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Un mundo consciente

Dyss, sello general

“Dyss Mítica es un mundo de ficción mitopoético que siente, sueña y siempre desea aprender. Un mundo consciente donde los sueños de sus criaturas conviven con éstas en una extraña realidad”.

Los sabios se aventuran a decir, pues siempre lo hacen, que los cambios son la forma de comunicación de una tierra que siente y sueña. ¿Una tierra que siente y sueña? Sí, posiblemente también sueña pues todos los seres conscientes e inteligentes sueñan.

Dyss es consciente. Un ser omnisciente, con inteligencia, consciencia y voluntad. ¿Pueden las piedras pensar? En Dyss es así, sin duda.

Pero Dyss es algo más que pedruscos. Un mundo que está formado de deseos y anhelos tiene algo más que ofrecer que una aglomeración llameante que se enfrió en las enormes distancias del firmamento. Dyss es algo más que una enorme masa de tierra en la que poner nombres junto a los ríos, las montañas y los mares. ¿De dónde vino? ¿Cómo comenzó su existencia? A estas preguntas puede que respondamos en otro apartado, sin embargo, forman parte de los grandes enigmas de la existencia de este mundo. Pero, puesto que ya en otro sitio intento contarte dónde, cómo y cuándo comenzó la existencia de un sitio tan excepcional, intentaré centrarme en lo que una consciencia de este tipo significa, si es que podemos llegar a entenderlo alguna vez... Y muchos lo intentaron, lo intentaron y fracasaron. Pues, ¿quién puede comprender qué puede desear un mundo para sí mismo?

Para empezar has de entender que el mundo es consciente de su existencia. Es una gran consciencia, dotada de razón, inteligencia y capacidad de percepción. Lo que percibe es lo que conforma su realidad. Una realidad muy diferente a la de las criaturas que viven, y conviven, en ella.

Nos referiremos a Dyss como “Ella” siempre en todos estos documentos, aunque esto no tenga mucho sentido pues una consciencia como ésta está más allá de la sexualidad, sin embargo, en Dyss sus habitantes siempre se refieren a su mundo en femenino.

Siendo así entonces, y dotada pues de capacidad de percepción, Dyss reacciona a las emociones de los seres conscientes. Dyss escucha, pero no comprende. Es natural, ¿cómo puede entender los nimios deseos de las fugaces vidas de sus habitantes?

Lo que la gran consciencia de Dyss percibe como realidad está basada en lo que encierran dentro de sí mismas las criaturas que conviven en ella y lo que significan los más profundos secretos de sus consciencias. Obviamente, su propia consciencia es incapaz de comprender las banalidades de la vida de sus criaturas. Para Dyss nada significan la avaricia, el deseo, los celos o la envidia. Poco puede comprender del deseo de conquista, del dolor de la pérdida de las cosechas, el de un ser querido o la pérdida de una cabaña que haya ardido en llamas. Nada entiende del fuego de la pasión, de la avaricia por poseer un ducado, de una herencia o del deseo de descubrir nuevas tierras.

Para Dyss estas emociones terrenales nada significan, pues se basan en percepciones de una realidad mucho más pequeña, banal y nimia, una realidad a pequeña escala si la comparamos con las de una consciencia que pueda tener un ser que conforma un mundo completo y que es capaz, mediante su inteligencia, de comprender cómo está hecho; y lo que es más importante, de poder abarcarlo completamente en su mente.

Dyss por tanto está mucho más allá de todo lo que existe sobre su faz, sin embargo, Dyss sí es capaz de percibir todo esto y de tratar de asimilarlo. Lo percibe, lo asimila y trata de darle significado.

Porque Dyss es extraordinariamente curiosa.

Dyss, aislada y sin poder comunicarse con una entidad similar, se encuentra en una profunda meditación que se prolonga a lo largo de los eones del tiempo. Una meditación que la conduce a través de los caminos del tiempo a tratar de comprender su lugar en el universo y de comprenderse a sí misma.

Así pues, encerrada en su propia introspección, Dyss está sola.

