un impedimento para ello. Curadhan es, sin duda alguna, el más estimado de todos los Centinelas.

Aunque los Imagos se tratan en su capítulo correspondiente, has de ser consciente de que su origen proviene de lo que entendemos como: los arquetipos ancestrales; es decir, imágenes de la mente —y/o hasta sueños— que son compartidos por todas las criaturas conscientes, estando presentes en el inconsciente colectivo. En síntesis: los Imagos existen porque los creamos nosotros mismos.

Duradhan, El Ciervo de CulleghRepresentan ideas fundamentales o sueños que todos juntos compartimos como, por ejemplo: el miedo a la naturaleza salvaje, el terror ancestral a los océanos, el ansia de una entidad vengadora y justiciera, la firme creencia de que el amor y las pasiones provienen de una fuerza latente en el cosmos, la incertidumbre ante el más allá o, como en el caso de Curadhan, el anhelo de un ser que nos sirva de guía a lo largo de todos los caminos de nuestra vida.

Dyss percibe todo cuanto está oculto en el inconsciente de las criaturas que existen en el mundo, tanto el que se halla de forma individual dentro de cada uno (y que nos diferencia de los demás) como el que se encuentra compartido entre todos de forma colectiva. Por razones que aún no logramos comprender muy bien (en realidad nada bien), Dyss hace tangibles algunos fragmentos de esas percepciones, situándolas en nuestro mundo.

Pero..., ¿por qué razón hace tal cosa? Muchos se lo han preguntado y nadie es dueño aún de una respuesta satisfactoria. Se cree que se debe en parte a un afán de tratar de complacer a los seres conscientes mientras trata de comprenderlos, intentando ofrecer lo que con tanta ansia parece que desean tanto, aún sin que éstos tengan muy claro de qué se trata. Lo curioso es que mucho de lo que se esconde en nuestro inconsciente —y que compartimos colectivamente— no son otra cosa que todos nuestros temores. El que se hagan reales no deja de resultar una extraña paradoja que provoca más conflictos que ventajas.

Así pues, Curadhan, también llamado “El Ciervo de Cullegh” —título que hace referencia a los dominios donde posee una mayor influencia—, proviene del deseo de un guía que nos ofrezca una pista del camino a seguir, desterrando así la incertidumbre que surge ante el hecho de tener que tomar decisiones. Pero no sólo se debe a éste temor sino que, además, obedece al fuerte deseo de tratar de hallar la pista que nos conduzca a todo aquello por lo que creemos que hemos venido a este mundo, encontrando al fin el sendero que le dé un claro sentido a la existencia. Es decir, de intentar encontrar nuestro lugar en el mundo y el significado de nuestra misión en la vida.

No obstante, Curadhan es mucho más que un guía pues representa también al poder benévolo de la naturaleza. Único guardián protector que como un árbol frondoso nos ofrece su sombra, acogiéndonos. Su origen nace de un sentimiento que nos puede resultar familiar: la percepción de custodia que, en ocasiones, nos invade cuando deambulamos perdidos a través de los bosques, sintiendo que toda la fuerza viva de la naturaleza pretende ofrecernos cobijo, protección y consuelo. El Gran Ciervo de Cullegh no es otro que el mismísimo espíritu del bosque en su estado más puro, sirviendo de portavoz al inmaculado vestigio de la naturaleza viva, que se muestra representada en una única entidad consciente e inteligente, y con la que podemos mantener un trato directo.

Todo lo que resulta opuesto a estos sentimientos es precisamente lo que da origen a los otros dos Centinelas tipo Imago: La Bestia Primigenia, que representa al terror ancestral a esa misma naturaleza, es decir, a todo lo contrario a lo que Curadhan personifica, y Túgal “el Enloquecido”, que es la muestra tangible del pavor que de antiguo poseemos a los océanos y a las profundidades.

El arquetipo del guía o mentor es uno de los más poderosos que se hallan en la mente de las criaturas, encontrándose contrapuesto a todo cuanto significa el segundo Gran Poder tipo Imago, La Bestia Primigenia. Ambos resultan ser conceptos completamente opuestos, personificando a los contrarios —además de tratarse de enemigos mortales— y que aún así coexisten, existiendo en armonía, pues nada significan el uno sin el otro.

