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En el inicio...

Niñoroto…, pensé largo tiempo, mirando el espacio ya vacío. Y recordando al viejo y mítico ciervo del asta rota. La vieja leyenda del ciervo que te guía a una senda oculta, e inicia una leyenda, siempre pagándolo con el precio de su propia muerte.

Y fue cierto, que de aquel parto de pájaros de otoño, en el año segundo del hielo en los árboles, nació la tierra que ya conocíamos. Que una vez sólo viera en los brillos, en los trozos de hielo, en los reflejos dorados.

Todas aquellas veces que mi mente había volado; el brillo del hielo en un vaso, en un cubierto lustroso, en un pasamano pulido, provenía de aquel recuerdo. De aquel dulce momento bajo los árboles, donde amé más que nunca en todos los días de mi vida. Y comprendí que ese brillo fue, el que se quedó en mi retina y que me hacía volar, como un pájaro por las tierras de mis sueños. Aquel brillo en las agujas de los árboles. Y que siempre viera en todas partes. Evocaba y trasladaba mi imaginación, alentándola, expandiéndola, y creando cada día el mundo que me había propuesto dar forma.

Y que siempre se llamó y se llamaría: "La Tierra de los Mil Pájaros".

Yo desperté, una vez más, para encontrarme sentada, absorta, en la mirada de los reflejos luminosos de una ventana. Una ventana por la que se contemplaban las gotas de lluvia incesantes y que caían también en una tierra que se extendía más allá de todos los espejos, con un cielo siempre cubierto, de miles de aves...

 

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El secreto de la felicidad

Alguna vez ya planteé esta cuestión en Lavondyss, otras veces tiempo atrás; y no encuentro razón para no seguir haciéndolo.

Nevada de noviembre en canadáCanadá es una tierra gélida en invierno. La nieve cubre unos bosques que se extienden hasta perderse en las lejanas distancias, en todas direcciones. Si caminando eres capaz de alcanzar tu horizonte, todo cuanto dejaste atrás en tu peregrinación comienza a desplegarse de nuevo ante tus ojos, extendiéndose otra vez con nuevos paisajes, hasta otro nuevo y lejano horizonte.

Así prosigue, así, hasta que bajo la aurora boreal llegas hasta el fin del mundo.

El fin del mundo bien podría ser el Polo Norte. Esa ya es una decisión tuya y sólo tuya. La localización exacta del fin del mundo queda, de manera exclusiva, bajo tu propio criterio.

Esto puede que no te sorprenda mucho, pero resulta extraño para alguien que se crió en una pequeña tierra completamente rodeada de agua, donde habitan algunos peces, alguna que otra ballena despistada, algunos delfines curiosos y un montón de desperdicios flotando felizmente entre las olas.

Y si bien el mar podría reunir, técnicamente, algunas de las características que he comentado, éste tiene una serie de desventajas. Por ejemplo, no presenta tanta libertad a la hora de decidir dónde extender el saco de dormir. Aunque algún optimista podría encontrar una manera, seguramente, con poco esfuerzo.

El frío a mí me provoca unos dolores terribles en las manos y en el rostro, pero lo de las manos lo llevo muy mal, al menos por ahora. Pienso que tengo unas manos delicadas, no sé, pero el dolor es horrible bajo el frío feroz. Se asemeja a las dentelladas de un doberman  que piensa que has ido a robarle el plato de rancho.

Cuando el termómetro baja a -20 grados centígrados deseo pasar mi eternidad con una condena en el octavo círculo del infierno, donde arropado en la cálida y desproporcionada injusticia de mi castigo, pueda pasar una confortable inmortalidad junto a una buena estufa, cuyos costes de combustible queden a cargo del estado, o sea, de la tríada infernal.

A los cuatro gatos que viven conmigo, ―no, no es una forma de hablar, son cuatro gatos―, el frío no parece importarles. Deambulan, corretean y curiosean entre los árboles, andando a trompicones con las patas hundidas en una nieve que les roza la panza, ambas, con toda su blancura.

En realidad pasan frío por supuesto, pero es más intensa su ansia de vigilar que el mundo, de su absoluta propiedad, siga allí cada tres cuartos de hora. Para ello es necesaria una comprobación constante y metódica; y que por supuesto, el mundo les responda dando el visto bueno.

La menor, Gipsy, es una ladrona. También es verdad que es mi favorita, pues no hay tutor ni tutora sin la niña de sus ojos. Bajo su aguda mirada no hay cosa segura y a buen recaudo. Cualquier objeto; grande o pequeño, del volumen de un puño, desaparece, arrastrado por su ansia coleccionista, y yo diría que completista, hasta las profundas dependencias de su guarida bajo la cama. Como un avaricioso enano de las Montañas Azules, codicia acumular todo cuanto despierta su curiosidad y apilarlo en su montaña de riquezas.