Todo cuanto percibe no cesa de confundirla, pues los problemas cotidianos de los seres vivos que la habitan poco pueden decirle sobre su posición en el orden de las cosas. Esta incomunicación hace que, pese a constituir en sí misma una consciencia capaz de albergar una cantidad de elementos, la mente de Dyss es como la de un niño en algunos aspectos. 

Su consciencia y su entendimiento de la realidad está más allá de la comprensión; su inteligencia, inabarcable por nuestro entendimiento; sus pensamientos y las razones de sus decisiones, no podremos jamás acercarnos siquiera a comprenderlos. Y sin embargo, Dyss es inmadura a la hora de establecer relaciones con otros seres pues es incapaz de conectar de igual a igual. Todo lo que interpreta y a lo que da significado, se basa en intuiciones. Dyss carece de empatía pues no ha podido desarrollarla.

Así pues el nivel de su comprensión sobre las relaciones y sobre la comunicación, así como el nivel de su comprensión sobre las motivaciones de los seres vivientes y de cómo éstos se relacionan con otros seres son como los de un niño, incapaz de ponerse en el lugar de los demás, incapaz de entender las motivaciones, de comprender las acciones y decisiones de los que le rodean. Dyss, es incapaz de comprender a sus criaturas. Los seres que la habitan y que Dyss percibe, la confunden y la perturban. Intenta comprender a sus criaturas e intenta contentarlas, pero no entiende ni sus necesidades ni sus motivaciones.

Pero Dyss no permanece ajena a estas percepciones. Y esto quizás, es el hecho más maravilloso de toda la magia de este mundo.

Dyss, intentando comprender a sus criaturas, al percibir sus motivaciones, sus emociones y sus deseos, al captar sus anhelos, necesidades, sus miedos y sus pesadillas, intenta constantemente complacerlas, satisfaciendo, si bien no siempre, algunos de las ambiciones de sus moradores.

Y es aquí cuando entra en juego el conflicto.

Al intentar satisfacer los deseos inconscientes, Dyss es incapaz de entender que estos anhelos forman parte de la naturaleza de sus habitantes y que muchas veces, esos deseos son contradictorios pues forma parte de nuestra naturaleza el no saber lo que queremos.

Si un campesino llora por su esposa fallecida y Dyss consiente en restaurar su pérdida, la aparición de la esposa que regresa a la existencia en el dintel de la cabaña no va a provocar otra cosa que consternación y en muchos casos, un acceso de pavor. Dyss, percibiendo el anhelo del campesino porque su esposa vuelva a la vida, creará una reproducción de la misma en la forma de una imagen-mítica, que aunque a todos los efectos sea idéntica a la amada desaparecida, va en contra del orden de las cosas en la mente del desconsolado esposo. Esto, en el mejor de los casos, sólo puede crear una situación de más sufrimiento y desdicha, mientras que en el peor, consecuencias que sólo podemos conjeturar, pero que no son difíciles de imaginar.

Y ya que hablamos del orden de las cosas, puede que el orden natural sea algo diferente en Dyss, pero la vida y la muerte, el nacimiento, la enfermedad, el dolor, el hambre, la alegría y la tristeza siguen formando parte del mundo como algo natural.
Es como si todos estos conceptos estuviesen más allá de las capacidades del mundo, proviniendo de algún lugar mucho más lejano y distante del que conocemos. Así pues, nacer, crecer, envejecer y morir siguen siendo los pasos necesarios para el transcurrir de la existencia de las criaturas del mundo. Una ley, al parecer, universal en todo el cosmos.

Sólo que aquí, Dyss es capaz de participar entre la vida y la muerte, y en muchos de los aspectos de la existencia, lo que por supuesto acarrea consecuencias.

La realidad del mundo es alterada, es gobernada y moldeada por la gran consciencia como la arcilla. Por desgracia, a veces esa arcilla se torna en granos de arena que se escurren entre los dedos, pues no todas las alteraciones producen el efecto que, extraño decirlo, se espera o que espera la gran consciencia que conforma el mundo.