Los tres representan una tríada de arquetipos ancestrales, muy presentes en la realidad de nuestras vidas y que, juntos, comparten un origen común. Debido a esto los Imagos son, en cierto modo, criaturas inmortales, ya que al descender directamente de un concepto, sólo desaparecen definitivamente cuando ese concepto muere o se transforma, siendo la segunda de estas opciones la más corriente.

Así pues, no importa si son destruidos; no importa si se trata del mismísimo mundo el que intentara poner fin a su existencia (lo que explica el porqué de la presencia de pesadillas como Túgal); los Imagos vuelven a resurgir una y otra vez ya que los arquetipos que se hallan ocultos en nuestro inconsciente no pueden ser perseguidos o destruidos, sólo pueden transformarse o ser olvidados para siempre.

Resulta irónico que, a pesar de ello, sean muchos los que se empeñen en creer lo contrario, tratando de destruirlos una y otra vez...

***

Curadhan es protector de los bosques y de todas sus criaturas, de la vida natural, de los exploradores y del descubrimiento. Es aquel espíritu bondadoso que desea conducirte a tu destino, allí donde se produce el cambio que te permita encontrar tu suerte. En sí mismo simboliza toda nuestra ansia por querer avanzar hacia lo desconocido mientras albergamos la esperanza de encontrar un guía o mentor que nos dé una pista acerca del sendero que debemos seguir. Según él, el deseo por el descubrimiento es la única forma de hallar la trascendencia, siendo la curiosidad la fuente de la cual parte la ambición de tratar de llegar más allá a fin de evolucionar, intentando descubrir que depara un destino que no debería estar escrito en sitio alguno.

Todo esto supone también una contradicción, pues tal deseo se encuentra de bruces con algunas prohibiciones que existen en nuestro mundo; como la de intentar hollar los misterios que hay más allá del océano prohibido, tratando de disuadir a todos aquellos insensatos que traten de poner el pie en el continente periférico.

Curadhan existe en muchos momentos y lugares, teniendo el don de poder estar en muchos sitios a la vez. Existe incluso bajo aspectos que presentan sutiles diferencias, siendo algunos más esquivos o huraños mientras que otros resultan algo más confiados y de comportamiento más dócil. Esto se debe a las diferentes variaciones que se tiene del arquetipo raíz de su origen, reflejándose esos matices en sus distintas apariencias. Sin embargo, todos ellos forman la misma criatura, una única entidad dotada de una sola consciencia que, habiendo transcendido hasta fronteras incomprensibles para nosotros, se encuentra en perfecta armonía con el mundo en el que vivimos.

Así cumple con su misión de ser el mentor que guía a las criaturas hacia un posible destino, sin olvidar nunca que éste no se encuentra descrito en ninguna parte, por lo que se trata de toda una suerte de opciones que se reflejan en los diferentes senderos del Árbol del Tiempo. Todos esos caminos posibles vibran en el Gran Árbol, resonando y emitiendo ondas que se propagan a lo largo de todas las realidades. Curadhan tiene la capacidad de poder verlas, lo que le permite elegir aquella que más le conviene a los afortunados que lo necesiten. Por ello trabaja en perfecto equilibrio con Rhiatan, la Centinela de las Puertas, con la que viaja a menudo por toda nuestra hermosa tierra.

Doncella CiervoEn su dedicación sirve también a otras criaturas de tipo Imago, tratando de ayudarlas a encontrar el camino por el cual se han llegado a hacer tangibles puesto que, en la mayoría de las ocasiones, éstas se encuentran perdidas, deambulando sin rumbo y sin un propósito. A éstos les ofrece la pista de su lugar en el mundo, el secreto de una historia que está esperando ser contada y que, pese a que él también la desconoce, precisa de un mentor que ofrezca el primer indicio que conduzca hacia lo que le dé algo de sentido a toda una sucesión de incertidumbres.

Pero al igual que sirve a toda criatura viviente, sea cual sea su naturaleza, Curadhan guarda y protege un mundo que ama antes que cualquier otra prioridad. Tras esta verdad incuestionable, Curadhan es consciente de que la existencia es una gran historia que está esperando ser contada, dentro de la cual todos tenemos un papel. Para él, cada criatura es un héroe que precisa del consuelo de un guía que le ofrezca, al menos una vez en algún momento de su vida, una pista que le permite encontrar lo que más anhela en el fondo de su corazón.

