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Tag: Edanna

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Maeth "La Madre Laguna"

Dyss, sello general

Neni Desem

Por las calles empedradas de lo que ya puede ser descrito como una ciudad; a través de estrechos callejones que se trazan mediante la guía y la plomada; bajo la sombra de aleros y capiteles pasea en silencio una figura encapuchada envuelta en secretos. Revestida con su piel de diamante, indestructible, es capaz de quebrar cualquier estocada, incluso la que provenga del acero más resistente; una última visión para todo temerario que, envalentonado por su frágil apariencia de femineidad, se atreva a querer dañarla. Si esto sucede se convierte en una nube de vapor y cenizas en el tiempo que transcurre entre un abrir y cerrar de ojos. Quien la mira a los ojos fijamente envejece de súbito tantas estaciones como deudas sin pagar lleve a cuestas a razón de una jornada completa por unidad, o al menos, eso dicen. Es la matriarca que resguarda lo que con tanto celo se tarda en construir durante meses y meses de duro trabajo: una comunidad urbana, epítome de la organización y del desarrollo social. Es la Centinela Maeth, más conocida como Malina, La Madre Laguna.

Maeth "La Madre Laguna"Hermana de La Jagath, Maeth salvaguarda la civilización y el comercio; según ella, único baluarte digno de ser defendido en un mundo que sólo se halla poblado por todo tipo de bestias sin nombre; o que al menos lo estuvo, hasta la llegada de la instrucción que favorece la construcción social, la prosperidad del comercio y el desarrollo urbano. Dedicada por completo a instruir en todos los aspectos “vulgares” de la vida, la Centinela de la civilización promueve el desarrollo y la prosperidad de los vínculos sociales fuertemente organizados. También cuida del matrimonio, de una familia colmada de hijos y de los papeles de padre, marido, hijo e hija, esposa y madre.

Su filosofía se halla descrita en el símbolo que la representa: bajo la rueda geométrica que la matemática dispone para el uso de los constructores, Malina resguarda su rosa de los vientos, imagen del trazado ideal —la disposición en cruz y diagonal— que dicta las normas que rigen la estructura de una perfecta comunidad, tanto en lo físico como en lo mental y espiritual. Las llaves cruzadas protegen la prosperidad que todos están obligados a construir a su alrededor, un derecho sagrado del cual sólo cada uno es dueño y señor. Un recuerdo para aquellos demasiado curiosos, o demasiado imprudentes, como para tratar de escudriñar en los secretos que atesoren sus vecinos, ya que lo que obtiene cada individuo a lo largo de su vida es el legado que pasará a los suyos. La pena por tratar de acceder a lo que cada llave guarda no es otra que la muerte inmediata, sin clemencia ni posibilidad de amnistía de ninguna clase. En Dyss, en la mayoría de las comunidades, robar se castiga con la muerte siempre en el nombre de Maeth. Comenzando siempre por las manos, de izquierda a derecha, se sigue con los pies para terminar con la última visión de las luces centelleantes que cruzan por la mente una vez la hoja caliente cercena el cuello del condenado.

La Madre Laguna favorece así la lucha por la supervivencia, pero siempre bajo unas reglas que impiden aprovecharse del esfuerzo de tus semejantes; después de eso, ya no existen más reglas que las de tu propia consciencia. Nuestra Centinela de la civilización nos recuerda así que la prosperidad y la construcción social de la realidad han de regirse por una logística que favorece el ayudarse los unos a los otros —algo que ha demostrado ser la mejor estrategia a largo plazo—, pero que no dice nada acerca de la suerte que todas las demás criaturas, ajenas al deseo por el desarrollo de esa comunidad en concreto, tengan a consecuencia de estos planes. Y no lo dice porque no hay nada que impida ni ponga límites al progreso. De existir alguna barrera esta se presenta bajo la forma de la escasez de recursos, las limitaciones del espacio o a un bajo nivel en la natalidad, por citar sólo algunos de los más comunes.

