Las 886 habitaciones
Edanna cruzó a través de los pasillos pintados de cereza, volando en una carrera que traía consigo la urgencia inconfundible que reclama la supervivencia. Ya había cruzado decenas y decenas de puertas, a derecha e izquierda, cada una con un rostro diferente de rasgos femeninos grabados en sobre relieve sobre la madera oscura. Todo en los salones hablaba de la sinceridad de un final sin sentimentalismos. Cada rostro, definido e inconfundible el