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Año de otoño

“Rol” Integrated Life: decoded (3.0)

Con la llegada del otoño cambian algunas cosas, unas que quedan atrás y otras que van llegando. En el panorama del rol español no es diferente. Han sucedido últimamente algunos hechos que, siendo amable, podría catalogar como sorprendentes; entre ellos, los efectos de la desafortunada riada en la localidad de Lorca sobre la que tanta gente está mostrando su apoyo.

Pero hay muchas, muchas otras, imposibles de enumerar aquí, que laten ahí fuera, en alguna parte, formando la cotidianeidad.  Si de rol se trata, en Red de Rol es donde nos hacemos, la mayoría, una idea global. Una idea que viene formada a través de un todo imposible de abarcar. Hay tanta, tantísima información, que es apabullante.

CapricornioEs entonces cuando soy consciente de que, en realidad, no tengo ni idea de nada y que de muchos de estos temas, mis conocimientos sólo vienen construidos a través de impresiones. Por eso tiendo a centrarme en mis textos, crear mis cuentos y poco más; porque hablar, ya se habla bastante; y una norma fundamental para escribir es que hay que saber de lo que se escribe ―o de lo que se habla―.

Por otro lado, día tras día, desde esta parte del mundo sólo leo un montón de cosas sobre gente que en estos momentos sufre muchísimo en España. Ya sea por esto o por aquello, de alguna forma, también lo han perdido todo. Para ellos no hay ni ayudas ni palabras de consuelo, para muchos otros no existe ni siquiera la esperanza.

A mí todo esto, que debería de considerar lejano, sigo sintiendo que me afecta de alguna manera. Y es que, por mucho que se deje atrás la tierra siempre queda algo extraño, difícil de explicar, que te acompaña allí donde vayas. Una cercanía psicológica a todo lo que una vez formó parte de tu propio mundo. Te aseguro que el que yo diga esto es lo más sorprendente de todo.
Nada que ningún profesional de la psicología no encuentre rutinario.

Puede que sea el otoño y un pedacito de culpa lo tenga la luna, puede que sea la cercanía de un invierno que aquí es tan gélido que detiene incluso tus pensamientos; un invierno que este año ya, supongo, no conoceré pues pronto volveré a Europa. Puede que sea también por todo lo que aún está esperando ser descrito y que aún no ha sido soñado; no lo sé.

Nosotros, todos, seguimos soñando, pero la realidad vuelve a superar a la ficción hasta en los detalles más ínfimos; sueños, siempre, inspirados en la realidad.
Muchos dicen que el consumo de medios y productos de ficción, entre ellos todo este hobby, no es más que un deseo de escapar de la realidad. A mí este argumento siempre me ha hecho gracia pues, por una parte, me recuerda lo necios que pueden llegar a ser los seres humanos; por otro, tengo el convencimiento de que sucede todo lo contrario: La fantasía, la fábula y la ficción son metáforas que nos permiten ver el mundo desde otra perspectiva; así, podemos llegar a entenderlo mucho mejor. El jugador sigue aprendiendo, tal y como hacía cuando era niño, a emular “roles” y situaciones ficticias, forzando la realidad, creando estados de “crisis” que los más avispados podrán aprovechar para observar, aprender y asimilar.

No he conocido nunca de mejor forma a nadie que a través de varias sesiones de juego. Allí he percibido sus manías, sus agudezas, sus miserias y todos, todos sus encantos. Por otro lado, todos estos medios son, literalmente, nuevas formas de expresión. Porque sí, somos muy capaces de expresarnos a través de sus mecanismos.

De manera contradictoria y como cabe esperar, los que han declarado que la ficción ―siendo cariñosos― no son más que fórmulas de evasión, se refugian a su vez en otros sistemas de evasión legitimados por la sociedad, como la TV y sus cochambrosos programas basura, o actividades sin ningún tipo de trascendencia como reunirse para comprar Taperwares. Bueno, ni siquiera este discurso es nuevo.

Yo sólo espero que podamos tener cada vez más el suficiente espíritu crítico como para conseguir demandar nuevos puntos de vista sobre el mundo, aceptar nuevos conceptos con más gentileza y estar más abiertos a todo lo que pueda surgir.