Como he comentado ya en el apartado en el cual hablo de su hermana Anningan, Maeth enfoca sus intereses hacia aquellos deseos que tienen como denominador común todo cuanto está relacionado con los bienes materiales, la obtención de recursos de subsistencia y el logro de todo medio que favorezca nuestra lucha por la supervivencia. Mientras Anningan dirige sus intereses a nuestros deseos emocionales, resultado de nuestras pasiones mundanas, Maeth cree defender la única pasión que, requiriendo dedicación y esfuerzo, realmente vale la pena, es decir: nuestros impulsos por prevalecer y prosperar en el mundo para obtener una posición de ventaja respecto a las criaturas que puedan perjudicarnos, ya sea de forma inconsciente o intencionada. Por ello, no es suficiente con salir cada mañana al despuntar el alba a ver que encontramos por ahí para poder comer, vestirnos o poder defendernos. El don de disponer del raciocinio es una señal que Dyss ha dispuesto en todos nosotros otorgándonos uno de sus rasgos más característicos: el ser capaces de razonar, siendo conscientes de nuestro propio yo y, por consiguiente, de nuestra propia muerte. Así pues, la mejor forma de honrar a la tierra es demostrar que somos capaces de emplear sabiamente nuestro don consciente, ínfimo si lo comparamos con el de nuestro mundo.

La orden de Maeth se encuentra centrada en las grandes comunidades siendo uno de los mejor organizados. Antaño constituyó el pilar del antiguo imperio de Taurica y de Arcontis, hoy extintos, y de muchos reinos del Este sobre los cuales se edificaron sus leyes más preponderantes. Muchas de esas leyes forman aún parte del legado cultural de muchísimas comunidades cerradas que se encuentran desperdigadas a lo largo de nuestro mundo en forma de ciudades estado independientes. De esta manera, los hijos de Maeth han formado en el pasado poderosas Teocracias que gobiernan la suerte de muchos pueblos aún en el presente. A ellos se debe la invención de muchos pesos y medidas, de la moneda en un amplio número de regiones, de la gestión y el reparto de los bienes, de la agrimensura y otras muchas técnicas que ayudan a dividir la tierra y organizar los recursos económicos.

En los conventos donde se recluyen sus seguidores, mezclándose ambos sexos, se lleva una vida de producción ininterrumpida en un ejemplo de eficaz trabajo en equipo que roza la neurosis, pero que brinda una cantidad enorme de recursos beneficiosos para su comunidad. En estos lugares de recogimiento, que se encuentran repartidos por todo el mundo, jóvenes y viejos dedican una vida entera a velar por los intereses de la Centinela de los Matriarcados, rogándole que le conceda a las razas conscientes la primacía—siempre con preponderancia de la raza humana—, guiando al hombre hacia su prevalencia sobre la naturaleza. Mientras, se trabaja sin descanso, elaborando productos de todo tipo que puedan emplearse después como recursos de primera necesidad o como recursos para terceros. Un ejemplo de ello es la elaboración de telas y tintes, el trabajo del cáñamo, la construcción de herramientas, el tratamiento de ciertos productos como medicinas o la elaboración de productos de consumo directo como el pan, el queso y el vino. Por no hablar de sus complejas destilerías, sin igual en el mundo, de las cuales surgen los licores más exquisitos.

No existe comunidad que no base su prosperidad en una de las construcciones sociales más arraigadas y mejor conocidas como es el de la familia. Ésta es sagrada, y una buena parte de las leyes que dispone Maeth en su Códice Laguna es una extensa lista de dogmas que han de seguirse al pie de la letra a fin de preservar su existencia. En él se establecen las normas que rigen el contrato matrimonial, el coste de las dotes, el valor medio de los ajuares, los estatutos que rigen la herencia entre padres e hijos, el valor del parentesco y sus disposiciones legales, las leyes del apadrinamiento y su cuantía, el destino y el grado de importancia que cada miembro de la familia posee con respecto a los demás según su orden de nacimiento, etc. Además de ello, se rigen las normas del tratamiento entre diferentes familias y las fórmulas de cortesía entre ellas, el valor que posee cada una a la hora de hacer negocios, estableciendo cual puede efectuarlos y con quién, el precio del apadrinamiento entre distintas familias, las relaciones que han de establecerse entre apellidos de diferente condición y quién debe, cómo y cuándo relacionarse con los miembros de otra familia, dependiendo de su estatus y de su grado social.

Todas estas disposiciones no son más que los principios generales de un todo muy complejo que intenta organizar múltiples ámbitos como: los estatutos más comunes a la hora de hacer negocios, las normas de la construcción urbana, de su organización y de su gestión, la disposición legislativa, el flujo de la economía, el comercio y el valor de la renta..., entre muchas otras. En lo que a la estructura social se refiere, todo está regido por todo aquello que dispone Malina en sus enseñanzas, constituyendo su palabra una sola voz y una sola ley. Esto rige en particular, eso sí, a todas las comunidades humanas.

