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Author: Edanna

Para saber algunas cosas sobre el autor, visita la sección: "sobre mí".
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Las Furias

La pantera y el jaguar se encontraron en un claro de la selva. Los árboles callaron, todos los seres se escondieron e incluso las plantas y las flores detuvieron su crecimiento. Todos sabían que, la pantera y el jaguar se amaban. Un amor furioso. Un amor destructivo. Las furias de la selva. Se miraron detenidamente, en silencio durante largos minutos. Dando vueltas, a distancia. El olor de uno impregnaba al otro, excitados, expectantes. Siempre se clavaban mil agujas, ésta, no iba a ser la excepción.

El jaguar comenzó.

—He cazado y abatido a cien monos de la selva, los derribé de sus árboles con astucia. En el suelo los devoré uno a uno. Cada árbol quedó ensangrentado, cada hoja tiene mi nombre escrito en ella.
La pantera replicó.

—En los pastos he abatido a cien antílopes no fueron problema para mí, la hierba alta se cubrió de sangre, y cada animal y pájaro que volaba sabía que allí, estaba yo.

—Los monos son insignificantes comparados con la velocidad de los antílopes. Los antílopes podrán correr, contestó el jaguar, pero los monos son astutos, se esconden alto en el cielo de ramas y pueden arrojarte objetos. Son más difíciles de cazar. Tus antílopes correrán, pero son cobardes y huyen en manada. Es más fácil su caza.

La pantera rugió de rabia, sus ojos verdes amenazaban en cualquier instante, con la muerte rápida y segadora.

—He matado doscientas comadrejas del desierto. Son astutas, se yerguen altas vigilando por si me ven venir, y se esconden en sus largos túneles. Las saqué una a una con engaños e incluso devoré a sus hijos. No quedan comadrejas al este de aquí, solo la sangre marca el lugar. Mi dominio, el dominio de la Pantera.

—Yo he matado doscientas garzas en el lago —contestó el Jaguar—. Son difíciles, altas como son te ven y emprenden el vuelo. Las arrojé una a una del aire y las devoré hasta que el lago quedó teñido de rojo intenso. En el lago está mi dominio, y todos me recordarán.

—¡Já! dijo la pantera. La comadreja se esconde bajo tierra, la garza es torpe y lenta, cuando comienza a volar ya estás sobre ella con las garras clavadas en lo más profundo. La comadreja se esconde y hay que ser astuta para poder devorarla, destruir sus nidos.

El jaguar rugió de rabia. Sus afilados colmillos goteaban saliva. Sus extremidades se flexionaban listas para saltar sobre la pantera. A lo que dijo:

—Yo, he cazado al hombre.

— ¿Al hombre? —Preguntó asombrada la Pantera—. Es imposible. El hombre es listo, tiene lanzas afiladas y te rodea con trampas. Sus escudos son fuertes y detienen las garras. Ellos robaron el fuego, ellos robaron el agua, la tierra les pertenece.

—Cacé al hombre. —Le dijo el jaguar con sorna—. Lo aceché durante días y corrió hasta que, exhausto, se tendió a dormir. Entonces salté sobre él y ni su fuego ni sus lanzas me detuvieron. Ahora en sus aldeas lloran de miedo por mí. Yo maté al hombre que una vez me robó el fuego.

La pantera no pudo más, se abalanzó sobre el jaguar, ambos rodaron por el suelo y se clavaron las garras, se destrozaron con los colmillos, y sus ojos inyectados en furia, deseaban arrancarle la cabeza al otro.

Se olvidaron de su amor, se olvidaron de todo salvo de la furia que los consumía. Sus garras hicieron cortes profundos el uno en el otro, la sangre bañaba el claro.  El sol arrancó destellos del púrpura de sus cuerpos.

Lucharon durante horas, el sol se puso, todo el claro era un mar de sangre, sus garras habían hecho heridas mortales el uno en el otro. Sus colmillos habían desgajado la carne hasta el mismo hueso. Cojeaban, tropezaban heridos en miles de partes de su cuerpo. Miles de agujas de dolor se clavaron en sus carnes, pero lucharon.

