9 Junio, 2009

La Tierra amarga de Isan Reese

Tengo una tierra en la cual nada crece, salvo destellos de lo que una vez pudo ser y no fue. Esto ocasiona que allí, el sabor de una arena dorada se mezcla en la miel de mi bebida. Aún, después de probarla infinidad de veces, no la reconozco.

Lo cierto es que no sé qué hacer con ella nada en absoluto.

En la Tierra de Isan Reese hace mucho tiempo que se dejó de contar todo cuanto se ha perdido. Allí van todas las cosas que no se desean, que no se quieren o que se anhela quitar de en medio. Sus páramos están repletos de sueños innecesarios aunque hay muchos más que son necesarios pero que nadie desea conservar, pues dicen los que conocen sobre estos asuntos que nadie sabe en realidad lo que quiere.

Son sus regiones lugares de tránsito llenos de recuerdos que gimen en todo momento, no importa qué hora o qué instante del día o de la noche, aunque precisamente suceden con mayor frecuencia cuando es el momento más inoportuno. Los momentos inoportunos por observación empírica tengo constancia que suceden constantemente.

cynthiiiiCualquiera diría que es porque mantengo un talante negativo, lo cual, suele estar mal visto. Es como cuando a alguno le toca pudrirse de cáncer y a la gente le molesta, pues es algo de talante negativo. O que un lugar siendo completamente estúpido y en el cual no quieras permanecer más de dos latidos de corazón, te digan que en realidad es porque llevas: un talante negativo. No es culpa de que el maldito agujero sea pútrido, sino de un problema de actitud. Yo me pregunto si los desiertos de todos los mundos que existen en el universo son así porque llevan: un talante negativo.

Pero la Tierra amarga de Isan Reese está libre de tales absurdas ataduras. Reina allí un sistema feudal no dictaminado por nadie en donde, cada cosa se ubica en su sitio correcto, siendo adecuado en la mayor parte de su recorrido el correcto orden de cada cosa. Hay excepciones por supuesto, pero de nada sirve explicarlas, de la misma manera que de nada sirve explicar esta pequeña crónica, pues para entenderla no basta con actitud.

O ahora que lo pienso, si que basta.

Y es que, para estos parajes sí que no basta con la actitud correcta, allí cada día hay que tomar todas las decisiones una y otra vez, una y otra vez, una…y otra vez. Cada día, cuando sale el sol, las elecciones del día anterior son cosa del pasado, es por tanto este el preciso momento de elegir de nuevo.

De empezar de nuevo.

Así, por tanto, cuando la noche queda atrás, y todo cuanto una vez soñaste, pensaste y decidiste ha sido olvidado, deberás sentarte en alguna piedra no demasiado incómoda y repasar todas y cada una de tus elecciones, teniendo mucho cuidado de no olvidar ninguna, no vayas a lamentarlo.

Sin embargo, siempre hay algo que lamentarás.

Por esto, y por otras cosas, esta tierra es conocida por su sobrenombre. Amarga y cruel, obliga cada día a los viajeros a repasar sin dudarlo hasta la aparente necesidad de si desean o no desean respirar, durante cuánto tiempo, y cuantas veces. Aunque el problema de respirar normalmente es el menor de los problemas. No, normalmente no lo es.

Hay mucho que decir de estos parajes donde te encuentras contantemente con lo que es aparentemente innecesario, con lo que es rechazado, lo que es apartado y olvidado. Se podría denominar basurero, pero ¿en qué basurero te encuentras amantes despechados, niños envueltos en la amargura de, no tener siquiera la oportunidad de tomar decisiones, o a un gatito en una caja de zapatos? No recuerdo ninguno ahora mismo, aunque mi imaginación me temo no es lo suficientemente pródiga en bienes de intercambio. Sin embargo, no creo que lo recuerde pues, normalmente este tipo de cosas no suceden en un sitio concreto.

Hay mucho más que decir sobre una tierra en la cual el deseo de transitarla ha de ser tenido en cuenta a cada instante, sin embargo, no todo son aspectos que puedan o quieran alejar al visitante. Tiene sus bondades, y sus puntos de interés. Pues el deseo de olvidar cuanto alguna vez deseamos es; un sencillo instrumento, compás y violín de tañido breve en el cual resuenan los ecos del mundo cada segundo. Es allí hacia donde se dirigen muchas cosas y hacia donde se envían muchas otras, no siendo la misma cosa, ambos conceptos.

Pero si sé una cosa. Es allí, en la tierra baldía y amarga de Isan Reese, donde yo encontré  cuanto quiero, deseo y anhelo, pues es allí donde aprendí a apreciar  lo que anhelaron todos los seres de este mundo y que tarde o temprano, consciente o inconscientemente, y casi siempre de una manera emparentada por desgracia con la mediocridad, dejaron atrás.

Edanna Dhae a las 3:55 pm

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19 Enero, 2009

Hambre

No tengo por qué dar explicaciones sobre ella. Julia tiene hambre y punto.

El hambre, según mi querido Constantine, fue uno de los primeros demonios en lograr la increíble hazaña de establecerse en nuestro mundo impunemente. (He buscado esta palabra en el diccionario y significa “quedando impune” sin castigo, sin explicaciones, incluso sin permiso.) ¿Quién le va a dar permiso al Hambre para ir y venir?

lagrimasLo que yo no esperaba es que este demonio, que siempre ha asolado la mitad de nuestro mundo, mientras la otra mitad busca continuamente cosas que hacer con tal de conseguir siempre mirar hacia otro lado, es que el hambre se manifiesta de muy diversas maneras.