Debido a esta causa, no hace poco tiempo precisamente que existen muchos que se oponen a este estado en el orden de las cosas. Una rebeldía que se enfrenta a la muy bien organizada, y a menudo letal, orden de los Hijos de Maeth. Quien lo hace, debe de ser muy consciente de que tiene todas las de perder. Un hecho que efectivamente sucede, pues son muy pocos los grupos opositores que puedan hacerle frente a una muy bien organizada, y fuertemente motivada, hermandad de seguidores que estarían dispuestos a dar cualquier cosa en el nombre de todo lo que simboliza la madre de la Civilización. Verdadera fuerza impulsora de la estructura social de los humanos y máquina imparable que, día a día, obliga a hacer retroceder al viejo mundo salvaje hacia unos dominios forzados a menguar cada vez más a medida que se suceden los anillos del tiempo.

Principios

— Lo único que diferencia a los seres conscientes de las bestias es la primacía que la civilización ha creado. La salvaguardarás sobre cualquier otro aspecto de tu existencia.

— Defiende la sagrada institución de la familia como la misión más importante de toda tu vida, sólo por debajo en importancia al orden que nos trae un mundo civilizado.

— Sólo si tratas de prosperar según los preceptos de la civilización, honrarás al mundo que te ha dado la vida.

— Llevarás y defenderás los preceptos de Maeth, reunidos en su códice, allí a donde vayas.

Arquetipo: La Matriarca. La dueña del hogar.
Poder menor: Nómada.
Se asocia al género: Femenino.
Origen: Nativo.
Alineamiento: Legal neutral, (neutral).
Símbolo: Dos llaves cruzadas sobre la rosa de los vientos.
Color preferente: El bronce y el lila.
Arma predilecta: La maza.
Áreas de influencia: Codicia, comercio, civilización, leyes, riqueza, invención, artesanía, familia.
-Dominios D&D 3.X: Ley, suerte, protección, conocimiento.

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Visiones del tigre

Canción: Tiger Visions

Mi querida Lavondyss:

Tú, antes que nadie, sabías que llegaría este día. Era cuestión de tiempo y tú, de eso entiendes bastante. Lo deseé durante mucho tiempo y ahora..., ahora...; por todo ese ahora llegó un final encadenado a un nuevo comienzo; y no entiendo cómo, ni recuerdo cuándo..., ¿cómo es posible que en este instante ni siquiera recuerde el porqué, si es que lo hubo alguna vez?

Canada lakeHace mucho comencé a mover las piezas que regulan todo este puzle misterioso, tanto como para que las ramas de mi árbol del tiempo me llevasen al final hasta aquí, hasta un sendero que me ha conducido al día en el cual dejaría mi país definitivamente. Un día que, sin darme cuenta, comencé a desear incluso que no llegara. Porque yo, en realidad sólo soy otro de tantos expatriados, no soy más que otra de tantas emigrantes. Con la misma excitación, pero también con el mismo miedo, ese que me hace recurrir a ti esta noche una vez más.
Porque mañana abandono este reino de España que parezca estar maldito; que de tanto dolor y de tanta alegría, que de tanta sangre de a veces pero muchas veces más de risa y de baile que de llantos, de tantas tierras y de cauces sedientos, montañas ásperas y costas esmeralda..., de viento salvaje. Mi viento salvaje..., mis aguas azules..., os echaré tanto de menos...

Cierro mis ojos y veo tigres llorando allá, en las lejanas orillas del mundo. Ahora, te vas, y yo me marcho, y yo no sé, es que no sé...

