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Libro de horas

Notas y diario personal.
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De tu Silencio

Regresaron los vientos que arrastran mi memoria Más allá del tiempo, donde el momento termina. Dragones que antaño cantaban arrullos de sirena Hoy volaron lejos, donde carece el tiempo hasta de historia En la tierra baldía donde habita siempre, aquello que no importa En las regiones de constante olvido, de la esencia quieta De un vestido olvidado, de un salón de baile vacío de un músico al que nadie escucha y termina caído. Entre sus propias lágrimas pues nada hay más allá.
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Por olvidar siempre, por no sentir, nada más, que nada. Y nada más que esto, es cuanto puedo recordar en un momento que por carecer, carece hasta de ausencia de tener ese leve instante, que lo envuelve todo de sentido, pues esto lo devora, hasta el leve regalo del rocío de mis propias noches de inquietud, en una pesadilla constante de no saber si el silencio no tiene más dios que el lamento por esperar que termine de una vez todo este momento que es incapaz de escribir ni su propia historia para librarme de una vez, de toda esta nada. Que siempre acompaña al beso voraz del tiempo y el propio beso que siempre me da, el mismísimo silencio.
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El placer del Mito

De vez en cuando, cuando llega la factura del servidor, me planteo porqué mantengo este sitio. Un sitio de por sí no muy visitado, aunque al menos me mantiene en contacto con algunas amistades, lo cierto es que es un espacio anónimo más en esta jungla. Veo como ha evolucionado, desde aquella página de un clan para un juego online de Internet, en el que me gustaba incluir mis parrafadas, ya quería bajo aquel html, incluir todos los textos que me llamaban la atención y aprovechar para escribir lo que se me ocurría. Ahora que lo pienso, sonrío al imaginar que toda aquella gente creería que Edanna no estaba muy bien de la cabeza. Bueno, tampoco se equivocaban demasiado. Y es curioso, que ya convertía aquel espacio en una especie de blog primario.
El blog me ayudó a descubrir lo que me gusta, lo que no, y lo que me importa. Se convierte un cuaderno en el cual anotas todo lo que te llama la atención. Todo lo que encuentras y que encaja con tu visión. Es quizás, un pequeño respiro el abrir su editor y escribir en él. A mí siempre me acompañó un cuaderno en mi cartera, para escribir en los bares, en los parques y la sala de espera del médico. (Sobre todo en las salas de espera del médico.) Cuando se han entregado los premios a los blogs de habla hispana. Veo muchos que he seguido con fidelidad. Me alegro por ellos la verdad. Me encanta leerlos y el que se les reconozca es muy gratificante, para ellos y para sus lectores. -Se convierte en un hobby leer tantas palabras anónimas. Los pensamientos que recorren una esfera invisible y distante. Miles de cuadernos que ahora se reproducen, para disgusto de algunos y alegría de otros. Aunque normalmente para indiferencia de la mayoría. ¿Y qué? Es simplemente algo más, es otra opción. Hay muchos que los critican, y no lo entiendo la verdad. Quizás con Internet y sus profundos cambios en estos últimos cinco años, ahora eres más consciente de la diversidad. El increíble abanico de visiones posibles de la realidad nunca ha sido tan accesible como en nuestro tiempo. Escribir sirve a muchos propósitos, en mi caso comenzó como una carta a mi hermana, una carta pública, ¿porque no? Experimentar es interesante. Y el experimento me fue llevando por caminos diferentes. Mi amor por el mito, por la narración, el cuento, el teatro, la leyenda y el tiempo. Me hicieron enfocarme. Reunir en mi cuaderno todo lo que me gusta y tenerlo ordenado, por meses, por fechas y lugares. Se convierte en un fichero que puedo consultar, que puedo seguir y que me da muchas pistas. También me ha hecho aprender, aprender todo tipo de cosas de los demás de los que sacar conclusiones. Y especialmente llegar a la conclusión, tras pasar ese sentimiento o necesidad de ser leído, de que el simple hecho de tener mi cuaderno, es suficiente. Todo lo demás, si llega o no llega, si se lee o no, ya no me importa. Observando mi pequeño espacio, me siento contento, de tener una biblioteca con todos los papeles que me han gustado reunidos y que la gente puede consultar, si quiere. Es un: entra, aquí está mi biblioteca, con lo que me gusta, quédate un rato y léelo si quieres. Cuando te marches, te deseo lo mejor y mucha suerte. Y eso es todo. El Mito de Edanna fue una sorpresa y un misterio, bajo un juego y un pseudónimo, puedo encontrarme con esa guía espiritual, una amiga imaginaria, y dar rienda suelta a mis fantasías. Edanna es un personaje de ficción que en su propia meta ficción decide y toma su propio camino. Con el sentimiento de que yo no puedo controlarlo. Ella y yo, llevamos este blog. Es tan suyo como mío. Y su personalidad propia, sentimientos y su genio son rasgos a tener en cuenta. Edanna es un personaje mítico, para un sitio que oficialmente he bautizado como un blog de regiones míticas. Nieblas de Avalon, aquel antiguo clan, fue un Mito, así como sus personajes. Y un personaje Mítico, habita, escribe, vive, piensa y opina en un blog sobre los Mitos. Pienso yo que, ¿qué mejor personaje para un sitio como este? Un lugar en el cual, vive un personaje Mítico. Los mitos son una constante en la psique humana, descubrirlos, investigarlos y entenderlos son un autentico placer. Un placer que intento mantener vivo dentro de estas páginas. Plasmar estas historias es divertido. Es muy divertido ciertamente. Me gusta leerlas, aunque me lleve las manos a la cabeza. A pesar de su siempre constante melancolía. Y bajo una red que ya es casi un caos, una locura más no se nota. Y si se nota. Qué más da. Lo más interesante es descubrir que, Internet no es una locura, el ser humano siempre ha sido así y ahora podemos apreciarlo. Personalmente pienso que, las locuras, vaivenes del hombre, sus ilusiones, temores, terrores y fantasías, son en su mayor parte, hermosos. Con excepciones. Pero es, la posibilidad de poder percibirlo globalmente, lo más fascinante de todo.
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La casa de las Goteras