Mucha de esta realidad de ficción que compartimos sólo puede ser posible gracias al duro trabajo y a la constancia, como está demostrando tantísima gente sobre la que leo cada dos días. En otros casos, la realidad se impone y eso basta, como también ya hemos visto.

Sobre duro trabajo Alex Werden en su web, por ejemplo, nos pone en nuestro sitio acerca de algunas verdades acerca del mecenazgo. Entrada que considero de lo más interesante que he leído últimamente.

Por otra parte se avecinan novedades interesantes, aunque en el camino queden muchas atrás. Se reeditó el Harp, que adquirí recientemente, y para mi alegría viene un nuevo Rolemaster cuando todos pensaban que ya había dejado de registrarse actividad en su córtex cerebral, pese a la reedición en 2007 de su versión Classic. No, no le tengo ningún miedo a sus tablas, al contrario.

Un precioso nuevo Runequest vuelve a traerme recuerdos de viejos días de universidad. El FATE se consolida, sorprendiéndome una vez más y demostrando ser un sistema perfecto para Dyss Mítica con todos sus planteamientos que juegan con el tiempo y con los cambios. Una bella edición del viejo Cthulhu y sus módulos más emblemáticos acompañan a un Kovalic que nos cuenta un secreto que ya sospechábamos: “Hagas lo que hagas, mézclalo con Cthulhu: éxito asegurado”. (Reproducido al final).

Por otro lado, muchos ya andan afanados en buscarle todos los fallos posibles a la nueva edición de D&D que se aproxima. Una edición en donde esta vez, al menos en su planteamiento base, no se quieren y no se pueden equivocar. Veo una clara intención de construir unos sólidos cimientos sobre el que volver a reconstruir ese ya viejo edificio de beneficios conocido por todos y en donde muchos de nosotros jugamos; un equipo donde muchos de sus jugadores se habían pasado al otro lado del campo llevando los colores de Pathfinder.

Algunos se extrañan de toda esta calma para sacarlo. Bien, existe un dicho griego que dice algo así como: “Grandes barcos forman grandes olas a su paso”. Wizard es capaz de crear, aún hoy, un efecto mariposa, y de los videojuegos ya se ha aprendido que el personal se puede tirar esperando años mientras se teje una intrincada red de fandom a su alrededor. Mientras tanto, ofrece sus viejos tesoros a un más que formado nuevo nicho de mercado que demanda productos de viejas ediciones. Una nueva necesidad de consumo que se ha ido gestando en los últimos años gracias al resurgir de la vieja escuela.

A su vez, siento como este extraño sistema computacional ha encontrado su máximo punto de equilibrio en el mundo de los retroclones, que ya alcanzaron, pienso yo, su nivel máximo de expresión y cuyo mensaje implícito ya ha sido emitido, comenzado pues su retroceso hasta que todo el polvo que levantaron vuelva a depositarse dulcemente sobre los silenciosos pasillos de todos sus viejos dungeons.
Nunca ninguna afición antes convirtió un lugar de horror en un espacio impregnado de tanto romanticismo.

Reconozco que al principio tardé en entender que, más que nostalgia, el movimiento “Old School” se trata más bien de una REIVINDICACIÓN. Un deseo de volver a una forma, a un sistema, a un concepto y hasta a un imaginario que se parece más a aquella sensación original que a muchos de nosotros y nosotras, al asimilarlo, nos maravilló.

Eso mismo que construyó los cimientos de toda una afición y que tiene mucho que ver con ese comentario que hizo Picasso una vez acerca de las pinturas rupestres, y que decía algo así como: “Nunca el arte se utilizó en su expresión más pura; desde entonces, todo ha ido cuesta abajo”.
Bien, el mensaje fue escuchado y la reivindicación ha dado fruto. Ya está hecho; los convencieron; ahora la compañía promete la nueva nave espacial que nos ha de llevar de una vez por todas a las colonias del espacio exterior, o sea, D&D next.

Ante las diferencias del estilo de cada uno se dispone de la ya vieja idea de “modularidad”, una idea vestida otra vez de nueva; y al que lo quiere simple: ahí tienes; al que no: “Mira todas estas preciosas cuentas de colores que vamos a traer para ti…”. Todos contentos y Dios en la casa de ninguno.