Con el alba, ambos estaban ciegos, en su rabia se arrancaron los ojos, y las cuencas vacías buscaban al otro como si aún tuvieran la vista, sólo el olfato les decía el uno al otro dónde arrojar el siguiente zarpazo.

Al atardecer del segundo día, el jaguar y la pantera yacían en el suelo, moribundos. Cada uno era consciente del otro sólo a través del olor de sus heridas, por el intenso y embriagador rastro del sudor de sus cuerpos. El aroma de ambos los excitó, deseando amarse.

En el claro del bosque todo era púrpura. El hombre apareció. Con sus lanzas, rodearon a los dos animales y les clavaron sus puntas. Una y otra vez los perforaron mientras gritaban de júbilo. Lo último que escuchó el Jaguar y la Pantera fue los gruñidos agónicos del otro. El grito de súplica.

Cortaron sus cabezas y arrancaron sus pieles. Las cabezas adornaron la choza del rey, y sus pieles adornaron los cuerpos de ébano de las dos mujeres preferidas de éste.

Y en el bosque no se volvió a escuchar el rugido de la pantera, ni el rugido del jaguar. Sus cabezas, cercana la una a la otra, adornaron el trono del rey de la tribu de los Cayapó durante generaciones.

La tribu que una vez les robara el fuego, según cuentan las leyendas, a la pantera y al jaguar.