Sucedió que, hace mucho tiempo, cuatro amigos nos reuníamos en una casa en la cual viví un tiempo. La casa, no tenía la culpa, más bien la tenía mi casera, por no avisarme que dentro de ella, llovía, excepto en algunos rincones estrechos. Y no bromeo. Las cortinas de agua en el salón me hicieron deprimirme muchas horas de aquellos días. Quizás, porque nunca me alcanzaban los cubos, calderos, platos, jarras y hasta los botes de yogurt, para contener tanta incontinencia de un techo perforado de quejas. Pero acontecía que una vez por semana, esos amigos venían a jugar con la imaginación, a un juego narrativo que por desgracia se ha dejado de publicar. Un juego fantástico, que nos transportaba a épocas del pasado. Ahora que juego más que nunca, me gusta recordar aquellos días, en los que vivimos la historia contenida en la novela de Katherinne Neville, "El Ocho". Una historia que en el libro quedaba floja, pero en forma de módulo de juego de Rol brilló como ningún otro. Un recuerdo para aquellos días de frio, en los que comenzaba con el poema de Borges, cada partida. Espero que os vaya bien, Ana, Daniel, Bull, Juan. Y de tí Dani, no me he olvidado, aunque siempre tenga la mala costumbre de reflejarlo. En su grave rincón, los jugadores Rigen las lentas piezas. El tablero Los demora hasta el alba en su severo Ambito en que se odian dos colores. . Adentro irradian mágicos rigores Las formas: torre homérica, ligero Caballo, armada reina, rey postrero, Oblicuo alfil y peones agresores. . Cuando los jugadores se hayan ido, Cuando el tiempo los haya consumido, Ciertamente no habrá cesado el rito. . En el Oriente se encendió esta guerra Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito. . II . Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada Reina, torre directa y peón ladino Sobre lo negro y blanco del camino Buscan y libran su batalla armada. . No saben que la mano señalada Del jugador gobierna su destino, No saben que un rigor adamantino Sujeta su albedrío y su jornada. . También el jugador es prisionero (La sentencia es de Omar) de otro tablero De negras noches y de blancos días. . Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza De polvo y tiempo y sueño y agonías?