Algunos devoran todo lo que encuentran, otros devoran la comida del de al lado, a veces al de al lado, otras veces a todos los que se hayan a su alrededor y por último, hay algunos que se devoran unos a otros, como sucedía con mi primera pandilla de amigos que se pudiera denominar; seria, formal y estable.

Esta pandilla, por cierto, era de lo más curiosa y abro un pequeño paréntesis pues resulta que el tema es interesante. En los casi 20 años que llevo dirigiendo y arbitrando partidas de juegos narrativos, o de rol, este fue el único grupo al que le dirigí una partida, en el que acabaron matándose todos unos a otros, con saña en un auténtico, desquiciante, sangriento, escatológico, repulsivo y  sádico baño de sangre.

Pero volvamos al asunto…

Por más que estemos aquí hablando de la naturaleza y pormenores del “hambre”, nunca conocerán el otro rostro de lo que se denomina el mal más antiguo de la humanidad. Porque el hambre del  que yo hablo, no lo conocí hasta que conocí a Julia.

Julia es enorme. Obesidad mórbida, le dicen los entendidos y los que juegan a nutriciones y a decir que el Tofu es la doceava maravilla del mundo. Una chica joven, y hermosa. Pero gorda. Y la cuestión de todo esto es ese “pero”.

Porque Julia es hermosa y gorda, tan hermosa que mucha gente la mira y sin que ella se dé cuenta, asienten unos a otros en susurrados comentarios, llegando siempre a la misma conclusión; lástima, si fuera más delgadita, estaría bien, sería preciosa.

Julia es redonda, y su hambre no conoce límites. Aunque no llega a esos volúmenes que impiden que las personas puedan levantarse de la cama y salir por la puerta, al mismo tiempo que los invita a participar en el que siempre denominaré; estúpido libro guinness.

No no, esta Julia es obesa, pero camina, trabaja, va de compras y sale con sus amigos como cualquiera. La cuestión de Julia, no son los detalles de su obesidad, se trata de “la naturaleza de su hambre”.

Julia no devora comida o alimento tal y como lo entendemos, no, ella devora; llantos, devora penas, devora temores y congojas. Devora abatimientos y pesares. Devora depresiones, sonrisas forzadas, miradas nostálgicas, suspiros anhelantes no correspondidos, devora desesperación, humillaciones, olvido, burlas que se clavan en la carne y sangran, devora heridas y pústulas sangrantes ocasionadas por burlas individuales y burlas en grupo, que son las peores. Devora la pena de hombres y mujeres derrotados, devora infelicidad, melancolías, tristezas en todo su amplio espectro, Julia devora el dolor de hombres y mujeres ignorados, devora soledades injustas. Devora la injusticia, la burla, el llanto y el dolor. Julia tiene hambre, y no puede dejar de comer, y de engordar.

Si al menos, su hambre no la devorara a ella. Pero no, a Julia su hambre la consume, la aniquila, y poco a poco, la va matando.

Alrededor de Julia nadie pasa hambre. El demonio del hambre huye ante la magnitud de ese poder inmenso, del don de su “hambre”. Ante ella, el viejo demonio, es derrotado antes de siquiera poder acercarse. El demonio del hambre, la teme mucho más que a toda una corte celestial de ángeles armados con espadas flamígeras.

Empezó de muy pequeña, devorando el llanto y la frustración de sus propio hermanos, de su padre y de su madre, con el tiempo, devoró el dolor de sus amigos más queridos, de sus conocidos, del vecino, del tendero de la frutería, la soledad de la peluquera, los pasos cansinos de la anciana sola que camina sin tener prisa por nada. Y finalmente por supuesto devoró las necedades de sus propias parejas, la mezquindad, las cobardías, y hasta las tremendas y enfermizas melancolías de su novio.

Y Julia así, atravesó de una forma peculiar los velos que separan la realidad del sueño, devorando los oscuros sueños de algunos, de unos más que de otros, con diferentes grados de éxito.

El hambre de Julia no tiene fin, su mayor deseo es devorar todos los males y la infelicidad del mundo. Solo ahora ha empezado a darse cuenta, de que son estos males los que la devoran a ella. Acabando poco a poco con todas sus ilusiones. Pues el hambre en el mundo es infinito, así como la desesperación, el llanto y todas sus agonías.

Yo la conocí hace ya algunos años, Julia siempre ríe, pero muchas veces cuando nadie la ve, llora amargamente, pues su hambre no tiene fin, no puede tener fin, y muchas veces las personas con las que se va encontrando, le dedican una condescendiente simpatía. Esperando, que pueda devorarles esa parte que no desean, a ellos también, si hay suerte. No es necesario darle nada a cambio, Julia es así. Para eso está.

Julia llora, en los rincones de su casa, en el cuarto de baño o en la cocina, por los males del mundo, y porque nadie ve nada más que aquello que la rodea. Su enorme fisonomía, es todo cuanto queda, pues no hay pie a ninguna oportunidad para ella más allá que la de limpiar los rincones del alma de la pena que ella misma se lleva ¿pues, acaso tú vas a cargar con los problemas de nadie?  Nadie espera nada más de ella que, devore, con su hambre, la culpa de quienes permanecen alrededor. Por lo demás Julia es, la chica gordita y simpática que está ahí para liberarte a ti de tus pecados. Pero para Julia, no hay nada más por parte de los demás, pues pobrecilla, es gorda, lástima de chica, tan guapa…y tan gorda.