Yo, pese a los más pesimistas, veo un avance significativo. Y por mucho que digan, lo que suceda al nivel del padre de los juegos de rol afectará a todos los demás. Tengo la seguridad de que va a ser un juego interesante que traerá lo mejor de todas las épocas. O al menos, en un grado bastante importante.

HadasTras un poco de todo esto hay muchas cosas más; algunas las conozco, muchas otras no, de otras suspiro en la soledad de mi silencio.

Una vez me invitaron a participar en la revista ArcanoXIII, revista que respeto muchísimo junto con la web de Archiroleros; ahora me lamento de no haber tenido la fuerza necesaria en aquel momento para ponerme con ello, saliendo de un marzo que se me había envenenado en sangre y mente y que, de forma inaudita, volvió a repetirse en marzo del año siguiente.
Por lo que he visto hasta ahora, mis marzos han estado malditos.

Pero de esto lo mejor de todo, como ya comenté en la entrada que hice sobre la riada en Lorca, es que deberíamos recordar siempre que muchas cosas forman parte de nuestro propio "viaje del héroe" personal; un viaje del que podemos volver, renovados, con el elixir que pueda traer a nuestro alrededor, y a nosotros mismos, todo aquello que siempre hemos estado buscando en el fondo de nuestro corazón.
Si nuestra afición consiste en vivir y sentir como héroes, tomemos pues lo mejor de todo ello.

Por ahora me contento, antes de regresar a España, con observar cuanto viene y va a través de la red. La única ventana al mundo que me puedo permitir mientras todos los árboles a mi alrededor comienzan a vestirse para la noche más larga.

***

En la web de Dyss Mítica he ido incluyendo las últimas semanas los textos acerca de todos los Poderes, que espero terminar pronto, y los diferentes contenidos de los apartados que van en este capítulo.

Con esto llego al ecuador de esta obra, que espero vea la luz el año próximo junto con una serie de relatos de los que ya hablaré más adelante. También está pendiente el dichoso módulo del que ya me avergüenza hablar pero que saldrá, eso por descontado, junto con otros que están aguardando y que ya tengo listos para mis jugadores. Hace tiempo que me he centrado en el playtesting de la próxima edición de D&D junto con otras cosas que han de venir.

Sólo puedo decir que estoy trabajando y un montón, eso es lo que importa en realidad. Espero que a algunos les guste y lo encuentren útil. Si es así, estupendo; si no, al menos mi grupo de juego disfrutará con ello, eso lo sé con seguridad.
Después…, ya veremos.

Imagino que seguiré soñando con encontrar el claro sendero que, de una vez por todas, nos conduzca a todos hasta las fuentes de Lavondyss. Si algún día algo así llega a suceder, te prometo que te lo contaré en Lavondyss: "Regiones Míticas".

Edanna
2 de octubre

 

Chulhu Bacon

 

 

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En el inicio...

Niñoroto…, pensé largo tiempo, mirando el espacio ya vacío. Y recordando al viejo y mítico ciervo del asta rota. La vieja leyenda del ciervo que te guía a una senda oculta, e inicia una leyenda, siempre pagándolo con el precio de su propia muerte.

Y fue cierto, que de aquel parto de pájaros de otoño, en el año segundo del hielo en los árboles, nació la tierra que ya conocíamos. Que una vez sólo viera en los brillos, en los trozos de hielo, en los reflejos dorados.

Todas aquellas veces que mi mente había volado; el brillo del hielo en un vaso, en un cubierto lustroso, en un pasamano pulido, provenía de aquel recuerdo. De aquel dulce momento bajo los árboles, donde amé más que nunca en todos los días de mi vida. Y comprendí que ese brillo fue, el que se quedó en mi retina y que me hacía volar, como un pájaro por las tierras de mis sueños. Aquel brillo en las agujas de los árboles. Y que siempre viera en todas partes. Evocaba y trasladaba mi imaginación, alentándola, expandiéndola, y creando cada día el mundo que me había propuesto dar forma.

Y que siempre se llamó y se llamaría: "La Tierra de los Mil Pájaros".

Yo desperté, una vez más, para encontrarme sentada, absorta, en la mirada de los reflejos luminosos de una ventana. Una ventana por la que se contemplaban las gotas de lluvia incesantes y que caían también en una tierra que se extendía más allá de todos los espejos, con un cielo siempre cubierto, de miles de aves...

