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Libro de horas

Notas y diario personal.
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Muerte, me enamoré de tí

Y si la suerte me es propicia, te vislumbraré así. Muerte, me he enamorado de tí. Me gusta tu sonrisa eterna, tu mirada alegre y esa piel tersa de las damas de antaño. Los dias y las noches se hacen difíciles. El dolor me atenaza por todos los rincones. Punzadas y destellos que me dejan cegado a cada instante, mi espalda grita y me hace estremecer. Mi pierna rebelde, no acepta haber sido separada con brutalidad, y no perdona tal ofensa. Me hormiguean los dedos, la sangre se me espesa, y se demora, haciendome perder la noción de lo que permanece a mi alrededor. Y tanto dolor.. Dolor... Mi cabeza es un grito horrendo en cada instante, que me hacen permanecer taciturno todo el tiempo, de mirada triste, callo los dolores, hace tiempo que callo. Pues nadie quiere oir lamentos. La gente se aleja de los dolientes. Pero el dolor está ahí, y tengo que hacer mi vida con ello encima. Nadie lo entiende, nadie entiende el deseo de tomar tu mano, y que me guies donde sea porque me da igual lo que ha de sobrevenir. Me da igual Muerte, solo tu mano blanca y tu sonrisa. Porque se que amas a todas las criaturas, incluso amas las estrellas moribundas del espacio. Todo lo que nace y muere, tiene tu amor. Hace tiempo te conocí, sonreías al lado de mi cama, con tus ropas de chica moderna, negros como lo que podemos vislumbrar tras de tí, y esa cruz egipcia en tu cuello. Que bella eres. Me acompañabas mientras dormí aquel sueño eterno, en el que poblaba mi mundo de fantasía con todas las cosas que se me ocurrían. Hice crecer la hierba, los arboles se erguían en aquel mundo de sombras, aquel mundo de mi mente, en el largo sueño que mantuve. Tú estabas allí , todo lo que un chico puede desear. Mi querida hermana me lo pidió, que intentara hacerla llegar a este mundo, a lavondyss. Ella es fuerte, es una heroina, que ha roto mil lanzas con sus manos, ha derribado muros, y construido templos en tres dias. Ella quiere asomarse a nuestro mundo, Muerte, y sé que tú puedes sonreirle y haceros amigas, porque muerte es amiga de todos. Basta un pequeño instante, y todo cambia Reida. Puedo ir por la calle, con todos mis dolores físicos en silencio, para no molestar con mis quejas la felicidad de los demás. Aunque se transluce en mi cara demasiado a menudo. Y aparece. La depresión más absoluta, la tristeza más inmensa, es cuestión de segundos. Hasta el color de las cosas se torna demacrado, como mi rostro. Los sonidos se vuelven lejanos, y todo pesa, pesa tanto. Es todo plomo. No deseo ni moverme, ni comer, ni dormir. Y me digo. Otra vez no...por favor, otra vez no... Pero llega, y los que estén a mi lado me preguntan si estoy bien. Siempre miento, les digo que me ha bajado la tensión, o que me he mareado si mi rostro está demasiado pálido. Pero no, en lo más profundo, no es más que el demonio de la tristeza que viene de nuevo a golpearme, y golpea, golpea duro. Puede marcharse cuando le antoje, el gobierna. El dicta las normas. Y la química le hace cosquillas, así es Reida, pero muerte me acompaña, porque es alegre, sincera y ama a todos los que protege, y al final, les da la mano y con dulzura, te guía. No sé a donde, no me interesa. No quiero saberlo. Porque solo deseo, permanecer bajo los árboles que tú ya conoces, aquello que pueblan nuestra tierra, y que nos cantan en silencio, la más hermosa de las canciones. Aquella que te hace ver la luz distante, donde habita la paz de el conocimiento de la consciencia. Y no poder explicarlo, que te vean como un ser triste, lo hace más duro aún, es una serpiente que se devora así misma. Esto es morirse dia a dia, y no tiene dignidad alguna, todo me es más difícil cada dia. Cada vez estoy más y más cansado, y ese grito, ese grito en mi cabeza...Continuo, desgarrador. El mundo se torna borroso entonces. Pero hay veces que me rio. Si me rio, porque siento que me golpea una mano invisible, y me burlo de ella. La insulto. Y me siento mejor entonces. Muerte, me enamoré de tí, porque deseo que seas así, si tantas veces has rondado mi cama, es porque quieres conocerme mejor, yo quiero ser tu amante, y yacer juntos, haría el amor contigo mil veces. Porque te amo. >Sé que deseas estar cerca de mí, y yo, poco a poco voy encontrando la paz, pues, tanta tortura sin sentido, es como ser una estrella, durante millones de vidas humanas, inmolándose en los rincones del espacio. Muriendo dia a dia, pero dándole vida a todo cuanto la rodea. E incluso miradas lejanas, sueñan fantasías con su lejano brillo. En la paz, sé que esa pequeña muerte diaria, tiene algún sentido. Descubrir la verdad quizás, de las cosas que guardamos, y de todo lo que permanece oculto.
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Las Horas