A Julia no le dan ninguna oportunidad, más que la de hacerle esperar pacientemente a devorar la siguiente tanda de pesares. Se me ocurre que, si todos nosotros devoráramos un poquito de las penas del de al lado, quizás Julia podría llevar una vida más feliz. Una vida en la que su hambre no la consuma, pues que será de nosotros sin la devoradora del llanto de todas nuestras tristes congojas.

Pero siento que esto no va a suceder, será porque siempre me han llamado “pusilánime” y “derrotista”, bueno, en realidad si creo en mis palabras es por puro instinto.

Edanna Dhae a las 11:53 pm

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24 Diciembre, 2008

Que seas feliz

Aprovechando esta encantadora foto que le tomé prestada hace tiempo a “la gata“, escribo mi felicitación pertinente, que ya estaba tardando. Con la niña no te enfades, no va por ti, (bueno, a ese del fondo, de mano ligera, sí) va por todo “lo demás” que toca tanto las narices. Repito un año más, que a mí me gustan mucho las navidades. Me gusta ofrecer y desear que los demás sean felices. Y sinceramente, deseo, que seas feliz.

Lo demás, que demonios importa.

nosotras

Edanna Dhae a las 12:45 pm

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24 Noviembre, 2008

La paranoia de Pride

Observando este video recordé una vieja enseñanza del insoportable y antipático de mi antiguo maestro. En todas las épocas y ahora más que nunca, una ley del diseño; “no escribas nada, si quieres llegar a todos, díselo con imágenes”.
Después yo me pregunté si realmente quería llegar a “todos”.
¿Todos, todos…?
Pero eso, es otra historia.

Menos mal que solo es pura paranoia.

 

Edanna Dhae a las 3:22 pm

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Contenido, vida y todo lo demás.

Todo es diferente ¿sabes? todo ha cambiado.

Ahora es más interesante. Tengo todos los libros que quiero.
Todos los que siempre soñé, cuando aprendí a leer. Entonces mi madre me sentaba en la mesa de la cocina, y me daba aquellos trozos de pan con margarina Tulipán. Me obligaba a leer, me pegaba si me equivocaba, pero ya sabía leer a los cuatro años.

Yo adoraba leer, siempre fue lo que más me gustó hacer. Si no leía, jugaba al ajedrez con mi hermana. Cuando le ganaba, ella arrojaba el tablero y las fichas por toda la habitación, y se marchaba furiosa.
Tengo todo cuanto quiero, mis libros, ahora tengo todos los libros del mundo.

¿Pero entonces? ¿Por qué tengo tanto frío? ¿Por qué siempre siento tanto frío?

 

Edanna Dhae a las 2:54 pm

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5 Septiembre, 2008

Spore

Como ya no tengo comentarios trascendentes, comenzaré con lo intrascendente. Hoy, un tórrido día 5 de Septiembre, entre un mar de migrañas, agonías por dejar el tabaco, incertidumbre y aburrimiento; ha salido el Spore.

Yo, aprovechando los últimos coletazos, de mi también agónica economía, me lo he comprado. Espero que el juego ayude a mejorar la inteligencia media del planeta tierra. Y algo más la mía.

Como mínimo ayudará aún más a su ocio y esparcimiento (al de la tierra).

Del juego no voy a comentar nada que no comente de forma profesional la revista Edge, y algunos blogs como HardGame o Vidaextra. Las demás las he eliminado de mis visores/chivatos rss, y de mi monedero de HelloKitty.

Por cierto que a mi derecha tengo un par de libros de su creador, Will Wright. Muy amenos, si te interesa la teoría que hay detrás de todo esto.

Por lo demás la imagen elegida, lo explica todo. No perdamos la fe.

Amén.

Edanna Dhae a las 7:21 pm

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21 Mayo, 2008

Allí de donde trajiste mi nombre

Con las primeras flores de Mayo me hice volantes para el vestido nuevo de primavera. Caían sencillas, sin mucho entusiasmo, sin mucha iniciativa, pero con el carácter suficiente para que cada una alcanzara el lugar preciso, en el momento justo. Esa perfección tan simple, tan pulcra, a lo largo de la tela de raso. A mi gata le encantaron tanto, que la tuve que encerrar en el armario, donde tiene su escondrijo favorito, al que siempre me pide que la lleve todos los días después del café. Allí juega a dibujar animales en las paredes, muy parecidas por cierto a las que se ven pintadas en las cuevas por aquellos misteriosos hombres de las cavernas del paleolítico o del neolítico, no recuerdo. Le pediré a Creidne que me lo aclare entre uno o dos cafés.

Lavondyss.netMi gata pinta muy bien, hace cuadros preciosos que hablan de cosas lindas. Entre los pétalos de rosa que hay allí para perfumar la ropa, se recuesta, duerme y sueña. Mi gata sueña con un mundo cálido con rayos de sol amarillentos, recovecos infinitos, escaleras que suben y bajan y una alfombra delante de la estufa negra de hierro fundido. Hasta que la llamo, para que me haga algún trabajo de diseño, me cante una canción, pinte un dibujo, o me escriba una historia y así yo, poder ganarme la vida honradamente.