Jose Luis Borges

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Reflejos del Silencio

Cuando atisbé en el álbum de los recuerdos, mi primera reacción fue apartar la mirada. Tuve que hacer un esfuerzo por continuar enfrentado a mi espejo. Un espejo que no resulta claro ante la atenta mirada de una conciencia intranquila. Pero no todo eran fábulas y reflejos. En la región que no quiero mirar, no todo es motivo de vergüenza. Había imágenes que hablaban de textos extensos, historias sin narrar, clamando por revolotear por estas estancias infinitas.

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Y todo, por tener días claros. Un día claro es como un premio. ¿Porqué el hombre cuando se aparta, calla y se esconde? La sinceridad más allá del mundo agrietado del hombre está escrita en cada piedra, en cada árbol del mundo. Y no quisiera dejar de aprender del rumor del viento. Este es un tiempo de cambio para todos, más que nunca, el cambio prevalece sobre la rutina de nuestro tiempo.

El viejo meme viene siempre a mi memoria. El caballo que corre desbocado bajo el espejo del cielo. O sobre la duna amarillenta bajo un firmamento de un azul que ciega. Un arquetipo mítico de la memoria. Somos una suma de esquemas. Con la maravillosa capacidad de lo impredecible. Aunque la aleatoriedad de muchos no nos guste en absoluto. El silencio es compañero de aventuras, viene sin desearlo, lo ejercitamos por inercia y cobardía. Todos callamos los unos a los otros. Y finalmente, todo queda dicho, sin articular una sola palabra. Aunque el mensaje final no sea el que había en mente. Una vida en silencio, en cada edificio, en cada calle y cada esquina. Pero el ruido, ese ruido, es incesante. Jamás calla el ruido atronador de los hombres. Tanto ruido, para no decir nada.

Y en ese ruido constante vivimos, un ruido sin mensaje. Un ruido lleno de silencio. Me molesta el barullo. Emitir sonidos sin decir nada. Solamente cuando miramos atentamente, encontramos los mensajes.

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-¿Porqué callas? me dijo ella.

-No tengo nada que decir -- Le contesté

Ella vuelve a sonreír, clara y diferente esta vez.

-Me pregunto cuanto tiempo falta todavía, ¿tú lo sabes? - Le pregunté

Pensativa, respondió al final -No podemos estar esperando a que mañana venga tu momento. - ¿No crees?

Miré atentamente al horizonte, cielo y tierra se tocaban dulcemente, como en un beso lento, de los que hacen detenerse el tiempo. Con todo a su alrededor, clavando a las aves del cielo en un lugar concreto.

El lienzo se pintaba solo, lentamente, los colores iban y venían en una danza mágica. Edanna reía de vez en cuando, al contemplarlo. Le divertía construir paisajes para nuestros encuentros.

Las nubes parecían un cuadro brillante sobre cal fresca. De colores vivos que casi dañaban la vista. Fue un momento intenso y apacible, diferente a la gravedad de otros instantes del pasado. Habíamos recorrido mucho camino, y aunque no veía el final, ya no me preocupaba. Nos deteníamos en muchas ocasiones ante cualquier cosa que llamara nuestra atención, y transcurrían días, semanas, meses...el tiempo, aquí es diferente.

¿Qué sucedió en el bosque? - Me preguntó

Sin dejar de mirar la playa, le contesté despacio - Me perdí, corrí desesperado durante días. No sé cómo pero sí el porqué. Su mano se me deslizó rápidamente de la mía, la perdí.

Encontré a Niñoroto varios días después, o más bien él me encontró a mí. Subí sobre su lomo y me llevó a la posada del fin del mundo.

- ¿ La posada del fin del mundo? --preguntó curiosa.

--Sí, es...bueno es el último recuerdo. Allí donde se guarda todo lo que te gusta. Es el último refugio. Después, todo es desconocido.

¡Ah! claro, Sandman... -Ya... -dijo divertida-

Ella miró la arena húmeda, azul como el cielo sobre nosotros.

--¿Y qué sucedió después? –Preguntó

Me costó responder. - Bueno, después me fui a una mesa del fondo, le dije a la dueña que me trajera un vino denso y oscuro. Y me senté.

--¿Y ya está?

--Por lo que veo, sí...eso fue todo. - Le respondí algo avergonzado.

Me miró entonces y me dijo. - La posada del fin del mundo es como dormir para no pensar. Allí estás calentito, estás cómodo, y te rodean tus sueños. La posada del fin del mundo está bien, para pasar un rato y charlar. Pero no para quedarse.