Allí permanecen bolígrafos, lápices, gomas de borrar, caramelos, bisutería, un sacacorchos, marcadores de libros, llaveros tintineantes, papelitos, un reproductor MP3, posavasos, tapones de botellas y hasta una bonita flor vestida de granate y lapislázuli de las Montañas Rocosas.

Sus otros tres compañeros de vivienda son cada uno especiales a su manera. Jack, es un neurótico y nervioso varón que siempre me hace pensar acerca de la naturaleza masculina. Aunque algo caprichoso, infantil, protestón, vago y un poco bruto, es el que más se comunica, “hablando”, de forma continua para reclamar sus exigencias. Es un travieso bribón que no roba pero sí destroza. Si pudiera, jugaría a videojuegos de tiros en primera persona mientras masca chicle durante todo el día; pero por ahora se conforma con morderme los guantes. Junto a la ladrona de su hermana natural van camino de convertirse en la pandilla de macarras del barrio que requieren lo que ahora se denomina “educación especial”.

El tercero es “Bum-bum”. Pese al nombre es bastante solícito y hasta elegante, menos cuando al enfadarse, con las navajas, te abre una fisura que requiere seis puntos de sutura. Se trata de un enorme señor gato, varón, que con prestancia permanece vigilante por si al sol se le ocurre parar a tomar un trago. Más veterano, sus incursiones en las casas colindantes son bien conocidas. Se trata de ese hermano mayor que, tomando su guitarra, se marcha una temporada a recorrer el mundo, agasajándolo con sus canciones. Si usara zapatos, éste usaría botas de montar y gabán.
Kahlúa, es la mayor. La encontramos a ella y a sus tres hijos abandonada en el bosque de pura suerte. Habrían sido o bien pasto de los zorros en noviembre o piedras de hielo de diciembre, ella, y toda su progenie. La gata maullaba desconsoladamente rogando piedad para sus vástagos y muerte para ella, si ese era nuestro deseo, en la arena de un coliseo. No pudimos negarnos a adoptarlos, obviamente. Si bien en nuestro mundo lo que resulta "obvio" viene indicado en las cajas de cereales, más que prescrito por el sentido común.

Kahlúa representa el poder de la femineidad del mundo ―no tardarás en darte cuenta, si decides quedarte en Lavondyss, que aquí se tiene muy en cuenta tal poder―. Es la sabia y satisfecha madre que sabía que allí había un mundo mejor, en alguna otra parte, y curiosamente, ese mundo fue quién la encontró a ella.

Ahora, mientras duerme los años de su vida a la luz de su rayo de sol, sueña satisfecha con que sus hijos hagan carrera, se casen y tengan su propia familia algún día. Su deber para el monumento a la espiral del código genético se ha visto cumplimentado. Sus metas han sido alcanzadas, y la paz de sus días descansa junto a ella en una manta estampada en cuadraditos escoceses.

Entre todos, roban, destrozan, juegan y atentan siempre contra los objetos más frágiles, atendiendo únicamente a sus propios deseos, espontáneamente, y sin demasiada meditación. Para ellos el futuro no existe, y el pasado a estas alturas, ya lo devoró el presente.

Entre todas estas palabras todos sabemos que subyace el gran y oscuro secreto. El que llevamos persiguiendo tantos, tantísimos cientos de años. No hay grandes puertas tras las cuales se escondan, ni larguísimos pasillos flanqueados de altas columnas que lo flanqueen. No hay una gran bóveda y una cueva en lo más profundo que lo mantenga apartado de las miradas ansiosas de encontrar respuestas; aunque puede que así fuera más fácil, y la excusa perfecta para justificarme.
Tampoco hay ni sol ni luna que lo ilumine; ni rayo con su trueno que lo proteja; no hay lluvia más allá del granizo que lo aparte de nosotros. No tiene día ni noche, y por no tener, no tiene ni forma.

Aunque sí respira.

Ni hay más sabiduría en todo esto, que la que se encuentra en el librito de autoayuda del mismo nombre, o en el artículo de la versión local de “Vida sana”. No es siquiera nuevo. Lo novedoso es lo que más valor tiene hoy en día.
Siempre ha estado ahí. Puedo verlo, pero no puedo cogerlo.

Porque nada basta; porque no hay final. Siempre es el principio. Sólo hay silencio, silencio y más silencio. Silencio en la oscuridad. Nacemos y morimos solos, como bien sabes.

Quizás hay que desarrollar la visión característica de los gatos, y mirar a través de una sola rendija de nuestra consciencia y de nuestra percepción, para poder hallar la respuesta entre la oscuridad. Quizás mejor ser uno de ellos, tomarles de la mano, escucharles, y dejar que nos guíen.

Pero si actúas como ellos, los de tu especie no cejarán en reprochártelo, pues es ilícito transformar tu esencia y abrazar otra especie, ya que la ley del hombre lo prohíbe. Y si lo prohíbe la ley del hombre, por tanto, lo prohíbe la ley de Dios.
Pues Dios, hace siempre lo que le dicta el hombre.