Mi gata también escribe un diario y yo, un blog. Bueno a veces.

Lo cierto es que casi he olvidado lo que significaba tener un diario. Yo tuve muchos. Algunos conocidos tenían los suyos. Mi hermana tuvo uno que le ocasionó un disgusto. Los diarios eran o solían ser rosas o azules, no había mucha variedad y con; ositos, gatitos, perritos, guacamayos o salamandras de fuego dibujados en sus tapas.

Ahora, (aunque ya hace un tiempo que comienzo a notar que mengua), se pusieron tan de moda, que podemos reunir todo tipo de consejos para que nuestro diario se convirtiera en un bestseller. No sé, esto es lo de siempre. Querer salir en la tele, querer ser famoso, por querer…, queremos tantas cosas.

Yo no hubiese escrito jamás algo si no hubiese tenido al principio el total convencimiento de que esto no lo iba a leer nadie. Después al ver que no era así, me consolaba pensar que este majestuoso vertedero en el que se ha convertido la red, algo así pasaría desapercibido. Lo de vertedero, es ahora, claro. Antes defendía a capa y espada internet y sus maravillosas posibilidades. Lo que pasa que, de ser un bosquecillo íntimo, laberíntico y acogedor, pues se ha convertido en una enorme montaña de basura en la que hay de todo, tal y como sucede en todas las montañas de basura de este mundo, tanto si son montañas mágicas como si no lo son. Y más que una varita mágica necesitamos una buena pala para encontrar aquello que necesitamos. No es una crítica aunque lo parezca, es simplemente aceptación tras un largo y extenso suspiro.

Mi gata sueña ahora, con las flores de mi vestido. Rumia en sueños que ejércitos de flores marchan hacia ella, mientras las espera acorralada bajo el sofá del salón. Al fin, se arma de valor, baja las orejas, se pone en tensión y ataca.

Un aire perfumado refleja la luz rojiza de colores aterciopelados, cuando la embestida rompe las filas, deshaciendo los ejércitos de la reina de picas. Los pétalos caen, suavemente sobre mi vestido nuevo. Mi vestido para celebrar la primavera. Entonces, yo abro el libro por la página ochenta y siete. Una cola de gato se escabulle por las tapas en un abrir y cerrar de ojos. El libro brilla iluminando mi rostro.

-Aquí es, por aquí es por donde iba.

-¿Cómo he llegado a esto?

Cierro el libro. El vestido es tan cómodo. No siento que lleve nada encima. Es una brisa, un suspiro, es un beso. Y en él, amanece.

Mi gata maúlla desconsolada, quiere sus flores, las que soñó y con su sueño las trajo a la realidad. Tuvo el detalle de regalármelas para mi vestido, y claro, yo no la dejo jugar con ellas. Todo cuanto quiere, es jugar y perseguir ejércitos enteros de pétalos rosáceos. Ser una heroína de cuento.

Y cerrando el libro, con mi gata ronroneando dulcemente bajo el vuelo del satén, pienso en estas cosas. En que mi gata, quiere lo mismo que yo. Ser el héroe de un cuento, de su cuento, y salir al menos una o dos veces en él, para que me pida:

-¡Cuéntame de nuevo la parte en la que salgo yo!

Y la complazco, deseando que llegue la tarde y sentarme a escribir otro cuento para ella, mientras mi gata, con ese poder que tienen tan particular, atraviesa la pared limpiamente y se interna en el otro mundo del que me trae regalos. Flores a veces, una ramita otras, tres bellotas de dulce mirada, un ratón asustado que libero inmediatamente y que se marcha muy ofendido. En ocasiones una sardina con alas de mariposa, zapatos de cristal, besos dentro de una botella, el olor de la tierra que no ha pisado un ser humano o todos los deseos que contiene algún pozo. A veces, monedas con el rostro de bárbol grabados en una cara, y en la otra, quién sabe qué rayos será eso…

Pero ya me sucedía antes, mucho antes de encontrármela en un contenedor de basura y alimentarla, curarla y criarla como buenamente pude que, ya no me hacía falta abrir el libro. Ni este ni ninguno. Pues tan solo un brillo en la cucharilla, una ráfaga de viento o un olor me lleva lejos, lejos, tan lejos que no quiero volver. Allí a veces soy feliz, otras me persiguen demonios. Demonios que no me dejan en paz, los ahuyento con bandadas de pájaros, con aullidos de lobos y todo cuanto puedo sacar de las grietas del mundo para espantarlos. Pero en muchas ocasiones no basta.

A veces cuesta regresar. Aquí, con las voces estentóreas de la gente tengo fuertes dolores de cabeza. Quiero quedarme al otro lado pero es cada vez más difícil. Apenas salgo a la calle tampoco, y tengo que hacer un gran esfuerzo, obligarme a ello. Más allá de las tres calles empedradas, el mundo me parece tan espantoso…

¿Cómo he llegado a esto?

Ha llegado gente hasta aquí, a este borde del mundo. Francamente, no pensé que sucedería. Pues levanté en Lavondyss unos muros muy altos, y una única puerta. Los que han llegado y han logrado entrar, han sabido perfectamente que el secreto no consistía en intentar saltar el muro. Con querer llamar a la puerta bastaba.