Lo que sucede es que son muy pocos en realidad los que a lo largo de su vida le dedican un solo momento a tratar de escuchar lo que su instinto trata de decirles. La mayor parte de los seres conscientes cruzan por el río de la vida en un estado de distracción, absortos en trivialidades, deseos mundanos que son producto de aquello que nos dicta el tratar de complacer a nuestros sentidos o bien a fútiles caprichos, sin preocuparnos de asuntos de mayor trascendencia. Así pues, no son muchos los que tienen el privilegio de poder disponer de la ayuda del Ciervo de Cullegh, una vez han dedicado algún esfuerzo en tratar de reconocer qué es lo que desean, o hacia donde se sienten inspirados para comenzar a dirigir sus pasos.

Puesto que Curadhan es también quien anuncia el momento de partir cuando se espera realizar un largo viaje, no todo cuanto se asocia a él está relacionado con la alegría. Todo aquel que en algún momento haya sentido el ansia de querer marcharse muy lejos, justo en el momento en el que tiene la oportunidad de encontrarse con el gran ciervo sabe que, en ese preciso instante, el momento de la verdad ha llegado, sean cuales sean las consecuencias que deriven de ello.

Es mediante sus diferentes aspectos como es capaz de recorrer inmensas extensiones de territorio, estando allí donde no cabría esperar que fuese posible encontrarlo. En todas sus misiones a lo largo de nuestro mundo Curadhan muere infinidad de veces, un destino que esta vez sí que se encuentra descrito, aunque  sólo para él, dentro de cada pequeña historia, pues ese es su papel en cada una de ellas.

No obstante, Curadhan siempre vuelve a resurgir, renaciendo una y mil veces; algo que seguirá haciendo mientras exista el concepto que lo vuelve a traer a la vida. Así sucedió, por ejemplo, cuando llevo a la Centinela Edith sobre su lomo, conduciéndola hacia lugar seguro antes de ponerla en manos del Cuervo Ruadh al tratar de salvaguardarla de los Hijos de Morthid. De esta forma, Curadhan, con su propia historia, participó también en la historia de ella, una historia donde estaba descrito que él tendría que dar su vida por protegerla, cosa que hizo, para renacer de nuevo muy lejos, en algún otro lugar.

De él descienden Los Hijos de Curadhan, una raza de hombres-ciervo, casi espíritus ancestrales de la naturaleza, que consiguieron prosperar en el mundo alcanzando un lugar como pueblo por derecho propio. Se trata de unas hermosas criaturas de tipo humanoide, dotadas de una fisonomía cuyos rasgos son producto de la hibridación entre humanos y ciervos, incluyendo la presencia de grandes astas que exhiben sobre sus cabezas con orgullo, símbolo de su antigüedad y experiencia. Son seres espirituales que tratan de ayudar a las demás de acuerdo con los preceptos de Curadhan. Habitan en los Dominios del Ciervo, un vasto territorio situado al Oeste del Continente Central junto a La Tierra de los Hombres Caballo. Allí, la influencia de esta raza sobre la naturaleza es evidente, sintiéndose la presencia de su Poderoso Señor sobre cada minúsculo rincón, tronco o ramita de una forma muy especial.

El Ciervo de Cullegh muestra el aspecto de un viejo ciervo macho; un poderoso miembro de su raza dotado de una vigorosa musculatura, aunque con un aspecto entre viejo y cansado que da la impresión de albergar una dilatada experiencia. Un aprendizaje que se muestra de forma tangible bajo una colección de cientos de heridas repartidas por todo su cuerpo.

Algo más grande que un miembro habitual de su especie, posee una enorme cornamenta que presenta una particularidad que lo hace único, su asta derecha se encuentra quebrada. En efecto, Curadhan tiene el asta rota en su primer tercio, faltándole así un buen trozo. Parte de ella le fue entregada a la Jagath, la Centinela que se esfuerza en tratar de hilar los caminos del destino, y que se encuentra en su posesión aún en la actualidad. Pero el resto del asta quebrada es el resultado de centenares de miles de batallas y de innumerables acontecimientos a lo largo de una larga vida llena de experiencias.

