Capítulo VIII. El Pub
Lo miró fijamente de arriba a abajo, sin reparar en ser discreta, justo hasta donde llegaba la mesa de sonido oculta por la pared, por lo que el recorrido se repitió en varias ocasiones. Él no se dio cuenta hasta pasado un rato. Carmen, bailaba con todas las canciones, mirándolo en la pecera destinada al DJ. Detrás del cristal, de vez en cuando, levantaba la vista para ver cómo ella dejaba sus destellos al descubierto.
Encontró una salida en la urna ubicada en el lateral, un punto donde si se acercaba, él se podría acercar a hablar con ella. La música y el ritmo eran sus únicas armas para conectar con ella, pero también su cadena.
Así, Carmen, viendo la clara reciprocidad del obvio coqueteo, se acercó mientras dejaba fija la presa, hasta que le hizo una seña. Él correspondió con otra y la gente, sus cabezas no importaron. Ella le hizo salir casi de cuerpo completo de la vitrina y le dijo:
- Hola guapísimo – siguiendo el juego - ¿me pondrías una canción?
- Claro, si la tengo… tú dirás - contestó él – estamos a punto de cerrar.
Se acercó al oído y le endosó, en el cuello, un pequeño mordisco. Antes de que reaccionara, giro la cabeza y dijo al oído:
- Hotel California, es un sitio agradable. Pregunta por Carmen.
- ¿Carmen? Qué bonito –totalmente impactado y en pleno disimulo de sus nervios- sí, haré ambas cosas, te veo luego.
Así se rompió la tradición de terminar su labor de “pincha” con La Vie en Rose y la música, terminó con el tema de los Eagles, costumbre que se instaló en sus sesiones desde entonces. Éste gesto le hizo ganar como premio un beso volado de ella en una gran sonrisa.
Llegó más tarde de lo esperado a la cita, entró y preguntó por Carmen sin rodeo alguno. El resto de la historia ya la conoce o la imagina.
***
Eagles - Hotel California, 2004





