Intento quedarme, pero me voy hacia el otro lado. Y mi mente no quiere regresar. Hago sufrir a los que me rodean. Eso es lo peor de todo.

Un vestido para la primavera se demora entre mi piel llenándome de caricias. Abro el libro del que nacen todas las luces y en el que se ve la aurora boreal. Lo vuelvo a cerrar. No consigo concentrarme esta noche, ni ninguna noche hace ya varias lunas. Los recuerdos, el tiempo, los hijos de mis amigos, la felicidad de mis amigos, su sonrisa, sus alabanzas. El amor que me rodea. Y yo, con mi gata siempre cruzando al otro lado, deseando quedarme. Permanecer.

Es allí de donde provengo pues las luces de estas calles se oscurecen, taciturnas, y el aire no es ya tan ligero, ni tan fresco. Ya no me roza las mejillas, al menos esta noche no. La noche pasada, no lo sé. La luna llena me atrae, quiero que dibuje rayos entre los árboles, y perseguirlos. Sin cesar. ¡Mira! ¿Qué es aquello? Un rayo de luna, hermoso e inalcanzable que roza la hojarasca de mis añorados bosques. Mi gata sale tras el rayo de luna como un borrón, me llama:

-¡Vamos!

¿Y cómo he llegado hasta dónde estoy? Lavondyss es gigantesca, es tan grande. Enorme en extensiones, en costas, en mares y montañas. ¡Hay tanto que ver!

Hay tanto que ver, que me aterra morir. Pues siempre hay una luz distante más allá, que me convence de cruzar aquella llanura, de atravesar aquellas montañas, y remar a través de lagos en los que no se divisa la otra orilla. Hay barcos, hay grandes naves que surcan los cielos que siempre tienen el color que yo deseo. Y por supuesto, los pájaros, dueños absolutos, señores del mundo más allá del primer escalón, del mundo dentro del armario, o a través de esa pequeña grieta, de ese escondrijo de ratoncitos.

En la canastilla de pétalos de rosa que hay dentro del armario, la que puso Edith con todo su amor, duerme ahora mi pequeña gata. Luchando contra mares tempestuosos, liderando sus tropas contra el batallón que asoma tras la colina, portando estandartes con sus símbolos de jardines del otro lado del mundo. Con fragancias tan delirantes, que me llevan a abrir el libro de nuevo.

Y allí está, las aventuras de una pequeña gatita al mando de un ejército de ratones, que libran batalla contra algún poderoso mal que asola este mundo del revés. Ella sueña, y yo, le leo todos los cuentos de mi libro mágico. En el que amanece siempre en la primera página, y va a ponerse el sol en la última. Un libro, que me trajo ella misma, desde ese mundo al que tan solo pueden ir los gatos cuando les viene en gana y del cual, me trajo, regalos tan maravillosos como este. Desde ese país desconocido, de ese mundo, más allá de las colinas centelleantes. De aquel lugar del cual trajiste mi nombre.

 

Edanna Dhae a las 3:32 am

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14 Mayo, 2008

La tierra donde van los muertos

En la antigua Frigia, en un templo de Telmiso, había una gran maravilla…

Se trataba de las riendas de un carro que el difunto rey Gordio había atado, formando un nudo que nadie podía deshacer.

193px-am_738_4to_yggdrasill.pngLas riendas estaban hechas de cornejo, el cual se había encogido y compactado con el paso de los años. Estaban atadas formando lo que se denominaba un nudo turco, sin extremos visibles.

Cientos de hombres habían intentado deshacerlo sin éxito.

En el año 338 A.C., Alejandro de Macedonia llegó a Telmiso a la cabeza de un enorme ejército.

Conocía la leyenda que decía que aquel que deshiciera el nudo de Gordio conquistaría toda Asia.

La gente de la ciudad se apresuró a seguirlo.

Sabían quién era: El hijo favorito del rey Filippo, a quien, con solo 23 años, nadie había vencido en batalla y apodaban “El Grande”.

Se plantó delante del nudo, y enseguida se percató de que no se podía deshacer.

Si lo intentaba, quedaría en ridículo. La corteza se había apretado tanto que formaba una masa consistente en la que ningún dedo podía introducirse para intentar deshacer el nudo.

Así que lo cortó de un solo golpe con su espada.

Luego marchó hacia Tarso y Galigamela, donde barrió a todos aquellos que encontró a su paso.

Las fuentes de la época por cierto, guardan silencio al respecto. Solo Aristoboulos lo menciona… y era el mayor hagiógrafo de Alejandro.

-Has cambiado Edanna.

-¿En qué?

-En muchas cosas la verdad. –Le dije mientras buscaba un sitio cómodo en aquel suelo nudoso-. No sé, es difícil de explicar.

-Te noto ahora algo más socarrona. –Me atreví a decirle.

Ella se limitó a seguir sentada rodeando sus rodillas con los brazos, sonriendo mientras contemplaba el imponente abismo.

-Bueno. –Dijo-. Este es un lugar majestuoso e irónico a la vez ¿no te parece? Las raíces de Yggdrasil son el lugar perfecto para comentar las ironías de un mundo que se extiende allá arriba.

-Ya, pero no, no me refiero a eso. –Dije sin entusiasmo.

Y casi por lo bajo comentó. -Quizás sea porque ya no tengo una vara metida por el trasero, que por cierto la tenía, pero bueno, a nadie le importaba demasiado, evidentemente.

