Recado
Entonces me levanto por la mañana con el irrefrenable deseo de encontrarte, de cruzarme con tu mirada y regalarte la mejor sonrisa, todos contamos con una para esos momentos.
Despierto con un mensaje que darte, un secreto que espero acercar a tus ojos y te encuentro radiante, con la voz embriagadora que te caracteriza. Yo no entiendo de hacerme el fuerte y cedo, tan cobarde como puedo, tanto como me enseñó la propia vida… aunque es tarde, hasta ese momento, no despierto.
Vendido a tus manos, al dulce mirar de la memoria, ahora que el peso pesa en la espalda y las horas juegan a desdibujarte, descubro que no eres más que un regalo y a estas alturas, me sigo dejando sorprender sin tapujo, ni mentiras, por ese instante de luz, donde apareces y me pierdo en pensarte, sí, desnuda.
Pero voy de camino al trabajo, encontrando atajos en la música que suena y la acera, te siente cerca y mis pasos, andan ligeros, felices.
Así, no me importa que armes o destroces, que marches sin dar un portazo, que mis días queden en medias mitades sin ti y las fotos, enseñen el cielo como el que pide un beso a gritos. Importa poco porque, por poco que tenga, siempre fue bueno encontrarte en mi camino…
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