No vamos a detenernos ahora en las motivaciones que puede tener el mundo para alterar la realidad, pues esas son cuestiones que entran dentro del campo de los filósofos animistas del mundo y que estudiaremos en otro apartado. Sin embargo, me gustaría añadir que Dyss dispone de su propio lenguaje. Este lenguaje es el que le da nombre y significado a las cosas, y mediante este lenguaje, Dyss ordena y desordena, altera, manipula, moldea y decide entre la forma que ha de tener la existencia en su propia unidad.

Este lenguaje es el lenguaje de la creación que designa, nombra y conforma todo cuanto existe. Algunos de nosotros, como ya explicaré más adelante, lo dominamos en parte, pudiendo estar más próximos a la gran consciencia y participar con y en ella.

Pero aguarda, no he terminado aún.

Como ya he dicho, la consciencia del mundo es capaz de entender cómo está formada cada minúscula mota de polvo. Su enorme inteligencia es capaz de comprender la esencia de lo que conforma la realidad. Así, puede alterarla a voluntad, crearla o destruirla cuando así lo cree necesario. Para ello posee el lenguaje que designa a cada cosa que existe en el mundo, por infinitesimal que resulte.

Pero su consciencia significa algo más. En su mente, Dyss es capaz de contener todo cuanto existe, abarcándolo todo. Dyss se abarca a sí misma, cuanto la compone, y cuanto la rodea. Esto da lugar a la existencia. Por tanto, el mundo existe porque la mente y la consciencia de Dyss es capaz de abarcarlo en su totalidad.

Pero, ¿qué significa abarcarlo todo?

Abarcarlo todo significa que Dyss es consciente de cada ínfima partícula que la conforma; que sabe cómo, dónde  y por qué está hecha..., y la recuerda. La mantiene en su mente. Mantiene así, en su mente, en su consciencia, al mundo entero.

¿Hay algún límite a esto? Sí, lo hay.

Aquello que comienza a estar en los límites de su mente. Todo lo que está en la frontera, más allá de lo que es capaz y quiere abarcar, comienza a desvanecerse hasta convertirse nada más que en nada.

Estas son, las Zonas Blandas.

Y esta nada es todo, todo lo demás. Allí donde no hay nada, es porque Dyss no la abarca. Así pues, está más allá de sus orillas y es allí donde el mundo termina. La realidad comienza a desvanecerse, “se ablanda”, se fragmenta y se hace jirones. Jirones de realidad que se hace polvo. Aquí, justamente aquí termina el mundo abarcado, visible y real. Allí, en las Zonas Blandas, termina lo que se mantiene en la mente del mundo y por tanto, concluye la realidad.

Tarde o temprano, tras el transcurrir de las leguas, al calor del sol, a la luz de las lunas, tras muchas jornadas de penosa marcha, se llega al fin del mundo. Allí, donde termina la realidad y comienza la nada. Un todo de vacío que devora la vida y destruye la realidad. Allí termina todo, y es entonces cuando hay que dar la vuelta y regresar, siguiendo las distantes luces, que te lleven de nuevo a casa.

Y por ello, Dyss decidió levantar sus grandes barreras fronterizas. Pero eso, es otra historia...

 

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Un mundo cambiante

Dyss, sello general

Dyss consciente, hace y deshace. Los habitantes de Dyss lo saben, lo aceptan. Es el orden natural de las cosas; natural en un mundo cambiante claro está.

La Tierra de Dyss es capaz de alterar tanto su morfología como algunas de las  características que la hacen única. Esto puede dar lugar a la presencia de elementos y estructuras, ya sea por su propia voluntad, o en algunos casos, por causa directa de la mente consciente de los seres que la habitan. Esta capacidad puede incluso dar lugar al cambio más drástico e incomprensible, la generación completa de seres míticos; los "Mito-Imagos" o “Mitagos”.

Pero esto no significa que la orografía en Dyss sea un caos absoluto. Dyss posee sus mapas, sus caminos, sus rutas y todos los senderos que llevan a sus habitantes de un lugar a otro, como cualquier otra tierra. Aquí también hay cruces de caminos con letreros que indican hacia dónde conduce este sendero o el otro.