A mí me sorprendió escucharla hablar así, cuando siempre había sido tan cauta, tan extremadamente alejada de todo cuanto resultara vulgar.

-Lo único que ha cambiado es que todo eso dejó de importarme hace mucho tiempo. –Puntualizó-. Son diferentes aspectos nada más, que como las raíces, se extienden, aparecen y desaparecen. Todos esos aspectos soy tú, y tú eres yo. Al igual que todas estas raíces son partes del árbol del mundo.

Guardamos silencio unos minutos, yo escuchaba el aullido del viento.

-¿Por qué me has traído aquí? –Le pregunté finalmente.

Ella me miró fijamente con su sonrisa forjadora de mundos eterna en su rostro.

-Yo pensé que eras tú el que me invitó a pasar la tarde entre las raíces del mundo. –Me dijo entre risitas.

Finalmente pareció ceder.

-Bien, para contarte un cuento. ¿Te ha gustado?

-Mucho. –Dije de inmediato.

Mira estas raíces. Las raíces de Yggdrasil, el árbol sobre el que se sostiene el mundo. Un bello mito, antiguo como el rumor del viento, con sus personajes, sus héroes, sus antagonistas, sus jueces y entre ellos, tú y yo.

Las diferentes raíces, los diferentes aspectos. Tus aspectos, mis aspectos, lo mismo pues estamos más próximos que los mismos gemelos. Es algo más, es una cuestión de sangre.

-Sangre sobre las raíces de Yggdrasil. –Finalicé.

Ella guardó silencio unos segundos y finalmente dijo de forma contundente. –Así es. Cambiaremos la magia por la espada, Niño-roto.

-Si, eso lo veía venir. –Le dije con complicidad y devolviéndole una sonrisa socarrona.

– Ves, ya vas aprendiendo. – Me dijo riendo.

-Entonces, este es el momento de ahuyentar el miedo. –Proseguí-. Pero las emociones son caprichosas pues van y vienen. Quizás es el poder de la palabra la que nos mantiene unidos… mantiene nuestra existencia. El poder de la palabra es lo que permite que todo exista.

-Ella se limitaba a mirarme y asentía levemente.

-Pues que sean mis ejércitos las plantas, las bestias y las aves del cielo, y lo más importante. Qué todo lo que soy obedezca tan solo a mi propia voluntad, y a mi propia y única palabra, sin nada ni nadie que decida por mí. Que ni el destino, ni la divina providencia gobiernen mis actos. Solo yo, quiero decidir mi destino.

-Estupendo. –Dijo contenta-. No está nada mal para ser un comienzo.

-Sí, ya me he dado cuenta de que estamos aquí para pedir un deseo. Pero esto, ya me veo venir que es tan solo el principio ¿no? –Comenté.

-Por supuesto querido niño, por supuesto…Esto es solo el principio. Sin embargo, que bien se está aquí ¿no es cierto? En el final de los mundos, en la frontera de la tierra a donde van los muertos.

-Los muertos no van a ninguna parte. –Reclamé.

-Cierto. Pero de todo eso, ya hablaremos.

-Tras lo cual solo pude asentir levemente y perceptiblemente aliviado. Lo que a ella, le hizo soltar otra risita.

No hablamos muchos más, pues durante horas, nos entregamos a contemplar la noche infinita, sobre las raíces del mundo a nuestros pies.

Edanna Dhae a las 11:16 pm

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9 Enero, 2008

El muro

Años después te encontré de nuevo. Te pude contemplar a través del agujero del muro, el que nunca terminaron de reparar por suerte, por tener aquella oportunidad.

Tú no me viste, ni sé si querías verme. La verdad es que lo desconozco. Siempre queda la curiosidad, que a veces nos da aliento y otras nos lo quita.

Tu rostro brillaba a la luz del sol de la tarde. Con esos tonos anaranjados que tanto me gustan. Cálidos, tibios, como dedos que te acarician. Parecías tener el aura de los héroes míticos. Los que crecen en los pequeños claros del bosque, en los arroyos, y en las copas de los árboles más viejos que nacen y respiran sobre la tierra.

frio.jpgTe vi.

Primero por el rabillo del ojo, cuando centré mi mirada, desapareciste. Tan solo aparecías cuando te sostenía sobre mi visión periférica.

Como todos los héroes míticos.

Y entonces supe que te amaría eternamente, que no habría perdón, ni sosiego, ni calma, ni concesiones a súplicas. No habría velas suficientes para peticiones, ni abejas para matarme a picotazos y liberarme. Aquella era la palabra escrita con la forja de la certeza y ribeteada de espinas sobre el muro. Aquel muro, atestado de rosas.

Y entre ellas, tú, y tu andar de gacela…

No me viste, entre todo aquel silencio de la muchedumbre nunca me viste, ni jamás volverías a verme de nuevo. Entonces lo supe.

Me invadió una pena tan profunda que tuve que respirar profundamente, para poder dar otro paso hacia delante.

¿Por qué me siento tan vieja?

¿Por qué tengo tanto frio? ¿Por qué tengo tanto frio?