Por ello, el símbolo de Curadhan es el círculo engastado con el Trisquel al que se superpone el motivo de un ciervo con un asta mutilada. La tríada espiral o Trisquel es símbolo de renacimiento, un ciclo continuo de muerte y vida que se repite hasta el fin de los tiempos. La imagen del ciervo muestra el asta rota, simbolizando todo aquello que, formando parte de nosotros desde el comienzo de nuestras vidas, vamos dejando atrás debido a las vicisitudes de la existencia. No sólo de una forma inconsciente, sino también debido a todas las elecciones que nos vemos obligados a tener que tomar, teniendo que renunciar a veces a una parte de nosotros mismos y que nos obligan a tener que ir abandonando una porción de nuestro ser a lo largo del camino de nuestra vida. Curadhan renunció así a una parte de sí mismo por poder llevar a cabo su misión.

En honor a Curadhan ni se alzan monumentos ni se levantan templos. Curadhan es una entidad cercana y familiar al que la gente solicita guía y auxilio. Existen cultos sí, pero se realizan en lugares al aire libre, bajo los árboles siempre que es posible. Muchos niños de nuestro mundo aprenden desde muy pequeños que hay que dejarle algo de comida a Curadhan detrás de la casa, siendo éste un elemento muy arraigado en nuestra cultura popular (resulta habitual saber también que lo que más le gusta son las manzanas). Hay familias algo más acomodadas que dejan incluso un bloque de sal tosca cerca de la casa por si el Centinela decide hacer una visita de madrugada —algo que, por cierto, hace muy felices a todos los demás ciervos comunes y corrientes—, siendo esta una costumbre muy extendida, sobre todo en el Oeste.

Con su ciclo de muerte y de retorno constante, Curadhan nos ofrece la valiosa lección del sacrificio, pero también el de la esperanza de saber que, si nos detenemos un momento a pensar en ello, todos tenemos la oportunidad de poder encontrar todo aquello que hemos estado buscando alguna vez. 

Principios

— Defiende al mundo de sus peligros, ofreciendo el consuelo que trae el amparo a los débiles.

— Trata de hallar el camino de tu vida deteniéndote a escuchar a tu corazón, te sorprenderá descubrir que lo que en verdad anhelas se encuentra allí, si eres capaz de detenerte y escuchar.

— No dejes de explorar el mundo que te rodea así como a ti mismo. Es en ese camino en donde encontrarás la trascendencia que te permita encontrar las puertas que conducen a Lavondyss.

Arquetipo: El guía, el mentor.
Poder menor: Nómada.
Se asocia al género: Masculino.
Origen: Imago.
Alineamiento: Caótico bueno, (bueno).
Símbolo: Un gran ciervo con un asta rota.
Color preferente: Arcilla y rojizo oscuro.
Arma predilecta: Armas punzantes.
Áreas de influencia: Cambio, viajes, suerte, nobleza, protección, destino, otoño.
-Dominios D&D 3.X: Bien, curación, animal, tierra, suerte, protección, viajes.

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Querida Lavondyss...

Mi querida Lavondyss:

Se nos ha marchado otro año sin darnos cuenta mientras veíamos pasar todas sus estaciones como si fuesen los vagones de un tren. Otro más, lleno de extrañas situaciones, períodos de silencio, momentos de expresión y no pocas alegrías ni tristezas. Ha pasado por mi lado mientras me distraía pensando en lo que podría ser, en lo que fue y en lo que vendrá, y en lo maravilloso que sería que todas las cosas de este mundo fueran de determinada manera. Así, esperando y esperando, se han pasado los días.

Pero no he de tratarme con dureza, pues sé con seguridad que soñar en realidad es lo que nos mantiene despiertos, y que los sueños forman parte de todos nosotros desde lo más profundo; así, cada uno crea, a su manera, sus propias regiones míticas. No pienso que eso tenga nada de malo, al contrario; pues es precisamente de esa forma como ha surgido la necesidad de querer contar historias y el deseo de escucharlas, en la forma que sea.