Entonces..., ¿qué importa si ayer había un recodo que giraba hacia el este al final del bosquecillo de álamos y hoy en su lugar hay tres curvas zigzagueando a derecha e izquierda? ¿Acaso importa que este rio ya no pase por allí, rodeando la colina baja, al sur del prado tras el viejo molino?

Esa es la aceptación que da la fuerza de la costumbre. Si te acostumbras a los cambios, puede que después no resulte tan terrible.

Además de la misma tierra, que estudiaremos más adelante, todos los seres que habitan Dyss poseen la fuerza y capacidad de generar cambios. Estos cambios normalmente son muy pequeños e imperceptibles. Los cambios pueden ser producidos por un individuo, por un grupo de individuos, por un pueblo, por una ciudad o por una raza o cultura al completo.

Hay individuos capaces de generar cambios de mayor intensidad de la que es capaz todo un asentamiento. Hay regiones alteradas por completo por todo un pueblo y pueblos que no han alterado una miaja de terreno nada en absoluto en toda su historia.

Todo es variable, hay muchos factores, todo es incierto. No hay leyes únicas. Lo único e inmutable, lo seguro y estable, no sobrevive.

Generalmente no está asociado al deseo de producirlos. Los cambios se producen por las emociones de los seres conscientes. El dolor, la necesidad de héroes, la angustia, el sufrimiento, la alegría, el miedo, la rabia, la furia, todos los sentimientos que los seres llevan consigo, cristalizan en cambios a lo largo de Las Tierras de Dyss alterando su morfología, entre otras cosas.

Los cambios dependen de lo que los seres llevan consigo, de lo que tienen dentro. Su fortaleza, su voluntad, su fuerza vital, es el determinante. Por eso, hay cambios que afectan a una región entera producidos por un solo viajero que simplemente ha pasado por la zona, o bien a lo largo de su estancia en la región durante un tiempo. Hay alteraciones en cambio muy pequeñas, que han sido generadas por todo un pueblo en una región, entre los cuales quizás unos pocos miembros han sido los determinantes, o puede que el grupo al completo a lo largo del tiempo.

Los cambios no se pueden prever. Es Dyss la que reacciona a las emociones de los seres conscientes  y cambia en consecuencia. No se planifican, no se determinan ni se proyectan, y quien diga lo contrario, miente.

Los cambios que producen los habitantes nativos de Dyss son bastante pequeños, la mayor parte de las veces son imperceptibles, aunque varía también según la región. Sin embargo, normalmente suelen ser  prolongados, permaneciendo fijos muchísimo tiempo y llegando algunos incluso a hacerse permanentes. Los nativos de Dyss producen pues, por lo general, cambios más estables.

No ocurre así sin embargo con los cambios que son capaces de producir "los Extranjeros". Un extranjero en Dyss es un no-nativo, alguien que no ha nacido en Las Tierras de Dyss y que por algún motivo ha llegado hasta ellas a través de las encrucijadas, atravesando las fronteras, o por medio de otros senderos que conducen a otras tierras más allá de los círculos de Dyss. Los extranjeros, en su deambular, son capaces de generar los cambios más importantes y de una intensidad a veces, dramática. Estos cambios producidos por los extranjeros son por el contrario, usualmente poco duraderos.

Hay cambios que han alterado regiones enteras por el simple paso de un extranjero itinerante, hay otros que no han generado alteraciones en absoluto o sólo después de su permanencia en una región durante algún tiempo, aunque eso no es muy frecuente. En cualquier caso, lo normal es que el tránsito de un extranjero traiga consecuencias serias. Es como ya he dicho, producto de lo que cada uno lleva consigo y de la naturaleza del propio individuo.

Los cambios más frecuentes normalmente son alteraciones morfológicas del territorio y del paisaje. Generalmente son imperceptibles, pero pueden consistir, por ejemplo, en el crecimiento de un pequeño grupo de arbolillos, el nacimiento o desaparición de un bosquecillo,  la aparición de la noche a la mañana de una pequeña colina, o llegar a la transformación completa de zonas enteras.

Las transformaciones no se limitan tan solo a meros cambios del paisaje, los cambios también crean y desvanecen elementos, construcciones y edificaciones, e incluso, dan forma a "seres".