 

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El secreto de la felicidad

Alguna vez ya planteé esta cuestión en Lavondyss, otras veces tiempo atrás; y no encuentro razón para no seguir haciéndolo.

Nevada de noviembre en canadáCanadá es una tierra gélida en invierno. La nieve cubre unos bosques que se extienden hasta perderse en las lejanas distancias, en todas direcciones. Si caminando eres capaz de alcanzar tu horizonte, todo cuanto dejaste atrás en tu peregrinación comienza a desplegarse de nuevo ante tus ojos, extendiéndose otra vez con nuevos paisajes, hasta otro nuevo y lejano horizonte.

Así prosigue, así, hasta que bajo la aurora boreal llegas hasta el fin del mundo.

El fin del mundo bien podría ser el Polo Norte. Esa ya es una decisión tuya y sólo tuya. La localización exacta del fin del mundo queda, de manera exclusiva, bajo tu propio criterio.

Esto puede que no te sorprenda mucho, pero resulta extraño para alguien que se crió en una pequeña tierra completamente rodeada de agua, donde habitan algunos peces, alguna que otra ballena despistada, algunos delfines curiosos y un montón de desperdicios flotando felizmente entre las olas.

Y si bien el mar podría reunir, técnicamente, algunas de las características que he comentado, éste tiene una serie de desventajas. Por ejemplo, no presenta tanta libertad a la hora de decidir dónde extender el saco de dormir. Aunque algún optimista podría encontrar una manera, seguramente, con poco esfuerzo.

El frío a mí me provoca unos dolores terribles en las manos y en el rostro, pero lo de las manos lo llevo muy mal, al menos por ahora. Pienso que tengo unas manos delicadas, no sé, pero el dolor es horrible bajo el frío feroz. Se asemeja a las dentelladas de un doberman  que piensa que has ido a robarle el plato de rancho.

Cuando el termómetro baja a -20 grados centígrados deseo pasar mi eternidad con una condena en el octavo círculo del infierno, donde arropado en la cálida y desproporcionada injusticia de mi castigo, pueda pasar una confortable inmortalidad junto a una buena estufa, cuyos costes de combustible queden a cargo del estado, o sea, de la tríada infernal.

A los cuatro gatos que viven conmigo, ―no, no es una forma de hablar, son cuatro gatos―, el frío no parece importarles. Deambulan, corretean y curiosean entre los árboles, andando a trompicones con las patas hundidas en una nieve que les roza la panza, ambas, con toda su blancura.

En realidad pasan frío por supuesto, pero es más intensa su ansia de vigilar que el mundo, de su absoluta propiedad, siga allí cada tres cuartos de hora. Para ello es necesaria una comprobación constante y metódica; y que por supuesto, el mundo les responda dando el visto bueno.

La menor, Gipsy, es una ladrona. También es verdad que es mi favorita, pues no hay tutor ni tutora sin la niña de sus ojos. Bajo su aguda mirada no hay cosa segura y a buen recaudo. Cualquier objeto; grande o pequeño, del volumen de un puño, desaparece, arrastrado por su ansia coleccionista, y yo diría que completista, hasta las profundas dependencias de su guarida bajo la cama. Como un avaricioso enano de las Montañas Azules, codicia acumular todo cuanto despierta su curiosidad y apilarlo en su montaña de riquezas.

Allí permanecen bolígrafos, lápices, gomas de borrar, caramelos, bisutería, un sacacorchos, marcadores de libros, llaveros tintineantes, papelitos, un reproductor MP3, posavasos, tapones de botellas y hasta una bonita flor vestida de granate y lapislázuli de las Montañas Rocosas.

Sus otros tres compañeros de vivienda son cada uno especiales a su manera. Jack, es un neurótico y nervioso varón que siempre me hace pensar acerca de la naturaleza masculina. Aunque algo caprichoso, infantil, protestón, vago y un poco bruto, es el que más se comunica, “hablando”, de forma continua para reclamar sus exigencias. Es un travieso bribón que no roba pero sí destroza. Si pudiera, jugaría a videojuegos de tiros en primera persona mientras masca chicle durante todo el día; pero por ahora se conforma con morderme los guantes. Junto a la ladrona de su hermana natural van camino de convertirse en la pandilla de macarras del barrio que requieren lo que ahora se denomina “educación especial”.