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Vespertilio

La luz de la luna entró por mi ventana y me despertó. Intenté recordar si había tenido pesadillas. No, no he tenido. Se cumplió el don del árbol de Edea. Me la imaginé acurrucada en su camita, allá en casa de su tia, y me invadió la ternura. La luna brillaba de forma mágica esta noche, cálida y amarilla, al estar baja en el horizonte, distorsionada por el aire caliente de la atmósfera. Pensé en los saltamontes. Me gustan los saltamontes. Cuando se suben a mi brazo los miro como un chiquillo mira algo nuevo y maravilloso. Recordaba su tono, exacto al tono del pastizal. La política de los insectos, pensé en la política de los insectos. Es la mejor política. Los insectos no tienen política. Por eso están con nosotros desde el inicio de los tiempos, y por eso serán los últimos en marcharse. Su anarquía, funciona. Miré a mi lado, ella dormía, pesadamente. Desnuda e iluminada por la cálida luz de la luna de verano. La conocí hace tiempo en mi trabajo. Una aventurera, hermosa, y con el nombre de una princesa de antaño. Un nombre que forma parte de las leyendas. Viaja mucho, ahora se marcha al Sahara. Me sorprendió su voz rasgada. -¿has tenido pesadillas? - No, esta noche no. Contesté. Esta noche no podía tenerlas. -¿ Y eso? -Por lo que te conté antes sobre el paseo por el bosque. - Ah, rie, me alegro mucho Eda. "Edanna"...resonaba en mi cabeza...Una punzada de dolor, un recuerdo lejano. Edanna es mi nombre... Otra punzada, silencio. - ¿Porqué te llamas Edanna? ¿Es tu nick no? Me sorprendí, se repetía la misma escena, una escena que ya había vivido, la pregunta, la explicación. Siempre iba conmigo a todas partes. La punzada al recordar esa misma situación en el pasado. - Edanna es mi nombre si, es mi pseudónimo. Me gusta. Fernando es vulgar, aburrido, cotidiano, nadie se fija en él cuando va por la calle. Nadie habla conmigo en la misma cafetería a la que voy todas las mañanas a leer desde hace meses. Soy un ser invisible y corriente. Triste y solitario. Ni siquiera me siento observado. Es vanidad. Puede ser. O mi necesidad de atención. O mi tedio por la rutina del dia a dia. - Edanna me hace sentir diferente, fuerte y capaz. Una dama respetada. Con ese nombre, firmo mis obras. - Bueno dice ella, tener un pseudónimo me parece genial. Pero, ¿porqué femenino? Me rio: de nuevo la punzada. - En realidad Edanna es un nombre masculino, es celta. Si escribes una sola n, Edana, entonces es femenino. Ella rie de buena gana. -Y me comenta: Recuerdas, fer, cierta vez te dije que a mi me parecias un árbol grande y fuerte, me das sensación de seguridad, por eso me gustaste aquella vez. Por eso me gustas. - Me remonto al pasado, si me lo dijo en la cafetería del trabajo, un árbol. Busco la conección con los hechos de esa tarde. - Es bonita esa similitud, es todo un halago. Gracias. - Ella rie. Y es verdad, a veces he sentido deseos de convertirme en un gigantesco roble. Me gustaría poder elegir. Si tuviese que elegir morir, o convertirme en un árbol, no duraría un solo instante en alzar mis ramas al cielo. Y permanecer así, latente. Dormido, pero vivo. Al arrullo del viento. No sabía que hora era ni me importaba, nos habíamos entregado al cariño esa noche. Casualmente ámbos necesitados de lo mismo. Un intercambio de deseos, de pasiones y de susurros bajos. De caricias y torbellinos en la noche cálida. Me sentía en paz. Como si me hubiese lavado