- Lo sé. – repliqué

-Pero se olvida, siempre se olvida, y ese olvido, es nuestra maldición. - Me dijo con su ceremonia de costumbre.

Yo me sentí dolido, con ganas de marcharme. Mi parte de niño quería irse a su cuarto y pasar la llave.

- Esto, ha sido muy duro Eda, - Le comenté cansadamente. - Y solo tú y yo conocemos los detalles.

- Si , es cierto -dijo ella. - Tú, los que sueñan, los que se detienen un instante, que son muy pocos, tu querida hermana por ejemplo, y yo claro. Pero yo no cuento. Así que no nos vale por ahora.

-Bueno mira, - prosiguió - Haremos una cosa, tendrás que construir más escenarios, y más a menudo. Y encontrarnos. Y mientras tú pintas, yo canto. Y al cantar mi canción, tu comenzarás a contar tu cuento.

-Contar...

-¡Sí! narrar, narrar despacio eso sí. - Es lo que deseas ¿no?

-Si...creo que si...

¿Qué es eso? preguntó de repente. ¡Ah vaya! - Y riendo, se despidió, ¡no lo olvides!

-¿A dónde vas? - exclamé.

--¿Te importa? es que vamos a cerrar la caja, es el cambio de turno. Me dijo la camarera con expresión de no querer escuchar ninguna respuesta.

-Si...claro -Por supuesto.

Miré el platito, brillaba, se reflejaba un foco halógeno del techo. Todo había sido muy rápido.

Apagué el cigarrillo. Lié otro, rebusqué en la cartera de nylon.

El cielo fuera era increíblemente azul, el frio se había marchado.

Comenzaban los días largos hasta el periodo estival.

Ahora todo era cuesta abajo, hacia el Sur.

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Sin título

Un fuego arde en la Tierra del Espíritu del Ave, en la Tierra del Espíritu del Ave yace mi amado. Una tormenta azota la Tierra del Espíritu del Ave, dispersaré a las negras aves carroñeras. Velaré sobre los restos y cenizas de mi amado, estaré con él en la Tierra del Espíritu del Ave. Un fuego arde en la Tierra del Espíritu del Ave. Mis huesos arden. Allí debo ir.
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El cuarto elemento

Una vez me castigaron por pasearme entre sus muros. Divisé una biblioteca de ensueño por el dintel de una puerta entreabierta. No lo pude resistir. Separándome de mis compañeros de colegio, más me importaba oler aquel intenso perfume de madera y cuero. Entre cuadros flamencos y legajos de escritos adormecidos por el paso de los siglos.
foto: el mundo
Y poco me importaban entonces, como ahora, los ministros de dios en la tierra. Envueltos en sus bordados y sosteniendo el anillo de su dedo para el beso de la sumisión. Ya entonces me castigaban frecuentemente por detestar el olor rancio y húmedo de sus vestiduras. Pero aquel otro aroma, me hacía alejarme de mis profesores y encolerizarlos, por tener medio minuto para mí solo entre aquellas paredes forradas de madera. De estantes de libros que se perdían entre las vigas lejanas del techo. Y sentir el crujir de la madera bajo mis pies. Se perdió aquel instante, devorado por el elemento fuego. Y entre el humo bajo la lluvia siento la pérdida de sus casi cuatrocientos años. Cuatrocientos años de secretos. De buardillas y balcones, rincones y escondites para un niño jugar-. Bien valía aquel castigo. Durante un instante a los once años aquel salón fue para mí solo. Donde hablamos en susurros. Un leve instante que guardaré para siempre. Y que me costó tan solo, un tirón de orejas. Y es una pena profunda, la pérdida de algo que concebía inmortal. De sus moradores, aquí no encontrarás palabra alguna. Ya tienen el manto de todos sus santos para derramar sus lágrimas. Pero de aquellas viejas paredes, de sus obras de arte y sus gruesos libros, este texto, lo dice todo. Y nunca dirá lo suficiente, sobre lo hermoso que fue aquel edificio, y de la profunda huella que dejó en mi recuerdo. Y sé que una parte de mí lloraba, al escuchar el sonido de las sirenas, e imaginarme como lentamente, toda aquella belleza, era devorada, como en un drama literario, que no es más que espejo turbio, de una realidad diáfana iluminada por las llamas del adios.
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