Un cambio puede hacer aparecer una vieja torre abandonada donde antes solo había un grupo de peñascos, “crear” un castillo en ruinas en medio de un bosque de robles o llegar hasta la generación total de seres conscientes. Estos últimos llamados: "Mito-Imagos" o “Mitagos”, son los más sorprendentes y se explican en su propio apartado.

El tiempo necesario para producirse un cambio no suele ser apreciable a simple vista, llevando el ritmo de las cosas que crecen. Generalmente transcurren de la noche a la mañana, o el tiempo que tarda en abrirse una flor o en ponerse el sol.
Sólo los cambios más poderosos transcurren a simple vista en cuestión de minutos. Un cambio intenso, como el de una región puede tardar semanas. La aparición de los "Mitagos", que como hemos comentado, son cambios capaces de producir "seres completos", pueden llevar semanas o meses. La generación de éstos se produce lenta y de forma gradual, hasta que de repente y cuando están totalmente formados, surgen de la tierra envueltos en tierra y hojas secas, confusos y desorientados.

La causa de este último tipo de cambios, normalmente va asociado al deseo colectivo de un grupo de individuos de recibir auxilio o algún tipo de ayuda, o bien a la necesidad de un sólo viajero con una capacidad fuera de lo común.
Como he comentado, las características de los cambios son algo variable e incierto. Todo depende de la naturaleza de los que lo producen, de su propia fuerza vital y de la intensidad de sus emociones.- Los vórtices canalizan todas estas emociones y en torno a ellos se producen estas manifestaciones del poder mítico y misterioso de Dyss.

Aunque todas las zonas son susceptibles de tener cambios, éstos se producen especialmente, y con mayor frecuencia e intensidad, en las regiones más interiores de Dyss que en la periferia, donde suelen ser menos intensos y en muchos casos, imperceptibles.

A su vez, existen vastas regiones denominadas: Regiones Cambiantes, donde la fuerza y frecuencia de los cambios es realmente dramática. Y aunque esas regiones se encuentran en las zonas remotas más septentrionales, hay pequeñas zonas cambiantes salpicando la geografía, en esporádicos puntos aislados, repartidos por toda la Tierra de Dyss. Sólo los mejores mapas pueden señalar estos puntos aislados, donde adentrarse es siempre un riesgo para los que no están prevenidos.

Los cambios no tienen por qué ser únicos. Diferentes cambios pueden sucederse a través de diferentes realidades, o lo que es lo mismo, pueden sucederse varios cambios al mismo tiempo, manteniéndose todos a la vez en un mismo sitio. Diferentes realidades de Dyss coexisten en un único lugar, y si se pretende llegar a ellas, es necesario emplear las encrucijadas. Éstas, como cruces de caminos, conducen al viajero a diferentes lugares y momentos.

Las encrucijadas abren senderos a través de los cambios y hace falta magia o talento natural para encontrar esos cruces y un intenso deseo de hallarlos.

Existen dos importantes regiones cambiantes en Dyss. Las Regiones Cambiantes de Oriente y las Regiones Cambiantes de Occidente.

En las Regiones de Oriente, los cambios que ocurren son de mayor importancia e intensidad, aunque más predecibles y que se suceden con menor frecuencia; además de existir un número mucho menor de cambios en un mismo sitio que se superpongan al mismo tiempo.

Las regiones de Occidente, en cambio, se comportan de forma opuesta. Allí se producen cambios más frecuentemente, aunque más pequeños en importancia e intensidad. Estos cambios son allí, eso sí, más caóticos. En las regiones de Occidente los cambios, además de ocurrir con más asiduidad, también se suceden en mayor número en un mismo lugar y al mismo tiempo, dando lugar a muchos pequeños cambios superpuestos o "pliegues",  en el mismo sitio.

Las Zonas Cambiantes pueden ser muchas cosas pero ante todo, son extremadamente peligrosas. Un individuo puede verse desterrado de todo lo que conoce involuntariamente, convirtiendo la realidad a su alrededor en una tragedia en un abrir y cerrar de ojos. A su vez, un grupo de individuos, o un pueblo entero, puede verse separado en diferentes cambios al mismo tiempo, quedando aislados unos de otros, exiliándolos, con consecuencias dramáticas.