Y bajo la luz anaranjada, las sombras se hicieron más y más largas. Me sentía morir de nuevo. En este largo invierno, el más largo que recuerdo. Ni la lluvia de los últimos días aclaró y refrescó los pensamientos clavados sobre la madera podrida. Desapareciste, en el claro del cerro. Te desvaneciste entre las almas que deambulaban de un lado para otro, sepultados bajo adornos navideños ya gastados con el paso de las heladas nocturnas. Allí se cerró la puerta a los mundos que existieron en lugares jamás soñados, donde tú y yo vivimos vidas que nunca vivimos, ni existieron. Pero aquel agujero en el muro, me enseñó lo que pudo ser, lo que jamás sucedió, mostrándome escenas de felicidad, largas noches de ternura, y miradas anhelantes un día tras otro, tras otro. En el mundo de las cosas jamás soñadas, todo es utópico, la felicidad nunca termina, y nada tiene un comienzo. Dios allí no existe, no dicta ni el principio ni el fin.

Una vez más me sobrevino aquel dolor, me sobrevino ese frio que ahora siempre siento, a todas horas…

¿Por qué tengo tanto frio?

Fue un momento hermoso, que desapareció con la niebla de la mañana. Se desvaneció en jirones vaporosos. Allí quedaban las calles, los robles, los fantasmas y el claro del bosque. Todo superpuesto uno sobre el otro, como una decena de acetatos apilados, formando paisajes imposibles.

Yo volví a los bosques, y me enterré bajo las hojas amarillentas. Dormí durante varias semanas. No tuve ningún sueño.

Hasta que volvió a salir la Luna.

Edanna Dhae a las 12:09 pm

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31 Diciembre, 2007

Bavduin

“Un río corría cerca de Bavduin, y cada noche los muertos se acercaban a las aguas en su viaje de vuelta a la fría tierra de sus propios tiempos y países. Allí invocaban a los dioses y guardianes de los muertos de su pueblo, y los espíritus se mezclaban en el aire como bestias enloquecidas, luchando y destruyendo con ira ciega.
Todas las cosas de este mundo nacieron de las mentes de los hombres, y como todos los hombres estaban locos, las criaturas fueron locas, corrían locamente…”
¿Quién era yo? ¿Por qué me siento tan vieja? ¿Por qué me siento tan vieja, por qué tengo tanto frío?


“Un fuego arde en la Tierra del Espíritu del Ave,
en la Tierra del Espíritu del Ave yace mi amado.
Una tormenta azota la Tierra del Espíritu del Ave,
dispersaré a las negras aves carroñeras.
Velaré sobre los restos y cenizas de mi amado,
estaré con él en la Tierra del Espíritu del Ave.
Un fuego arde en la Tierra del Espíritu del Ave.
Mis huesos arden.
Allí debo ir.”

abandonned_park_025.jpgLas cenizas de mi amado se dispersan con los últimos vientos en la brisa de la tarde.
Sus huesos ardieron, su carne se dispersó en el aire. Dispersé a las negras aves carroñeras.
Y mis lágrimas apagaron al fin los fuegos de la tarde en la pira del último invierno.

Lloré sobre las cenizas de mi amado.
Todos mis recuerdos, toda la pasión que juntos compartimos.
¿Quién ordenó a este viento que secara mis lágrimas?
Yo no lo quise, él no tuvo tiempo de advertirlo.

Sobre la pira de mi amado pasé la última noche, iluminados juntos por la luz de las estrellas.
Agité los brazos, exhausta, y caí rendida, mientras los negros pájaros nos picoteaban.
Se llevaron al fin su alma, se llevaron mis recuerdos. Y toda la felicidad que juntos compartimos. Es esta tierra que me atrapa, y que requiere cuanto se le antoja.
Hoy se llevó las cenizas de mi amado, hacia el confín de la tierra marchita.
Hoy se llevó su espíritu muy lejos, al final de todas las cosas, donde los mundos colisionan y estallan en fuegos carmesíes.

Mi amor se extinguió en su pira, elevándose al cielo en una humareda fragante. Terciopelos en la brisa, ahuyentando la frescura de poniente. Caí rendida, ya no puedo más. Mi amor ardió en el último invierno, en el fuego que se llevó a mi amor.
Aquí yace mi amado, solo las cenizas recorren mis manos. Y de mis ojos olvidé la ternura que juntos compartimos, en su pira se separó del mundo para rondar hasta el fin de los días en la amargura de este invierno.

Ardió en la tierra del espíritu del ave.
Los pájaros, siempre están presentes. Esta tierra baldía y solitaria, tan solo visitada por los gélidos vientos de poniente.

Este fuego, tú y yo, y la luz de las estrellas.
Estoy bañada en tus cenizas. Ya no quiero volver a caminar.
En la tierra del espíritu del ave, perdí todo cuanto tuve.

Mi amor se consumió, los pájaros se llevaron nuestro corazón. Mi amor, mi amado, ardió hasta que salieron las estrellas. Y yo, sigo aquí mis días y mis noches, tendida entre sus cenizas… ya no puedo más.
Mi amor ardió, y en su pira yací tendida. No sé por cuánto tiempo. Todo cuanto tuve, se elevó a los cielos anegados de llanto. Todo se consumió, y el amanecer no volvió a visitarnos mientras sus cenizas no estuvieron frías.