Recientemente he visto la película “La vida de Pi”, toda una declaración acerca del porqué de nuestras regiones míticas y de nuestra necesidad de ellas para poder sobrellevar la existencia. Una historia que legitima una tendencia tan antigua como la humanidad, la de querer elegir siempre tomar el rumbo que nos conduce hacia la historia más hermosa. Puesto que este es el tema subyacente de este sitio, y de muchas de las cosas que tras rondar por mi cabeza terminan escritas en alguna parte, participar de la narración de esta historia ha supuesto que sienta el deseo de renovar un contrato personal que me he impuesto desde hace ya mucho tiempo. Porque si nos dan a elegir, preferimos escuchar historias a tratar de permanecer atentos a la realidad, una actitud que podríamos decir que resulta casi instintiva, y de la cual se ha edificado toda una industria en la cual estamos inmersos. Puesto que se trata de una historia que te hace amar las narraciones, sólo quiero recomendarte que la puedas vivir por ti mismo, sacando de ella tus propias conclusiones.

Princesa y DragónQuerida Lavondyss, he conseguido jugar a mis juegos favoritos algunas veces; no tantas como me gustaría, pero que han conseguido que llegue al convencimiento de que se trata de una actividad muy importante que hay que saber valorar y defender en la medida de lo posible, pues consigue crear momentos de calidad en nuestras vidas. Los juegos de rol son una gran actividad de ocio, y aunque no sucede que en todos los casos cumplan con mis expectativas, pienso que son una de las actividades más interesantes que he podido compartir con mis amigos, habiendo surgido de ello momentos inolvidables. Momentos que ya se encuentran en la caja de los recuerdos, esa, donde coloco siempre ramitas de canela.

En estos tiempos, cuando todas las miradas y los pensamientos se dirigen hacia los videojuegos, proponer la organización de una partida (además de poder llegar a convertirse en todo un desafío en cuanto a su organización) se puede transformar en ocasiones en una actividad casi mística, donde muchos se preguntan cómo es posible que de una idea que parece tan obvia pueda surgir el que una noche de viernes o sábado se convierta en una extraña mezcla entre lo fantástico y lo extraño.

En mi caso, la diferencia de visiones que cada uno tiene del juego es lo que me resulta más fascinante, ya que lo que significa para unos para otros resulta algo muy diferente. Para mí, por ejemplo, Dungeons & Dragons es algo que va mucho más hacia la fábula y al mito, más del Hobbit que del Señor de los Anillos, más del Rey Arturo romántico de Malory, de Cúchulainn, de Robin Hood, el flautista, Rapunzel y hasta de Blancanieves, que del dungeon y de la fantasía oscura a la que estamos acostumbrados con Red Sonja a la cabeza vistiendo su bikini de mallas. Que lo es también, por supuesto, pero que en mí se trata de algo que se encuentra en un nivel secundario; un hecho en el que tiene mucho que ver mi propio “currículum”, como es normal. Una visión personal que ha ido en aumento con los años, pues a medida que pasa el tiempo tiendo más hacia el cuento clásico europeo, romántico y despiadado, que hacia una fantasía que yo denomino “americanizada” y casi hasta me atrevo a catalogar de “industrial”.

Se trata pues de algo que sucede simplemente porque..., yo decido que suceda. Sabiendo esto, refuerza mi convencimiento de que tengo que dirigir lo que trato de hacer en esa dirección pues allí está lo que me gusta, prescindiendo de querer tapar todos los agujeros de todas las alternativas posibles al pretender, de forma inconsciente, querer contentar a una entidad imaginaria que yo percibo como una posible e hipotética audiencia.

Resumiendo, que de hacer algo esto ha de ser lo que de verdad me guste y ya está. Una obviedad que no deja de ser toda una declaración de intenciones, en donde también está incluido el deseo de no querer olvidar que si empleo este sitio es para poder disfrutar de una actividad que no puede convertirse jamás en otro tipo de atadura más de la vida cotidiana. Por otra parte, Lavondyss ha pretendido ser desde su origen un diario personal —algo que me gustaría que siguiese conservando siempre mientras exista— en donde encuentran su lugar una serie de relatos y textos de diferentes tipos, en los que pienso que debo —o debería— enfocarme cada vez más, tratando de olvidar índices de visitas y estadísticas de ninguna clase.