El tercero es “Bum-bum”. Pese al nombre es bastante solícito y hasta elegante, menos cuando al enfadarse, con las navajas, te abre una fisura que requiere seis puntos de sutura. Se trata de un enorme señor gato, varón, que con prestancia permanece vigilante por si al sol se le ocurre parar a tomar un trago. Más veterano, sus incursiones en las casas colindantes son bien conocidas. Se trata de ese hermano mayor que, tomando su guitarra, se marcha una temporada a recorrer el mundo, agasajándolo con sus canciones. Si usara zapatos, éste usaría botas de montar y gabán.
Kahlúa, es la mayor. La encontramos a ella y a sus tres hijos abandonada en el bosque de pura suerte. Habrían sido o bien pasto de los zorros en noviembre o piedras de hielo de diciembre, ella, y toda su progenie. La gata maullaba desconsoladamente rogando piedad para sus vástagos y muerte para ella, si ese era nuestro deseo, en la arena de un coliseo. No pudimos negarnos a adoptarlos, obviamente. Si bien en nuestro mundo lo que resulta "obvio" viene indicado en las cajas de cereales, más que prescrito por el sentido común.

Kahlúa representa el poder de la femineidad del mundo ―no tardarás en darte cuenta, si decides quedarte en Lavondyss, que aquí se tiene muy en cuenta tal poder―. Es la sabia y satisfecha madre que sabía que allí había un mundo mejor, en alguna otra parte, y curiosamente, ese mundo fue quién la encontró a ella.

Ahora, mientras duerme los años de su vida a la luz de su rayo de sol, sueña satisfecha con que sus hijos hagan carrera, se casen y tengan su propia familia algún día. Su deber para el monumento a la espiral del código genético se ha visto cumplimentado. Sus metas han sido alcanzadas, y la paz de sus días descansa junto a ella en una manta estampada en cuadraditos escoceses.

Entre todos, roban, destrozan, juegan y atentan siempre contra los objetos más frágiles, atendiendo únicamente a sus propios deseos, espontáneamente, y sin demasiada meditación. Para ellos el futuro no existe, y el pasado a estas alturas, ya lo devoró el presente.

Entre todas estas palabras todos sabemos que subyace el gran y oscuro secreto. El que llevamos persiguiendo tantos, tantísimos cientos de años. No hay grandes puertas tras las cuales se escondan, ni larguísimos pasillos flanqueados de altas columnas que lo flanqueen. No hay una gran bóveda y una cueva en lo más profundo que lo mantenga apartado de las miradas ansiosas de encontrar respuestas; aunque puede que así fuera más fácil, y la excusa perfecta para justificarme.
Tampoco hay ni sol ni luna que lo ilumine; ni rayo con su trueno que lo proteja; no hay lluvia más allá del granizo que lo aparte de nosotros. No tiene día ni noche, y por no tener, no tiene ni forma.

Aunque sí respira.

Ni hay más sabiduría en todo esto, que la que se encuentra en el librito de autoayuda del mismo nombre, o en el artículo de la versión local de “Vida sana”. No es siquiera nuevo. Lo novedoso es lo que más valor tiene hoy en día.
Siempre ha estado ahí. Puedo verlo, pero no puedo cogerlo.

Porque nada basta; porque no hay final. Siempre es el principio. Sólo hay silencio, silencio y más silencio. Silencio en la oscuridad. Nacemos y morimos solos, como bien sabes.

Quizás hay que desarrollar la visión característica de los gatos, y mirar a través de una sola rendija de nuestra consciencia y de nuestra percepción, para poder hallar la respuesta entre la oscuridad. Quizás mejor ser uno de ellos, tomarles de la mano, escucharles, y dejar que nos guíen.

Pero si actúas como ellos, los de tu especie no cejarán en reprochártelo, pues es ilícito transformar tu esencia y abrazar otra especie, ya que la ley del hombre lo prohíbe. Y si lo prohíbe la ley del hombre, por tanto, lo prohíbe la ley de Dios.
Pues Dios, hace siempre lo que le dicta el hombre.

Resuena el momento en el que hay que comenzar a caminar descalzo sobre el hielo, lejos de la mirada de todos; y bajo la aurora boreal, encontrarte con tu propio fin del mundo. Ese, en el cual tú mismo elegiste, el remoto lugar donde se encuentra.

Edanna. Febrero del 2011.

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