Las aves finalmente se dispersaron llevándose sus tesoros. Yo no lo advertí, pues allí pasaron largas las horas. Interminables en un sueño inacabable. Los negros pájaros mensajeros se llevaron la razón, mi ira y mi llanto. Ellos me reclamaron lo que es suyo y me rogaban con sus graznidos que era mi obligación permitirles terminar su tarea. Pero los azoté con mis brazos, algunos cayeron dolidos, para sumarse nuevamente a la nube negra que revoloteaba sobre la pira de mi amado.
Cumplieron con su cometido, a pesar de mis gritos y mi llanto. Y negros se dispersaron cuando de mi amado no quedó más que un puñado de arena entre mis dedos, que el viento dispersó, siempre hacia poniente.

Y en este fuego, tú y yo, y la luz de las estrellas.
Bañada en tus cenizas, ya no quise volver a caminar.
En la tierra del espíritu del ave. Te perdí para siempre, te vi terminar.
Lloré sobre las cenizas de mi amado, dispersé a las negras aves carroñeras.
Y presencié finalmente, tal como predije así, tu final.
Quieran las luces del cielo darme una esperanza.
Y el ánimo para levantarme desde tus cenizas.
Pero hoy no, hoy déjame dormir, y no despertar jamás de toda esta ruina.

Edanna Dhae a las 5:13 pm

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5 Septiembre, 2007

Primer cuento de Septiembre

Me gusta conducir de noche, por carreteras desconocidas, y tan solo con la tenue visión de esos cien metros que permiten los faros.

Lo peor de vivir rodeado de agua, es que esas carreteras siempre llevan al mismo sitio. Es como estar encerrado en un pequeño laberinto plácido y perfumado, pero laberinto al fin y al cabo.

prado_agosto.jpgYa que difícilmente puedo caminar como una persona completa (lo cual me jode, ni asimilarlo ni nada no te hagas ilusiones, siempre jode y punto) el coche ha sido la salvación de un viajero frustrado. (Quizás la razón de mi interés por los mundos virtuales, es que permiten recorrer un atlas nuevo, del que no se conocen topónimos aún, y mucho espacio en los mapas permanece en blanco. Aunque es un consuelo pasajero). “Viajar es la cura contra los nacionalismos”, me decía una persona que conocí en Santiago, este verano, en la oscuridad de un bar repleto de humo, deliciosamente rodeado de piedras y cera de vela por todas partes, haciendo trucos de magia.

Y ese estremecimiento ante lo desconocido, esa penumbra más allá de la luz de los faros, es adictiva. La falta de seguridad, es adictiva, como la montaña rusa, como el tabaco de liar, como los gatos, como las sonrisas.

-Escribiremos sobre la banalidad…

-¿La banalidad? – Preguntó ella.

-¡Claro! La banalidad es el perfecto antagonista de nuestra historia. – Le contesté-. El más claro ejemplo del mítico y fiero enemigo. La banalidad es el enemigo del glamur, pero el glamur de antes, no el de ahora pues la palabra fue secuestrada y pervertida. Glamur no son “famosos” aunque ellos sí que quieran transformarse en esa palabra de manera patética, la mayor parte de las veces.

-¿Y el protagonista? –Preguntó.

-Pues será un gato, por supuesto. – Le contesté con seguridad.

Recorrimos tantos kilómetros que no consigo recordar cada momento, y eso me apena. Pues cada minuto fue apacible y sosegado. En aquel valle o en la más alta montaña, bajo el tórrido verano o con el frío cortante del paso de montaña. Fueron momentos de silencios tranquilos. Los que se llevan mejor que otra cosa. Lejos de banalidades. Cada minuto fue elegante…si, elegante.

Elegante…

Nos fuimos de copas con el rey del sueño. Y un deseo estaba detrás de todos los pasos, solemne y perturbador. Yo lo vi, o la vi muchas veces. Apoyada en este o aquel árbol. Sentada en la valla, bajo un roble. En lo más oscuro y en el claro más luminoso. Todo para permanecer rodeados a lo largo de muchas hectáreas por el hechizo más cautivador. El que espanta la banalidad, el que permite que permanezca la esperanzadora y adictiva incertidumbre, el afán de la sorpresa, la ilusión de lo inesperado. El que nos da la fuerza de hacer cada minuto de nuestra vida, elegante…

Sin tener nada seguro, sin tener nada sujeto de pies y manos. Sin anhelar que el tiempo sea nuestro esclavo y hacerle jurar a latigazos que nuestro futuro no es incierto. Al respirar el aire de aquella montaña, en un día que no recuerdo, esperé que todos los demás fueran como aquel, sin saber donde dormiría aquella noche, o la noche siguiente. Nunca más. Que todo fuera por siempre incierto, y que jamás bajo ningún concepto, me predijesen el futuro, ni el final de todas las cosas.

Pues, al final de todo, siempre y únicamente, sé muy bien que solo estaré yo.

Edanna Dhae a las 3:20 pm

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26 Julio, 2007

Tres de Nit: entrevista a Lavondyss

Finalmente se convirtió en una noche muy hermosa. La entrevista pasó, y ahí queda en la estantería, como un regalo y otro momento mágico. Si lo quieres escuchar, aquí lo tienes. Escuchar “El perfume de tu silencio” con su música y la voz que lo narró es todo un regalo para mí. Gracias a todos por haber estado ahí, y por más, quién sabe. Lo que quedó de esta acogida, lo recordaré siempre.

Está en Castellano, aunque al comienzo no lo parezca, no te asustes.

<<Entrevista a Lavondyss en “Tres de Nit”>>

Edanna Dhae a las 7:26 am

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