No me cabe ninguna duda de que hay que tratar siempre de mantener una mentalidad abierta y de ser capaz de escuchar las opiniones de los demás pero, cada vez tengo también más claro que al final, tras esa guía, a quién debemos tratar de escuchar siempre con más atención es a nuestro propio instinto, o lo que es lo mismo, a intentar tomarnos mucho más en serio aquello que nos dicte el corazón.

Por ello, con el simple deseo de querer dedicarle una carta personal tanto a quien tiene el detalle de pasar por aquí como a este sitio en sí mismo, desde Lavondyss sólo quiero desearte un muy FELIZ AÑO NUEVO.

Edanna
27 de Diciembre de 2012

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Muerte entre las flores

 “Rol” Integrated Life: decoded (5.0)

Mi noviembre se marchó, siempre me pasa; sin darme cuenta se me va, no dándome tiempo a despedirme. Yo uso mis noviembres para contar el tiempo, ese que pasa y que vuela, y que no atiende a razones de tan ocupado que parece que esté todo el tiempo. ¡Qué cosa rara!

Siempre siento tanto que se marchen mis noviembres... Es mi mes favorito de muy lejos, y algo que trato como a alguien que trate muy de cerca; así, como algo muy mío.

Esta vez, cuando se marchó yo estaba jugando al rol, suerte que tengo. Ya una actividad escasa, preciosa y digna de mención.

Chica Leyendo LAvondyss.netSalí de la partida “echando fuego”, y me decidí a hablar sobre ello tras leer algunas entradas en mis blogs favoritos acerca de los intentos de buenos padres intentando integrar ese Rol que tanto queremos en la vida diaria de nuestros hijos. Sus intentos me hicieron reflexionar una vez más, al compararlo con mi desastrosa experiencia en la última partida, sobre cuales son el tipo de cosas que fallan en algunas ocasiones en lo que a los juegos se refiere. Me hizo pensar que, en muchos casos, los adultos parecemos olvidar cual es el verdadero motivo de hacer lo que hacemos y de tratar de decidir lo que puede ser o no verdaderamente importante. Por eso, cuando leo sobre las experiencias con los niños, recuerdo su mirada brillante, su rostro soñador y del pequeño milagro que, no siempre, no, pero que a veces sucede, allí, en algún lugar dentro de sus mentes.

No tengo ninguna intención de tratar de decirle a nadie cual debe ser el  motivo de nada o de lo que debe o debería ser importante o no serlo. Esto, como siempre, es una reflexión. Una reflexión compartida que para eso están estos pequeños periódicos personales que llamamos blogs.

Una de las más bonitas experiencias que he vivido desde siempre es contar un cuento a niños y no tan niños, que en muchos casos están más que predispuestos a dejarse llevar. Preparados psicológicamente y con las alas repletas de combustible porque, sencillamente, desean hacerlo. Lo descubrí hace tiempo, tanto por mi vinculación a un grupo teatral, como a mis relaciones con personas vinculadas al mundo del teatro y de la narración profesional. Los famosos “cuentacuentos”, que tan de moda se han puesto a lo largo de los últimos diez años. También me he animado a jugar al rol con niños, eligiendo para ello reglamentos muy básicos y muy, muy simplificados, basados simplemente en elegir rumbos en la historia, como en los libros interactivos, y añadiendo un componente de azar de manera muy básica; como, por ejemplo, emplear un simple dado (grande de peluche) que les ayude a tomar decisiones. Ir más allá de eso nunca es buena idea. Hay que recordar que no aguantan la atención durante mucho tiempo y que debe ser siempre lo más dinámico posible. Por otro lado, a partir de diez años es quizás cuando podemos tratar de hacer algo un poco más elaborado; antes de esa edad pienso que sólo podemos enfocarnos en contar historias breves a las que podemos tratar de añadirles algunos caminos de elección.

Esto tampoco garantiza que todos vayan a prestarse a ello, pero los que lo hacen viven aquello que les cuentas de forma tan vívida que se vuelve inolvidable. Yo siempre recuerdo una aventura que dirigí a un grupo de niños de entre 11 y 14 años escrita por mí, “La princesa y el dragón Vermidor”. Me estuvieron hablando de ella durante meses y aún hoy me preguntan, hasta por mail hace poco, cuándo vamos a continuar la historia.