En medio de las horas, apareció un espíritu, que la mente siempre quiere achacar a intervención divina. Cuando se es consciente del tiempo, este se torna inmenso, como un rio serpenteante. En medio de las horas llegó una niña de nueve años, tan solo nueve, que ya es toda una actriz en nuestro grupo de teatro. Ha actuado en dos obras, y ha contado cuentos ante una audiencia de más de quinientas personas. Le hemos contado todos los cuentos que conocemos. Todo cuanto pude recordar le fue narrado. Los recuerda todos... Hoy tuve que cuidarla, sus padres se están separando, y su tia, desesperada intenta por todos los medios que su mundo no se desmorone. Y para ello solo hay un secreto, amor. Su tia, una bella y consumada actriz, la dejó en mi casa esta mañana para que la cuidara. Comenzamos a jugar. Las horas pasaron rápidas, veloces, tan diferentes de estos dias, que se arrastraban para morderme por todos los rinconces de mi corazón podrido. Las horas volaban entre juegos. Jugamos juegos antiguos, juegos que se remontan a los primeros dias del hombre civilizado, a atrapar los pulgares, saltamos a la comba, jugamos con su muñeca de trapo, que yo le regalé. Jugamos a ver quién se golpeaba antes el dorso de la mano, a palabras encadenadas. Jugamos a ese juego de niñas tan viejo como el mundo, de las palmas. Pensé en mi amor por lo antiguo, en el origen de las cosas cotidianas, y en el temor a que muchas de estas se pierdan. Recordé las palabras de mi hermana a la que no atiendo como debería ( debería, si Fernando, debería recuedo que me enseñaste que mejor no existiera tal verbo ) que me dijo que escribiera, que escribiera, todo cuanto sucede. Todos mis demonios, todas mis mentiras, algunas verdades también, pero solo algunas. Pensé en el fenómeno de los blogs, que no es más que el deseo de ser escuchado, el deseo del feedback por nuestros pensamientos, la derrota de la soledad que todos llevamos con nosotros y que no aprendemos jamás salvo un grupo, a vivir con ella. Soledad, Horas...Atención. Ainoha, me vió llorar. Lloraba en silencio. Llevo dias en los que no ceso de llorar. En silencio, como nos enseñan a los hombres a llorar. Salvo cuando la desesperación te hace gritar y todo estalla. Como también me ha sucedido a lo largo de las largas horas, la larga marcha de estos dias. Me vio llorar y preguntó: - ¿ Por qué estás llorando? - Porque he perdido algo princesa. -¿ lo has buscado? -Si, pero no lo voy a encontrar. - ¿ No está en casa? - No, princesa, está lejos, no lo encontraré aunque lo busque. A veces hay cosas que no desean volver. -¿ Has llamado a la policia ? "mientras juega con su muñeca" -Sonrio, no, la policia tampoco puede encontrar lo que he perdido. - Que pena, me dijo. ¿ Y no puedes comprar otra cosa parecida ? - No princesa, no puedo. Ella se puso de rodillas, ciertamente intrigada por mis respuestas. Le empezaba a parecer un juego y sonreía mientras pensaba. - Hmm...que pena - ¿Qué harías tú Ainoha? ¿ Qué harías si te pasara eso? Le pregunté... - Ella me miró encogiendose de hombros y me dijo: - Pues te olvidas y le dices adios... Y su mirada era intensa, hasta el punto que notó mi rostro desencajado. Por sus palabras, por la mente maravillosa de una niña. Por mi deseo tan intenso de ser padre y de formar parte del orden antiguo de todas las cosas, de todas y cada una de las cosas que suceden, lejos de las fantasías del hombre. Y cerca de la hoja que cae del árbol en otoño. Quería ser hoja y dejarme llevar. Justo todo lo contrario a cuanto pensaba en otros tiempos. Ella me preguntó porqué me preguntaba eso y no supe que responderle. En mi silencio, sin mediar palabra, me abrazó, en silencio, sin decirme nada. Y siguió jugando. Tardé mas de media hora en salir del cuarto de baño, ahogado en llanto. Por la emoción de haber recibido un pequeño milagro, y por aquel abrazo. El abrazo que me ha aportado más que nada en mucho, mucho tiempo. Ahora ya las horas transcurren más rápidas, vuelve a su ritmo normal. La niña ya se ha ido con sus abuelos prometiendo que mañana pasearemos por los bosques de la isla donde vivo. Lo que más me ilusiona, es esperar a mañana y pasear con Ainoha bajo la arboleda.
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