el alma. -¿Porqué te marchas al Sahara? le pregunté. - El desierto es limpio, me contesta. Recordé esa misma frase en algún libro, o película, pero no le dije nada. -¿ Huyes? le pregunté - Puede ser - Ya sabes que vayas donde vayas, todo lo que llevas contigo hará las maletas también. - Pero allí me sentiré serena, bajo las estrellas del desierto, todo es diferente. Allí me siento feliz. La envidié por unos instantes. Un lugar de purificación. Un lugar de encuentro con los sueños. Un lugar como el árbol del verano. -El desierto si, el desierto es límpio, igual que cuando yo navegaba. El mar me hacía sentirme limpio. En paz. - Si , es algo así, me dijo. Un silencio, pero cómodo. Se mantuvo durante un tiempo. - ¿ Y a tí? ¿ Qué te pasó? me dijo, rompiendo el silencio. - Que me enamoré. Mi gata ronroneó cuando la acaricié entre sus sueños de felino. Ella se recogió el cabello desordenado. - Los románticos como tú no pueden enamorarse, se queman demasiado si sale mal. Comenta. -Y le respondo: Pero el brillo cegador, que veo mientras dura, me hace sentirme tan vivo, que no me importa que me consuma por completo. Ya sabes la cita aquella de bladerunner. La luz que brilla que el doble de intensidad, dura la mitad de tiempo. -No quiero vivir de otra manera, ese sentimiento. Quiero disiparme como una polilla si hiciera falta. La luz más brillante. No quiero otra. No, no quiero otra cosa, quiero lo que he decidido querer. Eso me hace ser quién soy. Nos entregamos de nuevo al deseo, su cuerpo es hermoso, y me invade la ternura. Me entrego por completo. A la luz de la luna que ya desaparece por un quicio de la ventana, respiro. Me duele la columna, pero me rio. De nuevo comienza el ritual, de nuevo las mismas preguntas. Punzada, Recuerdos. - ¿ Y esta cicatriz? me pregunta. - Un coche me atropelló ¿no te acuerdas? - AH si, recuerda, se dio a la fuga, ya, perdona. - No importa, le digo sonriendo, en verdad que no me importa. -¿ Y que lé pasó a tu pierna? -Me la segó la valla de la carretera como una guadaña, la volvieron a unir. Le contesto. El ritual seguía, lo mismo que en el pasado... - ¿Y esta? - Una varilla entró por el costado y salió por aquí. Ella mira, curiosa. -¿ Y esta? Los tubos de drenaje - ¿ Y esta de aquí? - Un trozo de chapa, atravesó la rodilla. -¿ Y esta larga? - La operación para cambiar el fémur por uno protésico. Estoy a punto de reirme. No puedo más me rio. Reimos - Pero las peores cicatrices, le digo, son las que llevamos dentro, eso ya lo sabes. - Ella guarda silencio, me besa y se va quedando dormida. Una polilla ardió, la vi arder, la vi morir, gritó envuelta en llamas. Esa cicatriz, es la peor de todas. Y se lleva dentro, quizás cuando me convierta en árbol, se borre. Por el simple hecho de dar cobijo a los caminantes, a los caballos del pastizal. Quizás así se borren las pesadillas. Vienen conmigo a lo largo de mi vida. Y no se irán. Pero las mantengo conmigo, en mi caja de recuerdos, como algo único que no se debe olvidar. No hay justicia divina, las cosas ocurren. Somos hojas, si, pero ahora quiero dejarme llevar. >Me duermo. Y no tengo pesadillas. Al despertar se ha marchado, me ha dejado un mensaje precioso. Me traerá algo del desierto, ella sabe que algo antiguo, yo sé que algo antiguo. Le deseo lo mejor. Y decido, que antes de la operación me voy a Praga. Salgo de mi casa, y pongo rumbo a la cafetería.
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El árbol de Edea