Bien, no significa que el rol sea la panacea de los sueños infantiles en absoluto. Como siempre, hay niños que se prestan, otros no lo hacen en absoluto. Simplemente porque hay niños incapaces de estar sentados más de 10 segundos. A esos en Canadá los llenan de Ritalin. El Metalfenidato es la cura contra la vida enérgica que trata de comerse el mundo, o del déficit de atención con hiperactividad, como prefieras. Vaya, posiblemente resulte que Carlomagno era uno de estos... Pero no, no trato de trivializar acerca de este tema. Es un tema demasiado complejo y delicado para tratarlo en dos frases, y el déficit dichoso es muy real.

Pero bueno, como me encanta andarme por las ramas y ya son las 3 de la mañana volveré a centrarme en mi desastrosa experiencia rolera del otro día.

Al grupo, yo conocerlos no es que los conociera demasiado, pero como ahora mismo estoy por Canarias y necesito desahogarme un poquitín, me uní al grupo tras previa invitación en una coqueta tiendecilla friki local. Para no extenderme demasiado diré que el juego es el magnífico “El Anillo Único”al que tenía ya ganas de hincarle el diente. Juego que tengo gracias a que me lo habían regalado y que ni había terminado de leer..., pero que ya quedaba poco ya...

Deambulando por la Tierra Media junto a dos hobbits salidos, una hobbit ninfomaníaca que se desabrochaba la camisa para conseguir descuento y un enano absolutamente enamorado del escándalo; entre repetidas alusiones sexuales a todo lo que se moviera, un pueblecillo de buenos hobbits cuya empalizada tenía forma de miembro viril, un hermoso barco de blancas maderas fondeado en los puertos grises llamado “Kill-Dig”..., ¡ah! y tras aniquilar a unos lugareños por negarse a hacernos una rebajita en unos aperos..., nos embarcamos alegremente en nuestro bajel pirata con el fin de alcanzar el pico del Meneltarma, allí, donde una Númenor que había conocido mejores días dejaba aún entrever su punto más alto sobre las olas, en algún rincón distante en el medio del océano. Ni que decir tiene que un sinónimo del más gentil término "falo", no tardó en convertirse en un nuevo topónimo en nuestras cartas de navegación

Yo, que pensaba que Ulmo nos barrería a todos de la faz de la Tierra Media de un manotazo —con toda razón—, me sorprendí bastante de llegar con los pies bien peinados al dichoso templo, único superviviente de esta Atlántida Tolkiniana tan especial y que le da veinte mil vueltas a la del mundo clásico. Allí había que adentrarse buceando por una suerte de oquedades entre las ruinas sumergidas..., y tal...

Para ello, disponíamos de no sé qué hierba que nos permitía respirar bajo el agua (cough, cough) con sólo tres, repito tres, dosis. Tres bajaron entonces..., y con tanta seguridad que tenía yo en que el DM habría previsto otras alternativas para poder disfrutar de la aventura todos juntos que..., ¡no espera! resulta que ¡NO! Había tres dosis y sólo tres (y el número a contar será siempre tres...), así que los intentos de realizar una inmersión a pulmón libre terminaron con mi personaje morado, sin puntos de aguante, y regresando al barco a duras penas a que le dieran un masaje cardiaco y un buen par de morreos de esos, oxigenantes...

Caperucita¿Las razones de aquello? La coherencia, la lógica, ¿el realismo? ¿El castigo por los pecados, por no adorar la obra del DM como merece?..., ¿por no adorarle a él y mirarle con ojitos tiernos...? ¿Quién sabe? El caso es que otro jugador y yo nos dedicamos el resto de la sesión a arrojar al mar piedrecillas planas con la intención de hacerlas saltar rebotando en el agua —aguas que contemplábamos con miradas lánguidas—, mientras nuestros otros tres compañeros jugaban, mataban bichos, se llenaban los bolsillos de miles de lógicas monedas de oro y morían despedazados por una cosa lógica que andaba entre Nazgúl, Sara Montiel y Pedro Navajas con corona de hierro y mucha mala leche, porque eso era lo lógico..., y lo razonable. Así pues, en un vasto y ancho mundo irreal, cruzando un vasto océano de quimeras, adentrándonos en un templo irreal y luchando contra imaginarias bestias feroces, nos topamos con el peor monstruo de todos: el deseo de anteponer una confusa y mal entendida concepción de lo que debe ser lógico y “real” a la diversión que, pienso yo, debería ser la primera ley fundamental que ha de anteponerse siempre a todas las demás; pues entiendo yo que: "Aquí a lo que venimos principalmente es a divertirnos".