Al menos me quedas tú, mi Lavondyss, mi libro de horas; tú, porque tú eres mi privilegio. Por eso, sólo por eso siempre estaré en deuda contigo. Porque sólo a ti te puedo hablar esta noche, la noche más larga, la noche antes de que amanezca y en la que siento tanto miedo. Antes de que la luz me separe de tu lado. Tanto trabajo, tanto esfuerzo, y al fin puedo marcharme con todos los papeles, con todas las licencias, sin miedos en aduanas ni preguntas incómodas de policías anónimos. Tras haber vivido todas las humillaciones del que no se marcha precisamente para sacar instantáneas; la soledad del que ve largos tentáculos abalanzándose desde y sobre las azoteas de los rascacielos, allí, donde miles de seres humanos caminan por una acera llevando máscaras blancas. En aquel lugar tan lejano y a veces tan blanco, tan blanco... El de las altas torres de ébano, el de las esfinges doradas... Al aislamiento del emigrante, a la soledad de la expatriada. Al suplicio del miedo a lo desconocido. Una vieja maleta sujeta con una cinta verde. Una vida entera que cabe dentro de una caja diminuta. Y al final, en la mano un papel, un maldito papel, y ya está, ya soy miembro como por arte de magia de otro lugar, como si eso existiera en algún otro sitio que no fuese dentro de nuestras cabezas. Detrás de mí la impotencia, delante la incertidumbre, y a ambos lados, el cansancio ¿Cómo hemos llegado a esto?

—Cierro mis ojos y te veo, veo tigres llorando allá, en las lejanas orillas del mundo. Ahora me voy, y tú te irás; y es que no sé, yo es que no sé..., cómo voy a poder separarme de tu lado.

Debo dar las gracias y lo hago, porque hago la maldita acción de gracias; pero Lavondyss, tú conoces cuanto se queda y cuanto te llevas, todo cuanto das y todo cuanto quitas, pues tú vives entre ambos mundos. Ahora, ya nada me queda aquí.

LAvondyss_Edanna_EvanthiaPero eso sí, me marcho con la sonrisa en el semblante, aunque también con un dolor extraño en el corazón..., uno que no esperaba, uno desgarrador, pero al cual soy capaz de darle la bienvenida. Por eso soy feliz, por valorar cuanto dejo atrás como nunca lo hice antes en todos los días de mi vida. Porque construimos un mundo con los elementos de la pasión, así, como deben construirse las casas de piedra, las de verdad, pero al que muchos no hemos sabido valorar. Al menos yo no lo hice, y cometí todos y tantos y tantísimos de los errores descritos ya en una larga lista, siendo para mí el peor de ellos el pensar que siempre es el final, cuando en realidad cada día no es más que el principio. Cada mañana todo comienza siempre de nuevo, todo cuanto tenemos que hacer es escoger, una vez más.

Si doy gracias ahora es por haberme dado cuenta, y por mi buena fortuna, y por muchas otras cosas. Por conocer mucho mejor el valor de todo cuanto dejo atrás. Y sé que eso es valioso, sé que eso es algo bueno. Ahora sé que, desde este momento, soy mejor persona.

Porque aquí conocí el amor de verdad, y el significado de la alegría, de la amistad y de darle todo el valor a lo que de verdad importa. Los momentos que pasamos con los seres queridos. En realidad es tan sencillo, pues no hay nada más que sea tan importante. Pero yo no tengo la verdad; así pues, esa, esta y aquella será la mía, una que guardaré en un colgante siempre pendido de mi garganta. Para mostrarlo en silencio, para acariciarlo cada vez que contemple el amanecer, siempre, siempre mirando hacia el Este.

—Y entonces cierro mis ojos y te veo, y veo tigres llorando allá, en las lejanas orillas del mundo. Y ahora me marcho, y tú, tú al fin también te irás. Pues serás tú quien se marchará de mi lado.

Y fue así, que al final llegó el día en el cual mis propios Señores del Oeste me dieron su consentimiento para poder abandonar el Viejo Mundo, pudiendo así marcharme definitivamente hacia poniente. Me recibirán de esta forma en mi propia Tierra Imperecedera particular, cuando se trata de una herencia que creamos allí donde quiera que estemos, donde quiera que vayamos mi pequeña gatita y yo, y no hay más..., una ironía más de un mundo que se queda atrás y que se me hace amargo, y del que tengo tanto y que duele, y el que tengo delante duele tanto o más como el que yo abandono ahora, cuando amanezca.

Mi hija crecerá en prados cubiertos de altos tallos de hierba verde llevando ese, mi nombre, ese que tú y yo ya le habíamos puesto desde hace ya mucho tiempo; crecerá bajo bosques de robles y de álamos, de tilos y de sauces, de coníferas que se extienden hacia tantos horizontes distintos; distancias salpicadas con fuegos que arden en lagos de frías aguas siempre envueltas en silencio. Las tierras del Gran Pez; las tierras del confín del mundo.