Con la puesta de sol, Ainoha y yo nos dirigimos al encuentro de un lugar muy especial. - ¿ A dónde vamos ? Preguntó la niña - A visitar a un viejo amigo. Le contesté. La niña daba saltitos todo el trayecto, persiguiendo saltamontes. Los pastizales, debido al calor del verano, ahora están secos, plagados de insectos,y, las aves del cielo, exitadas ante tanto alimento, lllenan el aire de cantos agudos en una alocada búsqueda mientras danzan con sus hipnotizantes evoluciones. - ¿Qué comen los saltamontes Edanna? - Creo recordar que son carnivoros, aunque es posible que coman también otras cosas como sus primas las cigarras o las langostas, ahora mismo no recuerdo. Le contesté. -¿Y porqué hay tantos? "Y en verdad los hay en grandes cantidades en estos dias" - Ahora es su tiempo princesa, han nacido hace poco y comen para crecer, despues pondrán sus huevos y se irán, y así es cada año. Es el ciclo. -¿Qué es el ciclo? - Me preguntó - El ciclo es la repetición de las cosas cada año, cada año hay primavera, hay verano, donde nacen los insectos, el otoño cuando caen las hojas, y el invierno, que en nuestra tierra son lluvias y algo de frio pasajero. Con las lluvias este campo se tornará verde y verás que lindo será. -Me gusta como hablas. me dice. "Yo la verdad es que me sonrojo un poco." -Es que estamos en un grupo de teatro cariño, y yo soy un poco raro ya lo sabes. -¿Porqué te llaman Edanna? - Me quedé pensativo, no quería contarle toda la historia, así que le contesté una verdad. -Es mi nombre secreto, solo algunos lo conocen, es un nombre que me hace sentirme bien, me da confianza. -¡Yo también quiero un nombre secreto! Me dijo muy contenta dirigiéndose a mí. -Y lo tendrás, le sonreí. Tendrás tu nombre secreto, y nos ayudará mi viejo amigo, al que venimos a visitar. Tan solo eran doscientos metros de trayecto. Y ya mis piernas gritaban con miles de agujas, protestanto. Me he degradado en tan poco tiempo...Casi tenia que ordenar a la pierna avanzar, para a continuación ordenar a la otra el siguiente paso. Un poco más de tiempo. Una esperanza leve. Una fuerza me mantiene. Un poco más de tiempo... El árbol del verano se encontraba donde siempre, entre los pastizales. Solitario, hermoso, y orgulloso. Un árbol viejo, un árbol antiguo. Un viejo amigo. - ¿Es este tu amigo? ¡pero si es un árbol! - Si princesa, este es, es un viejo compañero. Vengo a él muy a menudo, y me da sombra, He dormido en el pasado bajo sus hojas, y siempre soñaba cosas bonitas. - Un árbol puede ser tu amigo Ainoha, porque está vivo, y ha visto pasar muchas estaciones, sabe más que cualquier anciano que hayas conocido. -¿Más que el abuelo? -Abuelo sabe muchas cosas, pero este árbol ha visto pasar más dias que él. - Escucha Ainoha, este árbol te sirve para refugiarte de la lluvia, y como aquí en canarias no caen rayos, no puede pasarte nada ¿ Recuerdas lo que hablamos de los rayos verdad? -Si, contestó. Por su tronco han pasado muchas edades, y un árbol puede ser tu amigo, lo puedes querer, como te queremos tus padres, tus abuelos, tia y yo. Y kiena que también te quiere. -Ella sonrió al recordar a mi gata. - Y si te sientas bajo sus ramas, te sentirás bien, eso es lo que hace siempre un amigo, que te sientas bien. álguien que te hace sentirte mal, no puede ser tu amigo, como esas niñas que te pegan en el colegio, entiendes... -Si Un amigo siempre velará por tí, se preocupará por tí y no querrá tu mal, y este árbol quiere ser tu amigo. Y nos dirá tu nombre... Ella se puso muy contenta y esperó impaciente. Acaricié el viejo castaño a la luz de los últimos rayos de la tarde, hace tiempo recordaba como venía aquí y me recostaba en su tronco, leyendo, o pensando durante horas, dejándome llevar por el ritmo lento del movimiento de todas las cosas. Su corteza es muy rusgosa, agrietada, antigua. Ha estado aquí desde antes de la guerra civil, lo sé porque una vez encontré una vieja foto en la que se veia el arbol y los antiguos dueños de la finca, ahora absorbida por el monte. Me sentí bien, el orden y el ciclo me dan fuerza, me hacen feliz. La secuencia de las estaciones está grabada en cada resquicio de su viejo tronco. Nacimiento, crecimiento, evolución, muerte. Nacimiento, crecimiento... Si liberas las puertas de la consciencia la verdad de las cosas entra en tí, te impregna y te enseña, y la paz, se recuesta en todas las regiones de mi mente, si se sabe escuchar. El árbol habla. Edea Edea, me acordé, un viejo nombre, creo que romano, celta, después lo buscaría al llegar a casa. También lo recordaba de un juego, el nombre de una poderosa hechicera. El nombre de un proyecto que tuve hace tiempo. Llegó muy claro. A mi mente. -¿Te gustaría llamarte : Edea? .-Siii, me gusta, es bonito, Edea, sii me gusta. Me dijo contenta. - Ves Ainoha, nuestro amigo me ha ayudado a encontrarte un nombre secreto, un nombre que solo pocos conocerán, un nombre que te hará sentirte mejor cuando creas que todo va mal. Hasta que se puso el sol, Edea no cesó de correr por el campo, saltando, hurgando con palitos aquí y hayá. Era tan feliz. Una vez se hizo daño y vino a mi llorando. Pero sé que es una fuerte necesidad de llamar mi atención pues sufre en silencio la separación de sus padres. Ante eso, reacciona buscando cariño. Yo la abrazo, le digo que no pasa nada, pronuncio un hechizo, ya no le duele. Sigue abrazada a mí. El sol se ocultó, y ya se veían las primeras estrellas cuando tuve que despertarla. Para volver a casa. Menos mal que es verano y podemos estar más tiempo juntos. Le tomé de la mano, y nos fuimos canturreando hasta el coche. Ya no me dolían las piernas. No había dolor. Me di la vuelta un momento y me despedí de mi viejo amigo, el árbol del verano. Seguiría allí. Para darnos paz, y todo lo que pudieramos desear y que necesitara el alma. Pues esa es la magia del ciclo y de los árboles. Y nos marchamos, absolutamente convencido, de que esta noche por vez primera en mucho tiempo, no tendría pesadillas.
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