Bien, todo esto, que parece que resulta de lo más sensato resulta que no, que no lo es. Y no se trata de quejarse por quejarse. Yo no me quejé, ni me quejo. Me dediqué a pasear, tras marcharme, por las calles frías de mi ciudad con una sensación de que mi tiempo aquí... Simplemente no entiendo cuales son las prioridades antes que las que dicta el sentido común. En realidad lo que ha sucedido es que esta vez simplemente tuve mala suerte. Me topé con un mal máster y punto, que haberlos, “hailos”. Lo curioso es que se trata de una persona que, por muchas cosas, me cae muy bien, lo que me resulta irónico.

El problema es que como la sangre nueva escasea, a los malos másters les crujen ya las articulaciones por todos esos años que ya tienen. Porque no hay cantera y como no espabilemos, nos vamos a encontrar con que un grupo de exploradores van a venir en unos pocos o muchos cientos de años, van a descubrir nuestras tumbas, seleccionarlas, catalogarlas y ponerlas en el museo de historia natural o de arqueología un día de estos.

Allí yaceremos, con nuestros libros de rol aferrados entre unos esqueléticos dedos (ellos y ellas qué os creeis) mientras de nuestras calvas, en las cuales aún se conservan algunos mechones de pelo, se resbalan unas herrumbrosas coronas de hierro...

A veces siento que hemos perdido la capacidad de muchas cosas. Corrígeme si me equivoco..., ¡hazlo! Perdemos “Nuncajamás” y se ríen de nosotros si nos atrevemos siquiera a mencionarlo. De mí lo hicieron alguna vez en el entorno laboral y aún no salgo de mi asombro cuando lo recuerdo, encontrándolo inaudito. ¿Por qué encontré más respeto fuera que dentro de las fronteras de mi propio país? ¿Por qué?
Las personas se ríen de sí mismas, podemos hacerlo; sí, eso está muy, pero que muy bien. Debemos hacerlo y lo comparto... pero, siento un gusto amargo cuando de reírnos de nosotros mismos pasamos a revolcarnos por el fango, deleitándonos en nuestra propia mediocridad. Esto, siento decirlo, está muy arraigado en la cultura española, tan del humor estilo Torrente, del Jueves y del Víbora. Un humor que tiene su sitio y que está muy bien también, ¡por supuesto! Pero..., de tanto leer a Mortadelo y Filemón nos lo creemos, nos lo hemos creído, algunos nos lo hemos terminado creyendo. Siento que nos lo hemos llegado a creer y que ya no hay manera, que ya no hay vuelta atrás para un grupo generacional. Aunque también sé que eso está cambiando.

A veces siento que jamás nos detenemos ya de reírnos, que somos incapaces de hacerlo, y es cuando se convierte entonces en ese baile de máscaras en el manicomio. Podemos llamarlo Arkham Asylum ¿por qué no? Un manicomio donde, vestidos de aristócratas con peluca de rulos a lo "Rey Sol", bailamos hasta que sale el sol para caer exhaustos, decadentes, muertos, entre un prado de flores. Muertos entre las flores.

Yo perdí la inocencia hace mucho tiempo. Un tiempo en el que creí que la coherencia y el deseo de un cierto tipo de actividad intelectual primarían sobre las emociones, los deseos y el ego. Mi pérdida tuvo lugar a medida que fui descubriendo, entre otras muchas cosas, internet, desengañándome de cómo son la mayoría de las personas. Puede que hable de eso en otra ocasión; por ser extenso, porque es muy tarde y porque, en realidad..., ¿a quién le importa?

Edanna
3 de diciembre de 2012

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