¿Sirve de algo un mapa entonces en Dyss? Por supuesto. Pero no de la forma a la que estamos acostumbrados. Los mapas precisos no funcionan y si bien sirven de guía, el talento, el instinto y sobre todo, la experiencia, deben contrarrestar las inexactitudes que cabe esperar se hayan tenido en cuenta en un buen mapa; algo que un buen cartógrafo sabrá explicarte mucho mejor que yo misma.

 

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Del Sol y de las Lunas

Dyss, sello general

Del sol y de su estela

Cualquier criatura que alce su mirada hacia los cielos puede tener la sensación de que la tierra que se encuentra bajo sus pies está fija e inmutable y es la bóveda celeste, con todos los astros que la contienen, lo que gira alrededor, allá en las lejanas distancias.

Es que efectivamente, son los astros y la bóveda celeste los que giran alrededor del mundo...

Un sol llameante surge cada mañana por el borde Oriental del mundo. Éste, también es conocido en muchos territorios como, Lugh o Lughan. Traza su camino dejando tras de sí una estela clara en el firmamento. Una estela sí. Una estela de unos quince grados de arco acompaña al sol en su viaje a través de los cielos. Una huella diáfana que a la luz del día  se puede avistar con total claridad.

Cuentan muchos sabios, y los que ocultan sus miedos al mundo arropados en viejos libros y pergaminos, que el sol sobre la Tierra de Dyss es un colosal cometa muy cercano. Una cola inmensa y clara tras una gran bola de fuego, que gira y gira alrededor del mundo. Pero, ¿qué sabrán ellos?

Todos saben que el sol de Dyss es su guardián, y la estela es el rastro que deja su manto tras de sí. Tan radiante resulta que las estrellas huyen al verlo. En cualquier caso, el nombre de ese rastro, estela o manto es denominado: “El Jareth”.

El Jareth es la larga estela que deja el sol, el manto que cubre al mundo en las horas diurnas y que muchos otros creen que es el mismísimo firmamento en llamas, arrasado por el transcurrir del sol por sus senderos, allá en lo alto.

Y se dice con razón ya que, ciertamente, esta estela parece haber prendido los tejidos que forman la bóveda celeste. Un infierno en llamas que marca el camino del sol en su recorrido, trazando su huella.

Cuando el mismo sol se asoma y se esconde por el horizonte, es el Jareth el primero en avistarse, y el último en desaparecer. Dando lugar con esto a una de las más hermosas visiones, la alborada y el crepúsculo causada por el Jareth que generan un arcoíris de tonos iridiscentes, platinos argénteos, oros refulgentes en la misericordia de sus naranjas, los rojos, y los lilas más bellos del firmamento.

Poetas y escritores, músicos y filósofos, han llenado torres de piedra con pliegos amables repletos de palabras poéticas hacia estas visiones sobrecogedoras. Pero el mayor poema es contemplarlo en sí mismo, aunque las canciones sean buenas compañeras para tales espectáculos.

El poder del  sol, con su fiel compañero y su manto: El Jareth, es venerado por igual en la práctica totalidad de Las Tierras de Dyss, con muy pocas y vergonzosas excepciones. Su poder es patente, su presencia indiscutible.

El sol y su manto, el Guardián y el Jareth; son poderes presentes en Dyss, y velan por la tierra, por sus cauces y por los que le dedican algún pensamiento al salir más allá de los confines del mundo, cada mañana.

 Pero el que el sol salga cada mañana, no tiene siempre porqué ser verdad.

En efecto, un día de cada estación, justamente el día central o medio del calendario, el sol no sale, sumiendo al mundo en tinieblas. Se le denomina a ese día: el Día del Luto.

El Día del Luto es el precio que pagan los habitantes a Dyss por todas las ofensas recibidas contra el mundo. Un justo castigo, pues ese día resulta en muchas regiones una jornada angustiosa y terrible, y en otros, ese día se convierte en una auténtica pesadilla.

La ausencia del día, ocasiona que todo aquello que ama, venera o se esconde en la oscuridad, se aventure más allá de donde normalmente osa merodear.