Mi niña jugará al lado de un rio del que no se divisa su otra orilla, y tendrá una taquilla en su instituto. Mi niña hablará inglés y francés, también hablará español y griego, y es muy posible que hasta hable élfico, ¿por qué no? Puede que allí, en la Tierra Imperecedera, termine hablando hasta la hermosa lengua.

Cuando pienso en todas estas ensoñaciones cierro mis ojos y os veo, te veo a ti y os veo a todos vosotros; veo entonces tigres llorando allá, en las lejanas orillas del mundo. Y pienso de nuevo en todo lo que fuiste cuando me marcho, porque al fin, eres tú quien se marcha en realidad. Pero yo, yo siempre miraré cada atardecer hacia el Este; para decirte cada día entonces: “Buenas noches”. Y así, esta vez poder dormirme, esta vez sí que podré descansar al fin, durante toda la noche.

En cierto modo, ahora, cuando faltan pocas horas para marcharme, con todos mis permisos y mis licencias, sin el miedo a que los guardianes de poniente asuman que pretendo saltar una valla, cuando miro atrás siento que España me recuerda a el final de aquella novela de Elric, el rey albino de Melniboné, que al caer bajo el filo de su propia espada Stormbringer “La Portadora de Tormentas”, ésta se burla de él con toda aquella amargura, de una forma que bien podría ser algo así como: “Lo siento mucho Edanna pero yo, yo siempre fui más lista que tú”.

Canada Lakes II

*Con el permiso de residencia oficial de mi país de destino, este día, a 18 de febrero del año 2013, abandoné España definitivamente, marchándome como emigrante.
Para que quede así constancia en esta mi ya tan extraña crónica, de una vida no menos azarosa.

Con todo mi cariño
Edanna

 

Sello de Edanna

 

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Anningan "La Jagath"

Dyss, sello general

"Forty One Ways"

Como resulta común escuchar en Dyss en la forma de un dicho popular: “el tiempo es un árbol que extiende sus ramas, y no una fina línea que seguir con los ojos vendados”. Así, diferentes realidades conviven todas juntas a lo largo del Gran Árbol del Tiempo auspiciadas bajo un único tronco común. Una gran realidad troncal en la cual se reflejan aquellos hechos que son herederos de todas las diferentes realidades. Ramas temporales independientes, supervivientes de un proceso de selección natural del propio tiempo, y descendiente cada una de su propia realidad. Las diferentes ramas del Gran Árbol representan pues hechos que siguen cada uno su propio camino, independientes del resto de las demás realidades hermanas, y ajenos a un concepto del tiempo que se asemeje al de un gran rio que fluya impasible, sin la posibilidad de poder alterar el curso o de poder ser remontado rio arriba.

Poderes en Dyss: AnninganDe esta forma, todas las realidades se extienden, se entrecruzan y, en ocasiones, se tocan unas con otras. Allí donde se tocan se producen vibraciones que se propagan a lo largo de todos los ramales. Esto provoca consecuencias en la mayoría, pues lo que le sucede a uno, afecta a los demás. Uno de esos efectos, como hemos visto, son las encrucijadas.

De todo esto podemos llegar a la conclusión de que, en Dyss, el destino no puede estar descrito en ninguna parte. No existe un único camino para la hechura de los acontecimientos, aunque sí que resulta posible predecir lo que podría suceder estudiando minuciosamente las distintas posibilidades. Pese a ello, resulta común que la mayoría de las criaturas conscientes tenga la creencia de que es posible poder controlar el destino y desee, si es posible, poder tomar el control del porvenir de todos los demás ya que, quien conoce —o controla— el destino obtiene el poder. Una de las criaturas que más ansía que esto pueda ser posible no es otra que Anningan, mejor conocida como “La Jagath”.

La anciana curandera, Centinela de todos aquellos que gustan de poder escudriñar el destino a la vez que preparar bebedizos, ungüentos y pociones —entre otras muchas habilidades— sabe muy bien que resulta factible el tratar de encauzar las finísimas hebras que guían el rumbo de los acontecimientos, tratando de hilvanarlas a su capricho, de la misma forma que se enhebra el hilo en el husillo mediante el uso de la rueca. Por ello, resulta este instrumento el símbolo que asociamos con Anningan. Un instrumento con el cual, de forma simbólica, la Centinela de todos los secretos populares codicia poder controlar el destino, hilándolo a su antojo. La rueca representa pues el uso del instrumento por el cual, gracias y mediante la habilidad del artífice, se puede controlar el destino.