Resuena el momento en el que hay que comenzar a caminar descalzo sobre el hielo, lejos de la mirada de todos; y bajo la aurora boreal, encontrarte con tu propio fin del mundo. Ese, en el cual tú mismo elegiste, el remoto lugar donde se encuentra.

Edanna. Febrero del 2011.

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Una nueva Lavondyss

Ramas, pensamientos de Edanna. Lavondyss, regiones míticasFinalmente lo hice.

Una nueva Lavondyss renovada, actualizada y adaptada a las nuevas funciones de los sistemas de gestión de contenidos.

Hay que ver cómo han avanzado en 5 ó 6 años, y yo con tanto por aprender..., como siempre.

He pasado los últimos días en este sótano, sin salir apenas ni ver la luz del sol para terminar toda la plantilla. Siempre he sido de la opinión, de que es bueno obsesionarse un poquito con las pasiones; hace que salga lo mejor de cada uno.

Me gustaría recordar el día que destruí la vieja estructura, y en tres días levanté la nueva, casi una alegoría al templo de Israel. Aunque las ideas que rondan tras este blog son mucho más antiguas.

A ti esto no te va ni te viene demasiado, pero claro, de eso se trata, esto es un blog. Es mi blog y eso lo hace especial. Aún le quedan cosas por pulir, techos que tapar y puertas que arreglar, pero ya se puede decir que la página está lista para empezar a amueblarla.

No recuerdo el día, la última vez, que activé el viejo blog y comencé a escribir alguno de mis tormentos. Sé que fue en junio, poco más. No, no basta con mirar la fecha del primer post. Las fechas se alteraron, se perdieron, se hicieron polvo... Recuerdo haber perdido todo Lavondyss dos veces, ¡y de recuperarlo!

Éste trataré de recordarlo. Un 30 de enero. Un año extraño, el 2011... Se suponía que a estas alturas las enfermedades estarían erradicadas y ya nadie tendería la ropa en un tendedero, un robot muy aparatoso y ruidoso tenía que hacerlo. ¡Uf! Me da que todo esto va a seguir así mucho tiempo. ¡También deberíamos estar ya en Marte! Y sudamérica o china serían los nuevos centros de desarrollo y “zonas calientes”, bueno, no nos hemos equivocado demasiado en eso.

Hoy ha nevado un poco. Un día nada frío, sólo cero grados centígrados. Lo ideal para pasear al perro. La temperatura es importante, ya veremos más adelante el por qué.

Muchas cosas, y lo que más amo en este mundo, se quedaron en Europa, yo emigré... España, queda tan lejos... Han pasado muchas, muchas cosas. Pero de eso ya hablaremos...

Ahora, me gustaría darte la bienvenida. Aquí muchas veces se puede pasar un rato agradable. Se habla de mitología, de mitos, de juegos de rol, a veces de videojuegos, de arte, de tecnología, de simbolismo, de cultura popular... Ahora lo llaman, cosas “frikis”, y del término se abusa de tal manera que ese será un buen tema para mi próximo libro. Aquí siempre he hablado de todo esto, el archivo es testigo de ello.

Muchas otras cosas están por venir. Una cosa te prometo, Lavondyss tiene algo que la hace "especial". Yo al menos lo creo así, pero desde luego, tú eres quien tiene la última palabra.

Espero que disfrutes de este nuevo o “Nueva Lavondyss” tanto como yo he disfrutado y disfruto creándola. Si eres un huésped ya conocido, no te imaginas lo feliz que me siento de volverte a encontrar. Si eres nuevo, te doy mi bienvenida más cordial y te invito a tomar asiento...

...Que empezamos.

Edanna. 30 de enero de 2011

 

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Lavondyss: "Regiones míticas"

Pensamientos

Lavondyss: "Regiones míticas" está a punto de iniciar su segunda época. Ahora mismo está en proceso de desarrollo, pero estará disponible dentro de muy poco tiempo.

Gracias por tu visita.

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Spore

Como ya no tengo comentarios trascendentes, comenzaré con lo intrascendente. Hoy, un tórrido día 5 de Septiembre, entre un mar de migrañas, agonías por dejar el tabaco, incertidumbre y aburrimiento; ha salido el Spore.

Yo, aprovechando los últimos coletazos, de mi también agónica economía, me lo he comprado. Espero que el juego ayude a mejorar la inteligencia media del planeta tierra. Y algo más la mía.

Como mínimo ayudará aún más a su ocio y esparcimiento (al de la tierra).

Del juego no voy a comentar nada que no comente de forma profesional la revista Edge, y algunos blogs como HardGame o Vidaextra. Las demás las he eliminado de mis visores/chivatos rss, y de mi monedero de HelloKitty.

Por cierto que a mi derecha tengo un par de libros de su creador, Will Wright. Muy amenos, si te interesa la teoría que hay detrás de todo esto.

Por lo demás la imagen elegida, lo explica todo. No perdamos la fe.

Amén.

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