La prudencia y las desgracias de un día en tinieblas hacen que lo más aconsejable sea atrancar bien puertas y ventanas, hasta que el manto del sol, El Jareth, anuncie la llegada de un nuevo día en el cual el Guardián, reanude una vez más su marcha diurna.

 

De las lunas y sus mareas

En las largas noches, especialmente en los años-estación de invierno y otoño, la vida se hace más llevadera, o más inquietante, gracias a la presencia de las lunas de Dyss.

Son sus lunas: La Luna de Trigo o “Irina” y la Luna Doliente o “Inanna”, como así se las denomina en la mayor parte de los territorios.

La “Luna de Plata” o "La Luna de Trigo", a la que más cariñosamente se conoce como: “Irina”, aunque en muchos sitios también como: "la rubia" o "la alegre", surge cada noche creciendo o menguando y es la causante de las "Mareas Menores". A la luna de plata también se la conoce como "La Soñadora" por los usuarios del poder de la tierra.

Tiene una fase de veintisiete días o "versos", es decir, un mes completo o "estrofa" y su tamaño aparente equivale a nuestra "luna de verano" de algunas regiones. "La luna de trigo arroja una luz plateada y fría que ilumina con bastante acierto las tinieblas de la noche, y ayuda a no perderse en las largas horas de madrugada. Su luz tiene propiedades curativas y es dispensadora de fertilidad.

"Irina" es venerada por igual en muchas regiones, siendo amada por la mayor parte de los habitantes, estando presente muchas veces en poemas y canciones. Su rostro cuando está llena presenta una serie de dibujos, como "el ratón" o "el conejo". Pero el dibujo más característico que se divisa sobre su faz es la imagen de "El Ciervo", símbolo de los guías en Las Tierras de Dyss.

La segunda luna, la “Luna Roja”, o “Luna de Cebada”, conocida como: "La Luna Doliente" o más cariñosamente y de forma más común: “Inanna” o “llanto”, tiene una aparición más caótica y su presencia es siempre inquietante en el firmamento. 

Los dibujos de su rostro son adustos, surcados de cicatrices extrañas, aunque es reconocible la forma conocida como "La Esfinge" sobre su faz. La luna doliente es de proporciones enormes, resultando su tamaño aparente desde el mundo algo colosal, ocupando buena parte de la bóveda celeste. Cuando está llena, cosa que sólo sucede una vez cada año-estación, su visión es un espectáculo sobrecogedor resultando inmensa en aspecto y extensión.

Su luz rojiza y brumosa se adentra en los rincones más resguardados, iluminando a veces lugares remotos en los cuales ninguna luz podría filtrarse, y se difunde con una facilidad que demuestra ser una luz subrayada por la magia. Así pues, su luz tiene propiedades arcanas, siendo indispensable en multitud de procesos arcanos y mágicos, y resultando un componente más de las artes mágicas del mundo.

Constituye su fase una estación completa, es decir; "una canción", que en Dyss corresponde a un año de nuestra cuenta pues en Dyss las estaciones se suceden por años consecutivamente.

La luna roja tiene un efecto directo sobre las estaciones, gobernándolas. También afecta directamente al comportamiento del clima, y es la causante directa de las "Mareas Mayores", de las cuales ya hablo en otro apartado pero que como se puede presuponer consisten en mareas de proporciones gigantescas. Estas mareas provocan que las aguas se retiren cientos, incluso miles de millas, descubriendo así territorios que bien pudieran ser naciones enteras, o bien, cubriendo de la misma forma una vasta extensión de territorio de muchos miles de millas cuadradas de extensión.

Por eso se dice que: " si los pies bien secos quieres mantener, al rostro de la doliente deberás temer…"

Las lunas, tanto Inanna como Irina, a veces presentan ausencias, desapareciendo de forma enigmática e inexplicable. Esto sucede raras veces eso sí, pero esporádicamente desaparecen de los cielos, dejando a la mayoría de los habitantes de Dyss sumidos en el temor y la consternación.

Estas "ausencias son más frecuentes en “Inanna”,  la Luna Doliente.

 

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