Desde sus orígenes, La Jagath ha tratado siempre por todos los medios de hilar los distintos cauces por los que discurre el tiempo, tejiendo una gran red de hilos que cubran los diferentes ramales del Gran Árbol con el fin de unirlos a todos en un solo ramal único. Una pesada tarea que en compensación le reporta la posibilidad de poder escudriñarlo con más facilidad. Para Anningan no es suficiente con disponer de una única realidad troncal que mantiene unidas todas las ramas temporales. Anningan ansía convertir el tiempo escindido en un tiempo lineal, pues para ella sólo debe haber un único camino que poder vigilar; sin variantes, sin disparidades, sin sorpresas. Para ello, hila sin cesar una fina línea de tiempo lineal por el que discurre el resultado de todos los ramales, o mejor aún, aquellos que sólo ella elije, en la medida de sus posibilidades.

Lo irónico es que sin saberlo es ella la que ha dado forma al tronco común que une todas esas realidades, unificándolas y protegiéndolas, en el Árbol del Tiempo, y que percibimos como una única realidad tangible. En su ambición por disponer de un solo cauce ha sido La Jagath la que comenzó creando un único lugar en el que se refleja toda la diversidad de los diferentes caminos temporales. En ellos es donde precisamente nos movemos la mayoría de nosotros en la actualidad, tal y como se explica en el capítulo dedicado al Gran Árbol.

Las acciones de Anningan han estado motivadas siempre por la codicia. Fue así cuando escondió a la Centinela Edith de los Hijos de Morthid; consciente no sólo de los beneficios que le reportaría la llegada de la Narradora de la Vida, sino del precio del poder que el presente que le entregara Curadhan valía muy bien el esfuerzo. Algo que hizo a pesar de que Los Hijos de Morthid sean sus propios hermanos. Porque sí, Anningan es, junto con su hermana Maeth, una hija directa de Morthid; aunque ambas pertenecen a la estirpe de Los Fugitivos, aquellos de los hijos de ésta que una vez decidieron separarse de los planes de su madre, cada uno de acuerdo a sus propias razones.

Es quizás debido a su naturaleza por lo que está dotada de un alto grado de ambición, un rasgo que comparte con su hermana Maeth. Ambas coinciden en muchos aspectos, compartiendo muchas características comunes y formando juntas un dúo muy especial pues Anningan y Maeth trabajan unidas la mayor parte del tiempo. Por esto, se suele hacer referencia a ambas como: “Las Mellizas”, pese a que esto no se corresponda con el significado real del término.

Anningan es la anciana sabia, avariciosa y alcahueta que nunca entrega algo a cambio de nada pues posee un estricto código que establece unas muy severas condiciones ante cualquier tipo de intercambio. Sus principios se han extendido, sirviendo de guía por los que se rige la agricultura, la civilización y el comercio. No obstante, ha sido su hermana Maeth, conocida también como Malina, la que ha enfocado sus esfuerzos en tratar de proteger este tipo de aspectos más de carácter social, fomentándolos; por ello, Malina se ha convertido así en la Centinela de la civilización, con todos sus amplios grados de complejidad.

Mientras tanto, Anningan se entrega a todo aquello que mejor sabe hacer, esto es: intentar someter las hebras del destino tratando de hilarlas sin descanso. Por otra parte, vela por la sabiduría popular que atesora aquellos secretos que puedan suponer una ventaja frente a cierto tipo de adversidades de carácter natural. Esto no sólo incluye el tratar de forzar a la naturaleza, doblegándola, a fin de obtener los beneficios que traen la agricultura o la recolección organizada, sino también el de dominar todos aquellos conocimientos que descubren las ventajas que guarda una naturaleza llena de recursos, como el arte de hacer medicinas, pócimas, ungüentos y, en fin, todo tipo de remedios que puedan ya no sólo tratar de traer algo de alivio ante los males del mundo, sino también los que permiten obtener una situación ventajosa.

