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Tag: cuentos

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Extractos

Lago en otoño, Canadá.

[...] La vio cruzar súbitamente a través del paso del este, un borrón entre los helechos que exhalaba una nube de hojas de septiembre. Tan hermosa que el invierno se antojaba verano de tanta sangre inquieta.

Sus miradas se cruzaron una sola vez, y atravesándolo, lo dejaron postrado como la corteza del abedul que se prepara para el invierno, sin una razón para seguir guardando aquel cascarón perdido entre el suelo del bosque.

El rugido del viento trajo consigo al vendaval, que esparció toda la cordura que le quedaba sobre la superficie del lago, partiendo el alma igual que parte las ramas blanquecinas, testigo de un encuentro que se escribiría sobre el hielo durante el largo invierno siguiente...

Edanna. "El trono de la reina Valaria"

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Carta de Don Gregorio.

Carta de D. Gregorio. (La lengua de las mariposas).

Querido amigo:

Tuviste suerte al marcharte a Buenos Aires. A mí, ya me llevan a matar. Muy magullado, pero más por las palabras que por las pedradas. Especialmente por las de todos aquellos que más quise.

Las palabras son como los gusanos de seda, envueltos en capullos que florecen cuando llega la primavera del terror y los dramas, explotando al fin con todo el colorido que muestra las cosas verdaderas, impulsadas por esa lengua enrollada como la cuerda de un reloj. La fuerza del miedo, o de la cobardía, es el motor de todo esto que nos sucede. Esta verdad hace que me sienta morir ya en amargura.

Sólo puedo decirte lo que siempre te he dicho y he dicho a su vez a todos; que seas libre, que pienses por ti mismo. Porque cuando te lo han quitado todo siempre quedará lo único que no pueden llevarse, tu dignidad.

Así pues, guarda bien la tuya, la que posees, y ayuda a los demás a ganarse la suya, pues dentro de toda esta locura de iniquidad que no cesa, aún sabemos que sólo la dignidad que otorga el saber permitirá al hombre evitar, en algún futuro no muy lejano, que termine por convertirse en un monstruo definitivamente.

Cuida de ti y de los tuyos.

Tuyo siempre

D. Gregorio

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El guardián del violonchelo

Fue él quien se dirigió a mí con su voz conformada por las notas elegantes de un violonchelo, mientras me encontraba contemplando las aguas del Moldava, desde el lado Oeste del puente de San Carlos. Allí frente a frente, en su traje con chaqueta de azul perfecto, ese que con elegancia se encamina hacia el negro, me dirigió una sonrisa cortés, estrechándome la mano.

Fue entonces cuando fui consciente de que en realidad, todo aquel puente había sido construido sólo para él, y quizás también para aquel preciso instante. Pues a la sombra de una de las hermosas estatuas que algo melancólicas contemplan hacia el sur, todo lo que queda de un vasto imperio; vi reflejados sobre sus ojos claros los canales de esa otra pequeña Venecia, la que existe mucho más allá del Adriático, tierra adentro.

Por medio de aquel reflejo, su mirada lo abarcaba todo, conteniéndolo; lengua, cultura, pasado, presente y puede que hasta su futuro. De pié junto a mí, entre todo aquel bullicio, junto a aquellas estatuas me resultó tan distinguido, que asistí a cómo con su sola presencia se transformaba en el guardián por derecho de toda la ciudad que desde aquel momento, le pertenecía.

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