Es la cuidadora, la bruja que a través de su poder trata de doblegar a la naturaleza en todos aquellos aspectos más cercanos —o mundanos—, mientras que mediante el uso de la magia oscura trata de poder influir en los demás. Una intención que se encuentra en el lado opuesto a todo cuanto significa el conocimiento por el conocimiento como un camino para la evolución interior, reflejado en aquellos aspectos de la filosofía que comparten Edith y Jareth. Es el lado egoísta del cuidador, de la madre, pues sólo es capaz de ver el bien de uno mismo o de los suyos; algo que por otro lado permite a las gentes poder salir adelante. Anningan fomenta el uso del poder, pese a su alto coste (como se puede apreciar claramente en uno de sus preceptos), por tratar de hacer la vida diaria algo más llevadera. De esta forma extiende el uso de artes como el de la agricultura, además de toda una serie de secretos y fórmulas de magia mundana que de otra forma los otros dos Centinelas del conocimiento jamás revelarían. El resultado de sus esfuerzos es que existen multitud de remedios, fórmulas y sencillos encantamientos que permiten realizar a las gentes pequeños “arreglos” gracias al poder arcano; pero también ha dado pie a que existan incontables charlatanes y curanderos que pretenden saber lo que desconocen, ansiando beneficiarse de su ignorancia por medio de la ignorancia de los demás.

No obstante, eso no significa que la labor de La Jagath no tenga valor, al contrario. Ha sido ella quien ha difundido muchos aspectos del conocimiento médico, los secretos de la cirugía sencilla y el arte del poder oculto de las hierbas, entre otras muchas enseñanzas que son necesarias para la vida de las gentes; por no hablar de las ventajas que supone para su prosperidad el uso de las artes agrícolas. Un conocimiento que no puede esperar y que, por lo general, se requiere día a día en cualquier comunidad de nuestro mundo. Siempre pragmática, Anningan favorece la expansión del conocimiento enfocado a fines prácticos, más que al saber como un desarrollo para el espíritu.

La Jagath, junto a su hermana Maeth, es así protectora de un gran número de artes que se encuentran al servicio tanto de muchos de los aspectos mundanos de las criaturas conscientes como de muchas de sus pasiones. Es notorio señalar que Anningan representa a las pasiones y a los deseos emocionales, mientras que la filosofía de su hermana Malina se enfoca más hacia los bienes materiales. Sin embargo, sus caminos siempre se encuentran muy próximos, complementándose la una a la otra.

Es especialmente venerada por los humanos y por los hombres medianos, siendo en muchos sitios, junto a Maeth, su patrona. En ciudades y pueblos, en villas y aldeas el nombre de La Jagath siempre está muy presente, levantándose lugares cerrados de culto, pues es la anciana madre sabia que vela por sus hijos al precio que sea, aunque todo ese celo disponga siempre de un valor.

Sus más férreos seguidores son rivales de la Orden de Jareth y de los Hijos de Edith, estando presente una vieja disputa que se ha mantenido hasta nuestros días. Aunque los conflictos violentos son raros, aún hoy las relaciones entre los miembros de las distintas órdenes suelen ser tensas.

Principios

— Defiende cuanto es tuyo bajo cualquier medio, sólo así prevalecerás. Si de ello sacas beneficio, tu preponderancia se triplica.

— Los senderos del destino son el único camino que, si somos capaces de contemplarlo, nos guiará indefectiblemente hacia el éxito.

— No temas emplear todo arte para tus propios fines. El precio del poder es sólo el resultado de los múltiples resultados que te ofrece el pagar su precio. Sólo aquellos que desean ser mejor que tú querrán impedirte el poder utilizarlo.

—Los recursos del mundo están a disposición de todo aquel lo suficientemente capaz como para saber sacarles provecho. No temas emplear todas aquellas artes que se encuentran disponibles a fin de poder doblegar a la naturaleza.

Arquetipo: La anciana bruja adivina.
Poder menor: Nómada.
Se asocia al género: Femenino.
Origen: Nativo
Alineamiento: Legal neutral, (neutral).
Símbolo: El huso o husillo de una rueca, o su rueda, bajo corona de laureles.
Color preferente: Oro y  verde oscuro.
Arma predilecta: Objetos y armas punzantes, especialmente los pequeños y ligeros.
Áreas de influencia: Profecía, codicia, conocimiento, secretos, superchería, destino.
-Dominios D&D 3.X: Conocimiento, superchería, ley, suerte, plantas, bien, maldad.

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